30 de marzo de 2009

Y TODO COMENZÓ AL REVÉS


Hola de nuevo. Aquí va otra de ficción. Para evitarles las ganas de preguntar. Sí hay elementos reales, pero casi nada es cierto. No me pasó, pero sí la escribo en honor a un gran amigo que sufre de crisis existenciales profundas... que ya estamos aprendiendo a manejar, o no H???

Besos



Y TODO COMENZÓ AL REVÉS

Se dio cuenta de que no eran el uno para el otro más rápido de lo usual. No era que no se gustaran. La atracción nunca faltó. Era solo que él vivía en medio de un existencialismo de niveles inimaginables, que no la aburrían pero le parecían demasiado para cargar sobre sus hombros.

Se conocieron en un bar. Raro. Nunca se conoce a nadie interesante en un bar. Todos parecen en temporada de caza, babeando por cualquier par de piernas que pareciera disponible. Ella lo estaba, como todas las noches de fin de semana. La única diferencia era que esta vez sí estaba buscando algo.

Antonio siempre hablaba. Ella escuchaba. Era perfecta para ese rol. “Para que me escuchen, están mis amigas”, pensaba. Era una completa enamorada de las causas perdidas. Por eso al comienzo no le pareció complejo tener que aguantar –aunque en un principio lo hacía con placer- todas las crisis existenciales, que eran casi que permanentes.

Es anoche estaba con sus amigas. Todas mujeres, todas atractivas, todas disponibles, todas buscando algo. Él estaba con sus amigos, todos de cacería, todos machos alfa. A él le gustó la menos alta –todas eran muy altas y en tacones-, pero la proporción de sus medidas fue lo que llamó la atención. “Femenina, trigueña… Perfecta”, se dijo a sí mismo mientras pasaba un trago puro de guaro que le calentara la garganta y le diera valor para seguir adelante.

Margie se había convertido en su oído favorito, su compañera permanente, su consejera, tanto que le molestaba. “Es como mi mejor amiga, mi mamá, mi hermana mayor”, le decía a sus amigos, quienes se burlaban a carcajadas porque siempre existía una excusa para no seguir, pero esta era casi ridícula. Lo peor es que no la dejaba. Se quedaba ahí con ella en un acto de lealtad casi canino.

Ella lo vio insignificante, pero con un dejo al caminar y algo profundo en la mirada, que le causaron curiosidad. “Bueno, no es tan bajito”, se consoló. Ella medía 1.65, bastante promedio, pero lo suficiente para que, al subirse a unos tacones, poder ver por encima de la cabeza de la mayoría. Era imposible no voltear a mirarla. A ella le incomodaba. Prefería el bajo perfil, pero con ella todo era excesivo, así que tenía que hacerse a la idea.

Tres tragos después de divisarla, decidió ir por ella.

- “Hola”, debió gritar para que ella le oyera.

Ese era el principal problema de ligar en un sitio con música, pero sin música era imposible levantar. Él era de los que creía en la conquista a la antigua, bailando. No había podido avanzar en nada nunca que no fuera con una pieza de música bailable de fondo. Entre más tropical, mejor. Lograr contacto físico sería imposible si todo fuera electrónica.

-“Hey!! Qué más…” respondió entre un susurro adornado con una sonrisa.

Siguieron las preguntas de rigor. Risas y más risas.

Hizo un inventario de todo lo que le disgustaba de Antonio. La lista era larga:
Es bajito
No baila taaan bien
Tiene 250 millones de proyectos. Todos inconclusos
Anda vaciado
No sabía que Una mente brillante, la película, es un libro. Y así, muchas
Es egoísta
No sabe escuchar
Sus mejores amigas son mujeres. Cómo puede recibir tantos consejos de amigas
mujeres que nunca lo entenderán de verdad.
Es demasiado femenino
Habla, habla, habla… habla y sigue hablando
… una páginas después…
No es detallista
Olvida las cosas
Llora cuando se emborracha
No ha superado sus traumas de infancia
... Dos páginas más adelante…
No es buen polvo
Tamaño, regular
Tiene cama sencilla

En ese momento todo servía como excusa. Por eso se aburrió de la lista. Lloró de tristeza de saber que había rebajado todas sus exigencias, con tal de tener un alguien. Nada se ajustaba a lo que la alguna vez se había imaginado.

