12 de mayo de 2016

Sean conscientes

Muchas veces nos preguntamos: ¿he sido feliz? Y me gustaría que todos pudieran responder que si. Sin dudas y sin peros. 

Yo lo he sido. Eso no me hace ni mejor ni peor persona. Solamente siento que así es. Tengo 35 y mirando para atrás agradezco haber podido hacer literalmente todo lo que se me ha dado la gana. 

Por ejemplo, nací en Barranquilla, debía llegar virgen al matrimonio, casarme por la iglesia y tener hijos antes de los 30. Obvio la familia debería estar conformada con un costeño. Pero no. Nada de eso pasó. 

Mi adolescencia en Barranquilla no me gustó mucho. Fui feliz, eso sí, pero el bulliying, y la forma de verme a mí misma a través de los ojos de otros, no me ayudaba en aquello que llamamos autoestima. Pero de eso también aprendí, y seguramente todo aquello negativo que los otros dijeron de mí, me sirvió después para ser mejor: mejor estudiante, mejor persona. Mejor profesional. 

Entonces me fui. Me vine a Bogotá a reinventarme y funcionó. Adiós a los traumas y las inseguridades. Por eso seguro tengo cero amigos de mi época de Barranquilla, porque a veces la única forma de poder ser nosotros mismos es  romper con todo aquello del pasado que nos hizo daño.

A mis 20 hice sin duda todo lo que quise: salí con todos los tipos que me gustaban, rompí corazones, me rompieron el alma y me repuse, muchas veces. Trabajé donde quise, y mucho -casi que entregando mi vida a los proyectos y a los jefes-, viajé poco, ahorré mucho, bailé, bebí mucho trago, probé algunas drogas. También terminé el pregrado, la especialización y la maestría, hice a mis amigos del alma, conseguí novio-esposo, el amor de mi vida... Por internet claro, cuando no era moda buscar pareja por redes sociales. Es rolo.... No costeño, obvio.

A los 30 me fui a vivir con él, compramos una casa con una deuda y viajamos a todos los destinos soñados. Rumbeo poco, casi nunca tomo trago, medito y comprendí que el trabajo no es la vida, solo un medio. Hago ejercicio, como verduras -algunas- y escucho a mi cuerpo para tener una vida saludable. Me reconcilié conmigo misma, con mi familia y con mi pasado. Tengo menos amigos que antes, pero no me importa, entendí que la cantidad es menos importante que la calidad.

Toda esta reflexión porque hace poco leí una frase que decía algo así como "cásate a los 20 para que puedas ser feliz a los 30". Claramente lo posteó alguien que se casó a los 20 y su relación no duró nada y claramente fue absolutamente infeliz en su matrimonio. Pobre. Seguramente las frases como esas la ayudan a sentirse menos mal por su fracaso matrimonial.

¿Por qué perder una década para ser feliz la siguiente?

La reflexión sobre la felicidad de cada uno depende de cómo nos ha ido en el baile de la vida. Les hice un recorrido por mis décadas, sencillamente para demostrarle que uno siempre debería ser feliz. Para decirles que hagan lo que se les de la gana. 

Si lo de ustedes es ser solteros y vivir bebiendo, adelante. Si lo que quieren es un novio que las quiera, y armar su matrimonio de sueño, adelante. Si quieren viajar, leer, escribir, dormir, culiar, beber, tener perros o gatos... Háganlo. 

Pero sean conscientes, háganlo entendiendo cada paso y cada aprendizaje. Pero sobre todo sean felices con cada cosa, con cada acción. Todo para que cuando miren su pasado, no tengan que escribir que fueron infelices con las desiciones que tomaron. No hay nada correcto, o nada mejor. Lo bueno es lo que te haga feliz. Punto. 

En definitiva cada paso de la vida nos trae una lección. Y eso es lo más valioso. Solo si somos conscientes de por qué hacemos lo que hacemos, y buscamos siempre la felicidad en nuestros actos, podremos mirar hacia atrás y nunca renegar del pasado. 

