15 de diciembre de 2013

¿A qué juegan?

Tengo muchas amigas solteras. Algunas de ellas ya se cansaron de desear un novio, se han resignado y enfocan todas sus fuerzas y ánimos en trabajo o ejercicio. Otras, aun conocen gente nueva y por ende, uno que otro personaje que podría convertirse en 'alguien' especial. Y otra minoría comienza contactos con hombres salidos del internet, que demuestran cierto tipo de interés, lo que lo convierte en una potencial cita. 

Después del contacto inicial (sea en una fiesta, o por alguna de las cientos de redes sociales), se intercambian datos, y ¡Oh maldito chat! Los manes comienzan a 'conquistar' por medio de mensajes de whatsapp, facebook y twitter. La minoría, luego de probar que la mujer es menos loca que su anterior ex, que no tiene novio, o que demuestra ganas de volver a salir con él, invita a un café, a cine o a comer algo. Con esos no tengo problema. Pero repito, son la minoría.

Los otros son los que me llevan logran que a veces me cueste trabajo entender a los hombres. Se quedan en el chat. Reclaman atención virtual, tiempo dedicado a horas y horas de charlas. Hasta mandan mensajes a horas inimaginables de la madrugada (seguro creerán que su víctima vive encerrada esperando un mensaje o ¿qué?). Pero nunca se deciden. Le calientan 'la pantalla', porque no el oído (nunca llaman) a la chica que supuestamente les gusta. Para disimular se inventan algún plan, pero siempre 'el destino' se interpone (alguna excusa fantástica que preciso no les permite salir ese día).

¿A qué juegan? 
¿A subirse el ego teniendo a una 'pobre idiota' pendiente de ellos todo el día por chat?
¿A tener un 'arrocito en bajo' digital?
Seguro tienen novia o están saliendo con alguien, pero necesitan un backup...

La verdad me cuesta entender la lógica de esto. A las mujeres o nos gusta un man y salimos con él, pero si no nos gusta, no les hacemos perder el tiempo. Simple. 

Pero algunos de ellos no saben actuar así. Ellos prefieren hacer uso de las ventajas de los chats, para engañar sistemáticamente. Y por lo que he podido averiguar, este tipo de hombres abundan.

Menos mal, ya las mujeres no somos tan ilusas como antes y entendemos que la única regla que le aplica a los hombres es que "si el tipo quiere estar contigo, se esfuerza y hace todo lo posible. Invita a salir regularmente y no saca excusas chimbas. Si el personaje no hace eso, sino que se esconden detrás de un chat, no vale la pena gastarle esfuerzos."

Entonces, ¿si algún hombre lee esto y tiene alguna explicación sobre estas actitudes y formas de actuar, podría ilustrarnos a mi y a muchas mujeres que como yo, no entienden?


Luego de que escribí el posts, @ElHalfling escribió la versión masculina del post... Al parecer hay mujeres que usan el mismo método para tener a los manes colgados del chat! AQUI el post



9 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad*

Los ojos de Yeisson se iluminaron. Ven a rezar la novena con la selección Colombia, decía en letra blanca el volante en el que posaban los futbolistas de moda. Corrió sin pausa entre el lodo y la maleza que adornaba el camino entre la escuela y su casa. Hizo el recorrido en la mitad del tiempo. Yeisson vive en uno de esos pasajes olvidados, donde caminar para estudiar es la única forma de poder educarse.

- Mamá, mamá, gritó a medio pulmón desde el momento que cruzó la verja que separa su casa del camino.
- ¿Qué fue, mijo? Vienes como alma que lleva el diablo.
- Mira. Y le entregó el volante.

Mariela le sobó la cabeza a Yeisson y el tono lastimero aseguró:

- Pero mijo, si sabes que la capital queda a más de 3 horas, en bus, y los buses ya no llegan hasta acá.
- Pero Ma, seguro hay alguna forma. Eso vamos varios del colegio así sea caminando.

Si algo la llenaba de ganas de vivir era la energía que su pequeño de 10 años le imprimía a todo.

- Mañana en el pueblo averiguo bien y vemos si es posible. Ahora ven y me ayudas a recoger la ropa limpia.
- Si!!! Ma!! Gracias! La abrazó fuertemente de sus piernas.

Al día siguiente todo era revuelo en el colegio. Todos los niños y las niñas querían ir a rezar la novena con la selección. Los maestros encargados de la escuela veredal definieron que harían lo posible por llevar a sus mejores alumnos hasta la capital para el día 18 de Diciembre. Pensaban que era el mejor regalo para ellos, que sufrían tanto. La buena noticia, se la hizo saber Yeisson a su madre.

- Menos mal mijo, porque ni la alcaldía, ni la policía sabían nada.

La dinámica, según se averiguó, era muy simple: cada escuela veredal podía enviar hasta 10 niños bajo la condición de que estos pudieran salir a la vía principal para que el bus del transporte los recogiera; tener la posibilidad de viajar solo, y tener un par de zapatos en estado 'aceptable' para la jornada.

Se realizó una reunión informativa en el Colegio con los padres de los 100 alumnos. Se definió que de cuarto de primaria, hasta undécimo, se escogería un alumno por grado, que cumpliera las características pedidas por la ONG que estaba organizando la novena, y que adicionalmente tuviera buenas notas en el registro. Los padres quedaron satisfechos con la información. Pero Mariela estaba algo preocupada. Los tennis de Yeisson estaban lejos de encontrarse en estado 'aceptable', y sabía que sus ahorros no le alcanzarían para un nuevo par, a menos que buscara un adelanto. Eso estaba complicado, pero de solo pensar en los ojos de su hijo, cargados de ilusión, creyó que esta vez los pesos no serían la causa para otra negación.