En medio de la conversación le pregunta: “Qué es lo que tu haces?”

-“Soy prepago”, respondió.

Le pareció gracioso, pero por un instante creyó que era cierto.

-“Eso que quiere decir?”, insistió haciéndose la boba, por aquello que todos las prefieren brutas.

- “Jajajajjaja. Lo que crees que significa”, dijo.

En ese momento entendió que se trataba de una broma.

Una noche cualquiera ella lo llamó. Él se encontraba fuera de la ciudad, de rumba con sus amigos de infancia. Los tragos hacían estragos en él y comenzó con el monólogo sicótico.

- “Necesito anular mi lado femenino… No entiendo por qué me aterra el compromiso. Nada funciona con las viejas… siempre llegan y a destiempo me doy cuenta de que realmente eran valiosas y que pude haberlo intentado…”, y así por horas.

Ese día se dio cuenta de que no podía más –no solo por la cuenta de su teléfono-. Que su vida no estaba para limpiarle las lágrimas a un tipo. Que no valía la pena. Él creía que a pesar de su inconformismo todo iba medianamente bien. Estaba dispuesto a intentarlo, aunque le molestara la fortaleza de su chica. Él quería cuidar de alguien y ella alguien que la cuidara, pero estaban en los roles equivocados. Lo peor: ninguno decía nada. Era como si estuvieran condenados a estar así, atados por siempre, sin decir nada por pesar.

El pesar es el peor de los males entre dos personas. A corto plazo parece la mejor solución para no lastimar al otro, pero a largo plazo resulta la peor medicina. Envenena el alma, crea abismos profundos entre los dos. Pero nadie se da cuenta sino hasta al final.

Terminaron en la cama. Ella lo buscaba y a él le encantó. Fue directo al grano. Vamos a mi casa. El siguió sus largas piernas. Vestía una falda corta, medias veladas, tacones altos (que parecían una exageración a pesar de su estatura), blusa negra ligeramente transparente, pelo suelto. Todo negro.

- “Las relaciones hoy en día comienzan de la manera equivocada”, le decía a su mejor amiga, quien realmente se comportaba como su verdadera alma gemela. “Antes primero pasaban tiempo juntos, cogerse de la mano era todo un proceso eterno y costaba. Luego de conocerse, con defectos, problemas, hormonas, familia y amigos, si llegaba el sexo. Seguros de que el otro sujeto les gustaba, de que iba para algo serio”, argumentaba.

- “Mi vida. No es que esté en contra, pero todo es culpa de la liberación femenina”, respondía apresuradamente Camila. “Ahora nos toca ponernos como ellos a cazar, y jugar bajo esas reglas, de lo contrario no hay forma de lograrlo y estaríamos completamente veraneadas”

- “Puede ser. Pero podríamos decir que no y que aguanten”, aseguró dándole un pequeño golpe a la mesa. “Pero las ganas nos pueden”

- “Bueno, entonces estamos condenadas. Pero a lo que no estoy dispuesta a someterme es a vivir del vibrador por siempre, solo por aguantarme las ganas para conseguir un novio”, casi que gritaba Camila.

- “Shhhh… Mira que se nos escandaliza el restaurante. No querrás que se pare la mesa del
lado, como nos pasó la semana pasada por andar hablando alto”, regañó Antonia.

- “Ahhh, pero me cortas la inspiración”, replicó Camila

- “Bueno volviendo al tema, creo que por eso es que fracasan las relaciones: comenzamos por el final: primero tiramos, luego nos conocemos y es ahí cuando nos damos cuenta de que el sujeto de verdad no nos gusta”, dijo soltando un suspiro más que desesperanzador.