27 de abril de 2016

Carta a un hombre perro

Querido hombre perro:

Desde hace varios años me rondan la cabeza una serie de por qués respecto al comportamiento de los hombres que, como tu, son perros. Me refiero a comportamientos tan claros como:

  • Prometer cosas que no vas a cumplir
  • No ser claro sobre lo que quieres al salir con una persona. O lo que esperas de ella
  • Comenzar a salir o coquetear con otras aunque no has terminado con tu chica actual
  • No poner la cara con la verdad, sino dedicarse a inventar excusas cuando quieren terminar
  • Pensar que las mujeres que piden algo serio son intensas y locas
  • Usar aplicaciones de citas cuando tienen novia o sales con alguien
  • Tener un plan B, y peor convivir con ese plan B como si fuera su pareja, cuando la oficial no está
  • O los que quieren tener a todas a la vez y no sueltan ni las dejan ir.
Y la única conclusión a la que llego es que:

SON UNOS COBARDES que además PIENSAN  -por eso nos tratan así- QUE TODAS LAS MUJERES SON IDIOTAS.

Y además que sienten vergüenza de aceptar que son perros.

Esta carta no es una venganza personal, ni quiero hablar de alguna experiencia propia. Por suerte no di con tipos así en mi vida. Pero llevo años viendo a mis amigas llorar destrozadas, más por la forma como el tipo perro de turno les termina la relación (sí salir con alguien una semana, dos, tres o dos meses, es una relación, que significa Correspondencia o conexión que hay entre dos o más cosas!!!), que por la terminada en sí. Es que en medio de tanta excusa barata (siempre escogen las peores), el sentimiento de impotencia de la pobre desengañada es máximo, sólo porque sabe que le vieron la cara de estúpida.

Entonces quiero hacer una serie de reclamos a nombre de todas las mujeres víctimas de los perros, otras preguntas y darles un par de consejos.


Te escribo a ti, hombre perro, porque quiero decirte que eso que haces no te hace ni más hombre ni más macho. Lo que te hace es un cobarde. Sí, porque la cobardía es no dar la cara. La cobardía es mentir. La cobardía es usar palabras lindas y falsas promesas para apuñalar a una mujer por la espalda.

No entiendo por qué tienes que actuar así. Es que acaso las mujeres no somos lo suficientemente maduras para entender un "mira, salgo contigo pero voy a seguir saliendo con otras?" Decirlo, por lo menos le da la posibilidad a la mujer de decir "¿Sabes? Me gustas mucho, pero no". O de aceptar el juego, sin derecho a hacer reclamaciones posteriores.

Tampoco entiendo por qué cuando una mujer te dice al comienzo "Oye, pero yo estoy buscando algo serio", ¿Por qué en lugar de decir "mira que no me interesa", te quedas ahí jugando al novio perfecto? Para un tiempo después andar consiguiendo novia por twitter, o mandando mensajes de amor en fb... pero a otra.

Me confunde esa necesidad de mentir, de tratar demasiado bonito, de ir a conocer a los papás de la chica, de llevarla a donde tu familia. Me confunde aun más que bajes la luna y la estrellas, que armes viajes juntos y hables de futuro y esperes que la víctima de tus actos NO SE SIENTA ESPECIAL, e incluso llegue a sentir que se puede enamorar de ti. ¿Cómo quieres que eso NO pase? Explícame porque la lógica no me da.

Querido, si no quieres que una vieja se enamore de ti, porque te gusta solo para pasar el rato, o porque no es tu 'tipo de novia', no la hagas pasar el oso de presentarte en todos sus espacios, para luego, dos semanas después, mandarla a la mierda, porque te conseguiste por Tinder una con un culo mejor. Sin esos detallitos, te ves más bonito.

