15 de marzo de 2012

De ceros


No entiendo cómo, mientras a mi me jurabas amor a él le entregabas tu vida.


Al leer esta primera frase del correo electrónico sintió que se le quitaba un peso de encima. Pero la tranquilidad duró poco. Al darse cuenta de las consecuencias de lo que había sucedido, entró en pánico. No podía respirar. Sintió el impulso de llamarlo, pero la distancia y la diferencia horaria hacía eso casi que imposible.

Dejó de pensar por un instante.  Stop.

La había cagado. ¿Y ahora? Asumir.

Escribió a Pablo un largo mensaje de despedida y de rodillas le pidió perdón. Siguió con su vida en otro continente. Andrew era su persona ahora. Lo que comenzó como un juego, 'el último juego antes de casarme con Pablo', terminó como algo demasiado importante en su vida en el extranjero.

Durmió tranquila, Sabía que si debía construir un futuro con Pablo, en algún otro momento en su vida estarían juntos. La idea de una fuerza superior que determinaba sus actos, la tranquilizaba. Al día siguiente estuvo atenta de su correo, pero no recibió ninguna respuesta de parte de Pablo. Decidió dejar esas ideas de lado y dedicarse al aquí y al ahora.

Llegó el fin de semana. Se había terminado la rumba y se dedicaba a quitarse el maquillaje, para acostarse a dormir. Cuando timbró su celular. Sorpresivamente no era Andrew, sino un código sin identificar.

- ¿Aló? dijo con algo de temor. Que fuera Pablo era lo último que esperaba
Perra!!!! le dijo una voz familiar.
Hola Karen!
- No puedo creer que hayas hecho lo que le hiciste a Pablo.
- ¿De qué me hablas?
- No te hagas la loca con tu hermana!!! El pobre estuvo aquí con todas nosotras y nos contó todo! Que tienes otro man. 
- Bueno, todo se salió de control. Pero, ¿has llamado a juzgarme?
- No sé ni qué pensar. Pablo es el hombre de tu vida. Siempre lo fue. ¿Qué pasó?


La conversación con su hermana le revolvió el estómago. ¿Será que debía replantear y de rodillas pedir perdón? Descartó la idea y logró dormir.

Pasaron los meses y un vacío comenzó a invadirla. Extrañaba la casa, su país. Extrañaba a Pablo. Andrew estaba bien, pero ya no era suficiente. No le aportaba mucho. No lo admiraba profesionalmente. Pero tampoco quería lastimarlo.

Regreso a mi país.
Andrew agachó la cabeza
Sabía que esto iba a suceder algún día. ¿Te vas para no volver?
- Me voy y no sé qué pueda suceder.


La abrazó muy fuerte y en ese momento un par de lágrimas rodaron por sus mejillas. Él era tan bueno que lo último que sentiría por ella era rencor. Sus últimos días al otro lado del mundo pasaron rápido, en medio de la euforia que muchas veces imponen las despedidas, cuando uno sabe que toca comenzar de cero.

Creyó que marcarle al teléfono no era una buena salida. Así que decidió arriesgarlo todo e ir directo a la boca del lobo. Timbró una vez, dos veces... Esperó. Abrió la puerta una mujer, alta, esbelta, tan rubia como el sol y embarazada.


- Buenas, ¿Pablo?
- Un segundo. Mi amor, te buscan... Ya viene si quieres sigue.


Encontró el apartamento completamente renovado. Como si fuera otro lugar. Estaba tan shockeada al oir a la mujer embarazada decirle 'mi amor' a SU Pablo, que no tuvo tiempo de reaccionar. Se sentó en la sala y trató de estructurar un discurso medianamente coherente. Al verlo a lo lejos saltó de un brinco y casi que a los gritos dijo:

- ¡¡¡SORPRESA!! Llegué hace unos días al país y pensé en venir a saludarte.
Lo abrazó como si fueran viejos amigos, mientras en la esquina del lugar, la mujer embarazada los miraba atentamente.

Ven Cate, te presento a Alina. Una vieja amiga del Colegio. Tenía muchos años sin verla. Casi que ni la reconozco.
- Mucho gusto, Soy Cate, la esposa de Pablo.
- Wow! Ni sabía que te habías casado. Qué ingrata soy! Te debo el regalo.


Pocos minutos duró la farsa de saludarse y hacerse los desconocidos.

Lamento mucho haber venido así de improvisto. Creí que aquí aun vivía un soltero. Es hora de irme. ¿Pero tenemos que buscar la forma de cuadrar algo, no?
- Si claro con tiempo y cenamos.
- Mucho gusto Cate, chao


Salió del edificio y no había de terminado de sacudirse de la sorpresa, cuando recibió un mensaje de texto.

Creí que nunca volverías. Es más, deseaba que no lo hicieras. Cometí un error que ahora estoy pagando. Lo siento, nunca he dejado de amarte.


Alina no lograba sonreír, el desastre era mayor de lo que esperaba. Pero no podía hacer nada. Siguió caminando, sin mirar hacia atrás, y comprendió que cosas como esas pasan cuando uno abre puertas inesperadas.

Sin puerto seguro, ahora sí era hora para comenzar de cero

5 comentarios:

  1. Wow! Esta me encantó. Deja tantas puertas abiertas que es fantástica. Amo los escritos en los que el lector es quien completa los detalles al aire.

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  2. ¡¡Me encanto!! ¿cuántas veces no hemos sido Alina?

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  3. Las decisiones de la vida... Pero bueno, el tiempo siempre nos dirá si hicimos lo correcto. Gran entrada Naty, siempre reflexiono con lo que escribes.

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  4. Mejor dicho, pobre Pablo con sus cosas sin resolver y ya con otra vida armada, Y Alina, como dices tú a empezar de cero!

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  5. Cuantas veces no hemos sido Alina, cuantas veces no hemos sido Alina... ¿y les encanta? Uds. las mujeres con todo respeto son unas brujas buscando el arbol que mejor sombra les dá, siempre siempre son Alina, siempre juegan con nosotros, mucho es nuestra culpa, pero uds. tienen la sangre fría de dejar todo ahí, los papeles han cambiado muchachas, nosotros podemos ser los desgraciados, pero hechizados por una pócima hecha por una bruja como uds. Que tristeza. Así es la vida hoy. F

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