12 de julio de 2010

UN DÍA CUALQUIERA - Porque todos tenemos malos días, días de mierda.

Se despertó y lo primero que vio fue el sol brillar por su ventana. Eso le alegró la existencia. Hoy va a ser un día simple. Y así comenzó la jornada. Cantó en la ducha, bailó un rato desnuda. Desayunó delicioso. Su rostro era solo una sonrisa.

Hasta que puso un pie fuera de su casa.

Ahí fue cuando la nube negra se posó sobre su cabeza. Era como si existiera para arruinarle los días de amanecer feliz. Durante el recorrido a la oficina, hizo caso omiso de ella. Seguía oyendo música y andando al son de sus tonadas favoritas.

Ella creía firmemente que cuando las personas tienen buenas intensiones las posibilidades de que las cosas salgan mal, son mínimas. Pero un día como hoy, el destino -la suerte, el azar, o como quieran llamarlo- le demostró, cuán equivocada estaba.

Primer correo: un reclamo desde la distancia por un olvido injustificado. Las excusas no valían, debía compensar su error.

Primera puñalada: no falta en envidioso que tergiversa una situación para lavarse las manos. El agua sucia, en su cara.

Y luego de esos incidentes que casi la hacen llorar de la ira. Comenzó a remar, repitiéndose a cada momento amo mi trabajo, amo mi vida... todo esto es solo por hoy.

Mientras hacía todo lo posible por complacer a media humanidad. Ya la nube no solo era negra sino que comenzó a tronar. Se vine el aguacero. Lo que me faltaba. Y preciso. Nada lo que hacía gustaba. Lo ya aprobado fue devuelto. Rehaga, repiense.

Cientos de llamadas... pidiendo cosas quejándose. Las soluciones no eran suficientes en un día como hoy.

Pasó el almuerzo, sin pena ni gloria - con más pena que gloria-. Saliendo, un indigente la vacea por fumar. "Eso mata", le dijo. "De algo me tendré que morir", respondió.

De regreso a la oficina. Se encerró en el baño. Lloró todo lo que tenía que llorar. No podía respirar. No sentía nada. Cuando uno se acostumbra a que todo salga bien, en todos los aspectos de la vida, que el personal, el laboral y el resto no fluya, es un gran problema, y ella aún no se acostumbraba a eso. Hace parte de crecer. Así son las responsabilidades. Ánimo. Se decía a sí misma, tratando de parar el mar de lágrimas que corría por su rostro.

Intentaba no pensar en lo personal. Eso ahondaría el dolor por la frustración y la impotencia que sentía por no poder solucionar las cosas. Pero le martillaba la cabeza.

La tarde, no fue menos peor. Más problemas, más cambios, más líos. No gustaba nada. Nada estaba bien.

Respiraba. Respiraba. Hacía chistes bobos buscando que el resto riera con ella. Puso música. Tarareo unas cuantas canciones, a ver si la nube se iba. Pero ella estaba instalada sobre su cabeza.

Seis de la tarde. Salió. A pesar de sus zapatos altos, la falda y el frío inclemente que hacía, decidió caminar un poco. Observó a su alrededor y vio caras, pasos acelerados, caminados lentos. Sonrisas, ceños fruncidos, carcajadas, hombros encojidos. Y comenzó a ponerle historias a cada uno de los personajes. Eso le devolvió la sonrisa.

Llegó a su casa. Sacó una Coca Cola de la nevera. Buscó los cigarrillos. Y notó que el encedor no estaba. Buscó por fósforos en toda la casa, y nada. Fue a su último recurso, el calentador... Y para sorpresa suya, apagado. Bajó a pedirle al portero prestado un algo que produjera fuego. Encendió una vela, acto acompañado de un suspiro. Se dirigió al calentador y volvió a bajar a devolver lo prestado.

Se sentó en la cama. Ese lugar donde hace más cosas de las recomendadas y al abrir la gaseosa, con el cigarrillo prendido en la mano derecha, lo que menos esperaba sucedió: el líquido tuvo a bien regarse completa sobre las sábanas blancas. Peor aún, al intentar detener el desastre, el cigarrillo cayó al lado del charco negro haciendo un hueco. Lo que me faltaba. Se levantó en un apuro a secar todo y a cambiar las sábanas.