Otra cosa que no entiendo es ¿por qué cuando decides que no quieres seguir saliendo con esa persona, en lugar de decir "oye, sabes que ya no quiero salir más contigo porque ya no me gustas tanto" (osea todos estamos en nuestro derecho de que no nos guste la persona cuando la conocemos a fondo) sacas discursos como "es que no tengo tiempo para una relación"; "es que tengo una crisis personal muy fuerte"; "es que mi exnovia apareció y estoy confundido"; "es que esto está muy serio ya y no quiero"; "es que no me gusta tu voz (puta eso lo sabías desde el día uno); "es que no me gusta que tengas perro"; "es que me alejo porque alguna vez me pusieron los cachos y no quiero que me vuelva a pasar"; es que ,es que, es que... Es que uno ha escuchado demasiadas estupideces en la vida.

Aunque hay unos como tu que ni siquiera son creativos como para inventarse un cuento huevón, sino que se desaparecen. Y ya. ¿Me explicas esa falta de capacidad para dar la cara?

¿Es tan difícil sacar cojones, de donde no los tienes y decir la verdad en la cara? No creo. De seguro muchas te lo agradecerán. Y sí, de pronto algunas darán un poco de lora, pero no tanta cuando el motivo es "no eres tu, soy yo". Pues claro que sí es la mujer, porque ya no te gusta!!!!! Simple.

Por otro lado, ¿por qué si te tomaste la tarea de inventarte 7 millones de excusas y de crisis existenciales para terminar con una y para que no se diera cuenta de que tienes otra, comienzas a enviar al día siguiente mensajes cariñosos y de amor con la nueva???? Pucha, ¿No te puedes amarrar el dedo y tener dos de consideración? O por lo menos, tratar de no quedar en evidencia. Es que bien sabio es el dicho de 'más rápido cae un mentiroso que un cojo.' En serio, sé coherente o por lo menos hábil para poder sostener tu mentira.

Quiero invitarte querido hombre perro, a que la próxima vez que salgas de conquista tengas en cuenta esta reflexión y dejes de avergonzarte de ser un perro sarnoso, y asumas con la cabeza en alto que lo eres y para así no hacerle perder el tiempo a todas esas mujeres que quieren amar y ser amadas de verdad, y no utilizadas para engrandecer tu ego de cobarde.

Quiero que la próxima vez antes de terminarle a tu chica de turno pienses que es mejor una verdad incomoda que cuatro buenas mentiras, y que de seguro esa persona agradecerá que seas honesto.

Quiero que por un segundo, antes de echarle los perros a la próxima chica, te detengas y pienses en que seguramente necesitas una mujer más parecida a ti y no una que desee amor, para que puedas seguir saltando de cama en cama impunemente y sin dar explicaciones a nadie.

Porque no te estoy diciendo que no te acuestes con todas las mujeres que quieras. Pero si va a ser así, por lo menos pon tus cartas sobre la mesa... porque conquistar un polvo con mentiras, no tiene ningún mérito.

Con cariño,

Yo.

 Pd: Si se siente aludido, responda en los comentarios, que prometo hacer un post con todas sus respuestas y explicaciones.


23 de marzo de 2016

Bloqueando los Impulsos

A veces quisiera poder apagar el corazón y dejar solo la cabeza funcionando. Pero es un imposible para alguien como ella, que toda su vida había sido manejada por impulso. Esta vez sí que le estaba trayendo problemas.

Mensaje tras mensaje él la provocaba; la sacaba de sus mejores momentos; la hacía sentir un poco miserable; un poco no merecida; bastante mal.

A veces su cabeza le preguntaba al corazón: ¿no será que eso que sientes es puro deseo? Pero insistía en que era más que eso. Más fuerte, más constante. Al final, el deseo se puede satisfacer con cualquiera.

Ella intentaba por todos los medios olvidarlo. Salir con otros, encerrarse en su casa, leer libros de superación de tusas, emborracharse, ir a misa, repetirse todos los días: 'solo somos amigos'... Claro que lo que menos funcionaban eran los discursos de la humanidad circundante: 'no te conviene'; 'es un inestable'; 'no te quiere, solo te usa'... Pero a ella eso qué le importaba, si lo sabía desde siempre y aún así estaba metida hasta el cuello en esa historia. Solo no intentó dejar de hablar con él. Esa cobardía que no nos deja soltar lo que nos lastima por temor a perderlo.

