21 de agosto de 2011

A pesar...

Gustave Klimt - El Beso Sacado de aquí

Habían perdido todo contacto. Ella había decidido salir a oriente, a explorar las culturas ancestrales. Quería aprender a ver el mundo de otra manera. Él partió después que ella. Decidió que necesitaba alejarse,  que necesitaba un poco de naturaleza para comprender por qué. Se fue a recorrer los rincones del mundo donde todo sigue siendo virgen.

Cinco años era el plazo que se habían puesto para el reencuentro.

- ¿Usted me ama, verdad?
- ¿Claro, eso lo sabes, por qué?
- Entonces dentro de cinco años, volveremos a estar juntos.
- ¿Volveremos? ¿Acaso no estamos?
- Me voy a Asia. Está definido.
. ¿Cómo? ¿Me dejas?
- No te dejo. Parto por cinco años. Ya nos reencontraremos.

Le dio un beso profundo y salió del apartamento que en ese momento pertenecía a ambos. Días después recibió una postal.

No la volvió a ver.

El punto de encuentro era París, los Tulleries. Donde ese día hace siete, a las tres de la tarde se habían cruzado. Él se parqueó en el punto exacto, recordaba todo a la perfección. Desde ese día la había amado. No se la pudo despegar de su piel, de su mente... A pesar de todo. Su volatilidad lo tenía ahí pegado durante años, yendo al vaivén de su existencia, la de ella.

Como siempre, tarde. Casi una hora después apareció ella. Venía con un tipo a quién él no reconocía. Sintió los pies helados, la barriga hirviendo y una tensión en toda la espalda. Respiró profundo para asumir todo con la mejor reacción del mundo.

Apenas ella lo vio, aceleró el paso, corrió. Se lanzó en brazos y le dio un beso, el mismo beso que guardaba hace cinco años, desde que ella se fue. Sintió que la amaba más que nunca. Pero no salía del desconcierto: al lado de ellos seguía el tipo que no conocía. Quería salir corriendo de ahí con ella en sus brazos y no volver a dejarla ir nunca más.

- David, te presento a Charles.
- Mucho gusto Charles.
- Gusto el mio, respondió el desconocido con un español medianamente decente.

Un silencio los rodeó. Hasta que ella definió hablar.

- Estuve con Charles los últimos tres años del viaje...

Y David moría por dentro.

- Él conoce nuestra historia y a pesar de eso me ama.
- Creo que no es necesario que me cuentes los detalles. ¿Entonces qué haces aquí?
- A pesar de todo, de los recorridos, de las maravillas que aprendí, me di cuenta de que solo quería que pasara el tiempo para verte.
- ¿Por qué no me buscaste?
- No quería hacerlo hasta estar 100 por ciento segura...

La comenzó a odiar.

- ¿Segura de qué? dijo casi que gritando
- De que podías amarme a pesar de mi, respondió con los aguados.


David miró a Charles y preguntó. ¿Por qué viniste con él?


- Le pedí que viniera, porque no sabía si ibas a estar aquí, si aun me amarías. Me dijo que sí me acompañaba, que él iba a estar ahí para mi, cuando yo necesitara.

Magdalena arrastró a Charles a unos metros. Le habló en Francés unos minutos más largos de lo presupuestado, hasta que el extraño se fue alejando sin mirar atrás.

Cuando ella volvió, David ya no estaba. Miró al rededor y no lo vio. Comenzó a llorar silenciosamente. Una niña se le acercó y le entregó una carta.

Magdiss:


Desde que te vi sabes que te amé. Te he entregado todo. No dejé de pensar en tí un instante todos estos años. Te escribí miles de cartas, confiando en poder enviarlas algún día. ¿Y tú? ¿Qué hiciste?

Necesito volver a mi. Voy a aclarar mi cabeza. Nos vemos en una hora en en cementerio de Montmartre.

Siguió llorando. No entendía nada. En este momento solo quería morirse. ¿Y si me deja?
Comenzó a imaginarse conversaciones, posibles respuestas, escenarios. No podía dejar de llorar.

Caminó, y ya París no le parecía tan fascinante.

Llegó antes al cementerio. Se sentó en una banca donde podía ver sin dificultad el arco de la entrada. Así de puntual como era él, entró. Caminaba despacio, con las manos entre los bolsillos de la chaqueta. Ella se levantó de un brinco. Le sudaban las manos.

Se detuvo delante de ella. La miró a los ojos. Acercó su mano derecha a su rostro e intentó limpiarle el maquillaje corrido en sus mejillas.

- Chiquita, ¿has llorado mucho?
Asintió con la cabeza.
La abrazó tan fuerte como para no dejarla ir nunca más.

Sacó de uno de sus bolsillos una cajita.

- A pesar de todo, y a pesar de ti, como tu lo dices, te amo. Magdiss comenzó a llorar de nuevo, esta vez intercalando lágrimas con risas. Así que por esto, esta vez, no voy a irme sin tí.


**esta historia se me ocurrió, luego de escuchar 15 veces esta canción**

5 comentarios:

  1. Este es de esos finales que todos quisiéramos...Es absolutamente hermoso.!

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  2. Sigo afectada… c'est parfait.

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  3. OMG! Simplemente... G E N I A L ! ! !

    Att: M.G =')

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  4. ¿¿Por qué todas las historias no terminan así??

    Que buen post :)

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  5. Tus post son "pasa en las palículas... pasa en tu blog, y obvio que no pasan en la vida real". Pero encantan :P

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