20 de abril de 2012

Let go

Se despertó y estaba sola. Esa mañana por fin comprendió que todo había terminado.
Miró a su alrededor y no había nada, solo vacío. Esa mañana entendió que debía construir sobre las ruinas.
Puso los pies en el piso y lo sintió frío. Se alegró porque por lo menos algo sentía.
Se dio cuenta que no estaba muerta.
Que el mal de amor no mata. Que lo que mata es la falta de ganas.

Abrió la ventana y sintió el viento en su cara. Se alegró de estar viva. Miró hacia abajo y supo que no estaba lista para morir. Miró al horizonte y comprendió que tenía mucho por hacer. Que buscar el amor no es el único imperativo.

Bajó corriendo las escaleras. Salió a la calle. Corrió hacia un parque. Ahí, sobre el césped, descalza, en pijama abrió los brazos, miró hacia el cielo y gritó. "Estoy lista para dejarte ir".


Tomó aire y gritó más fuerte. "Quiero dejarte ir".

Sintió su alma aliviada.

Sabía que desde ese momento Martín sería un hermoso recuerdo más y un ángel que la cuida desde el cielo.

19 de abril de 2012

Mis Amigos de hoy

Este post tenía un objetivo que mutó y se creció. Espero haber nombrado a todos mis grandes amigos. Y si no, lo siento, prometo reinvidicarme

Cuando yo estaba en bachillerato tenía un grupo de amigas. Cinco en total. Nos llamaban las ‘Urracas’. Éramos inseparables. Hacíamos todo juntas, sobre todo las maldades. (Pero esa es otra historia.)

Durante la Universidad tuve, si es el caso, dos amigas insuperables y ya. Digamos que no era muy amiguera ni amigable en esa temporada.

Luego comencé a trabajar, y desde ese momento mis amigos han fluctuado. Un año mi mejor amiga es una persona, al año siguiente otra.

Creo que mi estabilidad en materia de amigos la representa María Andrea, que es mi amiga desde el primer día de la universidad. Hemos vivido y trabajado juntos. Creo que ya superamos todas las crisis y aunque muchas personas se preguntan por qué somos tan amigas (por aquello de la diferencia de carácter) yo entiendo que es eso de ser tan diferentes lo que ha permitido que las vainas perduren. Ahí estamos la una para la otra siempre y aunque algunas quieran desplazarme, eso no se puede, porque dementes como yo, pocas. Y Andre necesita un poco de locura radical en su vida.

Otra que ha durado es Ingrid. Que aunque tenemos grandes diferencias políticas y conceptuales, nos hemos apoyado tanto en momentos difíciles, que aunque nos separemos por temporadas, sabemos que con una llamada, se le tiene el apoyo.

Hoy por hoy están en primera línea: Paola, Karen y Alejandra. Que pasaron a ser excompañeras de oficina a cómplices de miles de conspiraciones, sobre todo en el ámbito laboral. Son mayores que yo, casadas o divorciadas, una embarazada, la otra con hija y la tercera con ninguno de los anteriores. Creo que nunca había hablado todos los días con alguna de mis amigas. Con ellas sí.

En materia de hombres tengo 4: Mi novio, Mauri, Germán y Tavo. La historia de Gustavo está escrita aquí, Germán es mi amigo de sensibilidad femenina, Mauri me debe su novia actual (aunque al comienzo yo no estaba de acuerdo con esta relación) y mi novio tiene su propia historia. De ellos, solo Cami y Mauri viven en Bogotá, así que la relación con los otros da por chat o gracias a visitas esporádicas. Gustavo es el encargado de que yo publique un libro algún día, Mauri el encargado de darme ánimo y sermones, así como grandes asesorías como revivir mi portátil o recuperar las fotos de mis viajes que se borran por error. Germán, además de poner la música en mis cumpleaños, se mama mis sermones cuando me cuenta de sus amores frustrados y con Cami queremos ser felices el resto de la vida.

