28 de agosto de 2011

Un día alguien me dijo...


Esculcando correos viejos me encontré con un texto que me mandó alguien, en un momento en el que estaba triste. Lo leí de nuevo y rescaté unas frases que me parecen válidas en cualquier momento.

"La felicidad está dentro de uno. Puede sonar complejo, pero créeme que se siente... Te doy un ejemplo cuando una persona te da un beso, tú sientes felicidad dentro de ti, tú permites que él sea el detonador químico en tu cerebro para que tu puedas sentir tu felicidad".

"NO PERMITAS que otra persona te haga sentir mal, porque tú tienes el poder de cambiar los sentimientos que tienes dentro y además vibrar en frecuencias bajas como el odio, el resentimiento, la venganza, la tristeza, hace que tu sangre se acidifique, que tu cerebro segregue hormonas tóxicas y que tus frecuencias cerebrales atraigan cosas feas".

"El amor crea, el odio destruye. Si alguien te trata con odio es porque te quiere destruir, tú solamente obra con amor, que es la energía más poderosa, para que impactes la realidad y empieces  a crear cosas positivas en tu vida".

"Amate a tí misma, sobre todo, siéntete feliz contigo misma, que tú seas tu mejor compañía. Uno no debe depender de otras personas... El amor va mucho más allá, es una conexión mágica, así que no te preocupes, que si él te trata con odio es porque siente odio, no dejes que te lo heche encima".

"Confia, que cuando la felicidad se siente dentro, es super bonito".

Espero les guste, o les sirva, o todo lo contrario..."

Cuando Yo era chiquitica

el Teatro Metro. Sacado de Aquí
Me gusta el cine,  y mucho. soy de las que me divierto tanto con Legally Blond o Transformers, como con In the Mood for Love o Las tortugas también vuelan. Es decir, casi que me gusta todo lo que sale en cine. Trato de ver todo en cartelera, excepto las películas de terror o de humor gringo ridículo como Tontos y más tontos.

Y así como me gusta ver películas, me gusta ir a cine. Y reflexiono sobre esto, porque al leer este post de un antiguo compañero de universidad, hoy amigo reencontrado @azableh, vino a mi mente cómo han cambiado los tiempos. Y eso se refleja en el cine, o más bien, a las dinámicas de ir a cine.

Cuando yo era pequeñita, es decir hace poco menos de 20 años, el ir a cine era casi una aventura, similar a ir a un concierto de una gran banda de rock. En Barranquilla había cinco teatros, algunas con una otras con dos o tres salas de cine. El Metro y el ABC era el más cercano a mi casa; el cinerama 84 y el Capri era el de ir con mis amigas. En los cuatro, para ir a una película a las 6 de la tarde, tocaba irse después de almuerzo, hacer fia y cruzar los dedos para conseguir boleta, y silla.

Antes, no había sistema de reserva telefónica, y mucho menos compras en internet, porque no existía el http://. Así que tocaba a la buena de dios, y de la popularidad de la película.

Horas de fila -porque estas daban la vuelta a la manzana-, y ¡ay! dónde no hubieras ido al baño antes de salir de la casa, sol barranquillero, y una paciencia infinita para no matar al señor de la taquilla porque, luego de 3 o 4 horas de fila te responde "señora, no hay más boletas para esta función, pero le puedo vender la de las 9 de la noche". "Y ni siquiera hay para sentarse en el piso" "No nada". Y resignarse a comprar la siguiente función y hacer otra fila para tener buenas ubicaciones.

Y es que se vendían hasta los escalones y pasillos. La sobreventa era una salida cuando la peli era exitosa, y la numeración de las sillas dependía únicamente de la suerte para conseguir unas buenas.

Era divertido. La peli La Máscara la vi en el piso, delante de la primera fila... y así.

Pero no importaba. Nada cambiaba el hecho y la felicidad generada por haber estado ahí, viendo la película en pantalla gigante, y no en vhs entre la cama.

Luego todo cambió y hoy, a diferencia de cuando yo era chiquitica, ir a cine es una cuestión de comodidad.

21 de agosto de 2011

A pesar...

