30 de noviembre de 2011

De amigas y otras traiciones

Soy una persona de pocos amigos. (Es más, creo que en otro post anterior acepté ser una mala amiga). Hace años que desistí de la idea de tener un millón de amigos, que me llamaran todo el día y así no tener una sola noche libre. Dejé de buscar tener ese grupo grande de amigos con qué emborracharme.

¿Por qué?
Varios motivos. El primero es porque soy malísima buscando a la gente y armando planes. El segundo, porque si uno no arma parche desde chiquito, de adulto menos que lo logra -y en la universidad no fui la mejor compañera que todos puedan tener- y tercero porque me mamé de que la gente me usara para su beneficio y luego me volteara la espalda.

Hablaré de este tercer punto. Y comenzaré explicando de qué no les voy a hablar. No hablaré de las relaciones de amigos que se terminan por sustracción de materia, que es lo que sucede cuando se pierde el contacto, uno cambia de ciudad o se acaban los intereses comunes; tampoco hablaré de las amistades que se caban porque una amiga se consigue un novio y lo prefiere sobre su mejor amiga y mucho menos de aquellas que se acaban porque uno se graduó, cambió de trabajo y el siguiente horizonte es más interesante. Son cosas que pasan sin uno proponérselo. De esas he tenido, y muchas, y eso no duele.

Entonces ahora sí, lo que me trajo a este post.

'Naty, tienes que dejar de tener amigas con problemas. Tu no vas a ser la encargada de solucionarles la vida. Deja el delirio de Madre Teresa de Calcuta, que te van a terminar jodiendo', me dijo una vez mi tío el psicólogo cuando hablábamos de cualquier cosa de mi vida.

Me quedé pensando. El problema no era que mis amigas tuvieran problemas, sino que yo comenzaba a solucionarles la vida, me agarraban de marrano y luego me botaban.

Caso No 1.
La chica no tenía donde vivir, le dí posada, de daba plata para que almorzara, le prestaba mi ropa, le pagaba el transporte. Has ahí, cualquier amiga haría lo mismo. Pero, cuando consiguió casa, trabajo y demás, se gusaneó al tipo con el que yo salía (quien, según ella, no me convenía), le prohibió que habláramos y, encima, comenzó a hablarle a todo el mundo mal de mi. "Esa Natalia, a quién le ha ganado?" "Se cree mejor que uno..." en fin... Claramente me dejó de hablar al comenzar a salir con el man, que fue cuando consiguió donde vivir. Hoy por hoy, ni me saluda, sigue hablando mal de mi, y le prohíbe al hoy su marido, que me hable.

Caso No 2. 
Amigas desde la universidad. De esas amigas que comparten casi que los cucos. Yo dormía en su casa, ella en la mía. Vivíamos juntas. Se consiguió un novio, que le prohibió hablarme... Normal. Tres año en los que no hablamos. Terminó con el man en un agarrón terrible, y le lidié la tusa -Para eso somos las amigas, no?-. A los meses, decide que es gay... Normal. La incluí en mi círculo, le presenté mis amigos y amigas. Le alcahuetiaba todo para poderle tapar todo a su papá. Un día, luego de varias discusiones por criterios sobre nuestra amistad me llama a reclamarme que su hermanita se había enterado por mi culpa de su homosexualidad -falso-; me amenazó 'no te metas conmigo que te va a ir muy mal en la vida'; luego puso al que era mi mejor amigo en la época a llamarme, puso el altavoz y me preguntó y qué fue lo que pasó, mi respuesta fue: Me da miedo salir a la calle porque no sé que me pueda pasar. Paso siguiente, me llama el papá -que era como el mío propio- y me echó en cara hasta el primer plato de arroz que me dio en su casa. La amenaza pasó a ser chisme que me había demandado por injuria y calumnia. Han pasado años y sigo esperando la notificación.

Caso No 3. 
Luego de ser mejores amigas, trabajamos juntas. Por andar de boquifloja el jefe se enteró que ella quería cambiar de trabajo. Me dejó a mi el cargo de ella, y ella terminó renunciando. Me acusó ante más de 20 personas de haberle quitado el cargo y además que yo era amante de mi jefe y que por eso ella había renunciado. Ni me pregunten cómo solucioné todo el pedo.

Caso No 4. 
Colegas. Amigas de esas que hacen el cuarto, ayudan a buscar casa, se visitan, salen, se presentan tipos, te piden ayuda cuando no tienen trabajo, la recomiendas en varios trabajos... y un día te dice "yo no entiendo por qué tu te crees la verga porque eres 'exitosa' en tu trabajo. ¿Qué es el éxito? Si ni quiera te has casado. ¿Acaso el éxito se mide en millones? Claramente entendí que no es mi amiga. Si lo fuera, entendería mi concepto de éxito y que no es por los millones, sino por hacer y estar donde soy feliz. Simple. Hoy no tiene trabajo, me dijeron que la recomendara, y lo pienso dos veces.

Y así, no falta el que te pide plata prestada y se abre cuando no te puede pagar. Estos 4 casos son los que más recuerdo con dolor, y casualmente son de mujeres. Supongo porque los hombres no se dejan meter en estos líos. Ellos están ahí, uno los busca y salen, te oyen tus dramas y te regañan. Con las viejas, es otra historia.

Con esto no estoy diciendo que no creo en la amistad. Por el contrario: tengo excelentes amigas y amigos, poquitos, no superan un puñado. Lo que quiero decir es que en temas de amistad, confianza y prevención de traiciones, menos es más. No todo el mundo entiende la generosidad de la misma manera, no todas las personas son buenas, no todas sienten interés en proteger al otro.

Por eso hoy me cuido, no dejo entrar a cualquiera por eso puedo decir, tengo poquitos amigos... ¿y qué?

28 de noviembre de 2011

Hubo una vez, una pareja feliz

Ella tenía lo que todas sus amigas querían: un novio amoroso, comprensivo, divertido, bailador en una relación que ella se llenaba la boca diciendo que era 'perfecta'. Y sí. Él nunca se ponía bravo si debía esperarla una hora a que saliera de la oficina, o si le cancelaba los planes de pizza y pelis a último momento.

Y a sus 24 se enamoró. Sin pensarlo dos veces se lanzó a ese abismo sin fondo, sin tener claro si saldría viva al otro lado. Ella pensaba que él estaba en el mismo nivel, o por lo menos eso el le decía y le hacía sentir. Ella se creía especial, incluso se imaginaba que muchas la envidiaban por tener ese novio tan lindo y esa relación tan perfecta.

Se llenaban de regalos de invitaciones. Se rodeaban de comprensión en los momentos difíciles. Hacían planes de viajar al sur del continente. Eran felices. Y digamos que a las 24 la felicidad se encuentra en las cosas simples, como un 'te amo' correspondido

Algunos se burlaban un poco de ella. Cada vez que hablaba con el por teléfono era como si se hubiera incrementado la producción de crema chantillí y salsa de chocolate en la oficina. Amor adolescente, al fin y al cabo.

Un día -justo antes de cumplir seis meses de relación-, fueron a comer. Ella se esmeró en arreglarse -como siempre-, porque era una convencida que su amor tenía que verla siempre divina.