- “Ay no. Tu lo que estás es frustrada porque este Antonio resultó ser un huevón”, increpó. “Pero como no me haces caso!!!”

Comenzaron los besos. Las manos bajaron. Se tiraron en la cama. Pero todo resultó un desastre. Su correa se enredó en sus medias (Cómo odiaba que se le rompieran las medias). Casi se daña el encanto. Él lo solucionó con un chiste, más bien flojo, que ya ninguno se acordaba. Ella misma se arrancó las medias, a ver si de esa manera se le quitaba el empute. Lo logró. Volvieron los besos… y siguió lo que tocaba, o más bien, a lo que iban.

No le pareció fantástico. “Tiene posibilidades de mejorar”, se dijo mirando al techo a oscuras. Claro que a sus amigas nunca se los aceptaría. Eso sería como admitir que le falló el olfato y que al final no tenían tan buen gusto. Mentir a veces tiene su encanto, y ayuda al ego.

Ella siempre iba en contra de hacer desayunos. Él cocina pero solo en su casa. Eran las 6:30 am, apenas habían dormido, cuando de repente suena una alarma, y esta vez no era la de ella.

- “Me tengo que ir”, dijo él de un sobresalto

No le extraño. Era un buen plan de escape. Al final nada había salido tan bien.

- “No hay lío”, respondió dando una vuelta sobre sí misma
- “Es que tengo que ir a abrir una puerta”, dijo casi que enseguida
- “mmm que mal. Es domingo, tan temprano. Y te pierdes del desayuno”, completa ella entre risas, sabiendo que nunca prepararía desayuno.
- “Resulta que mi mejor amiga me dejó las llaves para que le abra la puerta a una tía de ella que viene a recoger no sé qué cosas”, explicó.
- “Bueno vete”, insistió

Antonio llegó a su casa, se bañó como un gato, sacó la bici, y corrió como un loco a abrirle la puerta a la dichosa tía de su amiga. Llegó, saludó hipócritamente a la señora, intentó abrir la puerta, y nada. Insistió con fuerza, con maña, a madrazos, con calma… Y nada.

- “Jueputa. Perdí el viaje, me perdí el desayuno y el arrunche”, pensó.

Cuando regresó a su casa lo primero que recibió fue un mensaje de ella. Espero que hayas podido abrir la puerta. Le pareció un lindo detalle y ahí decidió intentarlo con ella.

Un día ella lo llamó. Él andaba enfarrado con sus pocos amigos. Ya tenía sus tragos en la cabeza. Ese día se dio cuenta de que no valía la pena. Entre su borrachera le dio el discurso patético de lo difícil que era su existencia. Él la sitió como su mamá.

Se encontraron en un lugar neutral para hablar. Ella pensó en un sitio público para evitar las lágrimas. Él en un parque, para poder hablar tranquilos. Ella ganó el pulso: terminaron en un restaurante.

- “No puedo seguir más con esto”, inició ella mirándolo a los ojos
- “¿Con qué?”, contestó haciéndose el huevón.
- “Esta relación. Llevo meses tratando de entender tu crisis existencial permanente, tus quejas, tus malos ratos, tus lágrimas. Ya no puedo más”, dijo

Él por primera vez la dejó hablar infinitamente. Pero no estaba prensando atención real.

Mientras ella sacaba la lista de mercado sobre sus defectos, él solo pensaba como Margie le había facilitado la tarea. Como siempre ella facilitaba las cosas. Asentía casi que automáticamente. Ella lo miraba, le agarraba las manos pensando que al final de cuentas era mejor así, que era la mejor decisión, que así no sufriría más adelante. Ella se sentía mal, de todos modos Antonio no era una mala persona, solo que no eran el uno para el otro.

