20 de mayo de 2012

Ingenuidad

- Llega un momento, en la edad de un hombre, que tiene que decir 'no gracias'.


Al escuchar esas palabras pensó 'quizás ya maduró'. Fue como si le hubieran desatado todas las ganas que había en ella. Decididamente contoneaba sus caderas por todo el lugar. Se paseaba en frente de Alejandro cada cierto tiempo. Se hacía desear. Y él lo notaba. Tenía claro que había logrado atraer, por fin, la atención de Amanda.

Ella nunca había querido aceptarle invitación alguna a Alejandro. 'Es demasiado perro', siempre decía. Pero al parecer, los años y el divorcio, le cayeron bien.

- Te había perdido el rastro, preciosa.
- ¿Nunca perdiste la costumbre de llamar así a las mujeres?
- Quería saber si lo recordabas
- Son de las cosas desagradables que no se olvidan tan fácilmente.
- Ja! Siempre tan agria. ¿Te sirvo un trago?
- Con hielo, por favor.


La sala de la casa estaba llena de nuevos y viejos amigos, los últimos conocedores de cuántas veces Amanda rechazó a Alejandro. Los otros, seguro pensaban que se acababan de conocer y que iniciaban el ritual del coqueteo.

- ¿Cómo estás?
- Bien... Aunque eso ya lo sabes. ¿Exactamente qué quieres saber?
- ¿Por qué hoy me sonríes y ya no me miras con desprecio?
- ¿Quizá estoy probando si aun eres un ser despreciable o si, por el contrario, has cambiado en algo?
- ¿Me preguntas?
- Whatever...


Se dio la vuelta y desapareció entre los invitados.

No volvieron a verse esa noche, pero dos días después...

- ¿Vamos a cenar?
- ¿Por qué crees que te voy a decir que sí?
- Porque de seguro te mueres de ganas de comprobar tu teoría, cualquiera que esa sea.
- A las 9:00 Donde Andrew.
- Perfecto


La cena fue maravillosa. No pararon de hablar, de reírse de coquetear. Con cada respuesta y cada pregunta Amanda se convencía cada vez más de que Alejandro había cambiado. Así que cada momento soltaba más y más.

Se comenzaron a ver con regularidad. Y aunque se moría de ganas, él se ahorró las frases trilladas de 'tantos años deseándote' o 'siempre quise estar contigo, pero nunca me lo permitiste'.

Prefería callar y fingir un poco más. La verdad es que siempre le tuvo ganas, y eso no había cambiado. Solo que esta vez decidió hacer las cosas al derecho.

- A las viejas hay que darles lo que ellas quieren.
- Pero eso es demasiado exhaustivo, replicaba su amigo de tragos
- Pero efectivo. Es transaccional: les das lo que ellas quieren y te terminan 'pagando' con lo que tu quieres
- Tiene sentido...


Y así fue. Era caballeroso, tierno, divertido. Evitaba las frases clichés, de esas que se usan para conquistar chicas fáciles en los bares... Pagaba cuentas caras, veía películas francesas. Todo para poder estar entre sus piernas en las noches y besar sus dulces labios.

Pero como le sucede a los animales, cuando obtienen su presa, se aburren. Pero Alejandro estaba cómodo, y eso le gana al aburrimiento y a las ganas de volver a salir de caza.


- ¿Tú qué haces con Alejandro?
- Me lo reencontré en la fiesta de Sofía y resulta que maduró, y es tan... tan... fantástico.
- ¿Segura?
- ¿Por qué me preguntas?
- Míralo por ti misma.


Y apuntó a la esquina del bar.

- ¿Qué hace aquí?
- Espera...


Cuando menos lo esperaba, y luego de varias noches fabulosas esa semana, no podía creer lo que estaba viendo.

Él, abrazado entre dos chicas de dudosa reputación, de esas que muestran tanto que nada se imagina.

Le dieron ganas de vomitar. Pero tomó aire y fuerzas de donde no las tenía para cruzar el sitio y ponerlo en su lugar.

- ¿Podemos hablar afuera?
- ¿Amanda?
- ¿Así de borracho estás que no me reconoces?
- Señoras y señores, dijo casi que gritando, les presento a la pobre ingenua que creyó que el divorcio me había cambiado.


Se sintió observada por todas las personas del lugar. Y no sabía qué hacer. Es más, no entendía qué pasaba

- Sí, ella, es de quien les estaba hablando. Querida mía, los hombres perros no cambian, solo que aprendí que a una perra frígida como tu se conquista con detalles y falsa honestidad. Y me creíste. ¿Que tu ibas a demostrar una teoría conmigo? Creo que yo demostré una contigo. ¡SALUD!


Y todos alzaron la copa y respondieron ¡SALUD!


Iba a retirarse humillada e iracunda, pero se volteó y se acercó a él. Tuvo que quitarle de encima a una de las lobas y le susurró 'Por lo menos no soy la única con SIDA aquí".


Retomó el paso sonriente y complacida. Mientras la chica que estaba encima de él se fue retirando y le dijo a sus amigas lo que había escuchado. En menos de lo que se alcanza a contar uno, Alejandro estaba solo, pagando la cuenta de lo consumido por sus 'amigos' y contando cuántas veces había tirado con Amanda sin protección.







12 comentarios:

  1. Excelente (me rehúso a pensar en moralejas)

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  2. :O En un universo paralelo, todo fue mentira de Amanda y sólo así le demostró lo frígida y perra que podía ser. :)

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  3. Historias salidas de la ficción de una vida real. Buena.

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  4. Muy bueno!! El final menos esperado de todos!

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  5. Ahhhh, ¡qué taaaaal! Me gustó bastante Naty. Un abrazo.

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  6. Wahhh inesperado final! me encantó!!

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  7. Los hombres se merecen de vez en cuando tropezarse con la inesperada reacción de una mujer inteligente......

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    Respuestas
    1. ¿Inteligente o enferma? Uds. son un peligro vengativas. Dios nos guarde.

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  8. wow...... que susto... Natalia, qué horror.

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  9. una especie de "final feliz"?
    con SIDA se vive, sobretodo si se recupera la dignidad y la confianza...

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