- Mami. ¿Qué vamos a hacer con esto? dijo Yeisson sentado en la cocina, señalando el hueco que iba creciendo revelando la planta de sus pies.
- Tenemos una semana para arreglarlo, ven y ayúdame con la comida.

En el patio del colegio, todos hacían apuestas sobre quiénes serían los elegidos. Entre amigos se hacían promesas: Si vas tu y no yo, me traes un autógrafo del capitán. A mi del arquero. Así todos quedarían felices.

Mariela trabajaba haciendo el oficio en el único hotelito del pueblo. Ganaba lo mínimo, apenas para poder comer, y vestirse. Gracias al cielo, como ella decía, heredó de su abuela la pequeña casa de madera, donde tenía una vaca y una pequeña huerta, que le servían bien cuando el dinero escaseaba. Su jefa era una señora rancia, amargada por su historia, pero que llevaba a Mariela y al pequeño Yeisson por la buena. Así que aprovechándose de esto, le hizo la solicitud de adelanto. No sin antes explicarle los motivos de su necesidad.

- Venga Mariela, le dijo la vieja. ¿Cuántos años es que tiene Yeisson? 
- Acaba de cumplir nueve, señora María. 
- Perfecto, dijo la vieja mientras se dirigían al sótano. Esto está muy sucio porque no me gusta que nadie venga a estorbar o a esculcar acá, pero este es un buen motivo.
Mariela no entendía qué tenía que ver el sótano con su adelanto, pero aún así continuaba sin decir nada detrás de su empleadora.
- Cuando se llevaron a mi nieto, tenía exactamente nueve años. Su madre, mi hija, se había ido a la capital, para conseguir, según ella, un mejor futuro. Nunca volvió. Con los años me enteré que no había logrado llegar muy lejos, porque esos bandidos que andan por la vía la habían agarrado y se la llevaron a la fuerza. Dios se apiade de su alma. Me quedaba solo el pequeño Daniel. Hoy tiene 16 años y anda de camuflado. Me dicen los que salen del pueblo que a veces lo ven durante los retenes...

Mariela nunca había escuchado la historia de boca de la propia señora María. Le parecía sorprendente, comprobar que todo lo que se dice en el pueblo es cierto.

- A él le encantaba el fútbol... Mire, Mariela, aquí están. Yo le compré esos tennis y no se los pude dar nunca de regalo. Están nuevecitos, hasta tengo la caja y todo. 
- Pero Doña María... 
- Pero nada Mijita. Bastante haces tu aquí ayudándome, y esos zapatos solo agarran polvo aquí abajo, seguro a tu hijo le van a hacer más falta que a mi. Y así puedes usar tu sueldo en otras cosas o regalos de navidad. Otro día que tenga fuerzas esculco acá y de pronto encontramos más cosas para tu Yeisson.

Mariela quería abrazar a Doña María, pero se contuvo, conociendo su renuencia a las expresiones muy efusivas de aprecio.

- Gracias gracias. No sabe cuánto le aprecio este detalle. Seguro Yeisson también, dijo Mariela antes de estallar en llanto.

El viernes era el día decisivo, todos los niños y niñas - porque a ellas también les gusta el fútbol - formaron en un juicio nunca antes visto, esperando el fallo del jurado -que no era más que los profesores-. Uno a uno fueron llamando a los mejores estudiantes de cada salón y en la medida que estos iban pasando, se hacía el chequeo de los tennis y de la autorización escrita de los padres para hacer el viaje a la capital.

Comenzaban por los grados superiores. Todo iba perfecto, hasta que en el grado 7, un niño pasó al frente y sus zapatos revelaban una serie de remiendos, vueltos a remendar, que no permitían su paso a la actividad. Lo siento, Pablo, dijo la profesora, frase que desató un mar de lágrimas en el niño, cuya madre no había logrado juntar para comprar unos zapatos nuevos. Regresó a la fila y le dijo a su compañero seleccionado, lo siguiente: recuerda tu promesa.

Yeisson estaba muy nervioso. No estaba seguro de que sus notas le alcanzarían para lograr ser el seleccionado en su curso. Le sudaron las manos. Sintió que la respiración se le dificultaba. Cuando se sintió como cuando dejaba de desayunar por más de un día, es decir, a punto de desmayar, oyó su nombre de labios de la profesora Marta. El alma le volvió al cuerpo. No pudo evitar brincar y brincar por todo el patio.

De acuerdo a lo coordinado, los niños debían estar a las 3:00 am a la orilla de la vía, para que el bus los recogiera. Y así fue. Pero fueron pasando los minutos y no llegaba el bus. Yeisson que es uno de los que vivía más retirado, comenzó a caminar a paso acelerado. Estaba oscuro, pero se sabía la ruta, sus derivaciones y sus atajos a la perfección. Sus ojos podían ver si ver. Se encontró con Pedro, quien también esperaba ansioso, y solo en la vía. Decidieron seguir el camino y juntar unos más para tomar el atajo, y llegar a la capital antes de las 7 de la mañana.

Llegaron al punto. Ya eran 5.

- ¿Y qué hacemos con los otros?, dijo el mono.
- Esos están muy adelante, si vamos por ellos, perdemos el atajo, dijo Pedro, a quien todos le atribuyeron el liderazgo, porque era el mayor.
- Bueno entonces vamos, dijeron los demás.