Respiró aliviado. Le tomó las dos manos con firmeza y le dijo:

- “Mi linda, no te preocupes. Como siempre me llegan las personas equivocadas, en el momento equivocado. Estoy acostumbrado”.

Se hizo el triste, bajó la mirada. Suspiró. Le dio un beso en la mejilla.

- “Lamento mucho que no estuvieras preparada para alguien como yo”

Ella hirvió de la ira. Al final, luego de tanta mierda, Antonio había salido fuerte. La debilidad ahí había terminado. “Lo que hace el orgullo”, pensó. Se fue y con ella todos los traumas y crisis de Antonio. Ese día nació un hombre nuevo.

27 de marzo de 2009

DE CÓMO UNA EXPOSICIÓN SE CONVIERTE EN UNA PERDEDERA DE TIEMPO!!!

Hoy dejaremos el tema de parejas para darle cabida lo académico. No sé preocupen que no los voy a aburrir con asuntos conceptuales profundos de los dilemas del universo, ni fórmulas, ni mucho menos ejercicios de agilidad mental.

Como muchos saben -y lo dice mi perfil- estoy cursando una maestría. MAESTRÍA, MASTER, MPP... Son dos años de estudios -18 millones de pesos- pagados con esfuerzo, para obtener un cartón que me acredite como una maestra en algo. En este caso, políticas públicas. Si se supone que voy a ser la "dura" del tema -junto con los compañeros que logren terminar- cómo a los profesores se les ocurre adoptar la 'maravillosa' metodología de la exposición como una manera eficaz para enseñar.

Ok, no es que crea que mis compañeros no son capaces de exponer. Pero... Le pagamos a los profesores, para que la clase las den los alumnos... no pagamos para aliviarle la vida a los profesores. Eso estaba bien en bachillerato, cuando los maestros tenian a su cargo todos los cursos, 40 pelaos insoportables por grado y debían buscarse alguna manera de entretenerlos. Pero en la Universidad? Y a nivel de maestría? Creo que es inaceptable.

La última, perversa experiencia se dio en macroeconomía. Es toda un área inexplorada para mí. Inflación, depreciación, política económica, tasa de cambio, fórmulas, gráficas, mercado, costo, inversión bla bla bla bla... Elemento clave si queremos algun día administrar el Gobierno (sea local o nacional). Pero aquí parece que viéramos macroeconomía como si fuera una tienda. Los compañeros exponen -sin desmeritar la capacidad de la gente de la clase- mientras que el profesor resuelve dudas. Al César lo que es del César... El que sabe, sabe... La Macroeconomía al economista... en este caso, al profesor. Un Cura, una médica, un politólogo o una periodista explicando las consecuencias de la política económica?... Eso suena a una historia de terror... y me tocó vivirla a mí.

Mediocridad, flojera, falta de ánimos? Hay que preguntarle al profesor. Pero peor aún, por qué las directivas de la mestría, permiten esto? Es más, por qué no atieden las observaciones de los alumnos en estos temas?

En primer semestre una de las clases más importantes "Teoría de las Políticas Públicas" se basó en exposiciones de cuatro libros. Somos 40 alumnos, en grupos de a cuatro o cinco, cada uno exponía cualquiera de los cuatro libros... Había repeticiones. Era mejor que la Valeriana, uno dormía feliz, mamado de escuchar la misma carreta una y otra vez... Y no quiero imaginarme cómo será esto en universidades de menos nivel. Si esto para en el Externado....

No sé ya qué es peor, matarme pensando por qué tengo que sufrir esta arbitrariedad fomentada por el sistema, o encontrarme en medio de una clase escribiendo en mi Blog mientras el profesor decide intervenir para explicar lo que mis compañeros no han logrado por la falta de experticia y conocimiento.

