25 de julio de 2011

EL ODIO EN EL CORAZÓN

Odiamos con o sin razón.
Pero ¿vale la pena?

Y cuando odiamos no solo odiamos, sino que nos desgastamos tanto, porque siempre nos incita a otras cosas: a la venganza. Nos llena de cosas negativas.

Perdemos mucho tiempo en alguien a quien los desprecia.

¿Vale la pena?


22 de julio de 2011

MI PRIMER NOVIO

Cuando llegué a vivir a Bogotá en 1.999. Había tenido solo un novio, el cual me duró solo una semana. Mi experiencia con los chicos no había pasado de unos besos con tímida lengua y alguna que otra mano en la nalga. Simple, era virgen y debía llegar así al matrimonio.

Recien llegada, con el síndrome de provinciana novata en la gran ciudad, conocí a un tipo y me aferré. Creo que el primer error que cometemos muchas mujeres cuando nos pasamos a vivir solas en una ciudad que no conocemos es que nos agarramos de la primera cosa que encontramos para no ahogarnos en la soledad de la gran ciudad, y el miedo que nos provoca el tener que defendernos por nosotras mismas.

Quince días despúes de aterrizada, ya tenia novio: mi primer novio oficial. Alejandro (nombre cambiado por si acaso, aunque muchos ya saben de quien hablo). Era dos años mayor que yo, fue mi inductor los primeros días de clase. Era muy inteligente, pero inteligente bajito. Y como todo bajito prepotente. Digamos que sufría del síndrome "Debo aplastar a la humanidad para sentirme superior". Y ese aplastar a la humanidad me incluía a mi, solo que yo no lo sabía.

Me lo llevé prácticamente a vivir conmigo. Sus amigos eran mis amigos, y las únicas amigas auténticas que hice: María Andrea e Isabel, eran sus amigas. Almorzábamos juntos, cogíamos clases juntos, casi no salíamos en grupo.

Los primero meses toqué el cielo. A pesar de que nos dijeran ahí vienen "Natalia y el Hámster"yo sentía que por fin alguien me quería. Tenía un novio. (Vaya gracia).

Luego del enamoramiento inicial generada por recibir mi primera flor de regalo, por haber sido mi primer polvo, que me escribieran un poema y cartas de amor, que me miraran con ojos de cordero degollado, que me bajaran el cielo y las estrellas, se reveló el negro fondo.

- No te vistas así
- No vayas sola
- Yo te acompaño.


Fueron las primeras frases de control, que con el tiempo migraron a

- No eres nadie sin mi
- Si yo no te ayudo tu no puedes
- Nadie te va a querer más que yo.


Y me lo creí. Simple. Pensaba que si lo dejaba, las cosas no iban a poderme salir bien. Pero no era feliz. Digamos que yo quería otra cosa. No tener que decir un Te Amo obligada, poder salir con amigas -mejor, poder tener amigas- No tener un novio pegado todo el día.

Quería ser. Era simple ser yo. Pero no podía. Era como si él me arrastrara a una dependencia absoluta de la que no podía salir.

Casi dos años duré de novia. Dos años en los que cada vacaciones en mi casa o con mis amigas fuera de Bogotá, lejos de él, me desataban una crisis.

- Quiero que terminemos. Quiero estar sola.
- ¿Por qué? ¿Ya no me amas? (Puta vida. ¡Cómo decirle que nunca lo amé y que él casi me obligo!?)
- No. No es eso.
- ¿Entonces?
- No sé simplemente siento que eso es lo que quiero.
- Esa es una pataleta. Tu sabes que no eres nadie sin mi... Nadie te va a querer más que yo. 


Lágrimas corrían por sus mejillas. E incluso recuerdo en una esas escenas patéticas, que se arrodilló y le rogó que no lo dejara.

En ese momento yo como que no entendía que el que sufría de dependencia era él. Pero le creía a sus palabras. No a sus actos. Y seguía en una relación que no quería.

Toqué fondo. Hasta que llegó un Príncipe en caballo y me rescató. Me lo crucé por la vida, me dio solo un beso y me lleno de fuerzas para decir: "Si puedo dejarlo". Bastó un beso de otro para darme cuenta que yo era más de lo que me estaba creyendo, y me merecía más que una relación basada en la manipulación y el desprecio por mi misma.