Así, a tientas, se adentraron en lo que los niños llamaban el 'bosque embrujado', porque solo cosas malas pasaban cuando los adultos entraban por ahí. Pero a ellos se encantaba andar por esos lados.
En el camino se podía leer el letrero de 'Cuidado! Minas Antipersona', pero eso no les importaba. Solo les interesaba comentar qué iban a hacer cuando estuvieran cerca a las estrellas de fútbol. El Negro solo atinó a decir Mi única misión es lograr que el Peche Ospina le firme un papel a Pablo, sino me muele a golpes.

Cruzaron el campo sin mayores contratiempos. Eso de que Dios cuida a los niños, en este caso tenía todo el sentido. Habían acortado casi 3/4 partes de camino. Les quedaban 2 horas antes del evento y el estimado es que estarían en la capital en 45 minutos.

Hicieron su entrada al pueblo, muertos del hambre, sucios de tierra hasta la cabeza, pero con una sonrisa única. Lo habían logrado. Preguntaron en la única tienda abierta que dónde iba a ser el evento de la Selección, y la viejita que atendía no supo dar razón, pero les ofreció el baño y una agua de panela caliente. En esos minutos de reposo le contaron toda su odisea para llegar al pueblo. A lo que la señora fascinada respondió ¿Les debe gustar mucho el fútbol, eh? y siguió con sus labores.

Les dijo que seguramente en la estación de policía de la plaza les daban razón. Ahí el teniente de turno les dijo que claro, que los iba a llevar a la cancha del pueblo, para que pudieran estar en el evento.

- Señora Primera Dama, me encontré a estos cinco pelaos perdidos preguntando por el evento.
- Niños...¿ustedes de donde vienen? 
- De la vereda San Pacho, Señora.
- Pero es es lejísimos. ¿Cómo llegaron?
- A pie, señora.
- ¿Pero como?
- Pues caminando.
- Eso lo entiendo, pero ¿y el bus?
- Nunca llegó.
- Ay pobres criaturas, deben estar muertos. Sigan Sigan. Gracias Teniente.

Magaly!!! Magaly Ven!!!!! Mira que estos pequeños llegaron a pie, porque el bus no llegó!! ¿Qué habrá pasado con el resto? Aquí nadie se encarga de que las cosas salgan bien!! Qué desastre. 

La primera dama gritaba por todos los rincones que todos eran unos ineptos. Pero no era tanto eso, sino que estamos en un país donde mandan los porteros y los choferes, entonces el que no quiso ir tan lejos, seguro no pensó que podía romper las ilusiones de una serie de pequeños, cuyo regalo de navidad más grande, sería estar con los futbolistas del momento.

Yeisson y sus amigos no prestaron atención a lo 'grave del incidente'. Por ser los primeros en llegar les tocaron las primeras sillas. Como compensación, sin entender bien que significaba la palabra, estarían a solas con el capitán y con el arquero del equipo. Súuperrr, dijeron en coro los cinco niños. No lo podían creer. Eso era más de lo que esperaban.

Jugaron al fútbol, escucharon a sus ídolos, comieron lechona, pastel con coca cola. Se abrazaron, hicieron firmar todos los souvenires para sus amigos, rezaron la novena. Yeisson pidió en sus rezos que todos los años fuera la selección a visitarlos, y claro, tennis nuevos cada navidad para no perdérselo.

Yeisson tenía misteriosamente un papel entre las manos y se acercó a uno de los jugadores.

- ¿Será que te puedo pedir una última cosa?
- Claro.
- Es que la señora María es la jefa de mi mamá, es una señora muy triste porque a su hija la mataron y el nieto, cuando tenía mi edad, se fue con los vándalos. Ella me regaló estos tennis. Los mios viejos tenían un roto, y con ellos no hubiera podido venir. Este ha sido el día más feliz de mi vida. ¿Será que le podemos hacer una nota a la señora María? Dijo sin respirar.

El jugador, que era defensa y cuya madre también se llamaba María, sintió tanta ternura que llamo al resto del equipo.

- Este es...
- Yeisson, señor.
- Yeisson, y quiere que le escribamos a la Señora Maria, la jefa de su mamá una nota dándole las gracias porque le regaló un par de tennis nuevos.

Se miraron entre sí y sonrieron. Le dijeron al asistente que buscara una hoja y varios lapiceros. Yeisson los miraba aterrado. Cada uno escribía una nota y firmaba la hoja de papel. Todos decían gracias... con algún otro mensaje esperanzador. Él sabía que iba a hacer sonreír a Doña María de nuevo.

Todos se tomaron fotos, con la promesa de que la Primera Dama les haría llegar una copia. Sería un lindo recuerdo.

Partieron los jugadores, y era hora de subirse al bus y emprender un camino de tres horas. Yeisson se sentó en la última silla y abrazado al papel plagado de firmas se quedó dormido hasta llegar a su casa. Entre sueños murmuraba Feliz Navidad, Señora María.


**Iba a mandar este cuento a un concurso de El Espectador, y resulta que tenía que tener máximo 500 palabras. Así que paila. Se los dejo a ustedes!



4 de diciembre de 2013

Muñecas

A veces a la gente le cuesta entender mi fascinación por las muñecas a pesar de que tengo 32 años. Amo las barbies, las princesas de Disney, las de porcelana...

Todo eso me encanta y no por falencias de etapa, sino que tuve tantas de chiquita, y me hicieron tan feliz, que hoy por hoy las sigo admirando... Podría durar horas viendo muñecas en un almacén!! (Claro que me toca sola porque casi nadie alcahuetea semejante hobby.

Y paseando hoy por varias páginas web, me antojé un poquito, y decidí contarles, si tuviera 20 años menos qué querría que me compraran de Navidad.

