22 de mayo de 2013

Lotería

Alberta era una de esas personas que vivía al límite. No le alcanzaba, el tiempo, la energía para organizar todo lo que había recaído en sus hombros. Necesitaba plata. Si tan solo me ganara la lotería, solía repetirse cada vez que miraba el saldo de sus tarjetas.

- Para ganártela tienes que comparla, le dijo un día su mejor amigo durante un almuerzo.
- Tú y tus frases de cajón, le respondió. Yo solo me gano problemas y malos ratos. Y soltó una carcajada, tan honesta, que su acompañante no tuvo más nada que decir.

Esa era una de sus características, aun era capaz de burlarse de sí misma. Creía firmemente que eso la mantenía víva y con ganas de levantarse todos los días.

Tal como todos los jueves, al medio día pasó a visitar a su mamá, quien había dejado de lado sus días de felicidad para convertirse en un alma en pena, sin luz, apagada, como si ya no quisiera vivir. Cada vez que la veía así, le provocaba salir a la mitad de la calle y echarle la madre a Dios, al Destino, a ese Ser superior a quien había renunciado desde el momento que su papá las abandonó y su madre perdió su último trabajo.

Se supone que a la gente buena le pasan cosas buenas. Y yo no me he robado un peso, no he matado a nadie. Fui a todas las misas que pude, recé todos los padres nuestros necesarios. No soy ni puta, ni mentirosa. ¡No jodas! que me mamé de ser fervorosa. De dar las gracias. No! No te doy las gracias de nada, porque me cansé de ser una de tus bromas. Me cansé de sentir todo el tiempo que me voy a ahorcar, que me voy a morir ahogada. ¿Por qué más bien no nos matas de una vez, en lugar de tenernos viviendo en esa vida miserable de incertidumbre?

Y desde ese día que entre lágrimas le echó su discurso 'al de arriba', se sintió libre, y comenzó a asumir que cada cosa que pasaba era solo y únicamente su responsabilidad. Desde ese día lloraba menos, se quejaba menos, pero se reía más de sí misma. Excepto cuando su mamá lloraba...

Fue ese jueves, que se acostó a dormir temprano para no seguir pensando en las múltiples alternativas para animar a su mamá. Le noche le pasó en un segundo. a las 5:30 de la mañana se despertó, como siempre, prendió la lámpara de la mesa de noche, como siempre. Por sorpresa encontró una cifra anotada en un papelito.

"8 72 96 56 89 2" decía. Era su letra. Se quedó mirándola. Eso no estaba ahí anoche, aseguró. Se metió bajo la ducha y mientras disfrutaba del chorro de agua que caía en su cabeza, recordó: Se había soñado con en número.

Alberta era de esas personas que no creían en premoniciones, pero, seguramente su yo dormida le estaba tratando de enviar un mensaje y anotó el número.

Salía perfecto con la Lotería, que jugaba al día siguiente.

Antes de salir de la casa, memorizó el número y se dijo. Si la señora de la esquina de la oficina tiene el número, lo compro. Seguro es una señal. Y preciso. Doña Lida tenía el 8 72 96 56 89 2. En el mismo orden y todo. Sacó de su bolsillo lo que costaba el billete y supo que sus planes de cine de ese fin de semana quedarían cancelados a menos que alguien pagara las entradas.

Mira tu. Yo sé que no te hablo desde hace mucho tiempo. Pero es que alejarme a veces es lo que mpas me funciona, en general. Mira. Acabo de comprar este billete de lotería. Le tengo puesta toda la fe del mundo y también estoy dispuesta a recobrarla en general si me haces el milagrito. Seguro no me lo merezco, pero creo que mi mami sí.

Se puso el billete en el pecho, cerró los ojos y rezó un padrenuestro. Lo echó entre el cajón del escritorio y se dispuso a sacar adelante ese día.