Prendió el portátil, y el internet no servía. Prendió el TV y la televisión por cable, menos. Llamó a sus tres mejores amigas y ninguna respondió. Se echó a llorar como niño chiquito cuando le quitan un dulce. Apagó la luz. Se acostó mirando el techo, intentando quedar dormida y cuando Morfeo llegaba a acostarse con ella y a espantar la nube negra, entró una llamada, con un pedido oficinero, de esos que toca resolver ya. Sin internet en la casa, debió salir.

Sintió que el frío le calaba los huesos. Llegó al café internet más cercano. Se sentó en el computador asignado. Respiró profundo y escribió casi que con rabia. Terminó en menos del tiempo estipulado. Envió los correos respectivos, pagó la cuenta y salió.

De vuelta en su casa, se volvió a poner la pijama. Se acostó intentando no pensar más y reflexionó Cuando hay días de mierda, hay días de mierda. Mañana será mejor, de seguro. Cerró los ojos y dejó de pensar. Ese día habia muerto para ella.




15 comentarios:

  1. a veces necesitamos no pensar. A veces necesitamos derramar una lágrima. A veces necesitamos enchoncharnos. Siempre sobrevivimos a los malos días

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  2. Dias de mierda!!! que esperamos solo sean días que paan y ya!
    llevo semanas descansando... esperando que un dia de mierda vuelva a atormentarme! para que al menos tenga yo de que ocuparme! jajajajaja
    espero el dia de mañana sea mejor! :)

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  3. Jajajajajajajaja! Recree perfecto la imagén de la Coca Cola sobre la cama y encima el cigarrillo.....Jajajajajaja!
    Cuando hay días de mierda lo mejor es respirar y esperar que pasen lo má rápido posible para empezar de cero nuevamente

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  4. Ouch! Menos mal hasta el día más largo se acaba. Eso sí, hay que hacer lo posible para que un mal día no dañe también el siguiente, que es la oportunidad para mejorar las cosas.

    Y qué pena por lo insensible, pero me reí mucho con la frase "La tarde, no fue menos peor".

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  5. Pucheros de niñas consentidas que somos... tal cual yo.

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  6. Ánimo Naty son días horribles que, afortunadamente no duran para siempre.

    Un abracito :)

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  7. Aunque sintamos que no van a pasar, esos días terminan por acabarse...recuerda, no hay mal que dure cien años...! Quisiera que esta clase de días, no se hicieran presente en mi vida, pero resultan más a menudo de lo que quiero. Y se siente feo...! Te mando abrazotes...! Y cuando sea así, no olvides los chocolates...! ;-)

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  8. http://www.youtube.com/watch?v=idcighADREA&feature=related


    ay te amo!
    tendre que contarte uno de mis dias de mierda pa ver si escribes otra peor. :D lo bueno es que no se nos olvida reir! es como manejar bicicleta! besitos

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  9. Bueno debes poner la leyenda "Los hechos aquí narrados son producto de mi imaginación, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia", porque de no ser así voy a empezar a preocuparme...

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  10. Un abrazo, los días malo existen, pero los buenos son más, seguro que si :)

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  11. No hay palabras para describir la frustración y el desencanto. Buenas energía de luz y calor te rodeen y alumbre tu camino en las decisiones que quieras tomar.
    Saludos

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  12. Para ella fue ayer, para mi es hoy, y espero que se acabe pronto.

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  13. Como negar los dias malos, pero es mejor aprovecharlos, si, asi como suena "Aprovechar los días malos". Esos que nos llevan a enfrentar nuestros miedos internos, esos que nos hacen ver de frente la verdad sin maquillaje y sin tapujos, los que sacan al guerrero que tenemos dentro.

    Arovecharlos demostrandonos a nosotros mismos y al mundo entero que tenemos la fuerza necesaria para sobreponernos a ellos, vivir y salir avantes.

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  14. los días malos son buenos a la larga, muuuyyy a la larga, al menos nos ayudan a pensar que mañana será mejor!! y te levantas con otros ánimos!

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  15. lo bueno de los dias de Mierda qes que te hacen mas maravillosos los demas dias..

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