La colección de Felpa de Disney.






La Barbie de la temporada




La muñeca de Mattel de Katniss Everdeen







Barbie de Colección de Audrey Hepburn - Sabrina




Barbie de Colección Couture Angel




La barbie de Colección Museo - Klimt y Van Gogh














27 de noviembre de 2013

Ella

Imagen sacada de aquí


Ella soñaba.
Soñaba todo el día.
Al despertarse, al acostarse.
Caminando, corriendo, sentada en una banca del parque.
Soñaba al mirar por la ventana, al mirar el techo.
Soñaba mientras trabajaba.

Hasta que un día, actuó.
Y todo lo que soñaba se hizo realidad.


22 de octubre de 2013

La foto


Había participado en este concurso y no gané.Así que les comparto el texto. Las condiciones eran que no superara las 100 palabras, y que partiera de la frase del último libro de Mario Vargas Llosa, el héroe discreto. Espero les guste.

***

Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. No pudo dejar de mirarla desde su llegada al aeropuerto. Era inevitable, cada vez que la buscaba, se encontraba con sus grandes ojos verdes, que corrían a ocultarse.

Intentó que le asignaran una silla a su lado. Imposible. Necesitaba una casualidad, porque su valentía no le alcanzó para hablarle.

Ya en el aire, una idea: de su billetera sacó aquella foto que nunca desechó. La azafata, la mensajera.

La vio caminar hacia él. Sonrió.

- La guardaste.
- Como las promesas…
- Éramos demasiado jóvenes.

¿Por qué me abandonaste? –Decía– Nunca lo hice –La respuesta Su número y un corazón.

18 de octubre de 2013

Pánico

Abrió los ojos. No veía nada. La oscuridad lo consumía todo. Había dormido tan profundo que pensó que se acercaba la mañana, pero no. Aun faltaban demasiadas horas. Ella sabía que sería eterno.

Trata de imaginar algo alegre, o hermoso. Un bonito recuerdo, solía decirle su mamá. Así que se volteó de medio lado, puso las rodillas sobre el pecho y las abrazó con sus brazos, y así en posición fetal, cerró los ojos, respiró profundo y se fue al mar, a su lugar favorito en el mundo. Pero se devolvía.

¡Tas! ¡Tas! ¡Tas! Oyó a lo lejos.

El miedo, que había estado al margen, se apoderó de ella. El sudor le empapó la espalda en un solo instante.

Retomó la respiración profunda. Entrelazó las manos para controlar el temblor. ¡Tas! ¡Tas! ¡Tas! Era más fuerte el sonido. sintió ganas de llorar y no era capaz de asomar la cabeza por fuera de las cobijas.

Se mantuvo acostada repitiéndose que todo estaba bien y que los fantasmas no existen.

Sacó fuerzas del fondo de su estómago. Abrió los ojos y trató de inspeccionar su entorno. No veía nada. Lo profundo de la oscuridad la apuñalaba por la espalda.

Volvió debajo de las cobijas.

Ángel de mi guarda
Mi dulce compañía...

Confiaba plenamente en su Angelito a ver si la sacaba de esta.

¡Tas! ¡Tas! Tas! Trash... El golpe en la puerta se había convertido en un algo roto. Era como si la vajilla yaciera en el piso.

Mami, mami...  fue lo único que le salió con un hilito de voz. Era obvio que nadie la iba a escuchar.

No podía ser posible que nadie en la casa se despertara con tremendo escándalo.

Seguía temblando. Ya el sudor helado traspasaba la pijama. Su lado valiente le hablaba al oído. Le decía que necesitaba levantarse de la cama, ir a donde su mamá y buscar refugio. Su lado cobarde, más grande y más fuerte le gritaba que qué iba a hacer con los monstruos que vivían debajo de la cama, y en el closet y en e patio. Desastre. ¿Por qué nadie le había enseñado a ser valiente? Tenía doce. Ya era hora. Se recriminaba.

Volvió a sacar sus ojos entre las cobijas. Silenció sus pensamientos. No veía nada. Oía los ronquidos de su padre. Se concentró en él.

Los ojos se fueron poniendo pesados. Su cuerpo se relajó. Iba poco a poco cayendo dormida, a medida que el miedo se iba diluyendo entre le sonido de la respiración de Fernando.

Sintió una mano en su frente. Abrió los ojos y vio a su mamá al borde de su cama. Se abalanzó sobre ella y la abrazó fuertemente.

- Mami. Menos mal, los monstruos se mueren con el amanecer.


9 de octubre de 2013

Ay mi país


A veces me despierto pensando cómo se podrá solucionar este país.
No los problemas. El país completo.
Todo es un desastre.


En días como hoy, amanezco desilusionada. Aburrida. Pensando en que quizá nos merecemos nuestra suerte. Pero, ¿qué fue primero? ¿la apatía? o fue que sencillamente nos rendimos porque nos cansamos de empujar en contra del sistema.

Ya ni sé.
¿Son los congresistas?
¿Son los concejales?
¿Es el Presidente?
¿Es nuestra historia?

Ya ni sé y cuando comienzo a pensar sobre el tema, me siento como un  perro cuando se persigue la cola.

Algún día.... me resigno.

15 de septiembre de 2013

V

I
Se sentó sobre la piedra y dejó caer sus pies.
Sintió la brisa sobre su frente.
Pensó en ella.
Ella ya no estaba.
¿Y él?
Lo había olvidado.
Debía recuperarse.
No podía seguir viviendo por ella, como ella siempre quiso.
Lo cambió.
Debía regresar.

