5 de agosto de 2011

¿QUÉ TAL SI...?

Ella era una practicante, un poco mayor que el promedio de chicas que llegaban a la oficina a iniciar lo que sería su vida laboral. Alta, delgada, piel perfecta, sonrisa encantadora. Todo indicaba que ese par de largas piernas tenían lo que se requería para triunfar en el área asignada: Relaciones Públicas.

Su primera semana se la pasó entre ires y venires, conociendo todos los pisos y procesos de la oficina. Corría en tacones, con cientos de carpetas encima, detrás de su jefa, una dictadora tipo nazi que no hacía nada más que gritar órdenes todo el tiempo, sin dar espacio para respirar.

En una de esas correndillas lo vio. 1.85, trigueño, manos grandes, sin anillo. Le pareció una delicia. Lo miró fijamente, casi que con la boca abierta. "Niña! No te quedes atrás" gritó la Nazi. Y así a los trancazos la bajaron de la nube en la que se trepó.

Se puso a la tarea de hacer investigación y se dio cuenta de que el personaje podía ser algo así como inalcanzable. Coordinador de proyectos. No casado, pero sí arrejuntado. La medio huevonadita. Con una señora que, además de mantenida, tenía con fama de fiera andante y celosa como un putas. Pero aun así no le importó. Definió que "algo" debía pasar entre ellos dos.

Se hizo notar de él. El primer paso de una conquista es siempre que el otro personaje sepa de tu existencia. Pero desde el primer momento en que cruzaron las miradas, transcurrieron dos años y un par de ascensos, para que avanzaran de nivel y superaran los almuerzos de colegas, los comentarios chistosos y las llamadas laborales.

Ya iba siendo hora de salir de la oficina cuando le entra una llamada.

- ¿Qué harás ahora?
- Nada. ¿Por?
- ¿Vamos por un trago?
- Listo veámonos en el ascensor.


Nunca desechó la idea. Cada movimiento, cada conversación tenían una intensión. No era una obsesión, pero si un deseo demasiado fuerte dentro de ella. Así que sabía que este momento a solas, en medio de tragos, podía ser de gran provecho.

- Mira Mateo, no te hagas el loco. Si llevo dos años cayéndote. Y tú, haciéndote el loco, le dijo entre risas
- No me digas eso que es mentira. Y se puso rojo, como si hace años no le dijeran nada lanzado.
- Para qué te voy a mentir. Lo que pasa es que creo que hace dos años pensabas que yo era un baby ¿o qué?
- Nada de eso. Si tu eres una hembra.
- ¿Entonces?
- Todo es demasiado complicado.
- Lo sé. El punto es ¿Te importa? Lo miró a los ojos, le miró la boca y se mordió un labio.
- Hoy no. Pero no sé mañana...
- Por lo pronto, solo nos importa el ahora


Se acercaron y se fundieron en un beso profundo. Un beso que no querían que acabara nunca. Desde los pies hasta la cabeza ambos sintieron cosquillas. Y así comenzó una historia sin futuro.

Después de esa noche, no guardaban la compostura, solo requerían un poco de prudencia. El baño del cuarto piso, las escaleras tarde en la noche, el ascensor, el cuarto del aseo. Cada rincón servía para un beso, una caricia, un polvo. En ese aspecto eran compañeros perfectos. Bastaba una mirada y al instante siguiente se encontraban en algún rincón oscuro, el uno encima del otro.

El carro, la casa de ella, los moteles cercanos... Esos eran los lugares de sus almuerzos. Un par de cómplices de dos eran suficientes para las voladas en horas laborales. Sus amigas no la criticaban, digamos que guardaban silencio ante el desastre que sabían que iba a venir.

Para ella era perfecto. No necesitaba una cena en un gran restaurante, invitaciones a cine, o magníficos regalos. Con tenerlo entre sus brazos y sus piernas, era suficiente. Se conformaba y no se sentía mal con eso.

Pasaron los meses y ella se enamoró. Pero nunca dijo nada. Guardó silencio y solo lloraba entre su cama y eventualmente con sus amigas.