Gustave Klimt - El Beso Sacado de aquí

Habían perdido todo contacto. Ella había decidido salir a oriente, a explorar las culturas ancestrales. Quería aprender a ver el mundo de otra manera. Él partió después que ella. Decidió que necesitaba alejarse,  que necesitaba un poco de naturaleza para comprender por qué. Se fue a recorrer los rincones del mundo donde todo sigue siendo virgen.

Cinco años era el plazo que se habían puesto para el reencuentro.

- ¿Usted me ama, verdad?
- ¿Claro, eso lo sabes, por qué?
- Entonces dentro de cinco años, volveremos a estar juntos.
- ¿Volveremos? ¿Acaso no estamos?
- Me voy a Asia. Está definido.
. ¿Cómo? ¿Me dejas?
- No te dejo. Parto por cinco años. Ya nos reencontraremos.

Le dio un beso profundo y salió del apartamento que en ese momento pertenecía a ambos. Días después recibió una postal.

No la volvió a ver.

El punto de encuentro era París, los Tulleries. Donde ese día hace siete, a las tres de la tarde se habían cruzado. Él se parqueó en el punto exacto, recordaba todo a la perfección. Desde ese día la había amado. No se la pudo despegar de su piel, de su mente... A pesar de todo. Su volatilidad lo tenía ahí pegado durante años, yendo al vaivén de su existencia, la de ella.

Como siempre, tarde. Casi una hora después apareció ella. Venía con un tipo a quién él no reconocía. Sintió los pies helados, la barriga hirviendo y una tensión en toda la espalda. Respiró profundo para asumir todo con la mejor reacción del mundo.

Apenas ella lo vio, aceleró el paso, corrió. Se lanzó en brazos y le dio un beso, el mismo beso que guardaba hace cinco años, desde que ella se fue. Sintió que la amaba más que nunca. Pero no salía del desconcierto: al lado de ellos seguía el tipo que no conocía. Quería salir corriendo de ahí con ella en sus brazos y no volver a dejarla ir nunca más.

- David, te presento a Charles.
- Mucho gusto Charles.
- Gusto el mio, respondió el desconocido con un español medianamente decente.

Un silencio los rodeó. Hasta que ella definió hablar.

- Estuve con Charles los últimos tres años del viaje...

Y David moría por dentro.

- Él conoce nuestra historia y a pesar de eso me ama.
- Creo que no es necesario que me cuentes los detalles. ¿Entonces qué haces aquí?
- A pesar de todo, de los recorridos, de las maravillas que aprendí, me di cuenta de que solo quería que pasara el tiempo para verte.
- ¿Por qué no me buscaste?
- No quería hacerlo hasta estar 100 por ciento segura...

La comenzó a odiar.

- ¿Segura de qué? dijo casi que gritando
- De que podías amarme a pesar de mi, respondió con los aguados.


David miró a Charles y preguntó. ¿Por qué viniste con él?


- Le pedí que viniera, porque no sabía si ibas a estar aquí, si aun me amarías. Me dijo que sí me acompañaba, que él iba a estar ahí para mi, cuando yo necesitara.

Magdalena arrastró a Charles a unos metros. Le habló en Francés unos minutos más largos de lo presupuestado, hasta que el extraño se fue alejando sin mirar atrás.

Cuando ella volvió, David ya no estaba. Miró al rededor y no lo vio. Comenzó a llorar silenciosamente. Una niña se le acercó y le entregó una carta.

Magdiss:


Desde que te vi sabes que te amé. Te he entregado todo. No dejé de pensar en tí un instante todos estos años. Te escribí miles de cartas, confiando en poder enviarlas algún día. ¿Y tú? ¿Qué hiciste?

Necesito volver a mi. Voy a aclarar mi cabeza. Nos vemos en una hora en en cementerio de Montmartre.

Siguió llorando. No entendía nada. En este momento solo quería morirse. ¿Y si me deja?
Comenzó a imaginarse conversaciones, posibles respuestas, escenarios. No podía dejar de llorar.

Caminó, y ya París no le parecía tan fascinante.