II
Respiró profundo.
Cerró los ojos.
Recordó la música.
Los sabores.
Los olores.
Qué le gustaba.
Sí ese era él.

III
Bajó de la roca.
Se prometió nunca más olvidarse de él mismo.
Escribió ADIÓS en la arena.
Esperó que una ola llegara.
El mar se la llevó.
Lejos... Lejos.

IV
Sonrió.
Con la boca.
Con los ojos.
Con el pecho.
Con las manos.
Con los pies.

V
Inició un nuevo camino.
Por él y para él.

8 de septiembre de 2013

Café

Aun con la vista nublada, destapó la lata. Solo se veía el reflejo del fondo. ¡Puta vida!, pensó. No fue suficiente trabajar hasta las tres de la mañana, sino que ahora el castigo venía por cuenta de la ausencia de café.

Resignada, se arregló y trató de parecer una persona sensata. Para eso, el negro era el mejor aliado. Un poco de polvo, algo de pestañina, para que las ojeras no fueran lo más notorio en su rostro. Cruzó la calle. Don Albeiro, me da un tinto, por favor. Señorita, se me dañó la greca, y usted sabe que no soy amigo del café instantáneo. Quiso llorar, o mejor, agarrar a patadas el mostrador del viejo. Tranquilo don Albeiro, yo entiendo. Y sonrió obligada.

Miró el reloj. Tenía el tiempo justo.
Caminó hasta la vía principal. No tenía ganas de pelear con los demás transeúntes por un taxi. Seguro todos ellos ya tomaron café. Se sentía en desventaja.

Así que caminó en la dirección donde se veían menos personas. Arrastraba los pies. El cansancio la dominaba. Y de pronto. Comenzaron a pitarle. Volteó y cuando iba a soltar una sarta de insultos... Un milagro. Cata, ¿vas para la oficina? Te llevo. El imbécil del novio de su hermanita. Que sirva para algo, pensó.

Habló tres babosadas con Enrique mientras llegaba a su oficina. Por el camino veía cafeterías, tiendas de café, restaurantes, desayunaderos y solo podía pensar en su café mañanero que hoy no podía ser. Le pareció conchudo decirle a su piloto que se detuviera, así que se aguantó las ganas.

Se bajó en la esquina. Seguro camino a su oficina podía comprar un café. No se había fijado. En esa cuadra no había donde comprar uno. Pensó que quizás podría ser un buen negocio poner un café ahí.

Llegó corriendo a su piso. María, me regala un cafesito. Claro, pero se le demora unos cinco minuticos, doctora. Si no hay más remedio. Y la miró aliviada.

En su oficina estaban las carpetas y los materiales para la reunión. Tenía nueve minutos para alistar todo. Armó una pila de papeles, en su bolso metió los bolífrafos y la usb con la presentación. Si hacía menos viajes, más le rendiría. Corrió por el pasillo y a mitad del camino tropezó con María que llevaba su taza de café. Vio cómo caía en cámara lenta. Traasshhh, se reventó la porcelana de I Love NY. El olor de café se le impregnó en su nariz. Ay María, dijo realmente apenada, más por sus ganas, que por el desastre que se había hecho. Ay, doctora. Su tacita. María no se preocupe. Tráigame otro a la sala de juntas.

Ordenó los materiales. Prendió el computador, puso la presentación y se detuvo en la puerta para esperar a que llegaran los asistentes y su tan anhelado café.

Entraron todos, vicepresidentes, coordinadores y el 'country manager', quien pidió que cerraran la puerta. María, con la bandeja de agua, tinto y aromáticas se quedó por fuera. No la dejaron entrar.

Anna se sentó en su puesto, comenzó a tomar notas. Tal era la magnitud del anuncio y la importancia de la reunión que sus deseos de café se fueron disminuyendo con los minutos.

Todo podía ser peor que una mañana sin café, un futuro sin trabajo.



5 de septiembre de 2013

Ejercicio de Clase: Reencuentro

Como algunos de ustedes saben, estoy haciendo un curso de novela corta. Dentro del curso, nos pusieron a escribir una novela corta, con la meta de que durante 31 días escribamos 1.000 palabras diarias, sin revisar lo anterior. Hoy debo cumplir 5.000.

Por otro lado, en la primera clase el escritor Elmer Mendoza, nos puso el ejercicio de escribir algo bajo unas condiciones. Me dispongo a escribirlo, y al final les transcribo mis apuntes de clase, para que me ayuden, por medio de los comentarios, si logré el objetivo.

Gracias de antemano por su ayuda.

REENCUENTRO

La vio pasar y casi no la reconoció. Pero fue ese dejo al caminar, el que le hizo entender que efectivamente se trataba de ella.

¡Oriana! Gritó sin pensar en la cantidad de gente que estaba a su alrededor. Ella volteó, siguió adelante. Definitivamente era ella. Corrió a lo que le dieron los zapatos, hasta que la alcanzó. Seguro no te acuerdas de mi. ¿Perdón, te conozco? Soy Enrique. Enrique Prieto. Luego de un corto silencio... Una reacción.