- ¿Qué tienes? Te noto callado.
- Nada, respondió mientras recorría el borde de la copa de vino con su dedo índice
- ¿Seguro?
- Bueno...
- ¿Pasó algo? Dijo afanada sin dejarlo tan siquiera comenzar la frase.
- Mira mi Cris, me siento estancado.
- ¿En el trabajo? Pero si te acaban de ascender.
- No. En esto...  e hizo un gesto señalando a los dos. Voy a otro ritmo. Tu estás muy enamorada de mi y yo no sé si pueda sentir nada más por tí. Siento que realmente eres muy especial, la mujer de mi vida, pero no entiendo por qué me siento así. Como que no avanzo. 


Cristina lo miraba con cara de no puedo creer qué putas me estás diciendo. Abrió los ojos a más no poder y de un momento a otro de sorpresa pasó a tristeza. Sus ojos aguaron.

- No llores. Hago esto porque no quiero que más adelante sufras más. Prefiero terminar ahora y no que más adelante todo sea peor.
- Pero. ¿Por qué? fue lo único que alcanzó a decir entre lágrimas
- No es que pase algo contigo, o que algo de ti no me guste. Eres una mujer espectacular, eres lo mejor que tengo conmigo ahora...
- ¿Entonces?
- Es eso que te digo. Siento que no voy a poder alcanzarte. Yo no me voy a enamorar de ti cómo tu estás enamorada de mi. Siento que no es justo.
- ¿Vas a hablarme de justicia? Si lo que me estás diciendo es lo más injusto del mundo.
- Es lo que siento que tengo que hacer. Seguro más adelante entenderás.
- Más adelante cuando te vea con otra por la calle, o ¿qué?
- No... No... No... No es que me guste otra. Para nada.
- No entiendo nada. 

Y fue en ese momento en que no pudo contenerse más y las pocas lágrimas se convirtieron un río sin fin. Se llevó la servilleta de tela a la cara y vio cómo todo su maquillaje se iba desdibujando. Se le cruzaron muchas ideas sin hilar por su cabeza. Todas más locas que la anterior.

- ¿Sabes? No quiero hablar más. 


Se levantó de la mesa. Él la siguió pero al ver que ella aceleraba el paso, prefirió no insistir. Ella guardaba la esperanza de que la alcanzara. Pero no. Sola llegó al taxi y sola estuvo en su casa. Entre su cama lloró y lloró sin parar. Tanto que a la mañana siguiente su mamá entró muy temprano al cuarto, se sentó en su cama y la cuestionó.

- ¿Peleaste con Juan Mario?
Asintió con la cabeza.
- Mi vida, tranquila que eso se le pasa.
- Pero mami, era como si lo hubieran cambiado. Antes de ayer, todo era perfecto y hoy me quiere terminar.
- No lo busques. Verás que el solo aparece.


Se sumió en su tristeza. No sabía si era de día o de noche. No comía. Solo lloraba. Miraba el celular con insistencia, esperando un mensaje de él.

Una semana después la llamó. Le dijo que se vieran. Ella brincó de la cama. Se arregló, sonrío. Su mamá sintió un alivio. Te dije que se le iba a pasar.


Pero no. Todo resultó casi igual.

- Hola 
- Hola
- ¿Cómo has estado?
- Ahí y tu?
- Triste no creas.
- Claro, me imagino
- Te extraño.
- No parece
- Lo sé. Pero para mí es demasiado complicado. Yo te amo. Pero siento que no es suficiente, porque si te veo bien, pero si pasan los días y no te veo, también.
- ¿Osea?
- Es decir, que quizá lo que siento no es amor. Quizá estos días me digan que sí te amo.
- ¿Me buscaste para decirme lo mismo?
- Sentí que quería verte. 
- Ajá
- Necesito aclarar lo que siento. Y ten por seguro que si me doy cuenta de que lo que quiero es estar contigo, te buscaré y espero que estés ahí.
- Tu y yo tenemos conceptos diferentes. Yo creo que el futuro nadie lo sabe y que toca vivir un día a la vez. Ilusionarse con lo que será, pero siempre teniendo en cuenta que lo que nos espera es incierto. Porque si seguimos tu lógica, de tener seguro todo, entonces para qué hacemos todo lo que hacemos. Creo que es mejor jugar aquí y ahora. Y ser felices hasta cuando sintamos que las cosas no dan más. Pero tu decides irte, porque no sabes cómo va a funcionar todo en el futuro. Porque no sabes si vas a poder amarme tanto como yo. ¿Seguro que no te pegaste en la cabeza? Un día antes de todo esto, me decías que me amabas y de repente... Ya no sabes. Yo la verdad no entiendo. Que necesitas aclarar, pero que soy lo mejor... que yo te amo más que tu a mi. Normal, le pasa a todo el mundo. Y apuesto a que te pregunto qué quieres... y no vas a tener una respuesta para eso.


- Cris, pero estoy siendo honesta contigo.
- Y te creo. Que es lo peor. Pero no entiendo. Y no me pidas que por ahora entienda. Porque no hay motivos reales, más allá de que tu no sabes si quieres, pero no quieres.


Y se fue del lugar. Pesando que quizá ella lo había presionado mucho. O que quizá ella le había exigido demasiado. Que hasta de pronto todo era su culpa, de ella.

Caminó un rato largo y aunque le dolía todo, ya no podía llorar más.

Varias semanas después....

- Hola
- ¿Nos vemos?
- ¿Para qué?
- ¿Quiero que volvamos?
- ¿Sabes? Duré horas, días esperando que este momento llegara y ahora no siento nada.
- ¿Cómo?
- Sí. Quería que volviéramos. Pero creo que te demoraste demasiado.
- Pero tú sabías...
- Una cosa es saberlo y otra cosa es aceptarlo. Si te tomó 3 semanas saber qué quieres estar conmigo, no mereces estar conmigo. Lo siento. 


Colgaron. Y fue ahí cuando ella se dio cuenta que seis meses es demasiado poco para amar. Que hay que tener cuidado con cómo se ama y que el abismo que llaman enamorarse es más impredecible de lo que parece. Entendió que hay que soñar juntos y que la perfección a veces no es buena.

25 de noviembre de 2011

Un hombre sensato

Estábamos en un bar cualquiera. Éramos tres parejas: una de esposos con hijos, otra que ya vivían juntos y la de novios (la mía). La conversación, luego de pasar por el clima, las últimas noticias de la vida de cada uno y los comentarios sobre las últimas noticias terminó en ese tema que todos teníamos en común: La relación.

Y como tenía que pasar, ellos se alinearon en la burla hacia nosotras por aquellos de que los tres iniciaron las relaciones sin querer nada serio y se sintieron 'obligados' a ponernos el rótulo de NOVIA. Era divertido ver cómo los hombres defendían su posición de la no necesidad de ponerle nombre a la relación, mientras las mujeres nos sentábamos en la orilla opuesta. Todos teníamos una historia parecida.

Pero uno de ellos rompió la línea argumentativa unificada y dijo 'Yo si creo que uno debe dejar a las mujeres que se ilusionen'.


¿Cómo así?