Entonces, ahí estaba ella, con su teléfono en la mano, siempre lista a recibir esos mensajes calurosos y hasta cariñosos, que terminarían en una revolcada monumental que, al final, la haría sentir miserable. Sencillamente porque ella lo quería todo, y él no estaba dispuesto a ofrecerle nada.

Los días transcurrían igual: ella naufragaba entre la ansiedad por saber algo de él y él aparecía cuando se le daba la gana. En el juego gana el que tenga la ventaja.

Comenzó a salir con un nuevo alguien. Otro de los tantos que terminaban sacrificados en la mitad de estas andanzas que no conducen a nada. Solo que este, no se iba a dejar. Seguro era por impulso, y todos sus impulsos lo llevaban hacia ella.

La ventaja es que le inspiraba confianza. Podía contarle todo. Y así lo hizo, pensando en el dicho de su abuela 'el que advierte no es traidor'. Y aún así, él decidió quedarse.

- Es que no estoy lista para una relación.
- Nunca nadie está listo. Es cuestión de tiempo y de no pensarlo. Cuando menos lo esperas, lo estarás.
- Pero no entiendo por qué quieres insistir con alguien que vive pensando en otro.
- Estoy seguro que desde hace 1 mes, piensas menos en él.

Siempre la dejaba desarmada. Ella quería salir corriendo para volver a los brazos y a los besos ingratos de Javier. Pero sus palabras la detenían. Y así, como pagando una pena placentera en la que no se cuentan los días, fue pasando el tiempo hasta que Javier dejó de escribir mensajes teñidos de ganas y de mentiras. Ella no se dio cuenta. Simplemente logró empaquetarlo en el cajón de los viejos recuerdos a olvidar. Comenzó a gozar sin restricciones cada minuto con Santiago. Era simple, transparente, amoroso. No sentía una pasión desenfrenada, pero eso era mejor, balance entre cabeza y corazón, que andar dando botes de acuerdo a los impulsos.

Pero el destino es cochino y pone zancadillas cuando menos las esperamos a ver si algo aprendimos. Javier apareció. No por teléfono, no por mail, no con flores ni regalos... En persona, de frente, en la calle. Lo vio acercarse y es como si todo lo sucedido en su vida los últimos 6 meses no hubiera ocurrido. Se derritió en sus brazos. Todo su ser le pertenecía.

- Pensé que me habías olvidado, le susurró al oído.
- Yo también, respondió entre labios.

Antes de pensarlo, era su casa y ambos nadando entre besos y entre promesas que no sabía si iban a resultar ciertas, pero que igual quería creerlas.

Horas -que parecieron minutos- más tarde Paula salió del letargo en el que se encontraba y lo primero que quiso decir que: '¿Y ahora?'

Las dos palabras retumbaron en el pecho de Javier. 'Ahora podemos quedarnos juntos'.

La mente de Paula comenzó a jugar del lado del corazón. 'Y entonces lo único que se necesitaba era que me extrañara'; 'entonces sí me quiere'; 'sí quiere estar conmigo'. Durmió con esos pensamientos.

Salió de allí directo a su casa. Armando el discurso perfecto en su cabeza para decirle a Santiago que lo siente pero que no más. Se arregló sin prisa, lo citó para la cena y le dejó a él que escogiera el lugar, así por lo menos el golpe sería menos duro, pensaba.

Prefirió que no la recogiera. Así evitaría en el carro los temas espinosos o preguntas como por qué había desaparecido la noche anterior y todas esas cosas. Al llegar sus nervios la dominaban. ¿Estaba decidida a clausurar a Santiago por una noche de 'amor' con Javier? Dudas, dudas.

Llegó al sitio indicado, un lugar al que nunca antes había ido. Vio a Santiago sentado solo iluminado con la luz de una vela, y sintió una gran paz. Algo maravilloso. Solo hasta ese momento supo cómo se siente el amor verdadero y pudo responderle a la cabeza. Sí era deseo.

A la mitad de la cena, un mensaje de Javier, sudor en las manos, temblor en la rodilla. Comenzaba a detestar esa capacidad para desestabilizarla. En lo que miró el celular y regresó la vista a la mesa, Santiago tenía entre sus dedos un anillo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Automáticamente su cabeza asintió. Sonreía con el corazón.