- Ay! Hola!!! Vaya que has cambiado. 
- Es que los años no pasan solos.
- ¿Pero calvo? ¿Tan pronto, en un año? Estás exagerando.
- La herencia.
- ¿Cómo estás?
- Bien. Tranquilo. Tu sabes, el trabajo. La vida adulta deja de tener altos y bajos, para quedarse en plano por siempre. ¿Tu? ¿Estás viviendo acá?
- Ah, no. Mi esposo vino por trabajo y yo decidí acompañarlo.
- Siempre es una buena idea recorrer la calles del pasado.
- Estoy tratando de encontrarle la gracia a esa frase, pero hoy todo se ve tan diferente, que hay poco de pasado. Y tu ¿vives acá todavía?
- No, vine a solucionar el tema de la casa de mi mamá. Estoy trabajando en la Capital.
- ¿Y te llenaste de recuerdos? 
- La verdad solo tengo uno que me persigue. Precisamente hace un año desapareciste.
- No desaparecí, me fui a estudiar teatro fuera.
- La verdad nunca me diste la oportunidad de ayudarte.
- Yo no necesitaba ayuda...
- Supongo que la negación hace parte del proceso.
- Negar ¿qué?
- Que Armando casi te mata después de esa fiesta de fin de semestre.
- Creo que ese día estabas demasiado ebrio.
- Si yo no fui a la fiesta. Pero recuerdo perfectamente en qué estado de encontré.
- Mira Enrique, la verdad no tengo ni idea de lo que hablas.
- Tremendo bloqueo.
- Tremendo loco.
- Explícame por qué no me cuentas qué pasó después de esa noche. ¿Cómo así que te casaste tan pronto?
- Pues así es la vida ¿no? Nacemos, crecemos, nos reproducimos y para reproducirnos hay que casarnos.
- ¿Y quién es el afortunado?
- Un ingeniero, nada fuera de lo común.
- ¿Y has estado bien?
- Ya te dije que si.
- ¿Y fuiste a un psicólogo o algo? ¿Te quedó alguna secuela de los golpes?
- La verdad, no sé de qué golpes me estás hablando, dijo casi que manoteando.
- Pues los golpes que Armando te dio esa noche que desapareciste, planteó mientras aceleraban el paso. ¿Por qué huyes?

Paró en seco.

- ¿Huyo? Crees que tienes derecho a abordarme por la calle, a creer que me conoces, que sabes todo de mi y a inventar episodios de mi vida sin ningún fundamento... dijo a los gritos.
- Cálmate. No quería incomodarte. Solo que estuve muchos meses preocupado por ti, no pude ubicarte. Era como si te hubieras borrado.
- Claro, seguro estabas preocupado como te preocupabas por todas las viejas que te comías a punta de mentiras.
- Bueno, entonces vamos a jugar a sacarnos los trapitos al sol.
- Yo no quiero jugar con usted. Más bien me voy. Voy tarde para mi almuerzo.
- No. No vas a ninguna parte!!! Gritó como nunca había gritado a una mujer.
- ¿Entonces? ¿Quiere que me quede acá oyéndolo decir incoherencias sobre algo que pasó, seguramente solo por su mente?
- Solo pido una explicación. Fui tu mejor amigo por mucho tiempo...
- No hay tal explicación. Usted está loco. Se le corrió el champú. Razón tenían los que decían que no me juntara con usted.
- No podía faltar que sacaras a la perra que llevas dentro.
- Ahora la perra soy yo... 
- Perra cobarde, para ser más exacto.
- Eso siga siga, valiente hombre insultando a una mujer en medio de la calle.
- Nos podríamos evitar todo esto. Vamos a mi casa.
- Yo no voy con usted para ninguna parte, psicótico loco. ¿Ya se tomó su dosis de hoy?
- Creo que la quedó loca después de esa paliza que le dio su ex novio fue otra.
- Y dale...
- Si, y no nos movemos de aquí hasta que me des la explicación que me merezco.
- Usted no se merece nada de mi. Permiso. Que tenga una vida feliz. 

Se volteó y comenzó a caminar a paso acelerado. Enrique salió detrás de ella y la agarró del brazo. Ella intentó soltarse, él la jaló con más fuerza.

- Suélteme. Suélteme! Ayuda Ayuda!
- Por favor cálmate, le dijo cuando en voz baja para no llamar más la atención.

Ella se detuvo y abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma.

- Hola amor. 
- Hola preciosa. El restaurante queda a media cuadra, ¿vamos?

La agarró de gancho y Enrique vio estupefacto cómo ella se alejaba con Armando. Ahora todo tomaba sentido...

**

La idea del ejercicio era crear curvas de emoción. Llevar el diálogo a un nivel de alta emoción, bajarlo y volverlo a subir. Las condiciones eran:

- Dos personajes de distinto sexo
- A confiesa haber vivido con B una experiencia significado en la ciudad X. B lo niega.
- Ninguno de los dos vive en X
- el encuentro se lleva a cabo en la época actual
- Es necesario enfrentar a los dos personajes que jamás se ponen de acuerdo. Hay que negarlo sistemáticamente.
- De ser necesario se puede usar violencia verbal.
Hay que crear emoción con palabras.

¿Lo logré?

2 de septiembre de 2013

Una Historia Cualquiera IV

Viene de Acá
Pero si ya no se acuerda, comience la historia desde la primera parte acá

Y fue así como terminamos de novios. Un día nos enrumbamos y en medio de los tragos, me pregunta si quería que fuéramos novios, que si la iba a 'nombrar' y pues uno entre trago y trago obvio no va a decir que no. Y eso fue lo peor, fue como si le hubiera cambiado la personalidad. Bipolar, ella es la definición de esa enfermedad.

- Yo no entiendo qué hice, Juana. Un día era todo lindo. Tu misma lo viste, lo viste. Y ahora, todo ha cambiado.
- ¿Pero estás segura de que no hiciste nada? No. lo último relevante fue que le dije que fuéramos novios y él dijo que si.
- ¿Será que se asustó?
- Si te pusiste intensa como la última vez, seguro que si.
- No. Que no

Pero en el fondo yo sabía que si. Que la había embarrado. Que comencé a celarlo como a nadie. A pedir cuentas. Literalmente a joder por todo. Qué pesada. Pero no lo podía evitar.