Con el embolate del día, más los turnos adicionales del fin de semana, había olvidado del todo el tema. El viernes a eso de las 7 de la noche, recordó el billete de lotería olvidado entre el cajón. Tenía muchos nervios. ¿Y si se me cumple? Prendió el televisor y era justo la hora del sorteo. Todo le sonaba a señal. Buscó entre la mesa de noche los números, se persignó y comenzó a seguir a la modelo que sacaba las balotas.

7 70 93 54 84 - 4 fue el resultado final. Grandísima puta vida. Gritó!! de haber sabido que había que restarle!!!! Quería llorar. Tenía todas las esperanzas puestas en la lotería, y ni eso le funcionó. Se imaginó a Dios, al Destino, o al Ser Superior, como quieran llamarlo, sentadote en su trono, señalando con una mano rumbo a su apartamentico, muerto de la risa, al borde del llanto, burlándose de esta pobre ilusa que se puso a creer en las supuestas 'señales'.

No pudo contener la risa. Por lo menos ella misma era el mejor chiste para terminar el día. Mañana, tendría que levantarse de nuevo a las 5:30 e intentar sobrevivir otra semana.




19 de mayo de 2013

Miedos II

Viene de Aquí

Sintió un dolor en la espalda insoportable, acompañado de un frío compacto. Abrió los ojos y entendió. Estaban ambos bastante torcidos contra el sofá, pero más en el piso. Se levantó evitando que Marco sintiera sus movimientos. Ya de pie, buscó su ropa regada por todo le lugar. Lo miró y sintió un corrientazo por toda su espalda. Comprendió que estaba jodida.

Fue al closet de ropas. Le sorprendió que un hombre tuviera tantas sábanas, toallas y cobijas tan bien organizadas. Seguro son cosas de la empleada, pensó. Sacó una cobija gruesa y arropó a Marco, quien aun yacía en el piso. Ya iba a salir y pensó que sería bastante descortés no avisar los motivos de su retiro.

Se devolvió en puntillas, buscó en la cocina algo con que dejar una nota.

Wallstreet:

Marco se levantó con un sentimiento de angustia que le presionaba el pecho. Recordó inmediatamente los ataques de ansiedad en la época del colegio. No le gustó sentir algo tan fuerte, tan extraño y tan lejano. ¿Era miedo? ¿Miedo él? Entonces fue en ese momento cuando realizó que estaba jodido.

Recogió el desastre. Mientras ordenaba sentía que la nota sobre la mesa lo miraba. Como que lo seguía. No quería leerla. Estaba esperando lo peor.

Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que había olvidado por completo que aun quedaba alguien en su casa.

- Huevón! Me explica qué pasó anoche.
- No, Toño. Usted tiene que ver qué hace con esa forma de beber.
- ¿Y Mañe?
- Ese sigue allá durmiendo.
- Venga y hacemos desayuno.

Tenía unas ganas inmensas de contarle todo a sus amigos. Pero, sin saber qué decía la nota, era imprudente porque esos fijo le hacían leerla en voz alta. Así que se guardó su secreto.

Eras las 4:30 de la mañana cuando salió del apartamento de Marco. Estaba echa un ocho, no solo por el trago. Su cabeza estaba casi tan enredada como su cabello. Su taxi de confianza llegó por ella y mientras recorría las húmedas calles de Bogotá, su lado promedio la azotó. ¿Y si no aparece? ¿y si no funciona? ¿y si sigue siendo un perro? Las preguntas la agobiaron. Necesitaba enfriar la cabeza.

Se dio una ducha. Puso en marcha todas las recomendaciones del terapeuta para callar los pensamientos. Respiró profundo varias veces, fue a su templo interior... Y así se calmó. Trataré de vivir el aquí y el ahora.