Esa misma noche casi en la madrugada con mucha cautela texteó: 'De verdad hubiéramos podido ser felices, en serio lo creo. Pero hoy no es ayer y ya no lo deseo', gracias por enseñarme que el verdadero amor es todo menos algo que se relacione contigo. Adiós.'







2 de diciembre de 2015

Otra Forma

El se creía, cómo yo decía cuando era pequeña: 'la verga en patines'. Es decir, lo mejor de lo mejor de lo mejor... Después de él, nada. Y tal como se configuran esas personas que se creen mejores que los demás, tenía la firme convicción de que podía lograrlo todo. Pero en el fondo, lo que consideraba era que eso le daba licencia casi que para cualquier cosa, incluso, para maltratar a las mujeres.

Pero no era ese maltrato lleno de golpes y patadas. Un maltrato mucho más sutil, de esos que toman su tiempo en llevarse acabo, pero que son de los más dolorosos.

Rocío era feliz. Se despertaba todos los días luego de una larga noche abrazada con su amor. Para ella, despertarse y sentirlo a su lado era la mayor fuente de seguridad y alegría. Para ella todo era rosa, lleno de arcoiris y nubes rosas. Las complicaciones no existían. Pero a veces a la gente buena le pasan cosas malas, o mejor, cosas que no nos agradan, y pues Rocío no iba a ser la excepción. Seguramente algo debería aprender o reafirmar.

Ese día, era como cualquier otro: despertar, desayuno, conversación sobre cómo correría el día, sonrisas, besos, trabajo, almuerzo con alguna amiga, trabajo y de nuevo a la casa a ver alguna película. Pero esta vez le tocó sola. Ricardo no llegó. No contestó. No apareció.

Raro para ella. En tres años nunca lo había hecho. Para él, era solo el inicio.

Rocío estaba con los nervios de punta, imaginándose lo peor. Es que Bogotá no es una ciudad en la que se pueda confiar, pensaba. Celular apagado. Nunca pensó sino en atraco, burundanga, apuñalamiento, robo del carro. Llamó hospitales, a la policía. Nada. 12 de la noche y nada. Aguantó hasta que el sueño venció a los nervios.

Tarde, muy tarde, lo sintió llegar. Brincó de la cama y corriendo lo abrazó.
- ¡Estás bien!
- ¿Claro por qué no he de estarlo?
- ¿Qué hora es?
- Casi las 2-
- Por eso mismo, nunca habías desaparecido tantas horas.
- No desaparecí.
- ¿Entonces?
- Sencillamente estaba ocupado.

Cortante. Ella no entendía. Pero ya con la tranquilidad de que todo estaba en orden, volvió a dormir.

Ricardo escogía mujeres simples, amorosas, buenas. De esas que no necesitan mucho para ser felices, de esas que enamoran con flores recogidas de un jardín, de esas que a veces son fáciles de manipular, si les hablas de la mejor manera. Eso en el fondo lo hacía un cobarde, jugaba con las flores  más débiles del jardín, para poder deshojarlas sin él resultar herido.

A la mañana siguiente no había arcoiris. Una nube negra se posó sobre Rocío y nada la hacía mejorar el ánimo. Le rondaba y le rondaba la cabeza. Llegó incluso a morderse las uñas, gesto que le parecía más que asqueroso, despreciable. Perdió no solo la sonrisa. Sino el hambre y lo que es peor aun, la calma.

- Es que no entiendo nada.-
- ¿Será que te está poniendo los cuernos?
- No creo que sea demasiado bruto para actuar como lo hizo ayer.
- Bueno pues, entonces no es nada y te estás haciendo un gran drama por una tontera.
- Pero, ¿Por qué la actitud? Pues lo mínimo es que me preocupe ¿no? Por algo somos pareja.
- No te vas a responder todas esas preguntas, hasta que hables con él.
- Es cierto.

Esa noche, tampoco llegó.