El personaje explicó su argumentación así:

"Tuve una novia durante ocho años, y siempre tenía miedo de todo, que ni siquiera le di las llaves de mi apartamento. Y al final todo se acabó por sustracción de materia y falta de ilusión. Entonces ahora ¿qué hago? Si ella -y señaló a su actual pareja- me dice 'quiero que pasemos juntos toda la vida'; 'el día que nos casemos'; 'cuando tengamos hijos....', pues yo sueño con ella. Al final si me rayo y le digo 'yo no me quiero casar'; 'es demasiado pronto para hablar de hijos', ella comienza a sentir un nivel de frustración frente a la relación que es barro. Entonces yo hablo de los hijos, del matrimonio, de la casa que vamos a comprar que, al final, si no va a funcionar lo nuestro en el largo plazo, se va a acabar así hayamos o no hablado de los nombres de los hijos. Y así, luego de una relación de ocho años lleno de rayes, en la que nunca quise darle la llave de mi casa a mi novia, a los pocos meses de salir con ella, se pasó a vivir conmigo".


Me sorprendió. Nunca había escuchado un argumento de este tipo. Mientras que el esposo de mi prima dice en su acento costeño:

- Mujeres créanle más a los que rechazan todos sus videos del futuro, porque si te dice a todo que sí te está siguiendo la corriente para que no jodas.


Debatimos un rato más hasta que el tema se diluyó en el embarazo de mi prima y cómo las hormonas hicieron estragos en su cuerpo...

Pero me quedé pensando. Al final las relaciones se alimentan de las ilusiones, ¿no? Entonces él tiene la razón: Mejor ilusionarse juntos.


17 de noviembre de 2011

Salir del Verano

Cuando hablamos de 'verano' nos referimos no a la estación del año en la que hace más calor según los meteorólogos, sino al estado civil de un ser humano cuando pasa mucho tiempo sin sexo. Cuando alguien dice 'estoy en verano', ya todos entendemos, sin más, todas las implicaciones del tema.

Geralmente, un largo periodo de verano se debe a un solo motivo: falta de voluntad, pero que se decora con muchas excusas. 'Es que no tengo tiempo'; 'es que no hay con quien'; 'es que no creo en el sexo casual'... Es que... Es que... Es que...


Y son tantos esos motivos inventados para no tener sexo, que cuando la persona cae en cuenta de que le hace falta una revolcadita y de que ya no se recuerda con facilidad qué se siente un orgasmo, ha pasado tanto tiempo que se ha perdido toda la experiencia adquirida para levantarse a alguien. Y es ahí cuando el 'veraneado' se convierte en una sucesión de fracasos en materia de conquista, que comienza a sufrir de falta de esperanza absoluta. Y no los culpo.

Entonces la pregunta del millón es: ¿Y cómo salir del verano?

Esta es mi teoría... Usemos un nombre cualquiera: Adriana.

Resulta que nuestra amiga Adri lleva algo más de dos años sin salir con nadie, sin besar a nadie, sin tirar con nadie. Todo porque terminó una larga relación de varios años, y le pegó tan duro que primero se deprimió, segundo se encerró, tercero se llenó de trabajo, cuarto comió tanto que se engordó... y cuando decidió volverse a mirar al espejo como un ser humano 'normal', se dio cuenta de que: primero, tenía que hacer dieta; segundo, volver a sonreír; tercero, tenía que recuperar a sus amigos; cuarto, volver a salir; y quinto, levantarse a alguien para tener algo de sexo.

Y comenzó. Con éxito hasta el número tres. Había pasado tanto tiempo sin salir que Adri no tenía ni idea cómo era rumbear, qué música sonaba o, peor, cómo se interactúa con la humanidad cuando está en un bar. Pero, sin importar sus frustraciones iniciales, continuó saliendo, hasta que se acostumbró a la música, al ruido y a las personas. Sin embargo, ya entrar a levantarse a un tipo es todo un nivel y había olvidado todos sus trucos.

Entonces decidió intercalar entre ir a reuniones con sus amigas y amigos, quienes a su vez tenían más amigos, y rumbas en bares... Pero nada. Nada le gustaba, no se levantaba nada.

Un día, hablando con un par de amigas planteó su lío

- Yo ya no sé qué hacer. Este verano me va a matar
- ¿Todavía??? dijo Carolina
- Yo ya le dije lo que tiene que hacer, pero es terca como una mula, planteó Angélica
- Ay dios... ¿Acaso no que conseguir un polvo era fácil? ¿No que los tipos se comen todo lo que se mueva? ni que fuera la más fea pues!!!
- No es eso. Solo que no se te nota que quieras que te coman, dijo Carolina
- ¿Perdón? Ahora me tengo que colgar un letrero?
- No solo eso, sino que no te gusta ninguno. Difícil si no ves a los hombres con ojos de posibilidad, sentenció Angélica
- Me perdí. Entonces me toca ponerme un letrero en la frente que diga 'Quiero Sexo' y otro en la espalda que diga 'Me gustan todos' ¿O qué?
- A ver fiera. te explico cómo funciona. Todo es cuestión de actitud. No tienes que ir mostrando las tetas en cada bar para conseguir un polvo. Te toca expresarte, mirar, hablar, respirar sexo. Y eso es actitud. Tienes que darle a todo tu entorno la sensación de que te acostarías con cualquiera.
- Como una zunga.
- No, a ver idiota!!!!!! Ella no entiende nada. Creo que se te llenó de moho el cerebro, gritó Angélica
- Pues parece que sí, porque no entiendo nada, dijo en voz bajita Adriana
- Es simple, si le abres a todos los tipos de un bar tu puerta y les dejas ver que pueden entrar, ellos van  a sentir curiosidad, y es ahí cuando puedes elegir con quien acostarte. 
- Ay Dios...  te parece tan difícil? a ver...
- Ya voy entendiendo....
- Pero falta un pedazo importante: Quitarte las telarañas.
- ¿Y eso es...?
- Simple... te toca tirarte a cualquiera para que todo el resto te salga natural, explicó Angélica
- Entonces volvimos al comienzo: cómo me consigo a ese cualquiera?
- Cómo te dijimos. Solo que como es la primera vez que lo harás, seguro no tendrás mucho de donde elegir. Pero peor es nada, dijo Caro.
- A este paso..., dijo seguido por un suspiro Adriana.


Entonces, si estar en verano es cuestión de falta de voluntad, salir de él y tener siempre alguien con quien tener sexo, es cuestión de actitud. Querer y demostrar que se quiere es la clave.



16 de noviembre de 2011

Comprendiendo lo incomprensible

Un día, mi primo Julián, que entre otras cosas es mi primito favorito, me llamó a decirme que le gusta mucho mi blog y que tenía unos textos que quería que leyera para publicárselos en mi blog. Me envió cuatro. No los he leído todos, pero este me encantó. Casi nunca aquí ven el punto de vista de hombres, así que me pareció no solo pertinente, sino un punto de vista muy acertado.


Espero les guste y le dejen los comentarios a mi primito (que ya tiene más de 23 años, pero que para mi sigue siento un 'ito'.




Tratando de comprender un poco todo lo que me hace sentir el amor, y a partir del mucho tiempo libre que me queda (no trabajo y me faltan quince días para graduarme de psicólogo), mi cabeza se ocupa de mí como puede, y ¿cómo más? En una de las dos cosas que necesito resolver en este momento: mis dificultades amorosas (la otra es el trabajo, y por más que deseo y me esfuerzo enviando hojas de vida nunca me responden).