Pero desde hace más de un año me ha pasado algo que no me sucedía desde el colegio: tengo un grupo de amigos. Es decir, mis amigos siempre han sido distintos, y en algunos casos no se han caído bien. Osea, parche, combo, grupo nunca había tenido desde ‘las Urracas’. Y aunque siempre había renegado de los combos, esos mismos que se la pasan juntos de arriba a abajo, o que tienen chistes internos y se la pasan rajando de todos los que no piensan como ellos, hoy me parece fabuloso.
Creo que siempre había renegado movida por la envidia, porque quería mi propio grupo con quienes ir de arriba para abajo o con quienes tener chistes internos. ¡Cómo se divierte uno con tonterías!

Pues bien además de mi novio y Germán de ‘mi rosca’ hacen parte: Jime, con quien estudié toda la carrera pero nunca me quiso (al 99% del semestre yo le caía mal). El día que decidimos ser amigas, en medio de una pequeña rasca me dice “Marenco, menos mal cambiaste”. Ya se podrán imaginar el resto.

Jaime – Luquecito-: hoy es el marido de Jime. Se conocieron el mismo día que mi novio y yo. Es un personaje, que sorprende con sus chistes y sus coreografías a altas horas de la noche. Le gusta la música, si es en acetatos, mejor y tiene la capacidad de alcahuetear cualquier cosa.
Xime: La cucha del combo, pero tiene alma de adolescente mutante. Tiene una velocidad mental que muchos envidiarían, sobre todo si se trata de burlarse de alguien. Madre adoptiva de a Alejandro, ama de casa y esposa dedicada. Y su mejor aporte al grupo fue su marido que por adopción y porque no hubo otra salida, va con nosotros a todo.

Alejo: 23 años y una intensidad única. Se delica por todo y no se la deja montar porque llora. Ahhh Mentiras (¿ya va a llorar?). Es pilo e incondicional. Desde que lo conozco se enamoró de una amiga (que no hace parte del combo) y se van a casar. Y yo estoy esperando que me invite (¿oyó piro_o?)

Mafe, la otra bebé. Tiene como 21, estudia, trabaja y parcha con nosotros. Cuando la conocimos nos llevó a su casa para que sus papás nos conocieran y supieran que su hija está en ‘buenas manos’. Eso está por verse.

Yohanna vive en Cartagena, es la cuñada de Alejo y resultó metida en el grupo por carambola. German tiene una relación platónica con ella, pero ambos saben que nada que ver. Es una dura y en la costa le dicen ‘dotora’. Estamos cruzando los dedos de que la dejen mucho tiempo en Cartagena para tener hotel sin pagar en esos lados.

A excepción de Germán y Jimena a todos los conocí por internet. Y por aquello de las afinidades y encuentros varios en diferentes eventos y lugares, terminamos pegados como el chicle. Bromeando nos autodenominamos ‘el pupitre cojo’, porque nunca podemos estar todos juntos al mismo tiempo. Bromeando tenemos grupos privado en fb, bromeando tenemos una conversa constante en voxer, bromeando tenemos un grupo en whatsapp.

Bromeando somos demasiado intensos. Bromeando terminamos siendo amigos. Pero en serio los adoro.

14 de abril de 2012

Yo Lloro

Yo soy de esas chicas que lloran por todo. Así, por todo. Tanto que en mi primer trabajo me pusieron de apodo 'Llorenco'.

Lloro de alegría, de emoción, de tristeza, de angustia, por estrés...

Lloro en conciertos, películas, viendo series, en los matrimonios

Lloro en público aunque la gente me dice que eso no es estratégico.

Lloro hasta quedarme sin lágrimas.

Pero lo bueno es que después de llorar me seco las lágrimas y río a carcajadas con facilidad.

8 de abril de 2012

Ellos

Ella le entregó alma, cuerpo y mente.
Pero cuando se dio cuenta de que no podría vivir sin él,
dio media vuelta y se fue.

Él le entregó alma, cuerpo y mente.
Pero cuando se dio cuenta de que podía vivir sin ella,
la dejó ir.