Cada vez que su mejor amiga le decía esa frase como consejo su respuesta era la misma, Como si fuera tan fácil. Cargamos el pasado sobre nuestros hombros y hacemos todo pensando en las consecuencias del futuro. No me puedes decir que nos podemos deshacer de todo eso para vivir el aquí y el ahora. Pero al parecer por este momento fue reconfortante, por lo menos la intensión de no pensar en el futuro.

Se acostó a dormir. El sábado siempre era un día complicado para ella...

Por fin pudo despachar a sus amigos. Es que ellos tienen delirio de bonbril, pensó cuando cerró la puerta. Regresó a su sala. Agarró la notica respiró profundo y se dijo a sí mismo: Será lo que tiene que ser, y se sorprendió de lo zen que sonaba eso. Mierda, mi hermana me está afectando.

Wallstreet: No pudo evitar sonreir
No sé qué vaya a pasar después de esta noche. Tampoco sé si estoy preparada. Y menos claridad tengo sobre qué esperar de ti. Yo tampoco, Andre, yo tampoco.
Me voy porque no quiero que Toño y Mañe se despierten y comiencen a hacer preguntas. Tu sabes cómo se ponen de pesados. Uffff, menos mal no fue por otra cosa.
Besos,

Andre
Pd: No tenemos un apodo para mi.... Ese tenemos que construirlo

¿Y ahora? ¿Cómo operar? Necesitaba un consejo.

Comenzó a recorrer su teléfono para ver quién podría ser la mejor consejera para estos casos.
Alina
Ana
Angélica
Beatriz
Carolina
Catalina
Celmira
Dania
Daniela
Diana
...
...
...
No pudo detenerse. Seguía leyendo nombres y nombres de mujeres.

Juliana
Liliana
Maurice
Nat
Pao
Paula
Rose
Susy
Tati
Vivi
Xime

Comenzó a hacer un recorrido por todas esas historias. Todas insignificantes. Todas sin fondo. Erra un perro. Cierto. Pero nunca se había detenido a pensar qué pasaba con alguna de esas mujeres después de salir una o dos veces con ellas. Siempre se escudaba en que ellas saben a qué estamos jugando. ¿Pero era cierto?

Haciendo memoria notó que siempre era él quien decidía hasta cuando salir con las esas mujeres. Nunca las había dejado decidir. ¿Se sentirían utilizadas?

Por primera vez en muchos años se había cuestionado. Todo por cuenta de Andrea. Su yo sensible, comenzó a atacarlo con preguntas. ¿Y si él no está listo? ¿Y si no funciona? ¿Y si no le gusta tener una novia? ¿Y qué querrá Andrea?

Se hizo un ocho peor. Decidió que necesitaba dejar de pensar. Se puso una sudadera, unos tennis y una camiseta y salió a trotar. Eso, generalmente lo calmaba.

Terminó en la casa de su hermana.

- ¿Qué más? Y ese milagro.
- Deja de decir eso que vengo dos veces a la semana.
- Tienes cara de fantasma... ¿Qué fue?
- Me metí con Andrea...
- No!!!!
- Si!!!!
- Y si estás listo para ella
- Eso es lo que no sé

Relató con todos los detalles la historia de la noche anterior. Lo hacía con mucha emoción y sentimiento. Lo hacía feliz recordar cada instante, cada palabra, cada gesto. Cuando terminó Vicky sentenció: Nunca te había visto tan emocionado. Creo que debes llamarla. Lánzate. ¿Qué tienes para perder?

Salió de ahí más confundido que nunca. Cuando sintió vibrar su celular. Era un mensaje de texto de Andrea. Lo volvieron a invadir los nervios.

¿Qué haces, Wallstret?

Dio la opción de responder.

Terminando de trotar. ¿Tu?

Se sintió aliviado. No era tan complicado 'iniciar' algo.

Me desocupo a las 6 de la tarde. ¿Vamos a comer?
Por primera vez no le molestó que determinaran su agenda. Era una buena señal.