El amor es un mal necesario, por lo menos para mí. Los pocos años de experiencia en esta materia me dicen que el amor, como la vida es un perder y ganar constante. Ganas el amor, el cariño y el afecto de tu pareja, pierdes la oportunidad de amar a muchas más personas que hay a tu alrededor, personas que sin tu saberlo estarían dispuestas a darlo todo por ti, pero tú lo ignoras, o te haces el ignorante, porque debe ser mejor no saber nada que tratar de estar evitándolo todo el tiempo, y al decir no saber nada me refiero a hacernos los locos y evitar encontrar lo que no se nos ha perdido.

Cabe resaltar que mi ejemplo anterior se quedó corto, no solo ganas amor, cariño y afecto, la vida es una balanza y si existe el bien también existe el mal, por lo tanto también ganamos conflictos, celos, quejas, cantaletas, aburridas reuniones familiares, menos tiempo libre, menos fútbol, entre tantas otras cosas más (podría dedicar otro artículo solo a escribir estos ejemplos), que ahora que lo veo desequilibran la balanza emocional-amorosa de una forma terrible, y es aquí cuando las parejas utilizan el AS bajo la manga, la forma más práctica y sencilla de equilibrar esta balanza sin necesidad de desgastarse tanto, por lo menos no mentalmente, y me refiero al sexo, digo; al buen sexo. Un buen sexo puede equilibrar las relaciones más desajustadas, que podamos imaginar. Considero que el buen sexo es un derecho libre que nos ganamos por establecer lindas relaciones, solo lindas y no perfectas porque si dijera perfectas estaría contradiciéndome de todo aquello que plantee de la balanza en párrafo anterior.

Volviendo con mi ocupación (el amor), siento que este es una elección libre pero no tan libre, digna de ser pura libertad en los casos más sinceros y bellos, pero no tan libre cuando nos damos cuenta que nuestra elección se encuentra rodeada de tantos factores controlables e incontrolables que median nuestras decisiones. Si estuviéramos sumergidos en este mundo solos (cosa imposible), no tendríamos más deber y derecho que ser libres, sin embargo como venimos de alguien (una mamá), que nos lleva en su vientre 9 meses, primero como el más vulnerable sarapico en un estanque, luego hasta formarnos en un feto y finalmente en él bebe que es expulsado de su tranquilo y seguro hogar al infinito mundo de posibilidades reales, nos afirmamos en este ser que nos protegerá hasta el día de su muerte, porque mamá que se respete y que haga honor a su rol, nunca dejará de serlo mientras esté viva, teniendo en cuenta que se otorga el derecho y el deber de amarnos más que a cualquier ser o cosa en este mundo. Esta madre, primer amor de todos, aunque no lo quiera nos condena a repetir mil veces y una vez más esta primera experiencia de amor. Así que piensen un poco en todo aquello que vivieron en su infancia y miren a su pareja, en mi caso veo el reflejo de mi mamá en esta persona, la cual es amorosa, fiel, cariñosa y muy especial, pero que también es castigadora, sobreprotectora y sobre todo celosa.

Finalmente pensé que todo este me convertía en el idiota útil de mi pareja, pero me di cuenta rápidamente que no era tan malo, porque ella también era mi idiota útil. Somos una feliz y amorosa pareja de idiotas enamorados, que pasamos la vida discutiendo y queriéndonos, tratando de mantener siempre la balanza en punto de equilibrio, siempre tratando de amarnos más y discutir menos pero a su vez de discutir cuando se pueda para amarnos un poco menos. Así es mi vida (y la de muchos), en algún momento pensé que era terriblemente desgastadora, pero entendí que nada del amor lo podía entender, que lo único que puedo hacer es comprender lo incomprensible, de algo que llega a mi (el amor), sin yo haberlo solicitado y que de muy buena manera yo recibí, claro está que lo recibí, solo porque me di cuenta que brindaba a mi vida todos eso apegos y desapegos, seguridades e inseguridades, premios y castigos, entre otras cosas que en mi infancia recibí.

“El amor necesita ser alimentado como a la planta más cuidadosa. Esa que solo le basta un día para marchitarse y dejarse morir. Pero tan monótono es, que de vez en cuando me gusta no alimentarla para verla caer, y luego llegar apresurado a socorrerla, logrando así que vuelva a florecer”. 

Julián Andrés Grazianni Hurtado

15 de noviembre de 2011

¿Quién Dijo?

¿Quién dijo que era fácil encontrar a esa persona y tener su y vivieron felices por siempre?

Nadie. Ni siquiera Hollywood ni Disney.

Entonces, ¿de dónde carajos tienen las mayoría de mujeres la idea de que un día se topan a un tipo en la calle, en un bar o en la fila del banco, se cruzan miradas y resulta ser el hombre de su vida con el que tendrán su final feliz?

No... Eso no existe. Olvídense.

Para tener su 'Happily Ever After' hay que pasar por una serie de dificultades. Eso hasta las novelas, Hollywood y Disney lo admiten. El color de rosa solo llega luego de un profundo negro.

Pongamos un ejemplo:

Juana conoce a Alberto. Se gustan de una y comienzan a salir. Todo parece maravilloso, pero llega el día en el que alguno de los dos dice "Es que yo no quiero nada serio".

Si la contraparte quiere algo serio, sale corriendo.
Si no quiere nada serio se queda,

Digamos que Juana quiere algo serio con Alberto pero decide quedarse 'Me aguanto su delirio de no tenemos nada serio y cuando menos piense...'


Juana sufre un montón. Quiere que la llamen 'novia', pero aun no. Quiere que la traten con cariño en público, y nada... Un día explota:

- ¿Es que acaso tu y yo que somos?
- Yo te dije que no quería nada serio.


¿Aguanta? o Se va...
Si se va, puede que no tenga su final feliz, si se queda, tiene más posibilidades.

Digamos que se quedó. Que dejó de importarle el rótulo, dejó de hacerle caso a sus amigas. Disfrutaba de su relación como fuera que se llamara. Y al final, un día... 'Juani... ¿Quieres ser mi novia? Un sí... y comenzó su historia rosa.

Ese es un caso extremo...

Digamos que Juana y Alberto se conocen en la fila del banco. Se miraron, se gustaron. Comenzaron a salir. Pero resulta que a las semanas comienzan a salir a flote los defectos: Juana es una loca adicta al trabajo, que se emborracha un poco más de la cuenta cuando sale, solo ve cine Francés y no come verduras. Por su parte Alberto es amante de todos los deportes que se transmiten por televisión, ama el cine tipo 'Transformers', no le gusta salir mucho de rumba y tiene una ex intensa que no hace más que llamar.

Pero se gustan,de verdad,  e incluso ven como cualidades algunos de sus defectos en algunas oportunidades.

El sexo es maravilloso y se ríen demasiado cuando están juntos.