Ahora creo que el sistema de calificaciones es nefasto. No porque me vaya mal, sino porque la exposición es la forma más fácil de calificar a los alumnos. No hay que corregir trabajos. El "profe" se sienta, oye una hora de carreta mal echada, hace un par de apuntes -no tuvo que preparar clase- y se va para su casa sin tarea. Mientras que quienes pagamos su sueldo, quedamos más aburridos que mico en bonsai, porque entendimos todo a medias. Lo más complejo son evaluaciones reales, ensayos, quizes, exámenes, pero incrementan el trabajo que en la casa de be hacer el "profe". Aquí parecemos pájaros tirándole a las escopetas.

Luego se preguntan por qué Colombia sigue en la cola de la educación a nivel mundial. Creo que es hora de revaluar quiénes y por qué nos educan: si se trata de un simple mecanismo para "cuadrar el sueldo", una forma fácil de ganarse la vida, o por las ganas de transmitir conocimiento, y en lo que he visto hasta ahora, el deber ser no se aplica.

Estoy mamada de la mediocridad... será que me va a tocar convocar una revolución en Facebook, para que se acaben las exposiciones?

24 de marzo de 2009

GUAJIRA I LOVE YOU TOO MUCH…

Hola a todos y a todas. Esta historia fue un regalo que le hice a un amigo. Espero que no se ponga bravo porque ahora lo comparto con todos ustedes. Está inspirado en un viernes cualquiera, en el que conocí a la persona que me hizo violar el noveno mandamiento: "no desear la mujer -hombre- del prójimo. Como muchos de ustedes preguntan si las cosas que escribo son ciertas, voy a comenzar a clasificarlas, como ficción o realidad. Esta, aunque se inspira en un hecho real, solo tiene de cierto el ambiente, la música y el sitio...


GUAJIRA I LOVE YOU TOO MUCH…


Lo vi en el rincón. Y no lo creí. Más que un hombre de estatura ideal y facciones perfectas, parecía un engaño a la conciencia. No lo quería creer. “Imposible”, pensé. Por eso me distraje entre copa y copa, entre baile y baile. No quise prestarle más atención. A las visiones es mejor ignorarlas, para evitar el desengaño que llega cuando encienden las luces.


“Enrédame de amor mi vida, y hazme un nudo ciego”, gritaban los parlantes y las voces enamoradas del sitio. Cuando siento que alguien me toca el hombro. “¿Tienes candela?”, dijo una voz. Me volteé y palidecí. O eso supongo por la cara del sujeto. Era la visión, asustándome, como si de un fantasma se tratara. Toqué mis bolsillos con rapidez y recordé que soy una de esas malas fumadoras que siempre tienen cigarrillos pero nunca con qué prenderlos.


-“No tengo. Lo siento”, fue lo primero que salió de mi boca.

-“No importa”, replicó.


Me quedé mirándolo y aun ni lo creía. Luego de un largo silencio dijo: “Tu eres Sofía… Sofía Insignares”. No me desmayé de milagro. ¿Cómo sabía mi nombre? Si lo conociera lo recordaría. Asentí con la cabeza. Me abrazó en medio de una efusividad incomprensible. La duda se apoderó de mi hasta que dijo: “Soy Carlos Enríquez. ¿Me recuerdas? Mi cabeza frenó en seco. ¿Carlos Enríquez? ¿El mismo gordito, sucio, cuya mejor cualidad a los 14 era contar hasta 25 en eructos? Y que moría por mí, cuando el amor adolescente se traducía en malos tratos. Obviamente 14 años atrás me parecía repugnante. Y ahora se convirtió en algo irresistible. “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios”…


- Hola!! ¿Cómo estás? Tanto tiempo…


Creo que mi cara de sorpresa y desconcierto se hizo evidente, porque en medio de una carcajada, que opacó la música estridente, dijo “lo sé, lo sé. Nada que ver con el recuerdo”. Me puse roja. Menos mal había poca luz. Mi demonio interno me dijo “no puedes dejarlo pasar. Una delicia así no se consigue en cualquier esquina”. Y siguiendo sus consejos le dije sin pudor: “¿Bailamos?”