3 de abril de 2012

Sin mañana

En el ambiente aún se sentía el olor a sudor que emanaban sus cuerpos. Sin salir de las cobijas intentó seguirlo cuando se separó de ella. .
Quédate le dijo estirando su brazo, como si quisiera agarrarlo.
- Sabes que eso es imposible
- No existe la mínima posibilidad?
- ¿Para qué preguntas cosas de las cuales ya sabes la respuesta?

El silencio invadió el espacio entre los dos, hasta que se escuchó la puerta cerrarse. Cerró los ojos para no llorar. Agarró con fuerzas las sábanas para contener las ganas de gritar.

Así enroscada por la impotencia estuvo un rato, hasta que la rabia se convirtió en profunda melancolía. Se levantó de la cama. Recorrió el cuarto desnuda, tratando de ubicar algo, que recordó varios minutos después que en el baño lo encontraría.

Vio su silueta reflejada en el espejo. Se dio la vuelta y pensó que no tenía mucha gracia. Ni su color de piel, ni sus nalgas planas y algo caídas, las caderas rectas y no redondas, la cintura casi inexistente... Era mejor no mirar más. Se centró en sus ojos azules casi violetas, éstos eran lo que la hacían única. El resto era merecedor de ser tapada por la ropa.

Detrás del inodoro encontró lo que buscaba. Sacó un pañuelo azul que envolvía algo. Se sentó en la tina. El frío se le metió por el culo hasta el cuello. Abrió la llave de agua y la dejó correr hasta que le llegó a las rodillas. Ya no tenía ni rabia ni tristeza. Solo un sinsabor insoportable. Desenvolvió el pañuelo y sintió el metal pesado y helado en su mano derecha. Lo apretó contra su entrepierna derecha. y sintió la sangre tibia bajar hasta mezclarse con el agua fría. Repitió la operación una vez más en su muslo izquierdo. Se podían contar en total 4 cicatrices y 2 heridas que por la apariencia podían haber sido hechas hace varios días. Soltó la navaja y volvió a abrir el agua, esta vez caliente.

Ahí se quedó dormida, tranquila.

Aceptar el abandono nunca se le dio bien. Primero su padre, luego la muerte de su madre. Le tocó lidiar con el mundo a ella sola. Sus familiares cercanos solo se aseguraron de que no muriera de hambre. El alcohol, la rumba y los chicos eran su refugio, con lo que no se sentía sola. Así, pasaba de mano en mano, se boca en boca, de hombre en hombre.

Pero con los años, la soledad era más insoportable. Así que dejó de salir en las noches y se refugiaba en la lectura. Las tragedias eran sus favoritas, las historias de homicidios y aquellas de amores truculentos, las que más la divertían. Dejó de conseguir todo por medio del sexo, y se consiguió un trabajo de mesera en un café de esos que no tienen mucho de especial que ofrecer en cuanto al menú, pero que tienen una magia especial que lo hace popular.

Ahí aprendió a sonreir. Primero a fuerza de servicio al cliente y luego porque notaba que la gente reaccionaba mejor -sobre todo en materia de propinas- a una sonrisa que a una cara apagada. También fue allí donde conoció a Marco. Él quedó cautivado por sus ojos y ella quedó atrapada porque fue la primera persona que no los vio azules, sino morados.

Con la excusa de verla todos los días pasaba luego de dictar su clase de literatura europea en la Universidad. Cada tanto la esperaba hasta el final del turno para poder caminar con ella unas cuadras y comentar el libro que estaban leyendo. Por fin ella tenía alguien con quien conversar. Alguien que la viera a ELLA como persona.

Era feliz con él.

 La compañía inicial y las buenas conversaciones pasaron a ser besos y caricias, que a su vez, se convirtieron en sexo. Del mejor, porque ella lo podía mirar a los ojos, sentirlo de verdad.

 - Tengo que decirte algo.
- ¿Qué pasó? dijo abriendo los ojos como si fuera un fantasma, o si presintiera que su mundo se iba a venir abajo
- No he sido completamente honesto contigo... Pero me toca en este momento. No podemos seguir viéndonos. Mi novia...

En ese momento dejó de escuchar. Sintió que todo se volvió negro. ¿Novia? Pensaba... y le daba vueltas al asunto. ¿Dejar de Verme? No entendía nada...

