2 de noviembre de 2011

Mia (I Parte)



En media hora te recojo. C

El SMS le indicaba que tenía poco más de 45 minutos - porque él siempre tuvo la costumbre de llegar tarde-. Se asustó. Comenzó a mirar a su alrededor y a organizar sus ideas. ¿Qué hago? ¿Qué hago?

Caminó de un lado a otro sin rumbo ni orden lógico. Hasta que un rato después paró en seco bajo el marco de la puerta de la habitación. A Ver Antonia, ponte de acuerdo!!! Tomó una bocanada de aire y se dirigió al closet.

Sacó dos maletas. Una para la ropa, otra para las demás cosas. Ropa Primero. El clima está templado....

Y así fue llenando desordenadamente las dos maletas de sacos, jeans, zapatos, libros asuntos de aseo. Sabía el nivel exacto que debía tener cada maleta para no exceder el peso límite. Su pasado viajero le había enseñado eso.

Miró hacia la mesa de noche. La foto de los dos la señalaba como reportándole su actitud. Ella se concentró en la hora. 6:20 pm Le quedaban 10 minutos para que Carlos llegara. Aceleró el paso. Pasaporte, tiquetes morral con el computador y la cámara. Intentó marcar a un taxi. Ocupado. Malditas horas pico Insistió. Ocupado. Será la Calle

Con una pericia casi que magistral agarró sus cosas, cerró la puerta y se montó al ascensor. No dejaba de mirar la hora. Rezaba para no encontrárselo de frente a la salida del edificio. Apúrate, le decía entre dientes al ascensor. Miraba fijamente el contador de pisos y casi que sin notarlo, una lágrima corrió por su mejilla. No es tiempo de maricadas, Antonia. Ya no hay vuelta a atrás, se recriminó.

Torpemente sacó todas las maletas del ascensor. Parcamente le dijo al portero nuevo, Adiós!! Como pudo llegó a la calle y estirando la mano intentó varias veces parar un taxi y nada. Maldita Hora pico. Maltido Alcalde. Maldito Afán!

Alguién le pitó al otro lado de la calle. Era un taxi que se conmovio en verla llena de maletas, con la cara mojada por la llovizna y la cara de tristeza que no le quita nadie. Venga, yo la llevo, no importa el trancón.

Sonrió levemente y se dispuso a cruzar la calle.

Todo se puso negro.

***

- Espera que hubo un choque en frente de mi edificio.
- No tenaz, fue duro el tiestazo
- Hablamos luego que voy por Antonia.

Parqueó como pudo y este  casi que corrió a la puerta. El portero, que recién ocupaba este puesto, lo abordó.

- ¿Señor, usted conocía a la señora del 706?
- Sí, es mi esposa, ¿por qué?

El joven muchacho bajó la cabeza y tímidamente señaló las dos maletas, sucias y aporreadas que yacían en la esquina.

- A ella la atropelló un carro hace unos 10 minutos.
- ¿Cómo? Seguro que era ella? Se agarró la cabeza, entre sorprendido e iracundo. Pero para dónde iba.
- Yo que voy a saber. Solo sé que iba de afán y con estas maletas. También logré recuperar la cámara pero el portátil, ese sí se dañó. ¿Lo ayudo a subirlas?
- Claro claro.

Entre los dos montaron las maletas al ascensor y antes de que se cerrara, Carlos preguntó. ¿Sabe a dónde la llevaron?
- Al Reina Sofía. Eso le oí a los de la ambulancia.

***

Ya en el apartamento todo era confusión. No había ningún indicio que explicara por qué ella quería dejarlo. O si quería dejarlo. Solo faltaba la ropa y el pasaporte, un par de libros. Que supuso, estaban entre las maletas.

- Necesito preguntar si allá tienen una paciente. Acaba de llegar por un accidente de tránsito. Su nombre es Antonia Castañeda
- Tengo una mujer que responde por ese nombre, Antonia, sin apellido. Y corresponde a la hora y un accidente de tránsito.
- ¿Está viva?
- Delicada, pero viva. ¿Con quién hablo?
- Con su esposo. Ya voy para allá
***

- Vengo buscando a Antonia. La chica del accidente
- ¿Parentesco?
- Esposo.
- Sígame y lo llevo donde el doctor.

Los pasillos parecían interminables. Miraba a uno y otro lado a ver si por casualidad la encontraba. Estaba desesperado.