“Con la mañana va llegando lentamente tu recuerdo y me acaricia..."

- ¿Cómo te ha ido?

Es tu forma de ser...

- Muy bien. Ahora soy gerente de una empresa de asesorías financieras. Me va bastante
bien. ¿Y tú?

Y desde el día que te vi te fuiste metiendo muy dentro de mi vida...

- Soy arquitecta. Estoy trabajando en el proyecto del nuevo centro comercial.

y dando un giro al revés...

- ¿Tienes novio? ¿Esposo? ¿Hijos? ¿O todas las anteriores?

y es que tu sabes que te quiero y que me muero por unito de tus besos...

- Ninguna de las anteriores… ¿Tu?

y hasta las noches no consigo estar tranquilo pues te veo y no te tengo...

- Soltero

si esto es amor...

- ¿Gay?

entonces te dedico esta canción...

- Jajajajajajaja. No.

Acaso tu, Acaso yo somos la mezcla perfecta…


A partir de ese momento solo hubo música entre nosotros. Sobraban las palabras y yo iba como entre nubes. Su mano en mi espalda y su respiración en mi oído. Me temblaban las rodillas. Al final de la canción, lo inevitable. Me miró a los ojos, se me acercó y me besó. Zas! La desilusión llegó sin que fuera necesario que prendieran las luces: Abrió la boca mucho más de lo esperado. Su lengua me llegó a la garganta. Casi me ahogo, y no precisamente por la emoción. Sus babas empaparon mi cara desde la nariz hasta la mitad de la barbilla. “Guácala”, pensé.


Salir corriendo no era tan fácil. Me tenía abrazada. Que se abriera la tierra era la opción más viable. Y nadie venía a salvarme. Claro, con tremendo churro ninguna de mis amigas saldría al rescate. De repente me cogió de los hombros, me separó y me dijo mirándome a la cara:


- Lo siento. Prefiero quedarme con tu recuerdo.


Me soltó. Me pasé la mano por la boca. Lo miré con desprecio y respondí.


- Yo no lo siento.


Di la vuelta y me aleje caminando y me perdí al son de la música


guajira so nice to meet ya

next time i see ya we go roll some reefer

guajira


i love you too much…



El sapo aunque se vista de seda… Pensé

22 de marzo de 2009

DOS VARIACIONES DE UNA MISMA HISTORIA

Era una tarde indefinida. No hacía calor ni frío. Pero para ella estaba demasiado caliente. Siguiendo su instinto y la premisa de cabecera –por si acaso-, prefería llevar ropa de más, en caso de que bajara la temperatura. Iba zafando su bufanda, torpemente, cuando alzó la mirada y lo vio. Venía en sentido contrario a ella por ese parque que a ella ya no le gustaba como antes, porque venía cargado de recuerdos. Cuando debía atravesarlo lo hacía casi al trote, mirando al piso. Era menos doloroso.

Al verlo, cada una de sus células brincó de emoción. Quería correr con los brazos abiertos, abrazarlo y decirle cuanto lo extrañaba. Pero no fue capaz. Sabía que se exponía a un rechazo fulminante que acabaría con su alma una vez más.

Lleva meses sin contestar mis llamadas. Evidentemente no quiere saber nada de mí.

Logró zafar la bufanda, la enrolló sin gracia, y meterla en el bolso. No dejó de caminar.

Ellos eran amigos. Hasta que les ganó el deseo. Eran amigos, de esos que se conocen por intermedio de un tercero. Antonia era la niña de los ojos de Andrés, y Marco su mejor amigo. De rumba en rumba, de trago en trago, de baile en baile, se hicieron amigos. Marco tenía una novia, con la que conformaban el cuarteto.