Ni la siguiente, ni la siguiente, y así por una semana. Rocío y Ricardo pasaron a ser una pareja de desconocidos que no se veían nunca. Los desayunos se acabaron, ahora él llegaba tarde y salía corriendo temprano, casi que antes que ella despertara. Los fines de semana eran de ella encerrada y de él quien sabe dónde. Dejaron de existir los mensajes, los correos, las llamadas.

Vivía con alguien, pero estaba más que sola.

El tema la estaba afectando. No se arreglaba, estaba muy flaca. No era ni rastro de la mujer feliz de hace varias semanas.

Habían pasado casi 3 meses desde que Ricardo comenzó a jugar con Rocío. Le había comenzado a gustar el efecto que estaba causando en ella su abandono no abandono, como decidió llamarlo. Ya faltaba poco para decirle: ¿Sabes? Es que ya no te amo. Y con eso terminaría por romperla. Y nuevamente saldría impune. Como siempre, como todas las 4 veces anteriores.

El espejo, que muchas veces es nuestro peor enemigo, le mostró la salida. Un día, que no recuerda cuál es, porque perdió el sentido del tiempo, levantó la mirada, y no se reconoció. No había brillo en los ojos. Miró a su alrededor y todo eran sombras y desorden. Ya no pertenecía a ese lugar. Necesitaba salir de ese hueco. Llamó a su jefe. Se declaró enferma (cosa que no estaba muy lejos de la realidad).

Alguna vez se había prometido a sí misma que ninguna persona, menos un hombre iba a arruinar su esencia, y estaba faltando a esa promesa fundamental a su ser.

Se arregló. Decidió tomar el toro por los cuernos. Llegó a la oficina de Ricardo. Se anunció. Que si puede esperar. Ni siquiera la hizo subir, como si fuera la de los domicilios... Se indignó, cosa que casi nunca sucedía. Entendió que le estaban dando un trato de segunda que no solo no se merecía, sino que era una completa cabronada. Pasó de la indignación a la ira en 3 segundos y medio, y Ricardo no le conocía el lado iracundo, que puede ser bastante impetuoso.

Así que esperó con calma. Pasaron 3 horas, es decir, llegó la hora del almuerzo. En algún momento debía salir. Y así fue. Venía caminando, sonriente, como si no pasara nada, y la ignoró. Y yo sufriendo como una idiota todos estos meses, se repetía. Lo siguió cautelosamente. Entraron a un restaurante de la zona y ella detrás. Cuando todos se sentaron, se paró al lado de la mesa y le dijo: Ricardo, llevo 4 horas esperando en el lobby de tu oficina. ¿No te avisaron? Tocaba no sonar como una loca histérica en frente de medio mundo.

- No.
- Necesito hablarte.
- Ya sabes que si necesitas algo para la casa, tienes la cuenta.
- No se trata de eso.
- Mira, estoy en medio de una reunión con mis colegas. ¿Me disculpas?

Todos estaban anonadados. Así trataba a su esposa...

Claro qué si lo disculpaba. Salió de ahí derecho a su casa. Llamó a sus tres amigas que estaban listas para actuar cuando se requiriera. Es que pensaba que nunca te ibas a despertar. Que vaya a tratar a otra como te está tratando.

A pesar del show, sintió como si un balde de agua fría le hubiera caído en la cabeza. Rocío volvía a tener un brillo en los ojos, pero no uno de felicidad, era algo diferente. La ansiedad lo consumió el resto de la tarde. Quería llegar a su casa a ver con qué se iba a encontrar.

Ensayó todas las veces en su cabeza el discurso, la estocada final.

Siete de la noche. Toda la casa apagada.

Entró y lo que vio no tenia sentido. O sí, pero él no lo entendía.

Todas las fotos de los dos, reventadas contra el piso. Los cuadros que él había comprados, arruinados por un cuchillo. Comenzó a recorrer el apartamento cuarto a cuarto: en la cocina, la nevera absolutamente vacía; en el cuarto auxiliar, toda la ropa de cama en el piso y en el cuarto principal un letrero escrito a mano en la pared:

TE DISCULPO
PERO NO TE QUITO LO HIJUEPUTA
R.