Llegó antes al cementerio. Se sentó en una banca donde podía ver sin dificultad el arco de la entrada. Así de puntual como era él, entró. Caminaba despacio, con las manos entre los bolsillos de la chaqueta. Ella se levantó de un brinco. Le sudaban las manos.

Se detuvo delante de ella. La miró a los ojos. Acercó su mano derecha a su rostro e intentó limpiarle el maquillaje corrido en sus mejillas.

- Chiquita, ¿has llorado mucho?
Asintió con la cabeza.
La abrazó tan fuerte como para no dejarla ir nunca más.

Sacó de uno de sus bolsillos una cajita.

- A pesar de todo, y a pesar de ti, como tu lo dices, te amo. Magdiss comenzó a llorar de nuevo, esta vez intercalando lágrimas con risas. Así que por esto, esta vez, no voy a irme sin tí.


**esta historia se me ocurrió, luego de escuchar 15 veces esta canción**

15 de agosto de 2011

STOP

Ella era gorda. y vivía en un contexto en el que, quizá, se perdonaba todo, menos esa condición. Pero a ella no le importaba de a mucho. Digamos que estaba convencida de que su sonrisa y su personalidad bastaban para minimizar el letrero que todos le ponían en la frente.

Hasta que un día, la bajaron de la nube. "¿Cómo se ocurre que le vas a gustar a Juan Andrés? ¿No ves que él solo sale con flacas?", le dijo casi al grito su supuesta mejor amiga.

Y así comenzó. Primero intentó dejar de comer, pero no logró abstenerse de comer helados, galletas, dulces. Así que cuando fracasó en su intento, comenzó a vomitar. Comía hasta llenarse y corría al baño. No paraba, y comenzó a ver los resultados. Iba bajando de peso. No importaban las hemorragias nasales, los desmayos. Ella estaba empeñada en lograr su objetivo, ser flaca para gustarle a Juan Andrés.

Así siguió. Todo el mundo le adulaba su fuerza de voluntad. Era flaca. Por fin los hombres la volteaban a mirar en la calle. Compró ropa divina, zapatos altos. Ingresó al mundo del maquillaje, esperando el momento preciso para conquistar a su compañero en tres materias. Sufría de frío, se le comenzó a caer el pelo, dormía más de lo habitual, comenzó a bajar el rendimiento.

Hubo una fiesta en la facultad, ella se arregló como una diosa. Llegó con sus amigas y lo vio sentado en la barra del bar. Cuando se fue a acercar vio que una chica le ganó el paso. Se quedó observándola con la típica mirada de envidia. Corrió al baño. Tenía que vomitar. Sus amigas la acompañaron, aun sin entender qué sucedía.

- !Es gorda!
- ¿Quién?
- La novia de Juan Andrés!
- Qué va!
- Sí!! ahí está con él

Las chicas se asomaron y evidentemente lo vieron inundado de caricias con una chica aun más gorda que Margarita, unos seis meses antes.

Cuando regresaron al baño, la encontraron tirada en el baño. Apenas respiraba. Varias horas después, el diagnóstico era claro: insuficiencia cardiaca. Y no precisamente por cuenta del amor.


10 de agosto de 2011

¿Y AHORA?

Recogió su cartera del piso, dio la vuelta y salió caminando despacio del cuarto. Justo antes de abrir la puerta de salida miró atrás y tuvo que contener el aire para que no se le escurrieran las lágrimas.

En su cabeza retumbaban sus últimas palabras. "Vete de una vez. Ya no te amo".


Ella lo suponía desde hace un tiempo, pero prefirió mirar a otro lado, antes de enfrentar su realidad: Él, ese hombre del que se había enamorado perdidamente desde hace muchos años, hoy le confesaba que prefiere estar con otra.

No pudo recriminar nada. Tal fue la impresión que no logró organizar una frase coherente. Ni siquiera un por qué salió de sus labios.

Caminó sin rumbo. El aire en la cara la hacía sentir viva. Nunca se había imaginado la vida sin él. Para ella todo había estado resuelto.

¿Y ahora? Se preguntaba.
Pero la respuesta no llegaba, a pesar de su insistencia.

