1 de noviembre de 2009

Y FUE LIBRE AL FINAL

Ella sabía que no sería fácil. Al final de cuentas le gustaban los retos. Sin embargo, muy en el fondo quería en el cuestiones del amor no fuera así. Su actual realidad no se acercaba a su ideal, pero le faltaba algo. Sabía que juntos no podrían volar, pero el ser su polo a tierra le gustaba.

Era joven, lo suficiente para creer en el amor, en que las escenas rosas de todas esas películas se harían realidad en su vida. Sí, era inocente. Pero, se estaba enamorando un sujeto oscuro, con un negro pasado, mucho mayor que ella. De esos hombres cuyo corazón no se permite sentir. Pero que buscan la salvación de la mano de personas buenas. Para eso estaba ella.

- Me estás idealizando. Le dijo el día que ella le dijo que se estaba enamorando.
- Quizás. Pero no me importa. Respondió ella, hablando desde el deseo.

Él no quería ser el culpable de arruinar esa inocencia que había permanecido intacta. Pero seguía ahí, porque al final de cuentas esa niña, casi adolescente, lo aceptaba, sin mayores juicios. Lo único que ella le pedía era que se alejara de las drogas, y que se quedara con ella. Su alma de Sor Teresa le impedía irse. Creía en la redención y en los cambios.

Cuando estaban solos, todo era tranquilo. Había muchas risas, conversaciones banales, comida entre la cama, mimos y muchos besos. Era tranquilo. Pero solo a eso se atrevía. Ella no había dado el siguiente paso. Quería estar enamorada.

Él intentaba respetar su decisión. Pero su instinto lo llevaba a otros lados. "Si no es ella, otra", pensaba. Así, buscaba en lo más fácil: pagaba por sexo en los lugares más nefastos, oscuros. Al final, el cariño y la comprensión los tenía asegurados donde él quería estar.

Una mañana ella decidió levantarse temprano. Ir hasta su casa, sorprenderlo. Encontró la puerta entreabierta y sonaba música para bailar. ¡A esa hora!!! Olía a cigarrillo. Entro. Había un desorden tipo bar de mala muerte. Botellas por aquí, colillas por allá. Se rayó, pero aun no había nada que evidenciara más allá de una rumba.

Dio un segundo vistazo y un camino de ropa, entre masculino y femenino llegaba hasta el cuarto. Zapatillas baratas, una camisa blanca, una falda roja ¡Qué mal gusto!... Entró hasta el cuarto. Y vio una serie de manos y pies enroscados entre las cobijas. Las lágrimas escurrieron por sus ojos. Dio media vuelta y salió sin hacer ruido.

En una servilleta escribió sin pensarlo dos veces. "Veo que no soy suficiente para tí. Adiós". Se fue caminando destrozada. Las imágenes la atropellaban. Sentía una tristeza profunda. Desde ese instante sabía que no volvería a ser la misma. No volvería a creer, a confiar, a amar.

Pasaron varias horas y las naúseas, el dolor de cabeza y la sed, no lo dejaban pensar. Miró a su alrededor y esa mujer de pelo negro seguía ahí. No recordaba su nombre y ya no le interesaba averiguarlo. Quería que se fuera, pero mejor esperar a que se despertara por sus propios medios. Se paró de la cama. Fue a la cocina. Tomó agua y notó la puerta abierta de par en par. Cuando iba a cerrarla, notó la servilleta. La letra le pareció conocida. La leyó y no supo qué hacer. Se le nubló la mente. Vomitó.

Buscó su ropa en medio del desastre, medio se vistió y salió a buscarla. Llegó a su casa y ella no estaba. Caminó en círculos, en zigzag, buscando en los lugares comunes. Cuando se dio cuenta que no lograría nada, volvió a su casa. La pelinegra no estaba. "Menos mal". Agarró el teléfono y marcó un número que creía en el olvido. "Hola. Hablas con número 8. Cinco gramos a donde siempre".

Se metió en la ducha."El agua ayuda a aclarar las ideas". Pero esa vez no sucedió. Sonó el timbre.
Salió solo con la toalla. Buscó unos billetes y fue a la puerta. La entreabrió y le pasaron la papeleta. Despejó de un sacudón la mesa de frente. Buscó el encendedor. Se dio cuenta de que le faltaban el resto de artilugios. En la cocina agarró lo necesario. Preparó como en los viejos tiempos. Pero esta vez era consiente de que se estaba excediendo.

A pesar de las horas, ella seguía esperando que él llegara y la buscara. Se hizo de noche y no tuvo noticias de él. Pero no se preocupó. Pensó que después del guayabo vendría a buscarla. Era orgullosa, no iba a volver a buscarlo. Cinco amaneceres pasaron sin noticias, cinco días en el que hizo el esfuerzo de olvidar. Era fuerte, y cuando se proponía algo, lo lograba

Hasta que recibió una llamada. "Pon las noticias"

El cuerpo fue encontrado esta mañana en un apartamento en el sector de Arroyoverde. Las autoridades estiman que lleva cinco días de fallecido por una sobredosis de heroína...

Apagó. No lloró. Por el contrario, una sonrisa se dibujó en los labios. Él ya no estaba, era libre y no tenía que cuidar de nadie. Solo de ella.

4 comentarios:

  1. Me gustó cómo mostraste por qué el tipo tenía sexo con otras. Eso implica un buen nivel de complejidad para una historia tan corta. :)

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  2. Que fuerte!
    Puede llegar, en serio, una mujer a sentirse completamente libre que la muerte de una persona con la que compartió muchas cosas la haga sonreír??

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  3. uy que fuerte esa historia!!
    Pero terminar de esa manera??? wowwww ... es dificil, sentirse libre por la muerte de alguien a quien supuestamente amaste, asi el mismo este terminando con su vida.

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