Deciden continuar porque están convencidos de que la cosa va bien. Se presentan ante los amigos mutuos, ante sus padres. Se siguen divirtiendo juntos y teniendo buen sexo. Pero un día comienzan los reclamos

- Es que tu ex novia me tiene aburrida. ¿Por qué te sigues hablando con ella? Ve.. Ve... Vuelve con ella
- ¿Será posible que no trabajes mientras estamos juntos el fin de semana?
- Ah!! ¿Entonces no vamos a la fiesta porque hay golf hoy?
- Pues será ir a cine solo, porque tu no ve ese tipo de películas..


Y así...

Dos posibilidades. ¿Se van o se quedan -haciendo una serie de arreglos y buscando un punto medio en los temas que molestan-?

¿A qué voy?

A que salir corriendo no es la primera salida o solución si quieren una relación que tenga el Felices por Siempre antes del FIN.

Tengan en cuenta que Cenicienta tuvo que ser empleada del servicio y humillada antes de tener Príncipe. A Blanca Nieves casi la matan. Gaviota la de Café con aroma de mujer, casi que tuvo que hacer carrera y montar empresa para tener a su Galán. Ni que digamos de Birdget Jones...

Entonces, pies en la tierra. Los milagros no existen, menos los amorosos. Los príncipes no existen, y la perfección no es más que la suma de muchos errores.

Piénsenlo...

10 de noviembre de 2011

Mía (IV Parte)

Viene de Acá

Estaba todo muy oscuro y no se escuchaba nada más que la música de un par de bares a lo lejos. La pared sobre la que presionaba su cara estaba fría y húmeda. Quería gritar pero la mano en su boca no se lo permitía. Tenía su otra mano entre sus piernas, acariciando -si a eso se le puede llamar acariciar- su estómago, su pecho. Pasó su lengua por su oreja, ella sintió un asco infinito y comenzó a llorar. Por favor, no... no... era lo único que podía decir entre dientes. Shhh, shhh, tranquila, le susurraba al oído. Sintió como metió en su cuerpo lo que ella no deseaba. Sintió su piel rasgarse. Sentía su cuerpo golpearse contra la pared. Duró lo que pareció una eternidad, hasta que lo oyó gruñir y luego suspirar. Se dejó caer al suelo, y solo vio cómo sus piernas se alejaban.

Caminó a su casa y agradeció a Dios que Carlos estaba de viaje. Se bañó y lloró mucho y solo podía repetirse"Por qué Juan Andrés... ¿Por qué...?


Se despertó de un sobresalto y completamente sudada. Trató de no hacer mucho ruido, para evitar despertar a Carlos. "Demasiado real..." Se tomó un vaso de agua y definió que tenía que averiguar bien qué era lo que pasaba. Para dónde se iba de viaje, qué pasaba en su vida. Por qué las pesadillas...

A la mañana siguiente...

- Carlos, ¿me prestas tu computador?
- Claro.
- ¿Sabes cuál era mi correo electrónico?
- ¿No te parece que es mejor que bajemos al mar?
- En un rato, ¿sí?¿Me dices?
- l_amour_d_antoine@gmail.com
- ¿Hablo Francés?
- No. Desde que abriste tu primer mail hace años usas ese nombre por una historia de un amor platónico francés que tuviste de pequeña.
- Vaya.
- Sí, estás llena de sorpresas.
- Te sabes clave?  le preguntó mientras tecleaba en el computador.
- No. Nunca me la diste... ni te la pedí
- Ummmm
- ¿Cuál es la pregunta de recuperación?
- Nombre de mi primera mascota
- Pecoso. Era un perro dalmata.


Se quedó en silencio mirando la lista de correos.

- Entonces, ¿te quedas?
- Dame un rato y te alcanzo.
- Dale


Se despidió con un beso en la frente.

Entró en el buscados del correo electrónico, al tiempo que pensaba que por qué usar un computador no se le olvidó, ¿pero sí toda su vida? Juan Andrés... No results


Mierda.


Notó que no tenía correos eliminados, ni ocultos ni archivados. Lo que había era poco. Dos opciones, o no lo usaba seguido o era tan precavida que borraba todo. Notó que tenía una serie de correos cruzados con Lina Fernanda... Por lo que veía son amigas. En efecto su último correo fue enviado un día después del accidente y decía:

Hola Anton!


No he vuelto a saber de tí... ¿Cómo estás? ¿Todo mejorando? ¿Qué definiste al fin? 
La verdad me siento muy mal estando acá y tu allá con tantos problemas. Sé que necesitas un abrazo. ¿Qué hacemos? 


Por favor aparece que estoy preocupada
Te quiero,


LinFer

Procedió a responder:



Hola Lina


Quizá debes estar extrañada por mi ausencia. Un día antes de tu último correo tuve un accidente. Grave, pero afortunadamente estoy bien. El único problema es que perdí la memoria. Poco a poco he ido tejiendo recuerdos de mi pasado. Carlos me ha contado toda la historia de los dos y por internet he encontrado otras cosas. Digamos que estoy en periodo de reposo. Estoy en Cartagena con Carlos porque definió gastar una cantidad de plata en llevarme a casi todos los viajes que hemos ido juntos, con tal de que recuerde todo. La verdad me parece un buen hombre, se ha portado muy bien con él. Pero como ves, estoy demasiado confundida. Al llegar a la casa después del hospital, le dijo que me habían atropellado cruzando la calle con unas maletas. Pero hay algo que no me cuadra. Y es que si me iba de viaje, sola, por qué iba cruzando la calle. ¿Acaso uno no llama un taxi? ¿O lo más lógico es que él me llevara al aeropuerto si es tan bueno como dice?... No sé, siento que cuando me habla de ese tema, le tiembla la voz, como si estuviera mintiendo.


He estado teniendo pesadillas con un tal Juan Andrés... Y ahora me encuentro con tu correo. ¿Acaso estaba en problemas?


Sé que esto es muy raro, pero necesito de tu ayuda para resolver todo esto. Y créeme, eres mi única salida


Un abrazo


Antonia

***

Pasaron varios días y no recibía noticias de Lina. Mientras se dedicó a despejar su cabeza conociendo Cartagena, San Andrés, Panamá. Que fueron los primeros destinos del viaje organizado por Carlos. La verdad estuvo muy feliz. No recordó nada, pero sintió que se estaba enamorando de Carlos. Muy bien se estaba portando. El día antes de salir de Panamá a Nueva York recibió un correo que decía:


Mi Anton!!!


Lo siento mucho, nunca lo hubiera imaginado. La verdad no sé por donde comenzar. Efectivamente sí tenías problemas, como todo el mundo. Digamos que estabas atravesando por una crisis con Carlos, pero era una crisis que él no conocía. Te ibas de viaje, supongo para pensar y aclarar tu cabeza, porque, nunca me comentaste la decisión, así que asumo que fue algo de último minuto, algo repentino. 


Qué maravilloso eso del viaje. ¿Dónde estás ahora?


Lamento no sé más detalles, y el nombre Juan Andrés creo que la única persona a la que conozco con ese nombre es el de un escritor, sociólogo, si no estoy mal, a quien le editaste un libro.


Te mando un beso gigante, espero que puedas solucionar todo.


LinFer


El correo la dejó tranquila. Y decidió dejar todo así. Al final de cuentas la estaba pasando de maravilla en el viaje, y Carlos era realmente una buena compañía.

