27 de noviembre de 2012

Fue IV

Viene de acá

Tocaba volver a comenzar de ceros. Todo el camino recorrido en el trasegar del olvido, se había perdido. Error de estrategia, pero ya tocaba asumir con dignidad la cagada y llorar en las noches cuando la ira y el dolor se hacían más fuertes.

- Lo peor es que me di cuenta de que me mueve todo. Malparido...
- Ay mi Mary... ¿Y qué quieres hacer?
- No sé, ojalá pudiera dejar de sentirme como una imbécil... Eso sería un buen comienzo...
- Bueno eso es una decisión... 
- No pues tan fácil. ¿Por qué culos no me quedé a esperar a ver qué tenía que decirme? ¿Y ahora cómo carajos voy a saber para qué quería verme?
- Eso te pasa por reaccionar como una loca histérica...
- Bueno a regañar a otra.
- Yo no te regaño... solo digo... ¿Y si lo llamas?
- Que va!!
- Mira, llevas 3 semanas así y no levantas cabeza. La incertidumbre te va a matar. 
- Pero él podría llamar... 
- Ay si claro, luego de tremendo show... Hasta yo te tendría miedo.

Lo que le dijo su amiga le quedó sonando toda la noche. Y la mañana siguiente. "Cuando tienes una idea, ráscala, para que se te quite de la cabeza", solía decirle su abuela.

Hola.  Enviar

Apenas espichó el botón, comenzó a sudar a mares. Nerviosa como si tuviera 15. Qué desastre.

Esperó mirando detenidamente el celular durante varios minutos. No pasó nada. Decidió volver al excel a ver si era posible engañar a su cabeza para que dejara de pensar en él.

Dos de la mañana.

Quién eres?

Le pareció muy extraño. O definitivamente no quería saber nada de ella, o solo borró su teléfono y no recordaba el número.

Mary. Ya me olvidaste?

Creo que te equivocas de número.

No eres Armando?

No. Soy Alberto

Revisó la serie de mensajes y en lugar de un 6 puso un 3. Sí seré burra... metí mal el dedo y no verifiqué.

Qué pena, tienes razón. Me equivoqué.

Tranquila, no hay rollo.

Pensó que las cosas pasan por algo y que en definitiva era mejor no haberle escrito a Armando. Le contó en el almuerzo de amigas del viernes, su incidente con el sms errado y Antonia, sin ningún agüero le rapó el teléfono y mandó un mensaje:

Hola. Puedo sonar algo loca, pero tengo demasiada curiosidad. Cuántos años tienes? ¿Eres Soltero?

- Antonia!!! que voy a parecer desesperada en búsqueda de marido!
- Mi vida, lo único que puede pasar es que nunca responda. Y, ¿perdiste algo?
Sin dejar que nadie opinara nada prosiguió Un hombre que le manda mensajes de texto a una desconocida, a las 11:30 de la noche, o es soltero o es gay. Así que tienes que arriesgarte. Además, tu misma lo dijiste... Las cosas pasan por algo.

jajaja! Qué directa! Tengo 37, soltero, recién terminado. y Tu? Asumo que soltera, buscando.

Las 3 amigas no podían parar de reír. Por lo menos el personaje tenía sentido del humor.

- No!! pero entusado....
- Jaaaa quién habla, para un entusado, otra despechada!! Contestaaaaa, gritó Antonia.

32, algo despechada, no buscando... 

No buscando, segura? Entonces a qué debemos tanto interés?

Trato de entender por qué le respondes sms a una desconocida a las 11:30 de la noche un martes.

Por compasión. Quizá era un mensaje para un enamorado, y sería demasiado cruel que el objetivo no respondiera ese mensaje. Eso rompe corazones.

Siempre eres así de considerado?

En general... 

Gran cualidad

Gran defecto.

La dinámica de Alberto y Mary pasó de sms, al Chat, del chat al teléfono... Por horas, en jornadas interminables hablaban, se reían... Ningún tema se salvaba. Las horas de sueño se disminuyeron. Esta 'relación' virtual la llenaba de energía, a pesar de no ponerle cara al personaje.