Se quedó frío. Nunca se imaginó que llevar al límite a Rocío tendría estos efectos. Se sorprendió, y eso casi nunca sucedía. Ricardo sonrío, honestamente por primera vez en toda su vida.

Rocío empacó toda su ropa, tomó todo lo que le gustaba y desechó o rompió lo que siempre odió de ese apartamento. Como bonus track tomó la mejor ropa de Ricardo, y el mercado y se lo regaló al portero. Haga lo que quiera con esto, le dijo, mientras reía de gozo.

Bogotá es una ciudad grande, y uno no esperaría encontrarse a nadie indeseable nunca. Pero no, el destino juega de la peor forma. Un día caminando por el sector de restaurantes de moda, lo vio solo, leyendo una revista en un café.

Se le sentó al lado y sin mayores preámbulos le disparó ¿Entonces nunca me vas a decir qué fue lo que te pasó?

La miró como si estuviera en frente de un fantasma. Le tomó varios segundos armar una respuesta, pero ella no tenía afán.

- No conocía otra forma.
- Es decir, ¿primero enamoras y luego maltratas?
- Pero tu me sorprendiste.
- ¿Pensabas que me iba a morir de amor?
- Era la idea.
- ¿Por qué?
- Era mi forma de sentir poder
- En serio necesitas ayuda.

Hablaron realmente casi toda la tarde. Ella sentía que conocía a un ser muy diferente al que ella conoció y se enamoró por casi 4 años y él entendió que no era lo mejor, y que sí hay vida después de él.



19 de agosto de 2015

Perfecto

Lo vio a lo lejos y no lo podía creer. Casi que los años no le habían pasado. Permanecía igual, o acaso lo estaba mirando a través de los recuerdos. Tímidamente levantó la mano para saludarlo, pero al parecer no fue suficiente. Ese es el problema del centro los domingos, todo el mundo sale a la feria como si no hubiera otra cosa mejor que hacer. Y ahí estaba ella, con el corazón en la boca y las manos sudadas recordando. ¿Por qué fue que no funcionó? Enseguida, golpe de realidad. Es que nunca comenzó. Era casado. Punto final.

Volvió a su búsqueda de un regalo para un cumpleaños insignificante.

Sintió las manos tibias en su rostro mientras ella lloraba desconsolada. Ojalá todo fuera diferente. Él es mayor que ella un poco más de 10 años. Eran colegas de profesión y se encontraban casi que a diario en reuniones y demás. Ella lo vio y pensó que no tiene anillo, por lo tanto, soltero, churro e inteligente, es decir, posibilidades. Pero no, la unión libre existe y no pone argolla. Había atracción. Se hicieron amigos, quizá con esa excusa podrían pasar tiempo juntos, quizá al almuerzo o por las tardes, sin sentir culpa o remordimientos. Pero llegó el día en que eso no fue suficiente. Sintieron esa imperiosa necesidad de besarse, tomarse de las manos, besarse.

Quedó perturbada. ¿Qué habrá sido de su vida? Recorrió todas las posibilidades. Es que para un video, solo falta darle rienda suelta a una idea. Volvió a recorrer el sitio y entre el gentío no volvió a distinguirlo. Olvidó el regalo y comenzó a recorrer el sitio rápido pero sin demostrar la ansiedad.

Pero ella no pudo continuar. Al instante que puso sus labios sobre los de él, entendió perfectamente aquello de lo que todo el mundo hablaba, el amor. Sí, así de ridículo. Sentía que lo amaba profundamente, como si lo amara hace mucho tiempo atrás. Se detuvieron. Hablaron. Racionalizaron. Se repitieron las frases de cajón una y otra vez. Era imposible. Él era incapaz de dejar a la madre de su hijo, ella nunca le pediría que lo hiciera. Él nunca dijo que la amaba. Ella si le puso su corazón en la mano. Lloraron. Definieron que era mejor dejar de verse.

¿Y si, conserva el mismo celular? Buscó en su memoria, que era más buena de lo que cualquiera desearía, y precisamente lo recordó. Marcó el número. 