Lina se volvió un ocho. No sabía qué hacer. Su amiga había sido violada por el autor de libros y por sentirse culpable iba a dejar a su marido. No era capaz de volverle a generar todo ese dolor, más teniendo en cuenta que lo había olvidado. Decidió guardar silencio. Sería su secreto, creyó que era la mejor opción. Así nadie saldrá herido.

***

Pasó el mes de vacaciones y si bien no recordó los detalles de su vida, Antonia regresó más que enamorada del viaje. Estaba en el típico idilio adolescente... Sentía mariposas en la panza, suspiraba con cada detalle, con cada beso. 

Al regreso a casa decidió retomar el trabajo. Recuperó sus contactos y enseguida comenzó a llegarle trabajo. Se sintió de vuelta a la realidad, una realidad que le gustaba. Las pesadillas habían desaparecido y sus memoras del pasado se habían construido por medio de historias y fotos. 

Un día, trabajando hasta tarde en la noche recibió un correo de Juan A. Franco.

Linda Antonia

Supe lo de tu accidente, toda una lástima. Me alegra que estés de vuelta. Tengo unos artículos para corregir, ¿te parece si tomamos café mañana para entregártelos?

Juan Andrés

Al leer esto sintió un escalofrío, un corrientazo por toda la espalda

Juan Andrés

Gracias por tenerme en cuenta. Claro nos vemos a las siete de la noche en la cafetería Imperial del centro.

A.

Antonia

Perfecto, allá nos vemos

Juan Andrés

No sabía por qué tenía miedo. ¿Serían por las pesadillas de semanas atrás? Tenía que averiguarlo.

Llegó minutos antes, quizá para verlo llegar. Su caminado, sus zapatos le eran familiares. 

- Hola.

Y con solo esa palabra reconoció la voz y todos los recuerdos volvieron a ella. Regresó a ese callejón oscuro, al dolor, a la tristeza. entendió por qué iba a dejar a Carlos, se sintió culpable. Trató de controlarse, no había mucho que hacer en ese momento.

- ¿Te pasa algo?
- No nada, solo estaba algo desconcentrada
- ¿Pedimos algo?
- Mira, surgió algo de último minuto, y tengo que irme. ¿Me entregas los documentos por favor?
- Claro son estos. Los necesito para la próxima semana.
- Perfecto. Cuídate.

Salió casi que corriendo y no podía dejar de pensar en esa noche. Él la había violado. La había violado estando ebrio luego de una fiesta a la que fueron juntos. Caminó, caminó. No sabía qué hacer. Solo lloraba. Lloraba. Siguió caminando, ya casi eran las 8 y media cuando paró en el sector de bares al lado de su casa. Miró hacia todos los lados posibles, quería llegar pronto a su casa a hablar con Carlos.

A lo lejos vio a un hombre parecido a su esposo. Gritó ¡Carlos! Pero el ruido del bar no lo dejó escuchar. Corrió para alcanzarlo cuando notó que estaba de la mano con una mujer, muy joven, que le susurraba cosas al oído. Se acercó lo suficiente para que él pudiera verla. Era temprano, estaba ebrio  y con otra mujer.

- ¡¡¡Tú!!! No lo puedo creer.
- Antonia, espera!
- No!!!

Volvió a correr. Esta vez a su casa. No sabía qué le dolía más, saber que había sido violada, o darse cuenta de que su esposo tenía otra, u otras... ya no sabía.

Dio vueltas por el apartamento. Sin saber qué hacer. Estaba desesperada. Fue a la biblioteca y sacó la plata escondida que tenía detrás de su colección de novelas. Contó y supuso que le alcanzaría para algunos días. Regresó a la habitación, sacó un par de maletas del armario y empacó todo lo que pudo. No fue como la vez pasada. Se tomó el tiempo de meter lo que más le gustaba y lo que más necesitaba. Guardó los libros que no había leído. Agarró el pasaporte y pensó Por si acaso. Y salió.

Desde ese día Carlos no sabe nada de ella y aún conserva la nota que Antonia dejó sobre su cama

Carlos

No te odio, pero hoy recordé por qué quería dejarte y eso estoy haciendo en este momento. No me busques y ten siempre presente que lo que no está destinado a ser, nunca será.

Realmente te amé, dos veces.

Antonia

FIN

8 de noviembre de 2011

Mia (III Parte)

Viene de Aquí

Sin pensarlo dos veces pagó los viajes que alcanzó con su tarjeta de crédito, millas y demás. Él buscaría que Antonia recuperara la memoria a como diera lugar. Y sería a la mañana siguiente que le contaría sus planes. Con esa idea se durmió, en el cuarto de huéspedes, porque aun las cosas no estaban como para compartir cama.

A la mañana siguiente, Antonia se hizo la dormida hasta que Carlos debió salir a la oficina, con tal de no encontrárselo. Tenía miedo de lo que había recordado. Piezas sueltas y un nombre 'Juan Andrés'. No pudo pegar el ojo en toda la noche trayendo recuerdos. Por eso decidió entrar al computador de la casa a ver qué más conseguía. Sus redes sociales no le decían más de lo que su esposo le había contado. No recordaba la clave del correo y su portátil y celular, al parecer fueron robados de la escena del accidente antes de que el portero recuperara las maletas.

Así, poco a poco, fue configurando la historia. Logró entender que no tenía familia, que sus amigos eran pocos y estaban fuera del país, el resto al parecer eran amigos heredados o prestados por su esposo. Pero de Juan Andrés, nada. Quizá fue una confusión, se consoló. Pero la duda persistía, ¿por qué las maletas? Sin tener a quien preguntarle.

Ese día salió a caminar la ciudad y fue curioso descubrir que se sentía como una turista en un sitio desconocido. Con su billetera en la mano fue a los bancos en los que tenía cuentas. Se sorprendió ver que sus tarjetas de crédito y demás estaban al día. Carlos se había hecho cargo de todo. Eso la complació. Al final, creo que me casé con un buen hombre.


Su trabajo era corregir libros. Lo hacía en casa. Hasta donde Carlos le contó, tenía una serie de clientes, como universidades y autores independientes, y todos estaban al tanto de su situación. Por lo pronto necesitaba descansar del trabajo.

Cansada, luego de caminar horas, volvió a la casa donde ya Carlos la esperaba.

- Hola
- Hola preciosa
- ¿Cómo te fue hoy?
- Bien. Te tengo una sorpresa. Ven siéntate.
- ¿Es un regalo?
- Algo mucho mejor.


Sacó una carpeta de agencia de viajes, de esas que tienen una gran palmera y un mar azul en el frente.

- ¿Y esto?
- Quiero que revivamos los mejores viajes de nuestra historia, para así, ayudarte a recordar nuestra historia
- ¿De verdad? No recuerdo ningún tipo de viaje.
- No recuerdas mucho mi Anton...
- jajaja Eso es cierto.
- Cuándo salimos.
- En tres días. Comenzamos con Cartagena.
- Qué rico. Gracias!!!


Le dio un abrazo sincero. Le pareció un gesto hermoso de su parte hacer ese sacrificio por ella. Por su parte, él pensaba que construyendo una nueva realidad iba a poder prevenir que ella lo dejara.