- Cómo olvidar?
- Cómo olvidar qué?
- A alguien
- Esa es una pregunta demasiado compleja, pero tengo una fórmula: Es fácil. Te acuerdas de la cagada que te hizo la persona. Te das cuenta que tú vales más que eso. No alimentas los recuerdos y sigues con tú vida. Y listo... Hecho.
- Yo creo que se olvida, llenando los espacios con otros recuerdos. Otra cara, otros deseos.
- Ese es el segundo paso. Cuando olvidas, debes rellenar el vació.
- Al?
- Dime?
- Quiero conocerte
- Yo también...





19 de noviembre de 2012

Fue III

Viene de Aquí

Esperó en el parque a que ella llegara. No iba a sentarse en el sitio sometiéndose a una plantada. Entre los árboles miraba intermitentemente el reloj y la puerta del lugar. Caminando, hablando por el celular, como siempre. Dejó que se sentara y ordenara, seguramente, una aromática de frutos rojos al mesero.

Caminó lentamente. Necesitaba reorganizar sus ideas. Al verla, había olvidado todo el discurso que le iba a echar a Mary. Es más, el objetivo de la cita se volvía más confuso con cada paso.

La conversación se demoró en comenzar. Estaba clara la tensión entre ambos. Ella daba vueltas y vueltas a la tacita, como para no mirarlo. Para qué me invitó a venir, si no es capaz de decir nada? Y si comienzo a hablar yo, ¿qué le puedo decir? A mi ya se me quitaron las ganas de reclamarle o de decirle muchas cosas. Y preguntarle en qué anda, me da locha.... Ayyy no... por qué vine.

- Volví a escribir... Espero poder tener lista mi próxima novela pronto.
- Ahhh, ¿si? Mira qué bueno. Me alegra, porque lo comercial te estaba carcomiendo el cerebro.
- ¿Y tu?
- ¿Yo qué? 
- ¿Qué estás haciendo?
- Han pasado dos meses, no es que haya habido un cambio radical en mi vida. Sigo en lo mismo, haciendo consultorías, con las clases de yoga y viviendo una vida tranquila, feliz.
- Me alegra...

De nuevo un silencio se interpuso entre los dos... Un silencio en el que ni siquiera miradas había. Hasta que una frase lapidó todos los pensamientos.

- ¿Sabes? Te maté 
Los ojos de Mary se abrieron sin entender a qué se refería.

- Sí. Así como lo oyes. Te maté mil y una vez. Te ahogué, te atropellé, te envenené, te lancé de una ventana. Hice todo lo posible, pero con cada resurrección, tu recuerdo se volvía más fuerte.

Mary respiró aliviada. Este hijueputa y sus hipérboles de mierda, pensó.

- Y si me quieres muerta, ¿entonces qué hacemos aquí? 
- No has entendido nada. Te maté en mis historias, en mis sueños, en mi cabeza. Pero no he podido eliminarte.
- ¿Y qué quieres que haga con eso?
- No te estoy pidiendo que hagas nada. Solo te estoy diciendo lo que me pasa. 
- Pero entonces algo querías de mi, si no no me hubieras llamado o invitado.
- Esos fueron unos impulsos. Y tú acaso qué esperabas...
- Nada. Obvio que no esperaba nada. Es que de tí no se puede esperar nada coherente. 
- Pero...
- Pero nada... Es que tu estás loco de esa cabeza. Demente... Enfermo. Primero te armas toda una pantomima de relación para terminar conmigo. Tu lo que eres es un cobarde... Yo vine por curiosidad a ver qué tenías que decirme, y me recibes con que me quieres ver muerta. De verdad, de verdad, no sé a qué horas me enamoré de ti... Es que bruta es lo que soy. Claro, como tu no puedes ser feliz, me buscar para hacerme la vida miserable.
- No tienes que gritar. Tu siempre armando un escándalo.
- Ah! Ahora que hago escándalo.... Levantó de nuevo la voz y señaló a los señores de las mesas vecinas. Si ven? Me dicen que me quiere muerta y se molesta porque levanto la voz. Esto esto... que ustedes ven aquí es el mayor imbécil que se ha parido sobre la faz de la tierra.

