25 de octubre de 2011

Sobre la Religión

La Pletá de Miguel Angel


Soy una personas poco religiosa. Que no quiere decir que no crea en Dios (o como quieran llamarlo). Es decir, mi relación con el de arriba es mia y de nadie más, sin intermediarios. De la iglesia católica admiro el arte y la estética, la capacidad de persuasión y de contar historias.

Es decir, tengo una relación íntima con Dios, y completamente racional con la iglesia y todas sus derivaciones. Y con esa perspectiva visité Ciudad del Vaticano este año. Y me encantó. Más de sorprenderme con datos que no conocía, como que San Pedro se construyó con el oro y el mármol del Coliseo Romano (irónico, ¿no?); o que las estatuas romanas originalmente eran de colores y no blancas como las conocemos... Y así.

Pero lo más impresionante fue visitar la tumba de Juan Pablo II. ¿Qué pasó ahí? No sé. Pero ingresé a lo que se llaman las Bóvedas papales. Recorrí las tumas de un montón de Papas que ni idea. Llegué a la de Karol Józef Wojtyła, que no tenía nada estrafalario encima, como estatuas o cosas así. Simple, con un par de plantas de lado y lado y una llama de fuego encendida. En frente, una docena de personas mirando algunas, rezando de rodillas otros -jóvenes, sobre todo-. Me impresionó porque creo que nunca me he puesto de rodillas a rezarle a un santo.

Me quedé mirando la lápida y oyendo los murmullos de los rezanderos, el anuncio de los parlantes que decían  "Questo è un luogo sacro, si prega di rimanere in silenzio" (esto es un lugar sagrado, por favor permanecer en silencio) y a los orientales (podían ser chinos o japoneses) haciendo visita en los pasillos (supongo que comentando lo raro de nuestras costumbres religiosas).

De repente un corrientazo (no sé si real o imaginario) entró por mis pies, recorrió mi cuerpo y comencé a llorar. No era un llanto de tristeza o de dolor. Más bien me sentía conmovida, en paz, tranquila... Pero no podía detener mis lágrimas. Y ahí, recé.

Recé por primera vez en una iglesia.
Recé de corazón, con el alma y con la piel.
Di gracias por todo.
Cuando terminé mi oración, se detuvieron las lágrimas, salí de San Pedro y me fui a los Museos Vaticanos a seguir viendo a la Iglesia Católica desde la racionalidad de siempre.

Desde ese día solo rezo a conciencia en mi casa. Y solo he ido a misa por cuenta del matrimonio de una de mis grandes amigas. Y aun me pregunto ¿qué pasó? ¿qué fue eso? ¿Tenía algún mensaje? No sé y quien sabe si algún día tendré una respuesta.



24 de octubre de 2011

Your House

Esta canción suele sonar en mi random playlist de mi teléfono todas las mañanas y siempre me dan ganas de cantar a grito herido.

 Me encanta.

 Siempre me imagino en esa situación encontrar la nota:

  I burned your incense 
I ran a bath 
I noticed a letter that sat on your desk It said 
"Hello love, I love you so love, meet me at midnight" 
And no, it wasn't my writing 
I'd better go soon 
It wasn't my writing 

Realmente moriría si me pasara... ¿Y tu?


.

21 de octubre de 2011

De por qué las mujeres no pagamos la cuenta




Leyendo un post de un bloggero muy famoso en el país, en el que asegura que las mujeres no pagamos las cuentas porque gastamos mucho en nuestro arreglo personal (tratamientos para el pelo, tinte, maquillaje, depilación, ropa y demás), no pude hacer nada más que indignarme.

¿Por qué? Porque el pago de la cuenta por parte del tipo que nos invita a salir no debe ser un acto de 'agradecimiento'. El que nos arreglemos y nos veamos lindas para salir, no merece ser agradecido, ni nada parecido. Bájense del bus, que las viejas nos arreglamos solo para los tipos. ¿Acaso somos como un carro de renta que 'cobramos' por horas por nuestro 'uso'? Pues no. Definitivamente no. Nos arreglamos, nos maquillamos, nos echamos perfumes porque nos gusta vernos y sentirnos lindas con un gran objetivo final que es el despertar envidia entre el resto de mujeres del mundo, no para darle motivo de 'orgullo' al tipo que nos invita a salir por primera vez. La verdad imaginarme como trofeo de un hombre me desagrada.