Volví de esas vacaciones, con el beso guardado en la cabeza y el corazón. Y al verlo de nuevo, desenfundé todo mi valor y lo mandé a la mierda. Di la vuelta y me fui a hacer mi vida.

A él le costó un poco más. Tres meses me persiguió porque quería que habláramos. Pero también lo logró. Hoy se casó, su esposa está embarazada y espero que sea feliz.

Yo por mi parte reniego y me pregunto cómo terminé ahí. Pero me alegro a la vez, porque esa relación me enseño todo lo que no quiero volver a ser ni a tener.

17 de julio de 2011

LEVANTEMOS LAS COPAS

A veces, cuando todo se coordina, todo fluye y te sientes completamente lleno y feliz, no queda más que celebrar.

¡A levantar las copas y a brindar todo lo bueno! Por el amor, por los amigos, la salud, la familia y el trabajo.

Y si no te sientes en el mood de celebrar porque no te están saliendo las cosas como quieres, o porque ves todo negro. No importa, pon play, trépate en tu cama, y baila.

Así que el himno de este momento (para los felices como yo y los que no tanto).

6 de julio de 2011

ME GUSTA PERO ME ASUSTA

Los seres humanos somos extraños. Como que no nos entendemos ni nosotros mismos. Y no me vengan a decir que eso es una característica solo de las mujeres, los hombres también sufren de eso. Somos incoherentes, ridículos. Como que si la persona que nos gusta no nos da ni la hora, fijo nos morimos de amor; que si nos tratan mal, ahí seguimos empeñados; pero si afloja rápido nos aburrimos y nos damos la vuelta.

No hay salida. El mejor consejo, aplique el término medios. "Un golpe y luego una caricia, y así alarga el juego", me dijeron alguna vez.

Lo mismo pasa con la emoción de una primera cita. Conocemos a un chico (lo pongo en femenino, pero aplica para algunos hombres también) y nos inundan miles de sensaciones. Mariposas en la panza, sudoración en las manos, ansiedad absoluta por saber del personaje, angustia existencial por la pinta, el peinado y el maquilaje. Nos dedicamos tanto al personaje por querer gustarle que nos volvermos evidentes y perdemos el encanto Y es ahí cuando la embarramos.

Pero al tiempo nos asalta un terror acompañado por una danza de preguntas que nos enrredan el alma, el gusto y hasta las ganas.

"¿Será que solo quiere sexo conmigo?"
"¿Y si me acuesto con él uy me bota?"
"¿Y si me enamoro y él no?"
"¿Y si no funciona?"


Y si, y si, y si... Y es ahí cuando la embarramos.

Y ¿por qué digo que la embarramos? Porque comenzamos a actuar erráticamente, perdemos la naturalidad, mandamos mensajes reforzados, nos volvemos intensos o un témpano de hielo, preguntamos más de la cuenta, construimos videos ridículos, nos encargamos de pasar del cielo al infierno en pocos instantes. Nos ilusionamos con nada, nos rayamos por todo.

Sí, eso pasa cuando nos gusta alguien. No sabemos cómo hacer y la embarramos.

¿Será que hay una fórmula secreta para vencer cuando nos ataca el "me gusta pero me asusta?" ¿y así no morir en el intento?

2 de julio de 2011

QUIERO QUE ME QUIERA

Su vida se convirtió en una constante excusa. Porque esas, las excusas, eran la forma más viable que había encontrado, dentro de su torpeza característica para conquistar hombres. De no ser por las excusas, las posibilidades de tenerlo cerca, hablar, o recibir un mensaje suyo no existirían.

Llegó a ese nuevo trabajo, no solo llena de ilusiones por construir un nuevo proyecto de vida. el tema sentimental estaba descartado de plano. Su estrategia era concentrarse en lo laboral, para evitar desviaciones en su objetivo. Pero como el diablo es cochino y pone tentaciones en todo el camino, no habían pasado dos horas luego de haber pisado el piso 32 de su nuevo trabajo cuando lo vio.

Sí era como un sueño. Dibujado a su medida. Alto, con una barba de 2 días, que le daba un toque descuidado sin llegar a ser sucios, ojos expresivos, de esos que sonríen... Dientes perfectos, sonrisa divina... Brazos, pecho, piernas, culo...