- Marica, yo qué culos voy a saber por qué Antonia tenía un tiquete a Nueva York para la noche en que la atropelló un carro.
- ¿De verdad no se le ocurre nada?
- La peor pelea que tuvimos fue antes de casarnos, porque me agarró unos cuernos y eso ya quedó superado.
- Osea que está seguro que no sabe que usted se la pasa entre putas y vagabundas por ahí. Ah! y que también le hace a los manes o que.
- Mierda pero tu eres mi mejor amigo o el Papa Benedicto...
- No es que yo solo digo...
- Además hace meses que me aburre ir por allá. Hace tiempos que nada de esas rumbas.
- Yo no entiendo como Antonia no se dio cuenta nunca de esas escapadas suyas.
- Yo sé.
- ¿Seguro que no fue por eso?
- Conociéndola, fijo me hubiera armado un escándalo.
- Fijo.


Continuará... Acá

4 de noviembre de 2011

Mia II

Viene de Aquí

Salió de la habitación y con el corazón aun acelerado marcó Mafe


- ¿Qué hubo?
- Uuuuyy! Dónde hago la raya.
- Deja de ser pesada que hablamos hace tres días.
- Es que te extraño!
- Jajajajaja Tu y tus cursilerías. No te lo crees ni tu.
- ¿Cómo estás hermanito?
- Mal. 
- ¿Qué pasó?
- Antonia tuvo un accidente.
- No!!! Y...
-Ella está viva, pero no recuerda nada
- No puede ser! ¿Necesitas algo?
- No te preocupes. Pero sí necesito tu ayuda.
-A ver...
- Necesito que me hagas la lista de cuántos viajes hicimos Antonia y yo desde que somos novios.
- ¿Cómo?
- Sí. Quiero ayudarla a recordar.


Comenzó a oir las uñas de su mejora amiga golpear las teclas del computador a una velocidad inexplicable.

- ¿Cuándo te vas a cortar las uñas?
- El día que te dejes el bigote.
- ¿Y...? ¿Ya?
- Deja el afán.... A ver... Tenemos... 75 tiquetes comprados para los dos, de esos...
- Redúcelo a los internacionales, que han  sido los más importantes y los nacionales a destinos extraños.


Y de nuevo las uñas conta las teclas

- Bueno, entonces tenemos 10 viajes internacionales, dos por año. Que pueden ser 6 porque hay destinos repetidos y cuatro destinos locales de ecoturismo.
- ¿Eso cuánto puede costar? ¿Repetir todo?
- Estás loco, ¿cierto?
- No. 
- Bueno, ya vi que no tengo nada que hacer. Te armo los planes y te los mando al correo.
- Listo.
- Espera. Cuánto tiempo tienes para hacer todo esto.
- Dime tú cuánto necesito.
- Estas demente.
- Lo sé.


Volvió a entrar al cuarto del hospital y la veía dormir. Distante pero igual de hermosa. Se sentó a su lado y le tomó la mano. Vas a ver que vamos a volver a ser tan felices como cuando nos conocimos. ¿Si lo recuerdas?


Era tu cumpleaños número 26. Ambos por casualidades de la vida estábamos en Panamá. Tú como parte de un congreso de mercadeo y yo de vacaciones. Te vi en el bar celebrando, sonriendo como siempre y no pude dejar de verte. Al día siguiente, en la playa, jugabas volleyball y yo caminaba. Ví cómo eras de torpe jugando y no podía parar de reírme. Hasta que por fin me notaste, cuando salí al rescate de un balón perdido.

En ese momento Antonia abrió los ojos.

- ¿Tú?
- ¿Si?
- Sigues aquí... Así que supongo que sí te conozco.
- ¿Aun no recuerdas?
- Solo lo que ayer me contó el doctor.
- ¿Y tu eres?
- Carlos
- Sí eso lo sé
- Tu esposo. 

Antonia guardó un largo silencio....

- Te estaba contando cómo nos conocimos. ¿Quiere que oìr?
- Sigue


Carlos continúo la historia y Antonia sonreía a medida que pasaban los minutos. Así pasaron los días que ella estuvo en el hospital: entre historias y recuerdos que lo hacían reír y llorar. Pero sin lograr que ella recordara nada. Incluso recurrió a los albumes de fotos, digitales y no, a sus amigos cercanos, a la dramaturgia, la música... No lograba nada.

- Según los doctores, puede que tarde años en recuperar la memoria
- O días. Todo depende.
- Y cuando me den de alta ¿Qué?
- Iremos a casa.


Tres semanas después de esta conversación, Carlos llevó a Antonia a su casa. Ella entró con cierta desconfianza. Analizó de arriba a abajo. Por lo menos el gusto no lo he perdido, así mismo hubiera decorado si me tocara hacerlo hoy.


Carlos vio eso como un signo de recuperación y sonrió.  Ven y te presento tu casa, amor.


Ella recibía cada palabra, cada explicación, cada historia con mucho cariño. Se dio cuenta de que Carlos era un buen ser humano, o por lo menos eso parecía. Se sentía complacida, hasta el momento, con su 'vida pasada', como le gustaba llamar al tiempo antes del accidente.

Recorrió la cocina, el balcón, el estudio, los libros, la música. Entró a los baños, al cuarto de visitas. Y en la alcoba principal: un par de maletas, sucias, aporreadas en un rincón, como un adorno fuera de lugar y de tiempo.


-¿Y eso? Dijo mientras señalaba al rincón.
- Eso llevabas contigo cuando te atropelló el carro.
- ¿Me iba de viaje?
- Si amor...


Mintió descaradamente. No quería arruinar el momento con una historia que no sabía cómo explicar.

Se sentó sobre la cama y miró todo con gusto y temor al tiempo.

- Amor, ¿tienes problema con quedarte sola?
- Tengo una comida con mi socio y no la pude cancelar
- No tranquilo, necesito tiempo para acostumbrarme.


Apenas lo vio salir por la puerta, fue al rincón del cuarto y buscó las maletas a ver si encontraba alguna pista sobre quien era. Esculcó los closets, las bibliotecas... Nada. Recorrió cada rincón de la casa hasta que cayó rendida en el sofá.

De repente, se despertó de un sobresalto. Sudaba frío. Ay Dios... Juan Andrés...!! Dijo.

Continuará Aquí....

2 de noviembre de 2011

Mia (I Parte)



En media hora te recojo. C

El SMS le indicaba que tenía poco más de 45 minutos - porque él siempre tuvo la costumbre de llegar tarde-. Se asustó. Comenzó a mirar a su alrededor y a organizar sus ideas. ¿Qué hago? ¿Qué hago?

Caminó de un lado a otro sin rumbo ni orden lógico. Hasta que un rato después paró en seco bajo el marco de la puerta de la habitación. A Ver Antonia, ponte de acuerdo!!! Tomó una bocanada de aire y se dirigió al closet.

Sacó dos maletas. Una para la ropa, otra para las demás cosas. Ropa Primero. El clima está templado....

Y así fue llenando desordenadamente las dos maletas de sacos, jeans, zapatos, libros asuntos de aseo. Sabía el nivel exacto que debía tener cada maleta para no exceder el peso límite. Su pasado viajero le había enseñado eso.