Por eso, quiero decirle a mi amigo @agomoso -y espero que le quede claro- que las mujeres no pagamos las cuentas no porque se nos va la plata del presupuesto en arreglarnos, sino porque no se nos da la gana. Punto.

Claramente si uno se gasta 70 mil en un champú, 150 mil en una crema para la cara, tiene 100 mil para depilación y uñas, es obvio que tiene para pagar una pinche entrada a cine, o una tanda de shushi.

En lugar de andar pensando que las mujeres necesitamos ser mantenidas para poder darnos nuestros gustos, querido @agomoso piense lo siguiente: Cuando una mujer deja que usted pague toda la cuenta, y ni siquiera amaga con sacar la billetera para 'intentar' pagar la mitad, es seguramente porque la cita le pareció tan aburrida, que usted debe pagar por eso. Por el contrario, si la nena paga la mitad, o un poco más, dése por bien servido, porque quizá fue un buen acompañante (y si cuenta con suerte quizá la próxima cita ella pague toda la invitación y en un mejor restaurante). Pero si se cruza con una que siempre lo hace pagar poniendo cara de borrego degollado, es más simple aún, lo agarró de marrano.

Hombres del mundo: pagar la cuenta no nos aligera nuestros gastos por la belleza, tampoco sirve para 'agradecernos' por nuestra compañía y mucho menos es una obligación. Eso era en la época de la colonia, ya no.

Entonces, hombres búsquense otra excusa para camuflar sus ganas de ser el macho alfa de la manada, el que manda y al que le debemos pleitesía porque nos paga una ida a cine y a comer. Es más, si su objetivo último es tener sexo y cree que pagando la cuenta van a conseguir que nos acostemos, apague y váyanse. A las mujeres se nos conquista por los ojos, los oídos y la nariz, no por la barriga. Así que si van a salir de conquista, en lugar de andar haciendo cuentas para ver cómo pagan las invitaciones, cómprense un buen perfume, lávense bien los dientes y vístanse a la moda... Cositas que no se suplen con una larga cuenta de restaurante.

Ante una cantidad de insultos por este post, le agrego "A mi que no me paguen las cuentas por pesar, porque gasto mucho en maquillaje. A mi que me inviten porque quieren y se les da la gana.

16 de octubre de 2011

Galería de la Fama

Hace 10 años El Heraldo escribió un domingo sobre mi, porque era una chica costeña muy joven trabajando en RCN Radio al lado de Juan Gossaín. Hoy, hace lo mismo, pero resalta mi trabajo como Jefe de Prensa de una campaña, la de Gina Parody.

La verdad no pude ocultar mi felicidad. Me dio mucha emoción ver tanto despliegue reconociendo mi trabajo. "Soy un orgullo para mi ciudad, para mi región", pensé. Y me alegra estar sacando el pecho como costeña, y anulando la creencia que dice que los costeños somos flojos.

Gracias a El Heraldo por siempre seguirme la pista y a todos los que me han apoyado y enviado sus mensajes a propósito del artículo. :D
Si quiere ver la versión original vaya aquí

Natalia le pone el toque de cheveridad a la campaña de Gina Parody
Por Iván Bernal Marín


Detrás de la campaña de Gina Parody a la Alcaldía de Bogotá está el espíritu de un Pitbull costeño. Uno que se la pasa mostrándoles los dientes a todo el mundo, más que todo en risotadas, no en mordiscos. Se llama Natalia Marenco, una barranquillera que se ganó ese apodo porque siempre habla con voz alta, y de vez en cuando ladra.

