2 de julio de 2011

QUIERO QUE ME QUIERA

Su vida se convirtió en una constante excusa. Porque esas, las excusas, eran la forma más viable que había encontrado, dentro de su torpeza característica para conquistar hombres. De no ser por las excusas, las posibilidades de tenerlo cerca, hablar, o recibir un mensaje suyo no existirían.

Llegó a ese nuevo trabajo, no solo llena de ilusiones por construir un nuevo proyecto de vida. el tema sentimental estaba descartado de plano. Su estrategia era concentrarse en lo laboral, para evitar desviaciones en su objetivo. Pero como el diablo es cochino y pone tentaciones en todo el camino, no habían pasado dos horas luego de haber pisado el piso 32 de su nuevo trabajo cuando lo vio.

Sí era como un sueño. Dibujado a su medida. Alto, con una barba de 2 días, que le daba un toque descuidado sin llegar a ser sucios, ojos expresivos, de esos que sonríen... Dientes perfectos, sonrisa divina... Brazos, pecho, piernas, culo...

Se quedó fría. Sus pies no respondían. Solo logró girar su cabeza en la misma dirección que él, trazando el recorrido del que en ese momento se convirtió su proyecto de novio. Por fortuna no fue evidente.

El resto del día no pudo pensar en nada más. ¿Cómo hacer para saber su nombre? ¿Quién es? ¿Me habrá notado?

Él no la notó al mismo tiempo que ella a él. Fue en una reunión de equipo en la que presentarían a la nueva estratega de la marca, una extranjera, bajita pero divina. Rubia, flaca, difícil de perder. Con un tono de voz particular, una mezcla de exagerado y tierno.

Durante la presentación se sonrieron. Y ella sintió que se enamoró. Se enamoró de sus ojos, de su sonrisa, de sus manos. A él le causaba curiosidad. Digamos que no le era indiferente.

- No sé... No sé!!! Me encanta!! Me mira y me muero
- ¿Pero han hablado?
- No mucho. Él es uno de los grandes jefes de acá. Está varios niveles por encima mio.
- Y eso ¿qué?
- Pues si fuera un mortal como yo, todo sería más fácil. Pero ¿cómo putas lo conquisto? ¿Cómo hago que me note?
- Sácalo de contexto. De la oficina donde es su centro de poder.
- ¿Cómo lo saco?
- ¿Almuerzo colectivo?
- Ese no almuerza con nadie.
- Mierda, jodido.
- Si yo sé jodida.


Cada conversación era para ella como ir al paraíso y volver. Hasta en los chats de oficina ella buscaba ponerle un tono coqueto, una frase tierna, una expresión de ánimo o admiración. De tanto en tanto ella notaba coqueteos, sonrisas con una intención, roces debajo de la mesa, que podían ser accidentales -o no-. Su corazón brincaba de la emoción, ella sonreía de vuelta, coqueteaba de vuelta, rozaba de vuelta. Y era feliz.




Pero pasaban los días. Las semanas. Ella tenía muchos logros en su trabajo. Uno tras otros. Felicitaciones van y vienen. Menciones van y vienen. Los proyectos iban creciendo. Estaba feliz, su plan inicial tomó su rumbo, y su proyecto de novio se fue desvaneciendo ante la falta de avances significativos.

Perdió el interés. Dejó de sonreírle, de mandarle mensajes tiernos. Dejó de intentar acercarse. Y él lo notó. Notó que ella estaba diferente.

- ¿Hola?
- ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas?
- Qué agresiva.
- No agresiva ocupada.
- ¿Ya el trabajo no te deja tiempo para mi?


Entendió que tenía que ese era el momento preciso para atacar.

- ¿Acaso tu alguna vez tuviste tiempo para mi?

El silencio se tomó el chat. Y ella se sintió frustrada. No hubo más mensajes ese día.

Un viernes, de esos que no prometen nada, volvió de almorzar y encontró una nota en su escritorio. ¿Cena hoy? 


Su corazón dio un brinco. Le sudaron las manos.

Tipeó desde el celular. A las 8 en Punta azul -que era su restaurante favorito-

La conversación llevó a que de la cena pasara a tragos, de tragos a baile y del baile  a la cama.

Fue fantástico.

A la mañana siguiente lo vio a su lado, dormido, desnudo. Y quiso salir corriendo. Pero como era su casa, le tocó aguantarse. Volteó su cuerpo y le dio la espalda, a lo que él respondió persiguiéndola entre las cobijas. No le quedó otra opción que seguir durmiendo.

Al rato, él ya no estaba ahí. En cambio una nota "fui por algo de comer. Ya regreso, hermosa. Paul".


Brincó de la cama, corrió a la ducha, se arregló como pudo y salió.

Mientras bajaba los 5 pisos de su edificio envió un mensaje. "Lo siento, toca desayuno otro día, me tocó salir corriendo. Agnes"


Paul se quedó parado en la puerta de la panadería más cercana, con el desayuno en la mano, cuando vio pasar a una hermosa pelinegra, que se lo quedó mirando.

- Hola! ¿Quieres desayunar conmigo en el parque? le dijo
- ¿Por qué no?

11 comentarios:

  1. No es una lágrima, un desayuno cancelado se me metió en el ojo..

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  2. jajajajajajaja me gusta
    dany

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  3. jajaja así pasa una tras otra para cualquier man..

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  4. como creo en el amor a primera vista, nada como esos gusto inmediatos... pero creo que deberían quedar juntos... apuesta por el amorrrrr

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  5. No es sino q nos pongan cuidado para salir corriendo....

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  6. Muchas veces cuando ya logramos lo que tanto anhelábamos, actuamos cobardemente...! Buen post...! =) (tenía el blog abandonado pero ya estoy sacando el tiempito pa' pasarme seguidito) ;-)

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  7. Ya extrañaba leer estas historias, sobre todo por el final!!!

    Att: M.G =)

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  8. pasa a veces que cuando consigues lo que quieres hasta allí llega la emoción!!
    buen post

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  9. Para que después no digas que no te leo o no te comento.... Este post me gustó mucho cuando lo leí, siempre he pensado que las oportunidades pasan una vez dándote una cachetada y si pasan una segunda no las ves claramente... Pero siempre hay que estar listas para recibirlas como vengan!

    :) No me hagas sindicato.

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