16 de octubre de 2011

Galería de la Fama

Hace 10 años El Heraldo escribió un domingo sobre mi, porque era una chica costeña muy joven trabajando en RCN Radio al lado de Juan Gossaín. Hoy, hace lo mismo, pero resalta mi trabajo como Jefe de Prensa de una campaña, la de Gina Parody.

La verdad no pude ocultar mi felicidad. Me dio mucha emoción ver tanto despliegue reconociendo mi trabajo. "Soy un orgullo para mi ciudad, para mi región", pensé. Y me alegra estar sacando el pecho como costeña, y anulando la creencia que dice que los costeños somos flojos.

Gracias a El Heraldo por siempre seguirme la pista y a todos los que me han apoyado y enviado sus mensajes a propósito del artículo. :D
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Natalia le pone el toque de cheveridad a la campaña de Gina Parody
Por Iván Bernal Marín


Detrás de la campaña de Gina Parody a la Alcaldía de Bogotá está el espíritu de un Pitbull costeño. Uno que se la pasa mostrándoles los dientes a todo el mundo, más que todo en risotadas, no en mordiscos. Se llama Natalia Marenco, una barranquillera que se ganó ese apodo porque siempre habla con voz alta, y de vez en cuando ladra.

De hecho, la misma Gina es de ascendencia costeña. Una partidaria fiel del bollo de mazorca y el suero, según Natalia, su jefe de prensa. El abuelo de la candidata era un italiano que llegó al país por Riohacha, La Guajira. Sus padres, Teresita y Luis Parody, nacieron y crecieron en Barranquilla. Aunque ella nació, estudió e hizo toda su carrera en Bogotá.

Así se ve la nota en el suplemento
Latitudes de El Heraldo
“Es una representación del típico bogotano de hoy”, dice Natalia, aludiendo a que es fruto de la convergencia de regiones que conforman la capital del país, y caracteriza a sus habitantes. Ella habla en una oficina de la sede de la campaña, en la carrera séptima con calle 69. Afuera, un aguacero que llena las calles bogotanas de charcos y arroyitos que empapan a los transeúntes hasta las rodillas, evocaciones tímidas de los arroyos que arrasan las calles barranquilleras.

Un panorama multicultural que hace rato es nutrido por los costeños. Que en lugar de ser ajenos a la carrera política en la ciudad, son protagonistas activos. El candidato Gustavo Petro es originario de Ciénaga de Oro, Córdoba. Departamento del cual también proviene el gerente de su campaña, Carlos Simanca.
Incluso epicentros de la costeñidad en Bogotá, como el restaurante y bar Muelle Mackenzie, en el barrio Chapinero, se encuentran tapizados de afiches de candidatos del Partido Verde al Concejo.

El coordinador de la campaña de Parody es Enrique Riveira, nacido en Valledupar. Y la coordinadora logística es Johanna Cerpa, de Montería. Pero el espíritu es Natalia, colaboradora de Gina desde hace unos 5 años, y además su amiga.

Se conocieron en el Congreso de la República, y la empatía fue inmediata: obra de la coincidencia de orígenes barranquilleros. Eso relata Natalia, siempre sonriendo y llenando la oficina con un vozarrón entusiasta que suele terminar en risas, y opaca por momentos el golpeteo de la lluvia. Imágenes de Gina y Antanas Mockus cubren las paredes del lugar, sonrientes y abrazados. Todo es morado, como las gafas de la candidata, los afiches, las sillas, las chaquetas de otros trabajadores, la pañoleta de Natalia. Aunque una melena rizada y dorada la hace destacar entre el resto.

Natalia es la mayor de los tres hijos de Mireya Hurtado y Gilberto Marenco Better. Suele toparse con jóvenes que han recibido de su papá clases de emprendimiento en la Universidad del Norte. Sus abuelos son de Campo de la Cruz. Como la de Gina, su familia también proviene de navegantes italianos que llegaron al país. Hoy se han diseminado en 8 familias. Ella está armando el árbol genealógico en su blog: “No es cuestión de hormonas”, donde escribe ficciones, experiencias, opiniones, sobre relaciones, y “cómo veo la vida y otras simplicidades”.

Tiene 30 años. “Nací en el mejor día para nacer, el 30 de abril, ¡porque el primero de mayo es festivo en todo el mundo!”. Así, la fiesta de cumpleaños es segura, y el Día Mundial de los Trabajadores se emplea oficialmente para pasar el guayabo.