De hecho, la misma Gina es de ascendencia costeña. Una partidaria fiel del bollo de mazorca y el suero, según Natalia, su jefe de prensa. El abuelo de la candidata era un italiano que llegó al país por Riohacha, La Guajira. Sus padres, Teresita y Luis Parody, nacieron y crecieron en Barranquilla. Aunque ella nació, estudió e hizo toda su carrera en Bogotá.

Así se ve la nota en el suplemento
Latitudes de El Heraldo
“Es una representación del típico bogotano de hoy”, dice Natalia, aludiendo a que es fruto de la convergencia de regiones que conforman la capital del país, y caracteriza a sus habitantes. Ella habla en una oficina de la sede de la campaña, en la carrera séptima con calle 69. Afuera, un aguacero que llena las calles bogotanas de charcos y arroyitos que empapan a los transeúntes hasta las rodillas, evocaciones tímidas de los arroyos que arrasan las calles barranquilleras.

Un panorama multicultural que hace rato es nutrido por los costeños. Que en lugar de ser ajenos a la carrera política en la ciudad, son protagonistas activos. El candidato Gustavo Petro es originario de Ciénaga de Oro, Córdoba. Departamento del cual también proviene el gerente de su campaña, Carlos Simanca.
Incluso epicentros de la costeñidad en Bogotá, como el restaurante y bar Muelle Mackenzie, en el barrio Chapinero, se encuentran tapizados de afiches de candidatos del Partido Verde al Concejo.

El coordinador de la campaña de Parody es Enrique Riveira, nacido en Valledupar. Y la coordinadora logística es Johanna Cerpa, de Montería. Pero el espíritu es Natalia, colaboradora de Gina desde hace unos 5 años, y además su amiga.

Se conocieron en el Congreso de la República, y la empatía fue inmediata: obra de la coincidencia de orígenes barranquilleros. Eso relata Natalia, siempre sonriendo y llenando la oficina con un vozarrón entusiasta que suele terminar en risas, y opaca por momentos el golpeteo de la lluvia. Imágenes de Gina y Antanas Mockus cubren las paredes del lugar, sonrientes y abrazados. Todo es morado, como las gafas de la candidata, los afiches, las sillas, las chaquetas de otros trabajadores, la pañoleta de Natalia. Aunque una melena rizada y dorada la hace destacar entre el resto.

Natalia es la mayor de los tres hijos de Mireya Hurtado y Gilberto Marenco Better. Suele toparse con jóvenes que han recibido de su papá clases de emprendimiento en la Universidad del Norte. Sus abuelos son de Campo de la Cruz. Como la de Gina, su familia también proviene de navegantes italianos que llegaron al país. Hoy se han diseminado en 8 familias. Ella está armando el árbol genealógico en su blog: “No es cuestión de hormonas”, donde escribe ficciones, experiencias, opiniones, sobre relaciones, y “cómo veo la vida y otras simplicidades”.

Tiene 30 años. “Nací en el mejor día para nacer, el 30 de abril, ¡porque el primero de mayo es festivo en todo el mundo!”. Así, la fiesta de cumpleaños es segura, y el Día Mundial de los Trabajadores se emplea oficialmente para pasar el guayabo.

Llegó desde los 17 a Bogotá, a estudiar periodismo en la Universidad Javeriana. A los 21 empezó a trabajar en RCN radio, donde estuvo por 3 años. Cubría todo el proceso de Justicia y Paz, reforma pensional, Estatuto Antiterrorista, “todo lo que Gina hacía”.

Además, era la única Congresista que le prestaba el teléfono de su oficina, “desde allí hacía mis informes. Me la pasaba ahí metida”.
A su salida de RCN terminó trabajando como asistente de prensa en su campaña para el Senado. Cuando fue elegida, pasó a hacer voluntariado y ocuparse de investigación en género, como parte de su equipo de trabajo. Acompañó a Parody durante todo su periodo, hasta que renunció en 2009 por motivos de salud. “Lloré una semana completa”.



Entonces Natalia pasó a trabajar en las Naciones Unidas, luego en la Alta Consejería para la Reintegración. En 2011 renunció, y estuvo “un poco desparchada por primera vez en 10 años”. Se había ido a pasar el desparche en Europa, por Alemania, Francia e Italia, hasta cuando Parody la llamó a pedirle que viniera a ayudarle a buscar ganar las elecciones.

