La decisión de Andrea fue sencillamente esperar. Si me quiere. Que aparezca.
La decisión de Marco fue un poco más compleja. Le voy a dar unos días de espacio. Ella no va a aparecer. Si me muero de la angustia aparezco yo.
Y se murió de las angustia. En estos momentos es en los que Marco se preguntaba por qué era un empleado, al que le tocaba cumplir horario. Si fuera por él se hubiera quedado en su casa, durmiendo. El estar despierto implicaba pensar en ella y por qué no había aparecido.
- Le dejé una nota diciendo 'Don´t let me go'. ¿No era suficiente?
- Tu eres como tarado. De verdad te caíste de la cama cuando chiquito, ¿cierto? Le dijo su hermana con tono burlón.
- Se supone que luego de la cagada que hiciste por la noche. Es que no entiendo cómo carajos Andrea se quedó contigo esa noche...
- Más bien yo me quedé con ella...
- Peor, te dejó entrar a su casa.... Lo que sea. El tema es que le dices 'Don´t let me go', en la frase más egocéntrica del mundo.
- Pero a mi no me parece...
- ¡¡¡No te parece!!! Eres un burro!. Piensa... A ver... De verdad. Le estás echando a ella TODA la responsabilidad de lo que pase entre ustedes. Cómodo... eso es lo que eres. Un cómodo!
- Bueno. Sí tienes razón. Si lo miras así...
- Es que no entiendo cómo lo estabas mirando tu.
- No sé, solo me pareció romántico.
- Vaya concepto de romántico.
Se sintió como un imbécil de tiempo completo. Definitivo. Llegó a su casa. Destapó una cerveza, a pesar de ser apenas martes, e intentó llenarse de razones para no llamar. Pero al final de la reflexión no encontró nada. Al final Andrea le gustaba mucho, la pasaba bien con ella, le pasaba corriente por el cuerpo cada vez que la besaba. Pero, renunciar a su vida de cazamujeres, le sonaba un poco aburrido. Tampoco entendía por qué estaba teniendo tanta consideración con Andrea. Era como si de un día para otro tuviera consciencia y su yo bueno hubiera renacido de las cenizas para reprocharle su actitud. En definitiva, estaba jodido. Y en definitiva debía salir de ese estado.
- Hola
- Hola, ¿con quien hablo?
- Con Marco... ¿Ya te olvidaste de mi?
- Créeme que eres bastante difícil de olvidar.
- Eso me da esperanzas.
- Es que te encanta poner todo en positivo.
- ¿Te parece si nos vemos mañana?
- Bueno, para que hay alguien que no puede vivir sin mi.
- Eso está por verse. Te espero en mi casa a las 8. Yo cocino.
- Eso suena prometedor.
Andrea había decidido echarse al agua. Ese miércoles se arregló, y puso todo su optimismo en esa noche del miércoles.
Llegó antes de las ocho. Pero esperó en su carro unos minutos para calmar la ansiedad. Cuando estaba haciendo uno de los ejercicios de respiración -de algo ha de servir toda la plata invertida en Yoga-, levantó la mirada hacia la portería. No podía creer a quien estaba viendo. Esperó a que entrara y se dirigió a la puerta.
- Buenas, noches. Señor, ¿me puede decir si ella va para donde Marco?
- Así es Señorita. ¿La anuncio?
- No gracias. Pero venga y me hace el favor de entregar esta nota.
Marco:
Dice Huxley que 'el amor ahuyenta el miedo y recíprocamente el miedo ahuyenta el amor'. Y tiene razón. Hoy conmigo se va la posibilidad de construir algo conmigo.
Vine a tu casa, haciendo caso de tu estúpida nota. Don´t let me go. A eso venía. A rescatarte de tus miedos. A que mi amor los desplazara. Pero veo que eso no es lo que tu quieres.
Lo siento. No juego más.
Un abrazo. Hasta Nunca
Andrea.
Pd: Que tengas una linda velada con Jimena.
- La puede subir enseguida, por favor.
- Si claro señorita.
Salió caminando calmada. Sorprendentemente no sentía angustia, ni tristeza. Estaba tranquila. Mucho mejor que en la mañana cuando se despertó. Había despejado la incertidumbre y eso la liberaba.
De repente su teléfono comenzó a timbrar. Era Marco.
- Hola
- ¿Que más?
- ¿Donde estás?
- Subiéndome a mi carro.
- Bajo.
- Marco, no tienes que bajar. Tu prefieres seguir siendo Wallstreet. Seguir tranzando relaciones. Entiendo.
- Pero...
- Pero nada. Tranquilo. Mejor así, nadie sale lastimado.Yo quiero entregarle mi amor, mi vida y liberarme de mis miedos, con alguien que se lo merezca. Y, claramente no eres tu esa persona.
- Entonces, no hay nada que hacer.
- Eso lo decidiste tu.
Volvió a la sala de su casa, donde Jimena lo esperaba con una gran sonrisa y una expresión de alegría en su cara.
- Tu sabes que puedo vivir sin ti, ¿cierto?
- Lo tengo claro. ¿Por?
- Es que eso lo hace más sencillo.
Le dio un beso, pensando en Andrea. Y de ahí en adelante, muchos otros, hasta que un día, la imagen se hizo borrosa, casi que inexistente. y ese día supo que ya no había marcha atrás en el camino. La posibilidad del amor, para él, se había perdido.
FIN