Se quedó fría. Sus pies no respondían. Solo logró girar su cabeza en la misma dirección que él, trazando el recorrido del que en ese momento se convirtió su proyecto de novio. Por fortuna no fue evidente.

El resto del día no pudo pensar en nada más. ¿Cómo hacer para saber su nombre? ¿Quién es? ¿Me habrá notado?

Él no la notó al mismo tiempo que ella a él. Fue en una reunión de equipo en la que presentarían a la nueva estratega de la marca, una extranjera, bajita pero divina. Rubia, flaca, difícil de perder. Con un tono de voz particular, una mezcla de exagerado y tierno.

Durante la presentación se sonrieron. Y ella sintió que se enamoró. Se enamoró de sus ojos, de su sonrisa, de sus manos. A él le causaba curiosidad. Digamos que no le era indiferente.

- No sé... No sé!!! Me encanta!! Me mira y me muero
- ¿Pero han hablado?
- No mucho. Él es uno de los grandes jefes de acá. Está varios niveles por encima mio.
- Y eso ¿qué?
- Pues si fuera un mortal como yo, todo sería más fácil. Pero ¿cómo putas lo conquisto? ¿Cómo hago que me note?
- Sácalo de contexto. De la oficina donde es su centro de poder.
- ¿Cómo lo saco?
- ¿Almuerzo colectivo?
- Ese no almuerza con nadie.
- Mierda, jodido.
- Si yo sé jodida.


Cada conversación era para ella como ir al paraíso y volver. Hasta en los chats de oficina ella buscaba ponerle un tono coqueto, una frase tierna, una expresión de ánimo o admiración. De tanto en tanto ella notaba coqueteos, sonrisas con una intención, roces debajo de la mesa, que podían ser accidentales -o no-. Su corazón brincaba de la emoción, ella sonreía de vuelta, coqueteaba de vuelta, rozaba de vuelta. Y era feliz.




Pero pasaban los días. Las semanas. Ella tenía muchos logros en su trabajo. Uno tras otros. Felicitaciones van y vienen. Menciones van y vienen. Los proyectos iban creciendo. Estaba feliz, su plan inicial tomó su rumbo, y su proyecto de novio se fue desvaneciendo ante la falta de avances significativos.

Perdió el interés. Dejó de sonreírle, de mandarle mensajes tiernos. Dejó de intentar acercarse. Y él lo notó. Notó que ella estaba diferente.

- ¿Hola?
- ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas?
- Qué agresiva.
- No agresiva ocupada.
- ¿Ya el trabajo no te deja tiempo para mi?


Entendió que tenía que ese era el momento preciso para atacar.

- ¿Acaso tu alguna vez tuviste tiempo para mi?

El silencio se tomó el chat. Y ella se sintió frustrada. No hubo más mensajes ese día.

Un viernes, de esos que no prometen nada, volvió de almorzar y encontró una nota en su escritorio. ¿Cena hoy? 


Su corazón dio un brinco. Le sudaron las manos.

Tipeó desde el celular. A las 8 en Punta azul -que era su restaurante favorito-

La conversación llevó a que de la cena pasara a tragos, de tragos a baile y del baile  a la cama.

Fue fantástico.

A la mañana siguiente lo vio a su lado, dormido, desnudo. Y quiso salir corriendo. Pero como era su casa, le tocó aguantarse. Volteó su cuerpo y le dio la espalda, a lo que él respondió persiguiéndola entre las cobijas. No le quedó otra opción que seguir durmiendo.

Al rato, él ya no estaba ahí. En cambio una nota "fui por algo de comer. Ya regreso, hermosa. Paul".


Brincó de la cama, corrió a la ducha, se arregló como pudo y salió.

Mientras bajaba los 5 pisos de su edificio envió un mensaje. "Lo siento, toca desayuno otro día, me tocó salir corriendo. Agnes"


Paul se quedó parado en la puerta de la panadería más cercana, con el desayuno en la mano, cuando vio pasar a una hermosa pelinegra, que se lo quedó mirando.

- Hola! ¿Quieres desayunar conmigo en el parque? le dijo
- ¿Por qué no?