Por su forma de hablar, haciéndose escuchar por todos los presentes, parece un elemento perfecto para la política. Y ella confirma que ser costeña le ha ayudado para la campaña. “A uno no le da pena nada. No se acompleja con nada. Pone el toque de cheveridad. No en el sentido de chambonería, sino de bacán, de relajar los ambientes, dar informalidad a algunas situaciones”.

Natalia hace chistes de su vida personal todo el tiempo. “Gina se ha escuchado todos mis rollos. Todas mis crisis cuando me ha echado el novio”. Ese nivel de conexión es resultado del ritmo de trabajo. 

Lleva años acompañándola desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche todos los días. Además que “hablo, hablo y no me callo nunca, y todo el mundo me quiere, a pesar de que soy super brava”. Por eso le dicen Pitbull. Cuando alguien hace algo que no le gusta, recibe de inmediato su ladrido. Ese estilo frentero es otra similitud con la candidata.

Y tal como a Gina, y Enrique y Johanna, su familia le envía comida al menos una vez al mes. Así que la sede política suele llenarse de yuca, suero, y bollos. “Es algo muy de los costeños. Y aunque Gina es bien cachaca, doña Teresita de Parody es lo más costeña del mundo”.

Trata de organizar sus compromisos laborales para viajar a Barranquilla cada vez que puede. Para reencontrarse con los platos preparados en casa, sus abuelos, sus tíos, sus excompañeras del Colegio Alemán, y la playa. Trata de ponerse al día.

Es que durante 10 años estuvo exiliada de los carnavales. Los dioses académicos y laborales le cortaban el camino al dios de la rumba. Las fechas de la fiesta siempre se cruzaban con épocas de parciales, o no alcanzaba a solicitar vacaciones. “Entraba en una depresión ridícula. Hacía duelo”, es decir, no veía noticiero y evitaba las noticias del evento. Entraba en crisis, se sentía infiel.
Los del 2012 no se los perderá, pase lo que pase en la campaña. Irá con su novio, “un cachaco que parece costeño, entonces me encanta”.

¿Parody propone algo para los costeños en Bogotá? Natalia dice que varias cosas. Primero, que es la única que en su programa ha pensado en las regiones: planea convertir la ciudad en la vitrina de Colombia, explotando y promoviendo la cultura de sus habitantes llegados de otras ciudades. Segundo, que “representa todo lo que no queremos ver en la clase política: cero palancas, cero robo e intereses particulares, transparencia absoluta. A los costeños, que nos han robado tanto, nos gustaría tener un alcalde así”.

Defiende con devoción a su candidata, su amiga. Obvio. Por más que en apariencia y estilo Parody parezca tan cachaca como un ajiaco, o el Transmilenio. En realidad, el andamiaje que la respalda tiene mucho de una chiva costeña. Con un Pitbull juguetón y fiel asomándose por la ventana.

Si quiere ver la versión original vaya aquí

14 de octubre de 2011

Mañas adolescentes


Cuando yo era una pre-adolescente era una enamorada empedernida. Me 'enamoraba' todas las semanas de un chico diferente. Pero como yo era mucho menor que el resto, era como la hermanita boba de todos. En la época de mis 13, 14 o 15 años ninguno querría salir conmigo por esa razón.

Escuchando canciones que me regresan a esa época, recordé que cuando me gustaba un chico me le pegaba a mi papá para ir a comprar música y escogía cds del grupo favorito de mi 'amor' de turno. En ese sentido compré música de los Boys II men o de Lenny Kravitz. También no era sorprendente encontrarme  cantando

Informer... You know say Daddy Snow me, I'm gonna blameA licky boom-boom down'Tective man says Daddy Snow stabbed someone down the laneA licky boom-boom down

Obvio en una pronunciación que a duras penas yo sabía que era lo que estaba diciendo.
Pero claro, a él le gustaba, yo tenía que sabérmela.