Un día, Antonia decidió que no podía seguir manteniendo la relación con Andrés, a punta de mentiras piadosas y verdades a medias: ella nunca pudo amarlo de la manera que él quería, así que se resignaron con lo poco, que para él era suficiente para llamarlo una relación… Pero ella no estaba preparada para algo real. Así que terminaron. Fue traumático, hubo llanto, crisis, depresión. Pero lo superaron: ella dejó de sentir culpa y él aprendió que nadie muere de amor.

Las circunstancias llevaron a que Antonia y Marco se acercaran. Comenzaron a hacer planes juntos. El cine, el tequila, las charlas hasta el amanecer y una que otra sesión de baile, causaron lo inevitable: él con su novia de viaje, ella sola buscando respuestas. La tensión era demasiada. Terminaron de amantes, pero bajo una condición: nadie puede enterarse. Mucho menos Andrés y la novia de Marco. Todo era secreto. Más emoción, sobre todo si se trata de un juego.

Eran amigos, es cierto. Y ella le seguía contando sus travesuras: hoy con uno, mañana con el otro, pasado contigo. Y él la escuchaba y hasta la animaba. “yo sé que algún día conseguirás un man que te haga completamente feliz, así conozca tu prontuario. Así que ese tema no tiene que preocuparte”, le decía. Y a la final, no le preocupaba. Ella solo se divertía. Mientras tanto, el pasaba de crisis en crisis. Hoy por el trabajo, mañana por el hambre en África, pasado porque él quiere formar una familia y no lo ve cercano. A ella le parecía algo neurótico, pero igual le daba consejos: “Si quieres lograr éxito duerme menos. Y eso de querer una familia… pues comienza por buscarte otra novia, a no tener amantes y a volverte serio”, le decía.

Él sabía que ella era un espíritu libre. Ambos sabían que no podían enamorarse. Ella nunca lo contempló, le gustaba su amigo. Él… quien sabe.

Un día, Antonia se aburrió. Para ella más de tres polvos era demasiado serio. Y con Marco ya iban 5 meses. “Esto no va a para ninguna parte. Así fue concebido y así será”. Volvieron a verse, pero nunca entre las cobijas. Seguían contándose sus aventuras, sus dramas, sus tristezas. Esta vez sin sexo. A ella le parecía perfecto. No había perdido a su mejor amigo, a su alma alcahueta. A pesar de todo.

Pero un día todo cambió. Él desapareció y ella insistía en buscarlo. Parecían el correcaminos y el coyote. La verdad, se sentía ridícula. Pero quería por lo menos entender los motivos, y saber qué había sucedido. “Si todo estaba claro… Qué pasó??” la pregunta le rondaba la cabeza, estaba atorada, ya no tenía con quien hablar.

Habían pasado semanas. Antonia se enteró de que Marco tenía una nueva novia. Cristina. Era linda, querida, buena compañera… Se alegraba por él, pero le hubiera gustado que se lo contara. Como los viejos tiempos. “Ese debe ser el motivo de su ausencia”- pensó- “Pero no es para tanto”.

Llegó a la esquina del parque. Sacó con dificultad el celular de su bolso. Busco “.M.” y presionó start call. “Lo sentimos, el número marcado se encuentra ocupado”. End call. Guardó el teléfono y siguió su camino. Una lágrima bajó por su mejilla y ahí supo que todo era un caso perdido.

*****

Pateó una piedra. Al levantar la mirada la vio enredada en su bufanda de colores -que por cierto era la que más le gustaba de todas las que ella usaba-. Su cuerpo se congeló. Entró en ese estado catatónico que impide reaccionar. Sintió miedo. Quiso devolverse pero era demasiado tarde. Ella lo había visto y era demasiado de mal gusto que se notaran sus intensiones de huir. Agachó la cabeza, metió las manos en el bolsillo, e hizo como si no la hubiera visto. “Ojalá funcione”.