- Mira, sabes qué Dany. Yo creo que mejor nos tomamos un tiempo-
- ¿Pero por qué?
- ¿Acaso no te das cuenta?
- Pero somos novios...
- Eso no debía cambiar nada. Te convertiste en todo lo que odio...

Me dio pesar verla llorar con tanto sentimiento. Pero uno no quiere una vieja que ande midiéndole los pasos. Uno quiere una cómplice, alguien con quien divertirse. Simple. Me despedí de ella, fueron 3 buenos meses y 3 semanas de infierno. Lo siento. Así no juego yo.

- Me echó. Dijo que me convertí en lo que él odia...
- Lo siento mi vida. Te toca cambiar eso, la loca siempre se te termina saliendo. No me parece. Y qué fue lo que pasó.

Simple, que me le metí al facebook, al twitter, le revisaba el celular constantemente... Le leía los correos y claro, le comencé a reclamar cada cosa. Lo perseguía. Veía cosas que no existían.

- Nada especial Juana. Solo creo que me pasé.
- Pues ni modos, a dejar de llorar.

Pero no lo hizo. Se llenó de llanto. Pero aun así desapareció.

Y lo peor, fue que me comenzaron a hacer falta sus locuras. Mis amigos me dijeron que se me había corrido el Champú. Comencé a esperar correos de ella, o algún mensaje y nada. ¿Por qué me estaba sintiendo así? ¿Me gustaba sentirme acosado? No entiendo nada. Seguro la había llegado a querer mucho. ¿Qué hacer?

Me parqueaba en frente de su casa y lo veía salir y llegar. Comencé a faltar a clase, con tal de seguirlo a toda hora. Vivía pendiente de su facebook, de su twitter. Tenía extorsionados a los porteros de su casa y de la mía para que me contaran cualquier cosa que oyeran. Me pegaba a la pared cuando sabía que estaba en la casa de mi vecina. Mis amigas me buscaban y yo me negaba. Dejé de tener una vida.

Compañeros: me di cuenta de que soy una adicta. Sufro de adicción a las personas. Mi médico me dijo que la definición más simple es que: "amo con una intensidad desmedida. Se obstaculiza la posibilidad de vivir en paz y con felicidad. Regalé mis propios intereses, deseos y necesidades para someterme a una relación destructiva", que en este caso, era una relación de una. Mía con mi cabeza.

Llevo 6 meses en tratamiento. Llevo 6 meses interna. Y me falta. Aun pienso en Sebastián, en salir corriendo hacia él. Así que hoy siento que he perdido la batalla.

Fin

22 de agosto de 2013

Estado: Ausente - Motivo: Tesis

Hola a todos....

Sé que parece que los tengo olvidados. Pero no es así. Les debo la continuación de la historia, les debo posts, pero es que ando terminando la tesis de la maestría. Estoy en la etapa final. Así que por eso ando ausente... Pero no se me asusten, I'll be back... Soon! Y espero que con buenas noticias.

Beso a todos


12 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera III

Viene de Acá

Salió del doceavo piso con un encontrón de emociones. Se había quedado dormido. ¿Eso qué quería decir? Nunca le había pasado eso de besar a una nena y quedarse dormido en pleno proceso. Caminó un par de cuadras mientras conseguía un taxi, acompañado de una serie de preguntas que le recordaban a su mejor amiga. ¿Será que estoy madurando?

Cerró el debate mental, diciéndose a sí mismo que estaba cansado y punto.

Pasó el día sin preguntarse más sobre el tema o sobre Daniela. Pero antes de acostarse a dormir recibió un correo en su cuenta institucional. Destinatario: Daniela Pulido. Hola. Eso le dañó la cabeza. Pero decidió acostarse tranquilo, sin leerlo, como para no darle importancia. Está claro que es mejor dejar que las mujeres mueran de ansiedad un poco, para avivar el interés.

Sabía que al abrir el mail, se dispararía un mensaje automático. Sebastián Laguado recibió su mensaje. Pronto le dará una respuesta. Muchas Gracias.Y la firma al pie del correo. Sebastián Laguado correo slaguado@ac.com Celular: 3148896545.

- ¿Un correo de acuse de recibo? ¿De verdad?
- Imagínate
- Bueno por lo menos sabes que lo leyó.
- Claro, un desastre. No quiere volverme a ver.
- Bueno ahora no te eches a la muerte. Fue solo una noche y un besito.
- Si claro.
- No vayas a hacer nada más. Que no note la gana.
- Seguro.
- Beso
- Beso

Cuando llegó a su casa ese lunes por fin tuvo tiempo de pensar en aquel correo. Debía reconocer que Daniela era bastante arriesgada y creativa.

- Seguro es de esas viejas que lo googlean a uno cuando lo conocen
- Fijo, hermano. Y ahora tiene mi correo. 
- Pues, ¿está buena?
- Si, aguanta bastante.
- Entonces hágale. ¿Qué tiene que perder? Sale, y si no le gusta se vuelve el patán que es, como siempre y sale despavorido. Con que una nena más lo odie, no va a pasar nada.
- Usted es la cagada, ¿no?
- Aprendí del mejor.

Y Sebastián siguió el consejo de su mejor amigo. Hola Dany. Tienes razón, no caímos en cuenta de intercambiar celulares. ¿Te parece si vamos a Wolverine el viernes en el Andino? yo hago las reservas. S.