No recuerdo hasta qué edad me duró la maña. Pero me alegra saber que si bien es posible que los demás me presenten música o canciones que me gustan, no volví a cambiar mis gustos musicales por un tipo.

Recuerdo que a mis 15, me gustaba Vladimir, un vecino cualquiera al que jugando a la botella, o al escondite americano -no recuerdo bien-, me tocó darle un beso. Normal en esa época. Su canción favorita era Head over Feet, cosa que lo hacía más perfecto aun porque era una canción de mi cantante favorita. (Y es que nosotras las mujeres a los 15 nos agarramos de cualquier cosa para 'enamorarnos'). Todo el día escuchaba la canción y soñaba con el chico, quien, claramente no me daba ni la hora.

Pasó como un año o algo así y el hermano de Vladimir, Miguel, me dice "es que Naty, Vladimir siempre me dijo que tu no sabías besar". Así como cuando te echan un balde de agua fría me sentí. "¡¡¡¡Que oso!!!!" Segundo siguiente: "Si quieres yo te puedo enseñar".

Y bueno, par clases y el nacimiento de una gran amistad que duró muchos años.




12 de octubre de 2011

Del cielo al infierno

Se despertó de un sobresalto. Miró hacia la ventana y notó que aun no había amanecido. Por el contrario el cielo estrellado se alzaba en todo su esplendor. Se sentó en la orilla de la cama, apoyó los codos sobre sus muslos y puso entre sus manos la cara y lloró. Lloró en silencio hasta que sintió las lágrimas rodar hasta el suelo.

Con los ojos inundados lo miró aun durmiendo, inocente de todo. Sintió vergüenza, ira, tristeza, miedo... todo en un revuelto de sensaciones que no podía controlar.

Se levantó. Sacó fuerzas de donde no las tenía y avanzó en silencio hacia el estudio. Buscó una libreta y cualquier cosa para escribir.

"Amor: Lo siento. No puedo seguir así. Necesito tomarme un tiempo. No me busques, que yo volveré en el momento indicado". F.


Se visitó como pudo, armó su maletín con lo necesario y salió sin mirar atrás.

Mientras caminaba por la calle trataba de organizar sus ideas. El anillo en su mano le pesaba demasiado ya no sabía qué quería. Todo se había ido a la mierda.

***

Apenas fue una hora decente para llamar a alguien, marcó a su mejor amiga.

- Any, me fui.
- ¿Cómo?
- Dejé una nota u salí corriendo. Llevo horas caminando. No sé qué hacer.
- Vente para acá.

***

Sabía que la iban a juzgar. O por lo menos eso pensaba. Cuando uno se compromete se supone cierra las puertas a todo. Pero a ella le pasó lo contrario. Conoció un alguien, un alguien que le movió la estructura y la hizo tres ochos.

Simple: ella juró estar enamorada durante más de cuatro años de su compañero y futuro esposo, y apareció un personaje que le hizo dudar, la puso en la cuerda floja.

- Me gusta otro.
- Tranquila, eso se te pasará pronto. No te preocupes.
- Pero...
- Lo único imperdonable es que pase algo entre ustedes.

Y ese beso la llevo al cielo y la devolvió a la tierra y al instante siguiente la tenía consumiéndose en el infierno.

¿Qué hacer? Era la pregunta. Las dudas eran permanentes. El futuro como lo había pensado, ya no sería. ¿Y si se equivocaba?

***
Al leer la nota entendió que debió prestarle más atención a aquel anuncio. Mantuvo la calma, no la llamó, no la buscó. Respetó sus deseos. Si eso es lo que quiere.

Pero pasó una semana, y dos... y no pudo más con la incertidumbre que ya se lo estaba carcomiendo vivo. La buscó, la llamó, sin obtener respuesta. Llamó a sus amigas, daban pistas, pero nada certero.

- Seguro está con él.
- Pero... no no creo que ella sea así de malparida.
- Eso creía yo. Pero nadie da razón de ella.
- Y qué vas a hacer?
- No sé, no sé

***

Regresó a su casa. Segura de haber tomado la decisión correcta. Se sentía tranquila con su ser. Llegó a la puerta, tomó una bocanada de aire y metió la llave en la cerradura y oh! sorpresa, no abría. Intentó varias veces, de diferentes maneras, y notó que la chapa no era la misma.