- Buenas noches, señor...?
- Carlos Arango.
- Señor Arango. Tengo buenas y malas noticias. La buena es que Antonia está viva y estable. La mala es que sufrió u golpe severo en la cabeza y no sabremos, sino hasta que se despierte, su estado mental.
- Es decir...?
- Que puede presentar pérdida de memoria e incluso dificultades motoras debido al golpe.
- ¿Y de resto cómo está?
- Bien. Tiene fracturas menonres en uno de sus brazos, una pierna y en las costillas, pero nada de qué preocuparnos.
- ¿Cuándo la puedo ver?
- Le estan haciendo unos últimos análisis. Debe esperar. Le avisaremos

El Doctor se despidió con un gesto algo lastimero. Buscó la cafetería para ir por algo de tomar y aguantar la espera. Haber traido un libro. Café y galletas. Así,simple como su estado de ánimo.

Mientras esperaba intentó recordar toda su historia junto Antonia, para ver si era posible encontrar esos motivos que la llevaban a huir. Pero no podía recordar nada. Solo veía su rostro y las maletas. Su rostro y las maletas. Así que desistió de la idea.


***
Carlos pasó una, dos, tres y tantas noches a su lado en el hospital que perdió la cuenta. Se la pasaba leyendo y contándole todas sus experiencias en el día. La cuidaba con devoción. Ya había dejado de preguntar a de cuánto médico o enfermera veía cerca por las posibilidades o si había un tiempo límite para que despertara. Estaba resignado.

Una noche, Carlos se quedó dormido con medio cuerpo sobre las piernas de Antonia y el resto encorbado en la silla, que ya casi era una extensión de su cuerpo. Fue entonces cuando algo, o alguien le movió la cabeza. Y tú, ¿qué haces ahí?

El susto le movió todo su cuerpo. Por el sueño no entendía qué estaba pasando.

- Y ¿¿qué hago yo aquí???
- Antonia!!!!!!!
- ¿Quién es Antonia?

No cayó en cuenta de lo que ella decía. Solo sintió que una gran emoción le invadía el cuerpo. Se levantó de la silla y salió corriendo por los pasillos del hospital hasta que encontró al médico de turno. Eran las 3:46 am

- Doctor, Doctor!! Se despertó!!!
El médico lo miro por encima de sus gafas, como a quien no le interesa nada más que acabar el turno.
- ¿Quién? Antonia...
- Antonia? La de la 456...
- Entiendo. Ya voy con las enfermeras.

Se regresó corriendo al cuarto de Antonia. Se sentó a su lado y le agarró las manos.

- No sabes cuánto te he extrañado!
- ¿Pero quién eres?¿Dónde estoy?
- Carlos. Tu esposo...

En ese momento llegaron al cuarto un batallón de médicos y enfermeras.

- Debemos chequear que todo esté en orden
- No recuerda nada
- Puede ser algo transitorio.. Ya veremos. Por favor salga.

Parqueado en la puerta del cuarto pensó en eso que hace tiempos había dejado en el olvido. ¿Por qué quería dejarme? ¿Y si no recuerda nada, cómo sabremos? ¿Qué pasará ahora?

Esperó pacientemente. Al final en eso se había convertido su vida: una permanente espera.

Casi 2 horas después, salió el médico y le dijo:

- Está bastante bien. Todas las funciones motoras en orden, puede pensar claramente. Solo que perdió la memoria a largo plazo. Este es el teléfono de alguien que puede ayudarlo con este tipo de situaciones, porque ella no lo recuerda a usted, si su casa, ni nada de lo que los une.

Le largó una tarjeta y siguió caminando por el pasillo. Y Carlos, atónito, lo veía alejarse. Sentía miedo, no tenía un plan. Estaba ante un gran ¿Y ahora?  Para el que no existía una respuesta.

Volvió a la habitación. La enfermera le hizo señas de que se encontraba dormida. En ese momento tuvo la mejor idea que quizá se le había ocurrido en semanas...

Continuará.... Aquí

11 comentarios:

  1. Me encanta!!! Que Carlos se vaya sin pensar....

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  2. me dejaste empezada... con ganas de seguir leyendo, y ahora que pasará??

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  3. Ay nooo! Que emociooon de post! Quiero la otra parte yaaa!

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  4. vida de soltero de una otra vez! :D
    Dany

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  5. Noooo!!! Y ahora? Final de temporada? jajajjajaja no es justo! Esta muuuuy buena!

    Att: M.G =')

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  6. Buenisimaaaa!! Que la vuelva a enamorar, al fin y al cabo si sabiendo que lo iba a dejar se quedo junto a ella todo ese tiempo pues es porque hay amor, no?

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  7. Antonia se está haciendo la loca...

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  8. ...¿ya vieron una película que se llama LA ARDILLA ROJA?... XD

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