 - ... Catalina regresó de la India donde se encontraba estudiando. No sientas que esto ha sido un juego para mi... Por el contrario. Estos han sido quizás los mejores meses de mi vida... Pero nuestras familias, el compromiso. No sé. Catalina no puede enterarse de esto.

Anne no decía nada. Solo lo miraba como intentando de entender sus palabras.
 - Pero dime algo
- No me dejes fue lo único que alcanzó a decir antes de romper en llanto.

La tomó en sus brazos y le dio un beso eterno. Como si no hubiera un mañana. La dejó en la cama, llorando, pero el 'no me dejes' seguía retumbando en su cabeza. No podía dejar de pensar en sus ojos, en su fragilidad. Sintió también ganas de llorar mientras caminaba de regreso a su casa. Ella, mientras tanto, comenzó a romper todo lo que encontraba a su paso. Entró al baño y al ver su cara hinchada, con todas sus fuerzas lanzó su puño contra él. Sintió la sangre correr por su mano. El dolor físico le hizo olvidar el dolor del alma.

Así, cada vez que recordaba a Marco recurría al dolor para olvidarlo. Y le funcionaba.

Un día, al salir del café donde aun trabajaba se lo encontró en la esquina en la ruta hacia su casa. Fue desde ese momento cuando volvieron a verse. Esta vez ya no regularmente. Pero él no podía vivir con ella, pero no podía estar con ella tampoco.

Su relación con Catalina iba muy seria y muy bien, por lo menos a ojos de sus padres, de quienes dependía su futuro económico, que dejaba de existir sin Catalina.

- ¿Qué son esas marcas?
- Nada
- Anne... Sé honesta conmigo
- ¿Igual para qué?? Si seguramente hoy te irás como la última vez. A tí no te importa
- Claro que me importa. Por algo te busqué
- ¿Sigues con tu novia?
- Si. Pero sabes que me toca
- A uno solo le toca morirse....

Sabiendo que no tenía mayores argumentos, y por más que le preocuparan las heridas en la pierna de Anne, supo que era mejor callar en ese momento. Se fundieron en besos, abrazos, caricias, sexo y amor y luego se iba y ella se quedaba sola y triste. Así pasaron varios meses en los que ella pasaba de la alegría inmensa al dolor más profundo. Hasta que un día Marco volvió a tocar el tema de Catalina.

- En tres meses me caso. Solo quería que lo supieras
Anne se levantó de la cama y se encerró en el baño. Marco, acostumbrado a este comportamiento salió del apartamento como si nada. Sabía que al día siguiente una llamada lo arreglaría todo. Pero no hubo respuesta, más allá de un no te quiero volver a ver

Supuso que se le pasaría. Pero las negativas eran insistentes. Huía de él. No le abría la puerta, no contestaba sus llamadas. La extrañaba. La necesitaba. ¿Qué hacer?

Guardó silencio... Dejó de buscarla. Necesitaba olvidarla. Concentrarse en su futuro. Pero lo que sentía por Anne era más fuerte. Así que desafió a Catalina y a sus padres. Se quedó sin herencia, quizá sin futuro. Porque la familia cuando decide acabar con alguno de sus integrantes, lo lograba. Pero era libre para decidir.

Corrió al apartamento de Anne, era tarde, seguro estaba dormida.Entró al edificio y vio la puerta entreabierta. En medio del desorden descomunal alcanzó a ver un rastro de sangre que se dirigía al cuarto. Al seguirlo llegó al baño. Allí la encontró, con los ojos cerrados, entre la tina llena de agua, pero esta vez roja. Una lágrima corrió por su mejilla. Seguida de un mar de ellas. No sabía lo que era llorar de verdad. No sabía lo que era sentir el alma hecha pedazos.

Salió de ahí. Procuró no tocar nada. Caminó sin rumbo durante varias horas. Cuando vio el amanecer asomarse, supo que debía recomponer el camino, que lo de Anne y él no estaba destinado a ser, que igual, terminaría en desgracia.

Marcó un número. Lo siento. no he debido actuar así. De verdad te amo. ¿Aún quieres casarte conmigo?