Miró detalladamente y encontró un cobre oculto debajo de la alfombra. Lo destapó y había una nota y una llave.

Hola Fer

Sufrí de desconcierto al leer la nota que dejaste aquella noche hace tanto tiempo que ya no recuerdo. Sufrí de angustia al no encontrarte cuando te busqué.
Sufrí de dolor cuando supe que te había perdido.
Ahora no sufro, sino que tengo rabia, tristeza, odio. Dolor. 
Me duele que hayas echado todo por la borda sin contar conmigo. 
Me duele que no hayas sido completamente sincera.
Me duele que el "tiempo" que pedías era para verte con ese otro.
Me duele el alma cuando recuerdo la imagen de ustedes dos en el parque.
Me duele pero tengo que dejarte ir.

Te amé con el alma, y hoy te odio con todo mi corazón. Para dejarte de amar, necesito odiarte un poco.

Espero que seas feliz, o no. Ya no sé ni qué desearte.

Antony

Pd: En la bodega encuentras todas tus cosas. Esta ya no es tu casa. Y el anillo, puedes quedártelo.

Lloró lloró desconsoladamente un rato sentada en el pasillo al lado de la puerta. ¿Y ahora?

Agarró papel y lápiz y escribió.

Vine a buscarte y no estabas. Siento que todo terminara así. El anillo, te lo regreso es los justo. Lo siento. Lo siento. Te amo. F.

Usó el mismo sobre y echó el diamante y la nota.  Bajó por sus maletas y al salir del edificio muy cargada sacó el celular y marcó D.

- Alo
- ¿Hola? ¿Eres tu?
- Sí soy yo.
- Pero acaso anoche no me dijiste que...
- Lo sé pero cambié de parecer.
- ¿Entonces eso quiere decir...?
-¿ Me recibes en tu casa?

Nota del autor: Quizá les parezca conocida la historia. Quizá no. 
O quizás me robé una historia originalmente real y le hice unos ajustes. 
Quizá... le puede pasar a cualquiera.

6 de octubre de 2011

SOLTAR

La foto es maravillosa.
El autor es Thomas Zimmer y la saqué de aquí

Un año llevaba recordando. Sufriendo por algo que no fue. 365 días de encierro y tristeza. Todos los días se preguntaba por qué.

Miraba fotos, releia cartas. Descartó el teléfono, las salidas, los amigos. Veía películas, esas películas que se lo recordaban.

A eso se reducía su vida hasta que una noche decidió salir a caminar.

Sintió el aire en su cara. Sonrió. Recordó que aun estaba viva. Siguió un  camino que apenas reconocía. ¡Cómo cambia todo en un año!, pensó.

Se asombró. Se permitió detenerse en los detalles. Miró al cielo, lo encontró lleno de estrellas. Recordó su última noche juntos, cuando se juraron amor eterno y él le preguntó si se casaría con él. Su respuesta fue sí. Volvió a vivir la emoción de ese momento. Lloró de nuevo.

Pasaron las calles y llegó al lugar. Estando en la puerta sintió miedo, pero sabía que para poder seguir con su vida, tenía que cruzar el umbral, hacerlo sin titubeos.

En ese momento deseó tener una mano que la guiara, que la sostuviera. Tomo una bocanada de aire... Suspiró. Caminó lentamente como si no supiera a dónde iba.

Pasaron varios minutos hasta que ubicó el lugar. No tenía flores, y la lápida había sido consumida por la maleza. Se arrodilló. Trató de limpiar el pedazo de mármol, que nunca había visto, para leer Juan Camilo. "Nadie se muere a la víspera, pero tú fuiste demasiado pronto de mi lado".


Permaneció en silencio un rato. Oró otro. Cuando ya sintió que el frío comenzó a afectarla.

Se secó su última lágrima y susurró.

