28 de agosto de 2012

Alegría

La Música influye en mi estado de ánimo... Y en estos días de frío extremo, sí que se necesita de buena música, de buena energía. Estos chicos me acompañaron esta tarde... Y aunque pocos los conocen son una berraquera!

Espero les guste y lo compartan con más personas que necesiten un poco de alegría




27 de agosto de 2012

Los años no llegan solos

El viernes estuve de rumba... Así, casual. Estuvo buena. Como cualquier bar, ponían de todo. Salsa, merengue, vallenato, tropipop, reggaeton, Guetta, Britney, JLo... Y todo lo que suene bien para mover el cuerpo.

Lo mejor de la noche fue la parte 'retro', cuando pusieron esas canciones, que nos siguen causando la misma emoción que cuando teníamos 15. Pero ya a los 32 el cuerpito no responde igual, y la bailada se complica.

Así me sentí el viernes. Sonó el Carrapicho... Y cada vez que bajaba, tal como dicta la norma de bailar esa canción, me traqueaban las rodillas y pasar de abajo hacía arriba, era una odisea difícil de describir!

No sé que tan divertido es sentirse vieja... ¿Será esta una advertencia?



15 de agosto de 2012

Lamentablemente

Mientras lo escuchaba, pensó: "Lástima. Hubiéramos sido muy felices juntos. Pero ya es demasiado tarde".

Ella lo amó desde el primer momento. Digamos que lo vio y decidió que él tenía que ser suyo.

Fue una relación intensa, pero cero romántica. Nada de rosas, detalles, miradas, salidas a cine, cenas con velas o abrazos hasta el amanecer.
Se limitaron al agite de los cuerpos. A la pasión desenfrenada, dentro de un esquema de relación impuesto por él, que ella aceptó como último recurso.

Y funcionó, hasta que ella se enamoró.

Nunca fue capaz de decir nada. Pero lloraba en silencio. Renegaba de su suerte y por no sentirse correspondida.

Un día decidió renunciar. Recoger todo su amor... sus ganas y partir. "Chao", le dijo parada en el umbral de la puerta "desde hoy te dejo libre, ya no necesito más de ti".

Él no entendió nada. No encontraba motivos. Y tampoco reflexionó mucho sobre tema. Con el típico pragmatismo masculino lo asumió como un nuevo "shit happens" en su vida.

No le costó mucho conseguir a otra que muriera por él. Con la única diferencia que sí puso sus condiciones, no aceptó el esquema de él, sino exigió cariño y respeto. Hasta que él se enamoró.

Daniela sabía todo de ellos y su felicidad. Eso que el mundo es un pañuelo es cierto y resultó que tenían amigos en común que cada tanto hablaban de lo maravilloso que la estaban pasando Pablo y Eva.

Daniela se mordía la rabia y ante esos comentarios sonreía irónicamente! "Ojalá les dure", respondía.

Tuvieron que pasar varios meses para que ella encontrara a alguien que le ayudara a ocupar tu cabeza y su tiempo. El ser humano con el corazón roto y sin mucho que hacer comienza a ahogarse en su propia amargura. Pasaron muchos hombres, y con el tiempo ella comenzó a creer que Pablo era cosa del pasado. Se convenció de que lo había idealizado y que se había enamorado de un espectro, de un alguien que ni siquiera vagamente existía.

Sintió que la vida le sonreía... Hasta que se enteró de la noticia del matrimonio de Eva y Pablo, y del hijo que esperaban. Fue como si el fantasma de Pablo se levantara del fondo de las tinieblas y la hubiera arrastrado consigo a lo más profundo de la oscuridad. Se dio cuenta que no lo había superado. Así que decidió ahogar sus penas de amor y para eso, una semana de rumba bastó.

Y como no hay mal que dure 100 años ni corazón que aguante tanto, a fuerza del paso del tiempo, el recuerdo de lo que fue con Pablo se desvaneció. Un día simplemente, sin darse cuenta, dejó de recordarlo

Juan Carlos apareció y llenó a Daniela de miradas, caricias, amaneceres juntos, flores, besos... De amor real. "Cómo se siente de bien", se decía.

El universo conspiró y Daniela era feliz.

- Hola
- Hola?
- Soy Pablo
- Pablo????
- Te extraño
- ¿Fue que te enloqueciste? Han pasado muchos años... ¿A qué viene esto ahora?
- Tenemos que vernos.

La curiosidad mató la sensatez. Quedaron en verse en su café de siempre. Ese que fue cómplice de múltiples encuentros y cenas entre los dos. Daniela murió de los nervios. No entendía por qué tanto tiempo después se sentía tan fuera de lugar. Sintió miedo de que su mundo actual se derrumbara. Que Juan Carlos se enterara, no entendiera y no la perdonara. Alcanzó a sentirse infiel.

Mientras esperaba se fumó un par de cigarrillos, de los mismos que había dejado de fumar hace varios meses.

- Hola
- Tanto tiempo...

Le sudaban las manos, le temblaban las rodillas, casi no fue capaz de saludar.

- Pero cómo te han sentado de bien los años, el matrimonio, los hijos...
- Te sienta bien la ironía
- Bueno por lo menos reconoces que algo me queda bien
- No creo que hoy esté para decir mentiras.

Lo detalló, lo miró y a medida que lo escuchaba hablar o respirar, se le revelaba ante sus ojos un sujeto disminuido, apagado y poco atractivo.

Hablaron de todas esas banalidades que uno toca cuando no quiere afrontar lo fundamental. Se fue tranquilizando hasta que desaparecieron los nervios y le retornó el alma al cuerpo.

- ¿Ahora si me quieres explicar de qué se trata todo esto? Han pasado demasiados años y ¿ahora me sales con esto?
- No entiendo por qué no nos permitimos estar juntos... Admito que fui un inmaduro. Estaba embebido por por el deseo. Por el poder de tomar y desechar. Creí que eso lo era todo y no.
- Y ¿por qué nunca antes dijiste nada?
- Acaso ¿Tu dijiste algo? Simplemente te fuiste. Y yo no quise lidiar con el dolor.
- Ahora es mi culpa... Entonces, ¿tenía que arrastrarme infinitamente para que entendieras? Yo me enamoré, tu lo sabías y no hiciste nada, me fui y no hiciste nada. No me culpes, no seas injusto.

Él guardó silencio. Sabia que los argumentos eran poderosos...
Ella irrumpió con la pregunta lógica.

- ¿Y Eva? No que eran tan felices....
- Lo intenté todo con ella. Pero solo es hermosa. Es más bruja que otra cosa. De esas que te envuelven y ya en aus redes, no puedes huir. No me dejaba decidir, o tan siquiera pensar por mi mismo... Luego de años, se agotó y tu recuerdo se hizo más fuerte.
- Y decidiste aparecer.
- Así es...
- Mira, no sigas. Me parece muy osado venir ahora a decir todo esto, sin preguntarte si yo estoy dispuesta o su por lo menos soy feliz... ¿Acaso creíste que yo, todos estos años estaba sentada en mi ventana esperando por ti? Lo siento y es una lástima, porque hubiéramos sido muy felices juntos. Y lamento mucho que seas infeliz con tu familia. Uno se debe a las decisiones que toma.

Agarró su cartera. Dejó algo para la cuenta y se fue. Estando parada en la puerta se volteó y dejó escapar un último suspiro. "Lástima", se dijo.