30 de marzo de 2009

Y TODO COMENZÓ AL REVÉS


Hola de nuevo. Aquí va otra de ficción. Para evitarles las ganas de preguntar. Sí hay elementos reales, pero casi nada es cierto. No me pasó, pero sí la escribo en honor a un gran amigo que sufre de crisis existenciales profundas... que ya estamos aprendiendo a manejar, o no H???

Besos



Y TODO COMENZÓ AL REVÉS

Se dio cuenta de que no eran el uno para el otro más rápido de lo usual. No era que no se gustaran. La atracción nunca faltó. Era solo que él vivía en medio de un existencialismo de niveles inimaginables, que no la aburrían pero le parecían demasiado para cargar sobre sus hombros.

Se conocieron en un bar. Raro. Nunca se conoce a nadie interesante en un bar. Todos parecen en temporada de caza, babeando por cualquier par de piernas que pareciera disponible. Ella lo estaba, como todas las noches de fin de semana. La única diferencia era que esta vez sí estaba buscando algo.

Antonio siempre hablaba. Ella escuchaba. Era perfecta para ese rol. “Para que me escuchen, están mis amigas”, pensaba. Era una completa enamorada de las causas perdidas. Por eso al comienzo no le pareció complejo tener que aguantar –aunque en un principio lo hacía con placer- todas las crisis existenciales, que eran casi que permanentes.

Es anoche estaba con sus amigas. Todas mujeres, todas atractivas, todas disponibles, todas buscando algo. Él estaba con sus amigos, todos de cacería, todos machos alfa. A él le gustó la menos alta –todas eran muy altas y en tacones-, pero la proporción de sus medidas fue lo que llamó la atención. “Femenina, trigueña… Perfecta”, se dijo a sí mismo mientras pasaba un trago puro de guaro que le calentara la garganta y le diera valor para seguir adelante.

Margie se había convertido en su oído favorito, su compañera permanente, su consejera, tanto que le molestaba. “Es como mi mejor amiga, mi mamá, mi hermana mayor”, le decía a sus amigos, quienes se burlaban a carcajadas porque siempre existía una excusa para no seguir, pero esta era casi ridícula. Lo peor es que no la dejaba. Se quedaba ahí con ella en un acto de lealtad casi canino.

Ella lo vio insignificante, pero con un dejo al caminar y algo profundo en la mirada, que le causaron curiosidad. “Bueno, no es tan bajito”, se consoló. Ella medía 1.65, bastante promedio, pero lo suficiente para que, al subirse a unos tacones, poder ver por encima de la cabeza de la mayoría. Era imposible no voltear a mirarla. A ella le incomodaba. Prefería el bajo perfil, pero con ella todo era excesivo, así que tenía que hacerse a la idea.

Tres tragos después de divisarla, decidió ir por ella.

- “Hola”, debió gritar para que ella le oyera.

Ese era el principal problema de ligar en un sitio con música, pero sin música era imposible levantar. Él era de los que creía en la conquista a la antigua, bailando. No había podido avanzar en nada nunca que no fuera con una pieza de música bailable de fondo. Entre más tropical, mejor. Lograr contacto físico sería imposible si todo fuera electrónica.

-“Hey!! Qué más…” respondió entre un susurro adornado con una sonrisa.

Siguieron las preguntas de rigor. Risas y más risas.

Hizo un inventario de todo lo que le disgustaba de Antonio. La lista era larga:
Es bajito
No baila taaan bien
Tiene 250 millones de proyectos. Todos inconclusos
Anda vaciado
No sabía que Una mente brillante, la película, es un libro. Y así, muchas
Es egoísta
No sabe escuchar
Sus mejores amigas son mujeres. Cómo puede recibir tantos consejos de amigas
mujeres que nunca lo entenderán de verdad.
Es demasiado femenino
Habla, habla, habla… habla y sigue hablando
… una páginas después…
No es detallista
Olvida las cosas
Llora cuando se emborracha
No ha superado sus traumas de infancia
... Dos páginas más adelante…
No es buen polvo
Tamaño, regular
Tiene cama sencilla

En ese momento todo servía como excusa. Por eso se aburrió de la lista. Lloró de tristeza de saber que había rebajado todas sus exigencias, con tal de tener un alguien. Nada se ajustaba a lo que la alguna vez se había imaginado.