- ¿María José?
- ¿Carlos?

Silencio.

- Acabo de verte en la feria del centro. ¿Eras tú?
- ¿Dónde estás?
- Frente a las empanadas

Pasaron los minutos más eternos de la vida. Lo vio acercarse y con cada paso, su pulso se aceleraba. No pudo aguantar y los últimos metros corrió hacía él, con un impulso infantil. Se colgó de su cuello y lo abrazó tan fuerte, tan fuerte... que él no alcanzó a corresponderle.

- María José, te presento a Fabrizia, mi esposa.
- Ay, qué pena, perdona la emoción, es que tenía más de 10 años de no verlo. Mucho gusto, María José, pero claro, eso ya lo sabías.
- Mucho gusto. Eres mucho más linda de lo que te imaginaba.

¿Imaginaba? Hablaron de mi en algún momento, y ¿qué habrán dicho?

- Bueno, Carlos, subo al almacén, nos vemos en una hora.
- Perfecto. 

Beso seco en la mejilla y ella siguió su camino. Se sintió perdida. La esposa de Carlos se llamaba Mariana. 

La miró a los ojos, la tomó de las manos y le dijo perdóname, fui un cobarde.

- Quisiera saber qué debo perdonarte...
- No haber aparecido nunca más.
- Bueno, ese fue el acuerdo.
- Si, pero Me separé... y no te busqué.
- Seguramente no estabas listo. Creo que nunca lo estuviste.
- Seguramente esperaba en el fondo que lucharas un poco más.
- El que debía definirlo todo, eras tu, no yo. El de la situación difícil eras tu, no yo. Yo estaba ahí, esperando a que solucionaras y 10 años después de tanto silencio, apareces y está Fabrizzia. Siempre hay otra que no soy yo. Seguro en esta vida nunca será mi turno.
- No se trata de eso...
- ¿Entonces de qué?

No supo qué responder. En realidad, la vida lo había arrollado. Cuando menos lo pensó, la 'ruptura' con María José lo destrozó, terminó alcoholizado, agresivo con Mariana, como si ella tuviera la responsabilidad. Terminó solo y Fabrizzia apareció casi que a rescatarlo. Y merecía todo su agradecimiento, si no, su lealtad. Ella sabía toda la historia. Incluso lo alentó a buscar a María José, pero, en medio de su proceso de recuperación concluyó que si una historia sin comenzar lo había arruinado, como sería si de verdad hubiera existido.

- ¿Te conformaste?
- Si, esa es la palabra correcta.

Sintió mucha pena por él, pena por ella, pena por Fabrizzia. Miró al piso. Se sintió responsable. Intentó decir algo, pero ninguna palabra salió de su boca. Solo lágrimas, como esa última noche. Sintió sus manos tibias en su mejilla. 

- No llores, no vale la pena. Ya lo pasado, fue, y no necesitamos sufrir por eso.
- No es eso. Es que...
- Tenías la esperanza...
- No solo eso...
- Regálame una noche.
- ¿Y si no quiero solo una?
- Eso lo veremos.

Quedaron en verse en su casa. Sería así todo más tranquilo y podrían estar sin mayores complicaciones.

Lo recibió como se recibe a un extraño. Sirvió un par de tragos. Comenzaron a hablar en la sala. Él habló y habló y habló y ella parecía en otro planeta. Distraída, como sin mayor interés. Bebieron más de la cuenta. En un momento ella le dijo. No hables más. Déjame recostarme y acaríciame la cabeza. Él sabía que eso la tranquilizaba. Permanecieron así un rato, hasta que él sintió que todo se desvanecía.

A los dos días el periódico amarillista titulaba "LA HISTORIA DE ROMEO Y JULIETA LOCAL", y relataba la historia de dos amantes suicidas que habían sellado su amor, tomando una gran dosis de veneno.

La carta suicida de María José, escrita y luego desechada, decía:

No podría resignarme a verte partir de nuevo. Me pediste que te regalara una noche, te regalo toda la eternidad. MJ.