Miró hacia la mesa de noche. La foto de los dos la señalaba como reportándole su actitud. Ella se concentró en la hora. 6:20 pm Le quedaban 10 minutos para que Carlos llegara. Aceleró el paso. Pasaporte, tiquetes morral con el computador y la cámara. Intentó marcar a un taxi. Ocupado. Malditas horas pico Insistió. Ocupado. Será la Calle

Con una pericia casi que magistral agarró sus cosas, cerró la puerta y se montó al ascensor. No dejaba de mirar la hora. Rezaba para no encontrárselo de frente a la salida del edificio. Apúrate, le decía entre dientes al ascensor. Miraba fijamente el contador de pisos y casi que sin notarlo, una lágrima corrió por su mejilla. No es tiempo de maricadas, Antonia. Ya no hay vuelta a atrás, se recriminó.

Torpemente sacó todas las maletas del ascensor. Parcamente le dijo al portero nuevo, Adiós!! Como pudo llegó a la calle y estirando la mano intentó varias veces parar un taxi y nada. Maldita Hora pico. Maltido Alcalde. Maldito Afán!

Alguién le pitó al otro lado de la calle. Era un taxi que se conmovio en verla llena de maletas, con la cara mojada por la llovizna y la cara de tristeza que no le quita nadie. Venga, yo la llevo, no importa el trancón.

Sonrió levemente y se dispuso a cruzar la calle.

Todo se puso negro.

***

- Espera que hubo un choque en frente de mi edificio.
- No tenaz, fue duro el tiestazo
- Hablamos luego que voy por Antonia.

Parqueó como pudo y este  casi que corrió a la puerta. El portero, que recién ocupaba este puesto, lo abordó.

- ¿Señor, usted conocía a la señora del 706?
- Sí, es mi esposa, ¿por qué?

El joven muchacho bajó la cabeza y tímidamente señaló las dos maletas, sucias y aporreadas que yacían en la esquina.

- A ella la atropelló un carro hace unos 10 minutos.
- ¿Cómo? Seguro que era ella? Se agarró la cabeza, entre sorprendido e iracundo. Pero para dónde iba.
- Yo que voy a saber. Solo sé que iba de afán y con estas maletas. También logré recuperar la cámara pero el portátil, ese sí se dañó. ¿Lo ayudo a subirlas?
- Claro claro.

Entre los dos montaron las maletas al ascensor y antes de que se cerrara, Carlos preguntó. ¿Sabe a dónde la llevaron?
- Al Reina Sofía. Eso le oí a los de la ambulancia.

***

Ya en el apartamento todo era confusión. No había ningún indicio que explicara por qué ella quería dejarlo. O si quería dejarlo. Solo faltaba la ropa y el pasaporte, un par de libros. Que supuso, estaban entre las maletas.

- Necesito preguntar si allá tienen una paciente. Acaba de llegar por un accidente de tránsito. Su nombre es Antonia Castañeda
- Tengo una mujer que responde por ese nombre, Antonia, sin apellido. Y corresponde a la hora y un accidente de tránsito.
- ¿Está viva?
- Delicada, pero viva. ¿Con quién hablo?
- Con su esposo. Ya voy para allá
***

- Vengo buscando a Antonia. La chica del accidente
- ¿Parentesco?
- Esposo.
- Sígame y lo llevo donde el doctor.

Los pasillos parecían interminables. Miraba a uno y otro lado a ver si por casualidad la encontraba. Estaba desesperado.

- Buenas noches, señor...?
- Carlos Arango.
- Señor Arango. Tengo buenas y malas noticias. La buena es que Antonia está viva y estable. La mala es que sufrió u golpe severo en la cabeza y no sabremos, sino hasta que se despierte, su estado mental.
- Es decir...?
- Que puede presentar pérdida de memoria e incluso dificultades motoras debido al golpe.
- ¿Y de resto cómo está?
- Bien. Tiene fracturas menonres en uno de sus brazos, una pierna y en las costillas, pero nada de qué preocuparnos.
- ¿Cuándo la puedo ver?
- Le estan haciendo unos últimos análisis. Debe esperar. Le avisaremos

El Doctor se despidió con un gesto algo lastimero. Buscó la cafetería para ir por algo de tomar y aguantar la espera. Haber traido un libro. Café y galletas. Así,simple como su estado de ánimo.

Mientras esperaba intentó recordar toda su historia junto Antonia, para ver si era posible encontrar esos motivos que la llevaban a huir. Pero no podía recordar nada. Solo veía su rostro y las maletas. Su rostro y las maletas. Así que desistió de la idea.


***
Carlos pasó una, dos, tres y tantas noches a su lado en el hospital que perdió la cuenta. Se la pasaba leyendo y contándole todas sus experiencias en el día. La cuidaba con devoción. Ya había dejado de preguntar a de cuánto médico o enfermera veía cerca por las posibilidades o si había un tiempo límite para que despertara. Estaba resignado.

Una noche, Carlos se quedó dormido con medio cuerpo sobre las piernas de Antonia y el resto encorbado en la silla, que ya casi era una extensión de su cuerpo. Fue entonces cuando algo, o alguien le movió la cabeza. Y tú, ¿qué haces ahí?

El susto le movió todo su cuerpo. Por el sueño no entendía qué estaba pasando.

- Y ¿¿qué hago yo aquí???
- Antonia!!!!!!!
- ¿Quién es Antonia?

No cayó en cuenta de lo que ella decía. Solo sintió que una gran emoción le invadía el cuerpo. Se levantó de la silla y salió corriendo por los pasillos del hospital hasta que encontró al médico de turno. Eran las 3:46 am

- Doctor, Doctor!! Se despertó!!!
El médico lo miro por encima de sus gafas, como a quien no le interesa nada más que acabar el turno.
- ¿Quién? Antonia...
- Antonia? La de la 456...
- Entiendo. Ya voy con las enfermeras.

Se regresó corriendo al cuarto de Antonia. Se sentó a su lado y le agarró las manos.

- No sabes cuánto te he extrañado!
- ¿Pero quién eres?¿Dónde estoy?
- Carlos. Tu esposo...

En ese momento llegaron al cuarto un batallón de médicos y enfermeras.

- Debemos chequear que todo esté en orden
- No recuerda nada
- Puede ser algo transitorio.. Ya veremos. Por favor salga.

Parqueado en la puerta del cuarto pensó en eso que hace tiempos había dejado en el olvido. ¿Por qué quería dejarme? ¿Y si no recuerda nada, cómo sabremos? ¿Qué pasará ahora?

Esperó pacientemente. Al final en eso se había convertido su vida: una permanente espera.

Casi 2 horas después, salió el médico y le dijo:

- Está bastante bien. Todas las funciones motoras en orden, puede pensar claramente. Solo que perdió la memoria a largo plazo. Este es el teléfono de alguien que puede ayudarlo con este tipo de situaciones, porque ella no lo recuerda a usted, si su casa, ni nada de lo que los une.

Le largó una tarjeta y siguió caminando por el pasillo. Y Carlos, atónito, lo veía alejarse. Sentía miedo, no tenía un plan. Estaba ante un gran ¿Y ahora?  Para el que no existía una respuesta.

Volvió a la habitación. La enfermera le hizo señas de que se encontraba dormida. En ese momento tuvo la mejor idea que quizá se le había ocurrido en semanas...

Continuará.... Aquí