Mi amor. Esta mañana me di cuenta de que puedo volver a vivir sin tí. Me sentí triste, pero a la vez aliviada. Pensé que no iba a poder salir de ese letargo en el que me encontraba. Pero aquí estoy hoy, un año después de tu muerte, agradeciendo por estar viva y poder respirar. Vine a decirte Adiós. Te amé con todas mis fuerzas, pero tengo que seguir adelante.


Se sacudió la tierra de las rodillas. Miró al cielo y comprendió que Juan Camilo también estaba feliz y aliviado por que ella por fin lo había soltado.



4 de octubre de 2011

LAS MUJERES SOMOS MUY CULAS

Siempre he creído que hay una cosa en especial que marca una ruptura entre hombres y mujeres y esta es al nivel de cursilería y ridiculez con la que asumimos ciertas situaciones. Porque sí, las mujeres somos culas, exageradas y ridículas, aunque hagamos lo posible por ocultarlo, siempre hay algo que nos deja en evidencia frente a nosotras mismas, frente a nuestro espejo.

Y ese grado de ridiculez se incrementa cuando nos gusta un tipo, y peor aun si es un tipo interesante, exitoso, de sonrisa increíble. Veamos...

- Imagínate quién me invitó a tomar café.
- ¿Quién?
- Pues Juan Antonio Pedraza
- ¡No way!
- Síiiiii
- ¿Y cuándo quedaron en verse?
- Hoy mismo. ¡A las seis! Imagínate
- Ay no. ¡Qué emoción!
- Pero tengo problemas. 
¿Qué? ¿Acaso no puedes?
- Me vine inmunda a la oficina. 
- No! A ver, define inmunda.
- El jean oscurito que me queda grande, el saco gris, tennis, peli recogido...
- No me digas más. ¿Qué vas a hacer?
- Mierda. No puedo ir así...

Corrió como una loca mental al centro comercial más cercano., entró al almacén donde cualquier ropa seguro te queda bien. Agarró un jean, un pantalón negro, un par de blusitas, dos chaquetas. Cualquiera de esas combinaciones funcionaría. ¿Y los zapatos? Puta, tenia que volver a las 2 pm a reunión y ya se le agotaba el tiempo. Corrió un par de locales, y vio unos zapatos altos amarillos, de esos que te hacen más llamativa al pasar. Rezó para que hubiera su talla, y que su empeine no fuera a molestar. Los probó, los caminó en el local y aliviada, dijo: me los llevo.

Quedaba un detalle fundamental, el pelo y el maquillaje. Paró en una droguería, compró cosas para que el pelo se viera decente y confió en que su compañera de puesto tuviera pestañina y polvos.

Llegó llena de bolsas a la reunión, inquieta pensando en su invitación de las 6 de la tarde. Acabada la reunión salió como un tiro al baño. Se decidió por el jean, la camiseta blanca y la chaqueta negra, con los tacones amarillos. Regia. Metió la cabeza en el lavamanos, se humedeció el pelo. Crema para peinar y algo de gel para darle un toque informal. Su compañera de puesto, sí tenia algo de maquillaje. Con eso salió avante.

Lista, como nueva justo para irse a ver con el personaje.

Llegó a tiempo, al verlo casi se muere de la emoción. Se sentó con su mejor postura y su sonrisa más encantadora.

Hablaron un par de asuntos cotidianos, pasaron a la coyuntura nacional. Y ella esperaba señales de 'algo' que aun no llegaban. Pero ella seguía siendo encantadora, sacaba apuntes inteligentes... 

- Pero dime algo, preguntó Juan Antonio.
- Claro lo que quieras
- ¿Estás feliz con tu trabajo?
- No mucho, pero me hago a la idea.
- Es que quería saber si te vendrías a trabajar en un nuevo proyecto

PLOP!!!

El negocio nunca se concretó, más porque ella se rehusaba a verlo como jefe. Prefería tener la ilusión, que evidentemente no se hizo realidad, de tener algo con él.

Se hicieron amigos y fin de la historia.

***

¿Si o no que somos culas las mujeres?