- A las 7 paso por tí.
- Listo

Se sintió demasiado intensa. Coño. ¿Por qué le era tan difícil esperar que los hombres tomaran el primer paso? Es por eso que no te toman en serio le decía su mamá.

Trató de mantenerse enfocada, tranquila. a las siete sabría cómo van a ser las cosas.

Continuará....

15 de mayo de 2013

Miedos

La rumba estuvo desbordada. En la sala solo quedaban Marco y Andrea. A su rededor los que siempre caían en los sofás, Antonio y Manuel.

- Ese par no sabe nunca cuando parar, ¿no?
- Son un completo desastre. Por algo no le duran las novias.
- Jaaa imagínate a una loca en tacones tratando de levantarlos.

No quedaba ya mucho trago. Digamos que estaban en el punto en el que cualquier cuncho era suficiente para rematar la noche.

- Es la primera vez que no salgo corriendo temprano
- Es que tu siempre me has tenido miedo.
- Que va! Tan convencido el hijueputa.

Para Marco, Andrea la vieja perfecta. Esa a la que uno tiene que temerle. "El día que me meta con ella, es para quedarme ahí por siempre", solía decirle a sus amigos. Pero claro, siempre le faltaba el valor.

- ¿Te parezco muy hijueputa?
- Y buen conversador, a pesar de eso.
- No me cambies el tema...
- ¿Qué tema?
- Hazte la loca...
- ¿Quieres de verdad que entremos ahí?

Para Andrea, Marco tenía algo. Ese algo que uno no identifica, pero aterra. Nadie sabía que Marco le gustaba. Así se libraba de las argucias casamenteras de su mejor amiga. Obvio nunca iba a hacer nada al respecto.

- A ver. Muy hijueputa ¿por qué?
- Por como despachas a las viejas.
Marco soltó una carcajada.

- Mi niña, pero si ellas saben a qué juegan conmigo. Digamos que es algo de beneficio mutuo.

"Es que me emputa que me digan niña! Tiene huevo este man.

- Claro. Es que todo contigo es una transacción. Te tengo el apodo perfecto: "WallStreet".

"Lo mejor es que esta loca tiene buen sentido del humor".

Se levantó. "¿Para dónde vas?" "A buscar algo en la reserva y a ver si este par de borrachos se van para el cuarto."

Lo vio arriando a sus dos amigos borrachos hacia el cuarto principal. Mientras. Recogió todo lo que sobraba de la mesa de centro en la sala. Vasos, botellas vacías, platos de comida. Lo organizó todo perfectamente en la cocina. Sabía que este ritual del orden era para preparar el terreno. "Lo que es, será", se repitió.

Buscó en el último rincón de su clóset el par de botellas que había reservado para LA ocasión. "Quedo en sus manos". Desde el pasillo, bajó la intensidad de las luces.

- Dos de reserva...
- Uy... ¿me quieres impresionar?
- No nada... es que no hay más...

Se sentó al lado de ella, mucho más cerca que la última vez. "Si no se corre, es porque estoy a salvo". 

-Usted huele rico. Como todos los perros.
- De hijueputa, a perro. Vamos mejorando. Pero sí, mejor perro con perfume, que perro oloroso.
- Usted si es mucho ordinario.

Sirvió ambas copas y le entregó una a Andrea. Ella aprovechó y dio un rápido vistazo al apartamento. Le encantó. Todo en sus justas proporciones. Masculino, pero no tanto, con un toque bohemio.

- No había visto el cuadro del fondo. Interesante.
- Cuando lo vi, tuve que comprarlo. Es de esas cosas que uno tiene que tener.
- Tiene un algo que atrae.
- ¡Salud! Por todo el tiempo desperdiciado.
- ¡Salud! Por el tiempo que viene.