- No me parece justo que vivas en este estado por un tipo casado, dijo su amiga Andrea.
- Sí, tiene razón, dijo Julieta
- Yo sé, yo sé... Pero ¿Qué hago? dijo mientras se agarraba la cabeza.
- Tu sabes bien lo que tienes que hacer. Dejarlo. Irte. Yo ya ni sé qué decirte. Me aburre esta situación. Tu no oyes ni ves ni entiendes. Y no haces nada. Ni para adelante ni para atrás. Dile que deje a la vieja con la que vive.
- No! Yo sería incapaz de decirle eso.
- Eres una idiota, casi que corearon el par de amigas.


Aún así, ella continuaba en su historia. Llevaba la procesión por dentro. Lo veía y suspiraba. Nada que hacer. El amor la poseía. Hasta que un día oyó por equivocación en un pasillo.


- ¿Si supo marica, que Mateo por fin embarazó a la fiera?
- No! La vieja se salió con la suya.
- Ahora sí el man se jodió. No va a poder dejarla nunca.


Contuvo las lágrimas. Pero no podía decir nada. Ese era el pacto implícito entre los dos.

Se alejó y el no movió un dedo para volver a acercarla. Hasta que un día en el ascensor.

- Hola
- Hola,  le respondió mirando al piso.
- ¿Cómo éstas?
- Bien. Te felicito por tu hijo.
- Ya entiendo todo...
- No digas nada más.


A los meses, ella se había resignado a verlo y a no tenerlo. Huyendo como loca a los ataques de nostalgia. Ese se había convertido en su estado natural. Mantenían una relación de colegaje similar a la que construyeron cuando se conocieron. Nada extraordinario. Hasta que un día, él comenzó a evadirla. Hasta delegaba a sus subalternos para no verla en las reuniones.

Ella lo notó, pero supuso que era un proceso normal y no le puso mucha tiza al tema. Se hizo a una vida, y comenzó a salir con un chico soltero de su edad.

- Hola
- Qué más Juliet.
- Menos mal no fuiste ayer a la fiesta.
- ¿Por qué?
- Al sitio llegaron en plan 'novios' Andrea y Mateo.
- ¿Quéeeee?
- Así tal cual.
- Con razón esa desapareció.


Y así fue. La mejor amiga sí hizo lo que Aleja nunca fue capaz. Al verlo separado, lo oficializó como novio, y le prohibió hablarle a su ex amante -quien fuera su mejor amiga-.

- ¿Cómo lo ves?
- Perra malparida. Menos mal no fui, sino la hubiera matado.
- Cálmate.

Y desde ese momento se ahogó en llanto.

***

Pasó el tiempo. Mateo y Andrea se casaron. Él no quería hijos, pero ella dejó de tomarse la anticonceptivas. 

Alejandra cambió de trabajo. De vez en cuando en alguna junta se cruza con Mateo. Se ríen se coquetean, nunca mencionan las viejas épocas, pero cuando regresa a su casa siente un hueco en el estómago en el corazón y no puede evitar preguntarse "Qué tal si..."

7 comentarios:

  1. Jueputaaaaaaaaaaa!!
    Eso es lo peor!!! Definitivamente lo mejor es arriesgar y si toca darse contra el mundo cuando dicen "no" pues es mejor hacer q dejar pasar las cosas y pensar...."q tal si?....."

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  2. Que tal la mejor amigaaaa!? Por Dios! Arpiaaaa!!! Y el estupido que se dejo enredar peor!!!! Que tal si ella le hubiera exigido que la hiciera feliz?! Que talsi?

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  3. Nojoda! Con "amigas" así pa' que enemigas!
    Excelente! M E E N C A N T O ! ! !

    Att: M.G. :')

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  4. Juuuaaaaaaa No falta la sapa que salta mas alto que uno! Así es la vida, llena de horrores!!!
    Excelente!

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  5. "¿Que tal si?" pregunta que ronda en la cabeza de todos muchas veces... ¿Que tal si la vieja esa fuera realmente su amiga?

    Me encantó Naty

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  6. Para morirse...ahí si como dicen, el que piensa pierde!

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  7. Por eso lo mejor es evitar el ¿qué tal si...? y arriesgarse. Puede que salga bien o salga mal pero, al menos, uno no se va a rrepentir toda la vida por algo que no hizo. Y Andrea, ¿amiga?. Amigo el ratón del queso, y se lo comió...

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