Hoy desde lejos él la ve caminar calle arriba y calle abajo. La observa hacerse las mismas preguntas ¿Por qué ya no me amas? ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo comienzo de nuevo? Una y otra vez. Pero no es capaz de acercarse desde aquella vez en que se acercó a saludarla y no lo reconoció.



La tristeza debería dar incapacidad médica....

5 de agosto de 2011

¿QUÉ TAL SI...?

Ella era una practicante, un poco mayor que el promedio de chicas que llegaban a la oficina a iniciar lo que sería su vida laboral. Alta, delgada, piel perfecta, sonrisa encantadora. Todo indicaba que ese par de largas piernas tenían lo que se requería para triunfar en el área asignada: Relaciones Públicas.

Su primera semana se la pasó entre ires y venires, conociendo todos los pisos y procesos de la oficina. Corría en tacones, con cientos de carpetas encima, detrás de su jefa, una dictadora tipo nazi que no hacía nada más que gritar órdenes todo el tiempo, sin dar espacio para respirar.

En una de esas correndillas lo vio. 1.85, trigueño, manos grandes, sin anillo. Le pareció una delicia. Lo miró fijamente, casi que con la boca abierta. "Niña! No te quedes atrás" gritó la Nazi. Y así a los trancazos la bajaron de la nube en la que se trepó.

Se puso a la tarea de hacer investigación y se dio cuenta de que el personaje podía ser algo así como inalcanzable. Coordinador de proyectos. No casado, pero sí arrejuntado. La medio huevonadita. Con una señora que, además de mantenida, tenía con fama de fiera andante y celosa como un putas. Pero aun así no le importó. Definió que "algo" debía pasar entre ellos dos.

Se hizo notar de él. El primer paso de una conquista es siempre que el otro personaje sepa de tu existencia. Pero desde el primer momento en que cruzaron las miradas, transcurrieron dos años y un par de ascensos, para que avanzaran de nivel y superaran los almuerzos de colegas, los comentarios chistosos y las llamadas laborales.

Ya iba siendo hora de salir de la oficina cuando le entra una llamada.

- ¿Qué harás ahora?
- Nada. ¿Por?
- ¿Vamos por un trago?
- Listo veámonos en el ascensor.


Nunca desechó la idea. Cada movimiento, cada conversación tenían una intensión. No era una obsesión, pero si un deseo demasiado fuerte dentro de ella. Así que sabía que este momento a solas, en medio de tragos, podía ser de gran provecho.

- Mira Mateo, no te hagas el loco. Si llevo dos años cayéndote. Y tú, haciéndote el loco, le dijo entre risas
- No me digas eso que es mentira. Y se puso rojo, como si hace años no le dijeran nada lanzado.
- Para qué te voy a mentir. Lo que pasa es que creo que hace dos años pensabas que yo era un baby ¿o qué?
- Nada de eso. Si tu eres una hembra.
- ¿Entonces?
- Todo es demasiado complicado.
- Lo sé. El punto es ¿Te importa? Lo miró a los ojos, le miró la boca y se mordió un labio.
- Hoy no. Pero no sé mañana...
- Por lo pronto, solo nos importa el ahora


Se acercaron y se fundieron en un beso profundo. Un beso que no querían que acabara nunca. Desde los pies hasta la cabeza ambos sintieron cosquillas. Y así comenzó una historia sin futuro.

Después de esa noche, no guardaban la compostura, solo requerían un poco de prudencia. El baño del cuarto piso, las escaleras tarde en la noche, el ascensor, el cuarto del aseo. Cada rincón servía para un beso, una caricia, un polvo. En ese aspecto eran compañeros perfectos. Bastaba una mirada y al instante siguiente se encontraban en algún rincón oscuro, el uno encima del otro.

El carro, la casa de ella, los moteles cercanos... Esos eran los lugares de sus almuerzos. Un par de cómplices de dos eran suficientes para las voladas en horas laborales. Sus amigas no la criticaban, digamos que guardaban silencio ante el desastre que sabían que iba a venir.