Al terminar el brindis. Ella lo miró a los ojos. y el aprovechó para sutilmente, poner sus labios sobre los de ella. Al sentir la boca de Marco sobre la suya, cerró los ojos. Respiró profundo y le permitió fundirse con ella. Sintió su lengua penetrarla, sintió ganas de morderlo un poquito. La rodeó con sus brazos y la trajo hacia él. Olía también delicioso. Su boca era suave, sus labios la mejor entrada a su ser. Sin pensarlo dos veces, corrió la boca hacia el cuello. Ella inclinó su cabeza y sintió un corrientazo recorrer todo su cuerpo. Sin pensarlo dos veces dijo:

- ¿Estás seguro? al tiempo que soltó un suspiro...
- ¿De esto? Le susurró al oído.
- Yo no soy un cajero automático, WallStrett.... dijo en tono cortante, al separarlo un poco para poder mirarlo a la cara.

Él, entendió que se trataba de una escena de esas en las que las mujeres necesitan algo de seguridad. Pero no sabía qué hacer.

- Andre. Y la tomó de las manos. Nunca serías una transacción. Jamás.
- ¿Cómo creerte? dijo y lo miró con temor.
- Te va a tocar creerme.

Ella agarró la copa de vino y se bajó completa. Se sirvió de nuevo. Se levantó del sofá y dio una vuelta por la sala. Él la miraba de arriba a abajo. El vestido negro le quedaba perfecto. Se paró de inmediato y se acercó. La miró desde arriba. Lo miró desde abajo. La volvió a abrazar y la trajo hacia sí. Yo sé, que si me meto contigo, es para siempre. Han pasado muchos años desde que nos conocimos y solo hasta hoy di el primer paso. Estoy seguro. Ya estando aquí tengo todo el tiempo del mundo para demostrártelo.

- Tengo miedo.
- Yo también...

La volvió a besar. Más lento. Más tierno. Sabía que debía usar otras maneras, porque de lo contrario, ella de deslizaría entre sus manos.

Ella recibió el beso. Nunca la habían besado así antes. Levantó sus brazos y se aferró a su cuello.

Se dejó llevar. Entre besos y caricias fue cayendo la ropa. Sus manos se acoplaban perfecto a sus curvas. Se sentía bien a pesar de que su cabeza comenzaba a mandar mensajes de prevención. "Tu sabes cómo va a terminar esto". "Seguro te esta viendo la cara"... Pero con cada beso, Marco anulaba los miedos hasta que todo su ser, hasta sus pensamientos pedían más.

Se besaron hasta los lugares más insospechados. Él, desnudo se veía delicioso y ella se sentía como una diosa. Es perfecta, se decía, mientras intentaba sus mejores maniobras para impresionarla. Nunca antes había puesto tanto esmero en un polvo. Este merecía todo. Era por primera vez su inicio para algo.

Esa madrugada el sofá y la alfombra de convirtieron en sus cómplices. Encima de ellos sellaron un 'algo' indefinido. Que solo el tiempo diría en lo que se convertiría.

Terminaron al tiempo. Un suspiro conjunto marcó el fin del comienzo.

Ella se escurrió entre sus brazos y a su lado se acurrucó. Él la miraba con ternura. Justo antes de caer profunda dijo algo entre dientes que él entendió como un "te amo".

Sonrió y por primera vez se sentía completo. Feliz.... Cayó dormido y al rato, de un sobresalto se despertó. Encima suyo una cobija y Andrea no estaba. Miró a su alrededor y no estaba la ropa, pero encima de la mesa, una notica.

                                              Continua acá

10 de mayo de 2013

Jump

"Lo más fácil es saltar de espaldas", pensó. Se dio la vuelta y notó que por primera vez sentía miedo.
"En definitiva, de frente siempre es mejor".

Volvió a dar la media vuelta y analizó por primera última vez el imponente paisaje que se imponía frente de él.

¡Gracias mundo por todo!
Y sin volver a pensarlo, saltó.

Arriba dejó todos sus problemas, toda la tristeza y todo su pasado.

Cuando miramos de frente, el miedo se queda a nuestras espaldas.