En medio de la conversación le pregunta: “Qué es lo que tu haces?”

-“Soy prepago”, respondió.

Le pareció gracioso, pero por un instante creyó que era cierto.

-“Eso que quiere decir?”, insistió haciéndose la boba, por aquello que todos las prefieren brutas.

- “Jajajajjaja. Lo que crees que significa”, dijo.

En ese momento entendió que se trataba de una broma.

Una noche cualquiera ella lo llamó. Él se encontraba fuera de la ciudad, de rumba con sus amigos de infancia. Los tragos hacían estragos en él y comenzó con el monólogo sicótico.

- “Necesito anular mi lado femenino… No entiendo por qué me aterra el compromiso. Nada funciona con las viejas… siempre llegan y a destiempo me doy cuenta de que realmente eran valiosas y que pude haberlo intentado…”, y así por horas.

Ese día se dio cuenta de que no podía más –no solo por la cuenta de su teléfono-. Que su vida no estaba para limpiarle las lágrimas a un tipo. Que no valía la pena. Él creía que a pesar de su inconformismo todo iba medianamente bien. Estaba dispuesto a intentarlo, aunque le molestara la fortaleza de su chica. Él quería cuidar de alguien y ella alguien que la cuidara, pero estaban en los roles equivocados. Lo peor: ninguno decía nada. Era como si estuvieran condenados a estar así, atados por siempre, sin decir nada por pesar.

El pesar es el peor de los males entre dos personas. A corto plazo parece la mejor solución para no lastimar al otro, pero a largo plazo resulta la peor medicina. Envenena el alma, crea abismos profundos entre los dos. Pero nadie se da cuenta sino hasta al final.

Terminaron en la cama. Ella lo buscaba y a él le encantó. Fue directo al grano. Vamos a mi casa. El siguió sus largas piernas. Vestía una falda corta, medias veladas, tacones altos (que parecían una exageración a pesar de su estatura), blusa negra ligeramente transparente, pelo suelto. Todo negro.

- “Las relaciones hoy en día comienzan de la manera equivocada”, le decía a su mejor amiga, quien realmente se comportaba como su verdadera alma gemela. “Antes primero pasaban tiempo juntos, cogerse de la mano era todo un proceso eterno y costaba. Luego de conocerse, con defectos, problemas, hormonas, familia y amigos, si llegaba el sexo. Seguros de que el otro sujeto les gustaba, de que iba para algo serio”, argumentaba.

- “Mi vida. No es que esté en contra, pero todo es culpa de la liberación femenina”, respondía apresuradamente Camila. “Ahora nos toca ponernos como ellos a cazar, y jugar bajo esas reglas, de lo contrario no hay forma de lograrlo y estaríamos completamente veraneadas”

- “Puede ser. Pero podríamos decir que no y que aguanten”, aseguró dándole un pequeño golpe a la mesa. “Pero las ganas nos pueden”

- “Bueno, entonces estamos condenadas. Pero a lo que no estoy dispuesta a someterme es a vivir del vibrador por siempre, solo por aguantarme las ganas para conseguir un novio”, casi que gritaba Camila.

- “Shhhh… Mira que se nos escandaliza el restaurante. No querrás que se pare la mesa del
lado, como nos pasó la semana pasada por andar hablando alto”, regañó Antonia.

- “Ahhh, pero me cortas la inspiración”, replicó Camila

- “Bueno volviendo al tema, creo que por eso es que fracasan las relaciones: comenzamos por el final: primero tiramos, luego nos conocemos y es ahí cuando nos damos cuenta de que el sujeto de verdad no nos gusta”, dijo soltando un suspiro más que desesperanzador.

- “Ay no. Tu lo que estás es frustrada porque este Antonio resultó ser un huevón”, increpó. “Pero como no me haces caso!!!”

Comenzaron los besos. Las manos bajaron. Se tiraron en la cama. Pero todo resultó un desastre. Su correa se enredó en sus medias (Cómo odiaba que se le rompieran las medias). Casi se daña el encanto. Él lo solucionó con un chiste, más bien flojo, que ya ninguno se acordaba. Ella misma se arrancó las medias, a ver si de esa manera se le quitaba el empute. Lo logró. Volvieron los besos… y siguió lo que tocaba, o más bien, a lo que iban.