Para ella era perfecto. No necesitaba una cena en un gran restaurante, invitaciones a cine, o magníficos regalos. Con tenerlo entre sus brazos y sus piernas, era suficiente. Se conformaba y no se sentía mal con eso.

Pasaron los meses y ella se enamoró. Pero nunca dijo nada. Guardó silencio y solo lloraba entre su cama y eventualmente con sus amigas.

- No me parece justo que vivas en este estado por un tipo casado, dijo su amiga Andrea.
- Sí, tiene razón, dijo Julieta
- Yo sé, yo sé... Pero ¿Qué hago? dijo mientras se agarraba la cabeza.
- Tu sabes bien lo que tienes que hacer. Dejarlo. Irte. Yo ya ni sé qué decirte. Me aburre esta situación. Tu no oyes ni ves ni entiendes. Y no haces nada. Ni para adelante ni para atrás. Dile que deje a la vieja con la que vive.
- No! Yo sería incapaz de decirle eso.
- Eres una idiota, casi que corearon el par de amigas.


Aún así, ella continuaba en su historia. Llevaba la procesión por dentro. Lo veía y suspiraba. Nada que hacer. El amor la poseía. Hasta que un día oyó por equivocación en un pasillo.


- ¿Si supo marica, que Mateo por fin embarazó a la fiera?
- No! La vieja se salió con la suya.
- Ahora sí el man se jodió. No va a poder dejarla nunca.


Contuvo las lágrimas. Pero no podía decir nada. Ese era el pacto implícito entre los dos.

Se alejó y el no movió un dedo para volver a acercarla. Hasta que un día en el ascensor.

- Hola
- Hola,  le respondió mirando al piso.
- ¿Cómo éstas?
- Bien. Te felicito por tu hijo.
- Ya entiendo todo...
- No digas nada más.


A los meses, ella se había resignado a verlo y a no tenerlo. Huyendo como loca a los ataques de nostalgia. Ese se había convertido en su estado natural. Mantenían una relación de colegaje similar a la que construyeron cuando se conocieron. Nada extraordinario. Hasta que un día, él comenzó a evadirla. Hasta delegaba a sus subalternos para no verla en las reuniones.

Ella lo notó, pero supuso que era un proceso normal y no le puso mucha tiza al tema. Se hizo a una vida, y comenzó a salir con un chico soltero de su edad.

- Hola
- Qué más Juliet.
- Menos mal no fuiste ayer a la fiesta.
- ¿Por qué?
- Al sitio llegaron en plan 'novios' Andrea y Mateo.
- ¿Quéeeee?
- Así tal cual.
- Con razón esa desapareció.


Y así fue. La mejor amiga sí hizo lo que Aleja nunca fue capaz. Al verlo separado, lo oficializó como novio, y le prohibió hablarle a su ex amante -quien fuera su mejor amiga-.

- ¿Cómo lo ves?
- Perra malparida. Menos mal no fui, sino la hubiera matado.
- Cálmate.

Y desde ese momento se ahogó en llanto.

***

Pasó el tiempo. Mateo y Andrea se casaron. Él no quería hijos, pero ella dejó de tomarse la anticonceptivas. 

Alejandra cambió de trabajo. De vez en cuando en alguna junta se cruza con Mateo. Se ríen se coquetean, nunca mencionan las viejas épocas, pero cuando regresa a su casa siente un hueco en el estómago en el corazón y no puede evitar preguntarse "Qué tal si..."

1 de agosto de 2011

PRELUDIO DE UN ADIÓS

¿Y qué si lo intentamos todo, pero de todos modos no fue posible recuperarlo?
Toca resignarnos. Toca hacernos a la idea de que perdimos.

Perder, perder lo que amamos duele.

¿Por qué?
Nos preguntamos siempre.
¿Por qué si no queríamos que acabara?
¿No fue suficiente el esfuerzo?

Y cuando la respuesta a esas preguntas te llevan al mismo callejón sin salida, te toca soltar, decir adiós y "eres los que más he querido en la vida", pero eso no basta.

Le regalo esta canción a todos los que perdieron y están aprendiendo a vivir con el dolor.