4 de noviembre de 2011

Mia II

Viene de Aquí

Salió de la habitación y con el corazón aun acelerado marcó Mafe


- ¿Qué hubo?
- Uuuuyy! Dónde hago la raya.
- Deja de ser pesada que hablamos hace tres días.
- Es que te extraño!
- Jajajajaja Tu y tus cursilerías. No te lo crees ni tu.
- ¿Cómo estás hermanito?
- Mal. 
- ¿Qué pasó?
- Antonia tuvo un accidente.
- No!!! Y...
-Ella está viva, pero no recuerda nada
- No puede ser! ¿Necesitas algo?
- No te preocupes. Pero sí necesito tu ayuda.
-A ver...
- Necesito que me hagas la lista de cuántos viajes hicimos Antonia y yo desde que somos novios.
- ¿Cómo?
- Sí. Quiero ayudarla a recordar.


Comenzó a oir las uñas de su mejora amiga golpear las teclas del computador a una velocidad inexplicable.

- ¿Cuándo te vas a cortar las uñas?
- El día que te dejes el bigote.
- ¿Y...? ¿Ya?
- Deja el afán.... A ver... Tenemos... 75 tiquetes comprados para los dos, de esos...
- Redúcelo a los internacionales, que han  sido los más importantes y los nacionales a destinos extraños.


Y de nuevo las uñas conta las teclas

- Bueno, entonces tenemos 10 viajes internacionales, dos por año. Que pueden ser 6 porque hay destinos repetidos y cuatro destinos locales de ecoturismo.
- ¿Eso cuánto puede costar? ¿Repetir todo?
- Estás loco, ¿cierto?
- No. 
- Bueno, ya vi que no tengo nada que hacer. Te armo los planes y te los mando al correo.
- Listo.
- Espera. Cuánto tiempo tienes para hacer todo esto.
- Dime tú cuánto necesito.
- Estas demente.
- Lo sé.


Volvió a entrar al cuarto del hospital y la veía dormir. Distante pero igual de hermosa. Se sentó a su lado y le tomó la mano. Vas a ver que vamos a volver a ser tan felices como cuando nos conocimos. ¿Si lo recuerdas?


Era tu cumpleaños número 26. Ambos por casualidades de la vida estábamos en Panamá. Tú como parte de un congreso de mercadeo y yo de vacaciones. Te vi en el bar celebrando, sonriendo como siempre y no pude dejar de verte. Al día siguiente, en la playa, jugabas volleyball y yo caminaba. Ví cómo eras de torpe jugando y no podía parar de reírme. Hasta que por fin me notaste, cuando salí al rescate de un balón perdido.

En ese momento Antonia abrió los ojos.

- ¿Tú?
- ¿Si?
- Sigues aquí... Así que supongo que sí te conozco.
- ¿Aun no recuerdas?
- Solo lo que ayer me contó el doctor.
- ¿Y tu eres?
- Carlos
- Sí eso lo sé
- Tu esposo. 

Antonia guardó un largo silencio....

- Te estaba contando cómo nos conocimos. ¿Quiere que oìr?
- Sigue


Carlos continúo la historia y Antonia sonreía a medida que pasaban los minutos. Así pasaron los días que ella estuvo en el hospital: entre historias y recuerdos que lo hacían reír y llorar. Pero sin lograr que ella recordara nada. Incluso recurrió a los albumes de fotos, digitales y no, a sus amigos cercanos, a la dramaturgia, la música... No lograba nada.

- Según los doctores, puede que tarde años en recuperar la memoria
- O días. Todo depende.
- Y cuando me den de alta ¿Qué?
- Iremos a casa.


Tres semanas después de esta conversación, Carlos llevó a Antonia a su casa. Ella entró con cierta desconfianza. Analizó de arriba a abajo. Por lo menos el gusto no lo he perdido, así mismo hubiera decorado si me tocara hacerlo hoy.


Carlos vio eso como un signo de recuperación y sonrió.  Ven y te presento tu casa, amor.


Ella recibía cada palabra, cada explicación, cada historia con mucho cariño. Se dio cuenta de que Carlos era un buen ser humano, o por lo menos eso parecía. Se sentía complacida, hasta el momento, con su 'vida pasada', como le gustaba llamar al tiempo antes del accidente.

Recorrió la cocina, el balcón, el estudio, los libros, la música. Entró a los baños, al cuarto de visitas. Y en la alcoba principal: un par de maletas, sucias, aporreadas en un rincón, como un adorno fuera de lugar y de tiempo.


-¿Y eso? Dijo mientras señalaba al rincón.
- Eso llevabas contigo cuando te atropelló el carro.
- ¿Me iba de viaje?
- Si amor...


Mintió descaradamente. No quería arruinar el momento con una historia que no sabía cómo explicar.

Se sentó sobre la cama y miró todo con gusto y temor al tiempo.

- Amor, ¿tienes problema con quedarte sola?
- Tengo una comida con mi socio y no la pude cancelar
- No tranquilo, necesito tiempo para acostumbrarme.


Apenas lo vio salir por la puerta, fue al rincón del cuarto y buscó las maletas a ver si encontraba alguna pista sobre quien era. Esculcó los closets, las bibliotecas... Nada. Recorrió cada rincón de la casa hasta que cayó rendida en el sofá.

De repente, se despertó de un sobresalto. Sudaba frío. Ay Dios... Juan Andrés...!! Dijo.

Continuará Aquí....

4 comentarios:

  1. huy no, esto se esta poniendo cada vez mejor!!

    me encanta!!!

    ResponderEliminar
  2. ayyy me como las uñas, Esto esta muy bueno!!! No me gustan los CONTINUARÁ!!!

    ResponderEliminar
  3. Dios míooo! Ya quiero la parte III!!! Para cuandooo!

    ResponderEliminar
  4. LibelulaDigital11/04/2011 5:45 p. m.

    Ya hay que buscar en serio, un editor para que publique tus historias! Siempre hay buenos puntos de giro para continuar leyendo :)

    ResponderEliminar

Gracias por pasar y dejar una huella!