30 de diciembre de 2011

Las cosas han cambiado

Aquí estoy en mi casa de Barranquilla, como todos los años al finalizar el año. Esta vez, fue particular. Pude estar acá para Navidad y Año Nuevo, cosa que no había podido hacer por cuestiones laborales desde hace varios años. Y si bien, habría podido decir esto sin necesidad de que pasaran varios años, esta vez me di cuenta de que las cosas han cambiado.

Ya mis primas no viven acá, o tienen sus propias familias, lo que lleva a que yo sea casi que la única de mi generación que vaya a las reuniones familiares, compuestas ahora por niños y niñas hasta los 15 años y  adultos que superan los 50 años; y primas que ya son madres encargadas de sus hijos.

Mami, Papi, Yo y mi Hermanito Cheby. En orden. Los quiero.
Las conversaciones entre primas quedaron atrás. Las coreografías montadas entre todas, ya no existen. Solo quedan reuniones entre adultos hablando de política, fútbol y recuerdos y una prima de 30, soltera que juega con sus primitos a las cosquillas o a tomarse fotos.

Pero hay algo que no cambia: la energía de mi mamá y la música de mi papá. Ella se encarga de liderar la reunión familiar, coordina la comida, la cuota del trago... Además llega, sirve, sonríe y baila. Baila como siempre, inventa pases, se vuelve el centro de atracción. ¡Me encanta!

Mi papá, se encarga de la música, siempre. Con él comenzamos siempre con una tanda de salsa vieja que nadie conoce, entramos a los clásicos que todos tararean, llegamos a la tanda de música africana donde todos se ponen a bailar, rematando con Ray Charles y Erick Bourdon con sus 'the animals'.

Mis papás no cambian. Quizá fui yo la que cambié y mi generación. Crecimos y no nos dimos cuenta, por eso las reuniones ya no son lo mismo. No sé si más divertidas o menos. Solo diferentes. Hoy vengo a Barranquilla y soy feliz con mi familia, pero me hace falta un pedazo que se queda en Bogotá.

¿Nostalgia?

Quizás.

Pero también alegría. Porque mi motivo principal para venir todos los diciembres son mis papás. Y ellos no cambian. Mantienen las mismas discusiones año tras años, bailan en todas las fiestas, me atienden como si nunca me hubiera ido, mi papá habla duro y mi mamá le pide que no grite tanto... Y así.

El 2012 no sé que me depara, digamos que estoy mirando a lo lejos a ver qué tren me lleva. Pero algo que sí es seguro es que para mi mamá existirá el baile como camino directo a la felicidad, y para mi papá la música que lo ayuda a sobrellevar las penas.


3 comentarios:

  1. Cuando nos toca pedirle a las personas de tu generación que disfruten la música y que bailen así no sea merengue o esa nueva música que no se sabe de donde sale y que no va para ninguna parte es simplemente porque ya ese camino lo andamos...La música remedio para todos los males y si es vieja nos damos cuenta como era de iluminados quienes grabaron esos temas inmortales, ojalá dentro de 50 o 100 años la gente disfrute de un tema de Sabastian así como nosotros disfrutamos de esos temas que tienen medio siglo y están tan frescos y vigentes como nosotros...

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  2. No se qué es lo mejor del post. Si el post en si o la foto familiar impregnada de felicidad... Eso y mencionar que conocí a mis suegris! Jajaja saludos y feliz año!

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