12 de octubre de 2009

Y NADA MÁS IMPORTÓ

Este post llegó a mi cabeza entre un viaje en helicótero, dos horas en carretera, y un viaje de regreso a Bogotá. (Léase luego de dar play)

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Esa noche el cielo era perfecto. Miles de estrellas la saludaban desde lo lejano del universo.
Se encontraba acostada sobre la arena húmeda escuchando las olas romper sobre la playa.
De noche, la playa, el mar, el cielo y las estrellas, eran solo para ella. Por eso lo disfrutaba tanto de esas horas consigo misma. Era como si nada más existiera.

Pero esa noche había algo más. Un algo atravesado en el alma que a veces no la dejaba respirar. Algo que nunca había sentido.

Ella siembre andaba sobre seguro. Odiaba la incertidumbre, las inseguridades, las dudas. Y todo eso se lo generaba ella.

Nunca había pensado que le gustaría una mujer. Mucho menos, que ella podría gustarle a una, y que esa misma, le moviera las estructuras más profundas de su ser.

Aun se preguntaba, si después de ese beso sabor a fresa, volvería a ser la misma.

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La conocío como no se conocen muchas personas a diario: por casualidad.
Hubo una química, que al comienzo ella pensaba se limitaría a una sincera amistad. De esas que no es casi probable que se den entre mujeres. Pero un día la luz tenue, y un par de mojitos, hicieron de las suyas. Un roce involuntario de piernas... Un par de bonitas palabras... Una caricia en el pelo bastaron para terminar en el beso más tierno que jamás le habían dado.

En ese momento no se asustó. El miedo la invadió cuando estuvo sola en su casa, entre sus cobijas, y recordó el corrientazo que le recorrío el cuerpo cuando sus labios se tocaron. En ese instante perdió la tranquilidad.

***

Seguía sobre la arena. Con la mirada fija en la profundidad del cielo. Quería volver a verla. Pero no hacía más que evadirla. Necesitaba aclarar todo. Pero no podía sacarla de su mente. Sus suspiros incluían su nombre: Sofía. Sofia. Sofía.

Se levantó. Caminó hacia el mar y a pesar de la oscuridad se sumergió en el agua. Siempre había creido que el mar ayuda a exorcisar demonios. Permaneció ahí un rato, equilibrando cargas y pensamientos.

Por un lado se decía "Para qué pensar si somos el capricho de lo que sentimos". Y se animaba a salir corriendo a buscarla.
Pero en ese mismo instante la invadía el deseo de poner off a lo que le hace sentir todo esto por ella.

***

Esa noche bajo las estrellas no pudo solucionar nada. Salió de ahí empapada, con la cabeza aun enredada. Iba caminando hacia su casa, a paso lento... casi que arrastrando los pies. Cuando levantó la mirada la vio a lo lejos. El corazón le dio un brinco. Recuperó la sonrisa.

Corrió hacia ella. Y cuando se fundieron en un abrazo sus dudas, incertidumbres e inseguridades se dispersaron. No importó nada más. Era ahí donde quería estar.

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6 comentarios:

  1. ¿Nacen o se hacen? Yo creo que nacen capaces de hacerse.

    Lo sorprendente es cómo una persona puede ocultar sus verdaderos cimientos hasta no verlos ni ella misma.

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  2. Atacaste cuanto sentido tengo, el ruido del mar estaría mal escrito mejor dicho la música del mar, el sentido del gusto provocando una fresa, el sentido del tacto cuando se rozan dos piernas, la vista en el momento en que se encuentran, tal vez el olfato en el abrazo y el oído cuando el corazón salto apenas la vio y no sé si hay otro en el cual me perdí por un minuto leyéndote.

    Muy rico encontrar este tipo de experiencias, leerte siempre me saca de onda y me olvido de todo un rato, de veras, muchas gracias.

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  3. "Aun se preguntaba, si después de ese beso sabor a fresa, volvería a ser la misma."

    Esa construcción de escenas me hizo imaginarme todo. Genial tu escrito, saludos!

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  4. uuuuuuuuuuuuh nudos q nunca soltarán!!!

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  5. Me monté en la película...Muy bueno !

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  6. Reflexiones concretas sobre un tema etereo

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