No lo dejó pronunciar una palabra adicional. Agarró su cartera, su chaqueta y su celular. Salió de ahí tan rápido como pudo. Cruzó la calle y agarró el primer taxi que encontró.

Él trató de alcanzarla, pero entre entender la escena y pagar la aromática se le hizo tarde. Puta, eso me pasa por no tener claro el objetivo. Maldita sea... Todo salió mal.

Caminó lentamente entre las calles. Se repetía una y otra vez las palabras de Mary. ¿Qué sentido tiene todo si no soy capaz de ser feliz? Se preguntaba una y otra vez.

Mary llegó a su casa y hecha un mar de lágrimas le contó todo a su amiga. Desastre.


Fue II

Lea la primera parte Aquí

Puso el punto final y luego de una lectura rápida en diagonal decidió seleccionar todo y darle "delete". Fue en ese momento en que se dio cuenta de que matarla no era la salida. Había convertido la muerte en el mecanismo para olvidarla, pero entendió que la ausencia imaginaria de un cuerpo no era más que el reflejo de su incapacidad como ser humano. La mato porque no fui capaz de...

Y la mataba todos los días. En sus sueños, escribiendo sus guiones. La mataba en sus pensamientos, mientras comía. Mary era la muerta más viva de su vida, ya se le había convertido en un ser casi inmortal. Y siempre volvía... volvía convertida en el recuerdo de la última noche que la vio. Esa noche en la que la vio alejarse por la calle. Esa noche en que decidió matarla por primera vez.

- Ana... Han pasado dos meses y ni señales de vida.
- ¿Aún te sigues preguntando? A ese loco le falta una cuerda
- Ay,.. ese era uno de sus encantos.
- Eso lo dices ahora porque ya te desintoxicaste. Pero hace dos meses llorabas como una magdalena!
- Bueno si. Pero como dicen por ahí, no hay muerto malo.
- Creo que a ese debemos dejarlo bien muerto...

La conversación de las ahora roomates se vio interrumpida por una llamada. Mary agarró el teléfono y se lo mostró a Ana. Titilaba "el innombrable" (así lo habían bautizado luego de la ruptura)

- Contesta!!
- ¿Para qué? No que había que dejarlo enterrado?
- Si!! ¿pero no te da curiosidad? Además que deben ser vainas del destino!

- ¿Alo?  Bien muy bien y tu. ¿Y ese milagro? (Mierda qué pregunta tan imbécil) Nada aquí con Ana viendo películas (no podía haberle dicho algo menos estándar?) ¿Y eso? (Ahora qué putas querrá?) Claro que si. Dime cuándo. (La curiosidad mató al gato, espero que no a mi) Perfecto, allí nos vemos

- ¿Y?
- Que quiere tomarse un café conmigo. Como loco.
- ¿Y vas a ir?
- Claro... me da mucha curiosidad qué quiere...
- Vamos de compras... 
- Y a la peluquería.

Se puso hermosa, pero casual. Como manda la norma femenina. "Cuando vayas a ver a alguien de tu pasado hay que verse regia, pero no sobreactuada... Verse hermosa pero que no se note mucho la latonería y la pintura".

Llegó al sitio de encuentro. Un sitio no cargado de recuerdos o sentimentalismos maricas. Un sitio promedio donde sirven buena comida, donde puede desarrollarse cualquier historia sin mayores sobresaltos. Aunque en esa situación lo único simple fuera el lugar.

Casi no pudo dormir. Pensó toda la noche en qué decirle. Cada cosa le parecía estúpida. Al final el único motivo para dejarla era su necesidad de autodestrucción. "El problema es que tu no eres capaz de ser feliz", había sentenciado Mary una vez, y se terminó por convencer de que era todo cierto.

Sigue Aquí!!!