Llegó desde los 17 a Bogotá, a estudiar periodismo en la Universidad Javeriana. A los 21 empezó a trabajar en RCN radio, donde estuvo por 3 años. Cubría todo el proceso de Justicia y Paz, reforma pensional, Estatuto Antiterrorista, “todo lo que Gina hacía”.

Además, era la única Congresista que le prestaba el teléfono de su oficina, “desde allí hacía mis informes. Me la pasaba ahí metida”.
A su salida de RCN terminó trabajando como asistente de prensa en su campaña para el Senado. Cuando fue elegida, pasó a hacer voluntariado y ocuparse de investigación en género, como parte de su equipo de trabajo. Acompañó a Parody durante todo su periodo, hasta que renunció en 2009 por motivos de salud. “Lloré una semana completa”.



Entonces Natalia pasó a trabajar en las Naciones Unidas, luego en la Alta Consejería para la Reintegración. En 2011 renunció, y estuvo “un poco desparchada por primera vez en 10 años”. Se había ido a pasar el desparche en Europa, por Alemania, Francia e Italia, hasta cuando Parody la llamó a pedirle que viniera a ayudarle a buscar ganar las elecciones.

Por su forma de hablar, haciéndose escuchar por todos los presentes, parece un elemento perfecto para la política. Y ella confirma que ser costeña le ha ayudado para la campaña. “A uno no le da pena nada. No se acompleja con nada. Pone el toque de cheveridad. No en el sentido de chambonería, sino de bacán, de relajar los ambientes, dar informalidad a algunas situaciones”.

Natalia hace chistes de su vida personal todo el tiempo. “Gina se ha escuchado todos mis rollos. Todas mis crisis cuando me ha echado el novio”. Ese nivel de conexión es resultado del ritmo de trabajo. 

Lleva años acompañándola desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche todos los días. Además que “hablo, hablo y no me callo nunca, y todo el mundo me quiere, a pesar de que soy super brava”. Por eso le dicen Pitbull. Cuando alguien hace algo que no le gusta, recibe de inmediato su ladrido. Ese estilo frentero es otra similitud con la candidata.

Y tal como a Gina, y Enrique y Johanna, su familia le envía comida al menos una vez al mes. Así que la sede política suele llenarse de yuca, suero, y bollos. “Es algo muy de los costeños. Y aunque Gina es bien cachaca, doña Teresita de Parody es lo más costeña del mundo”.

Trata de organizar sus compromisos laborales para viajar a Barranquilla cada vez que puede. Para reencontrarse con los platos preparados en casa, sus abuelos, sus tíos, sus excompañeras del Colegio Alemán, y la playa. Trata de ponerse al día.

Es que durante 10 años estuvo exiliada de los carnavales. Los dioses académicos y laborales le cortaban el camino al dios de la rumba. Las fechas de la fiesta siempre se cruzaban con épocas de parciales, o no alcanzaba a solicitar vacaciones. “Entraba en una depresión ridícula. Hacía duelo”, es decir, no veía noticiero y evitaba las noticias del evento. Entraba en crisis, se sentía infiel.
Los del 2012 no se los perderá, pase lo que pase en la campaña. Irá con su novio, “un cachaco que parece costeño, entonces me encanta”.

¿Parody propone algo para los costeños en Bogotá? Natalia dice que varias cosas. Primero, que es la única que en su programa ha pensado en las regiones: planea convertir la ciudad en la vitrina de Colombia, explotando y promoviendo la cultura de sus habitantes llegados de otras ciudades. Segundo, que “representa todo lo que no queremos ver en la clase política: cero palancas, cero robo e intereses particulares, transparencia absoluta. A los costeños, que nos han robado tanto, nos gustaría tener un alcalde así”.

Defiende con devoción a su candidata, su amiga. Obvio. Por más que en apariencia y estilo Parody parezca tan cachaca como un ajiaco, o el Transmilenio. En realidad, el andamiaje que la respalda tiene mucho de una chiva costeña. Con un Pitbull juguetón y fiel asomándose por la ventana.

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5 comentarios:

  1. Definitivamente un orgullo Naty!

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  2. mi hermana! te amo! orgullo total!

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  3. Ahora te recuerdo bien: tú estuviste en una reunión con Gina y Fajardo hace algunos años en Medellín, en la Alcaldía, no?
    ¡Felicitaciones por el artículo!

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