No le pareció fantástico. “Tiene posibilidades de mejorar”, se dijo mirando al techo a oscuras. Claro que a sus amigas nunca se los aceptaría. Eso sería como admitir que le falló el olfato y que al final no tenían tan buen gusto. Mentir a veces tiene su encanto, y ayuda al ego.

Ella siempre iba en contra de hacer desayunos. Él cocina pero solo en su casa. Eran las 6:30 am, apenas habían dormido, cuando de repente suena una alarma, y esta vez no era la de ella.

- “Me tengo que ir”, dijo él de un sobresalto

No le extraño. Era un buen plan de escape. Al final nada había salido tan bien.

- “No hay lío”, respondió dando una vuelta sobre sí misma
- “Es que tengo que ir a abrir una puerta”, dijo casi que enseguida
- “mmm que mal. Es domingo, tan temprano. Y te pierdes del desayuno”, completa ella entre risas, sabiendo que nunca prepararía desayuno.
- “Resulta que mi mejor amiga me dejó las llaves para que le abra la puerta a una tía de ella que viene a recoger no sé qué cosas”, explicó.
- “Bueno vete”, insistió

Antonio llegó a su casa, se bañó como un gato, sacó la bici, y corrió como un loco a abrirle la puerta a la dichosa tía de su amiga. Llegó, saludó hipócritamente a la señora, intentó abrir la puerta, y nada. Insistió con fuerza, con maña, a madrazos, con calma… Y nada.

- “Jueputa. Perdí el viaje, me perdí el desayuno y el arrunche”, pensó.

Cuando regresó a su casa lo primero que recibió fue un mensaje de ella. Espero que hayas podido abrir la puerta. Le pareció un lindo detalle y ahí decidió intentarlo con ella.

Un día ella lo llamó. Él andaba enfarrado con sus pocos amigos. Ya tenía sus tragos en la cabeza. Ese día se dio cuenta de que no valía la pena. Entre su borrachera le dio el discurso patético de lo difícil que era su existencia. Él la sitió como su mamá.

Se encontraron en un lugar neutral para hablar. Ella pensó en un sitio público para evitar las lágrimas. Él en un parque, para poder hablar tranquilos. Ella ganó el pulso: terminaron en un restaurante.

- “No puedo seguir más con esto”, inició ella mirándolo a los ojos
- “¿Con qué?”, contestó haciéndose el huevón.
- “Esta relación. Llevo meses tratando de entender tu crisis existencial permanente, tus quejas, tus malos ratos, tus lágrimas. Ya no puedo más”, dijo

Él por primera vez la dejó hablar infinitamente. Pero no estaba prensando atención real.

Mientras ella sacaba la lista de mercado sobre sus defectos, él solo pensaba como Margie le había facilitado la tarea. Como siempre ella facilitaba las cosas. Asentía casi que automáticamente. Ella lo miraba, le agarraba las manos pensando que al final de cuentas era mejor así, que era la mejor decisión, que así no sufriría más adelante. Ella se sentía mal, de todos modos Antonio no era una mala persona, solo que no eran el uno para el otro.

Respiró aliviado. Le tomó las dos manos con firmeza y le dijo:

- “Mi linda, no te preocupes. Como siempre me llegan las personas equivocadas, en el momento equivocado. Estoy acostumbrado”.

Se hizo el triste, bajó la mirada. Suspiró. Le dio un beso en la mejilla.

- “Lamento mucho que no estuvieras preparada para alguien como yo”

Ella hirvió de la ira. Al final, luego de tanta mierda, Antonio había salido fuerte. La debilidad ahí había terminado. “Lo que hace el orgullo”, pensó. Se fue y con ella todos los traumas y crisis de Antonio. Ese día nació un hombre nuevo.

2 comentarios:

  1. Y EL REVÉZ DIO PASO A AL DERECHO E INCONCLUSO PASAR DEL TIEMPO...

    TODOS VICTIMAS DEL CAMINO Y VICTIMARIOS DE LA VIDA MISMA.

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  2. Los dilemas de la vida, y las historias que si bien se enredan, tambien se desenredan!!
    buen post.

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