30 de septiembre de 2009

¿NOS CONFORMAMOS?


Una de las películas más malas que me he visto en mi vida, planteó una cuestión interesante: en una relación cada uno quiere a su ritmo y las intensidades son diferentes. Cuando uno va adelante, el otro lo persigue; y luego se intercambian los papeles. Siempre hay uno que quiere más. Nunca se da al tiempo.

A esta reflexión se debe la siguiente historia. Porque por supuesto todos queremos sentir que vamos a la par de la persona que queremos.

***

Cerró la puerta y no pudo evitar sentirse derrotada. Por primera vez sintió que algo le iba a quedar grande. Así que comenzó a listar los errores que pudo haber cometido, que no permitieron que él la amara como ella deseaba. Ahí se dio cuenta de que toda la relación era armada por ella. Que él se mantenía a su lado por un aprecio y cariño acompañado de buen sexo y buena compañía.

Cuando lo conoció, le pareció lo suficientemente divertido, inteligente y alto, como para poder salir con él. Pero no lo vio como una posibildiad, hasta que vio unas señales. Obvio, ella era irresistible, y no le costó trabajo llevarlo a la cama. O quizá, él tuvo que hacer el mínimo esfuerzo -depende del lado de la historia que prefieras-.

Ella hizo todo lo posible, para enamorarlo. Pero su cabeza -la de él- se mantenía en otro lado. Lo intentó, pero no lo lograba. El corazón no seguía la razón. Sin embargo, él estaba tranquilo, cómodo, tenía todo lo que quería: una mujer exitosa, bonita y adorable. Pero su pasado lo mantenía anclado a un dolor insuperable, que ni suquiera todas las bondades de esa relación, podía superar a pesar de las ganas que cada uno por su lado ponía.

Meses y meses pasaron. No se rendía. No se aburría. Estaba empeñada en que todo funcionara. Pero al cerrar la puerta esa noche y hacer todas las reflexiones, se resignó: "No se va a morir por mí, pero está conmigo". Y Eso comenzó a ser suficiente. No había tenido argumentos para terminarlo, al fin y al cabo había aceptado, sin quererlo, las condiciones.

lParada aún detrás de la puerta lo llamó, y le dijo que sí, que se iba a vivir con él. Era simple. Así no fuera en el fondo el idilio con el que había soñado.

Desde esa noche, cada tanto tenía ciclos similares... Sentía que se estaba perdiendo lo grande, por seguir aferrada a su amor por él. Él la quería, casi como una hemana, como se quieren a esos grandes amigos que han estado contigo en las buenas y en las malas. La quería con un agradecimiento profundo, por haberse mantenido a su lado, sin preguntar qué era lo que lo mantenía atado a un dolor del pasado. Nunca le preguntó, el solo se prometía y le prometía que todo fluiría, que todo mejoraría, que el corazón escucharía a su cabeza. Pero nunca sucedió. Estaba dividido en dos.

Ya no se sentía tan joven ni tan hermosa. Pero definió que era su momento: quedarse o partir.

Felipe:


Los impulsos me mantuvieron a tu lado, y hoy son esos mismos
los que me obligan a salir de tu vida.
La incertidumbre me agobia.
Todas las noches pienso en que siempre soñé con más, siempre quise más
y en estos años contigo, siempre me he quedado con lo menos.
Lo siento,
Pero no puedo seguir viviendo así.
No pude conquistar tu corazón, espero poder conquistar el mundo.


Adiós


Alejandra

Solo cogió su cartera favorita, su par de zapatos rojos, y el último vestido comprado. Cerró la puerta, y esta vez supo que nada más le volvería a quedar grande




5 comentarios:

  1. Qué radiografía.

    ResponderEliminar
  2. En efecto, una superradiografía por donde se mire!

    ResponderEliminar
  3. Para mí tomó la mejor decisión.....
    Es fácil querer a una persona, pero es muy dificl a veces lograr que te quieran del mismo modo.

    ResponderEliminar

Gracias por pasar y dejar una huella!