Ella era su mejor amiga hasta que tomaron la mala decisión de meterle sexo a la vaina. Para él todo estuvo claro hasta el momento que ella en ese tono detestable de mujer autosuficiente le dijo: “Mi vida, pero si tu sabes que tres polvos es algo serio y nosotros no estamos para eso. Ser fuckfriends se basa precisamente en eso, cero compromisos”. Le rompió el corazón y lo único que pudo decir con tono de hombre importaculista fue “Igual no yo puedo seguir así. Tengo una novia, me da remordimiento. Yo tampoco estoy para esto. Es cierto, tenemos que dejar de jugar.”

Él sabía que eso no era cierto. Que la necesitaba para respirar. Que estaba dispuesto a dejarlo todo por ella. Incluso, estaba dispuesto a olvidar su prontuario, y hacerse el de la vista gorda. Él quería darle algo real. Pero ella seguía jugando. Y a él le ganó la cobardía.

Se alejó. Cuánto le costaba no tenerla a su lado. Ver los amaneceres, comer chocolates, reírse de ellos mismos y oírle sus teorías sobre la vida. “Soy un huevón” se repetía. Sin poder contarle a nadie porque el pacto a pesar de todo seguía vigente. Si Andrés se enteraba de que se había metido con su ex, se acabarían 15 años de amistad y ya era suficiente con una pérdida.

Ella lo llamaba insistentemente y él, antes que enfrentarla, decidió aprender a vivir con el celular entre su closet. Dejó de cargarlo por un tiempo. Durante ese lapso, solo revisaba las llamadas por la noche, y devolvía las importantes. La de Ant, como la tenía registrada en el directorio, solo las borraba. Era doloroso. Pero si no iba a ser capaz de decirle lo que sentía por ella, era mejor aplicar la huída.

Decidió seguir adelante. Apareció Cristina. Adorada. Todos la quieren. Perfecta para superar esa relación de la novia que se fue del país y decidió no regresar… a lo que todo su clan le atribuyó la profunda tristeza en la que veían sumido a Marco. Ninguno se imaginaba que Antonia era la autora intelectual de la tusa. “Mejor así”, se justificaba.

Cuando pasó por su lado volvió a levantar la cabeza. Buscó su teléfono entre el bolsillo del pantalón. “Directorio-Buscar Contacto-Ant”. Antes de que su dedo gordo presionara el “hacer llamada”, vibró. En la pantalla se leía “Cris”. Contestar llamada. “Hola Linda… Sí ya voy llegando… un beso”. Terminar llamada. Guardó el teléfono de vuelta en el bolsillo. Suspiró. “Quizá es mejor así”. Y siguió su camino.

19 de marzo de 2009

UNA BIENVENIDA

Hola a todos!!!



Durante mucho tiempo mis amigos, amigas, familiares, conocidos y desconocidos -obviamente mis exdates, amantes, chicos casuales o el que casi-casi pudo llegar a ser declarado novio, se aterran con la idea, por eso no cuentan- me vienen insistiendo en que me lanzara y abriera un blog... Bueno, me convencieron... y aquí me tienen....

Hoy, tratando de buscar el origen de mi apellido, encontré que quier decir "el camino que lleva al mar" y fue algo revelador. No solo porque logré descartar un par de teorías sobre de dónde proviene mi apellido paterno (Rusia y España... en realidad proviene de Italia), sino porque ahora sí comienza a tener sentido eso de que "tu nombre te define". Aspecto que hasta ahora no funcionaba para mi. Para que entiendan, mi primer y único nombre está relacionado con nacimientos, navidad y ese tipo de cosas... Ciertamente cumplo en Abril... nada que ver con el natalicio del niño Dios... Pero que mi apellido me lleve al mar, tiene sentido... Por algo todos los años necesito ir a ahogar mis demonios en el océano... No lo tomen literal. No es que tenga tendencias suicidas o que necesite un exorcismo, solo que es una buena manera de hacer catarsis -aunque llorar es otra de mis favoritas-.

Esto era un pequeño saludo... Beso