Claramente me brincó el corazón. Esa maña que tenemos las mujeres de montar una película antes de que pase nada. Era tarde y no podía joder a Juana. Así que me tocó hacer memoria de todas sus lecciones inaplicadas. Que no muestre la gana, que no sea intensa y que no dé más información de la necesaria. Listo. Nos vemos allá. D.

Eso si es claro, aunque mis amigas me critiquen, no comparto esa dependencia de algunas mujeres de querer que el tipo las recoja desde el día uno. Al final uno puede irse y devolverse sola. El tiempo comenzaba a correr cada vez más lento. No podía ser que llevaba dos días de conocerlo y ya me tenía el mundo de cabeza. No dormí nada pensando en el viernes.

- Ay Dany. ¿Tu siempre con la misma no?
- ¿Qué misma?
- Armando videos. Es que no aprendes. Siempre te pasa lo mismo.

Juana siempre me anda recordando mis fracasos. Es que eso me emputa, ella lo sabe. Así que terminé la conversación de repente. Decidí actuar como yo y sin pensarlo dos veces abrí el chat y comencé.

- ¡Hola! ¿Cómo estás?

Sin tener que esperar muchos minutos recibí una respuesta.

- No había conocido a nadie que pusiera tantos signos en un mensaje de chat.
- Para que veas... Amo las normas ortográficas
- Bueno, eso sonó aburrido.

Y así con esas charlas intermitentes en el día, logré sobrevivir con mis uñas intactas y sin gastritis. Llegué confiada al teatro, sabiendo que por lo menos algo le gustaba.

Y con esa ida a cine, comenzamos a salir.







7 de agosto de 2013

A veces la suerte

Puntual. Como si se tratara de una cita amorosa diaria, llegaba él al café Merlot en el centro de la ciudad. Las primeras veces a ella le pareció curioso que volviera. Por el sitio donde se encontraba ubicado no era normal tener clientes habituales. Pedía lo mismo. Primero un capuccino, con más café que leche y una galleta de avena. A los 40 minutos un vaso de agua, 'no en botella porque contamina y tanto plástico es un desperdicio'. Durante las dos horas en las que duraba sentado en la mesita de la esquina al lado de la ventana leía algo, a veces un libro, a veces una revista, a veces un periódico. Ella sentía que durante ratos se la quedaba mirando. Le incomodó las primeras veces. Con las semanas, cuando cruzaban miradas, le sonreía.

Llegó un momento en el que el Señor Gonzalo era uno de sus motivos para soportar las jornadas en el restaurante, con las que podía pagar su habitación y de vez en cuando unas clases de actuación o fotografía. Nunca habían cruzado más de un par de palabras corteses, pero ella ya había montado toda una versión de su ser.

Gonzalo tenía poco más de 67 años. Durante toda su vida había sido todo menos un ser humano triste o aburrido, a pesar de las cientos de pruebas que le puso su vida. Intentó ser optimista, tener una sonrisa en el rostro. Pero el último año esa luz se apagó.

La primera vez que fue al café, fue por una casualidad. Su conductor se retrasó y no quería volver a entrar al edificio de su abogado, donde estaba organizando una serie de cosas aburridísimas. Miró hacía la esquina opuesta y vio un sitio como parado en el tiempo. Decidió que esperaría a Mariano ahí dentro. Recordó inmediatamente que ahí hace muchos, pero muchos años había conocido a su primera esposa Ángela. Lo invadió una enorme dicha y una gran tristeza, todo al mismo tiempo. 'Alba' rezaba el botón colgado en el uniforme de la mesera. Al mirarla a los ojos, recordó a su hija, Manuela. Llenarse de tantos recuerdos lo llevó a decidir que iba a pasar todos los días a tomarse un café en ese lugar.

A Alba, que le encantan las historias de amor, pero de las tristes, le parecía que Don Gonzalo estaba esperando a la mujer de su vida, pero que esta no llegaba nunca. Todos los días un percance, y una nueva excusa para dejarlo plantado. Le tenía lástima y ya casi un poco de cariño filial.

Ella tenía ganas de hablar con él. Y él no sacaba el valor para dejarle la nota que desde su segunda visita cargaba entre su bolsillo. Quisiera caminar unas calles contigo y hablar un par de cosas. G, rezaba la corta misiva.

Un jueves la vio llorar al teléfono fuera del café. Esperó discretamente a que ella terminara la llamada, se le acercó por detrás y le dijo "Alba, ¿quieres tomar aire?" Se limpió las lágrimas como pudo y sin pensarlo dos veces comenzó a contarle la historia que había provocado las lágrimas mientras caminaba con pasos largos. "Y ahora resulta que me toca sacar mis cosas del cuarto, porque la amiga que me lo alquila decidió mudar al novio con ella y no quiere que yo ande merodeando. Como si yo tuviera tiempo para andar robándole el marido a nadie. Bastantes problemas tengo ya..." Gonzalo le siguió el pasosin decir mucho. Sabía que a las mujeres hay que dejarlas hablar cuando están bravas, para así evitar discusiones inútiles. Ese había sido el mejor  consejo que le había dado su abuela.

- Ay, Don Gonzalo, qué pena que lo aburra con mis cuentos. Pero es que en este país uno se puede esforzar como una mula y no logra nada. Nada
- Alba, primero, dime Gonzalo, sin el Don. 
- Bueno
- Y segundo.A veces no se necesita tanto esfuerzo, sino un golpe de suerte.
- Pues yo solo golpes y nada de suerte

Ambos rieron.

- Por lo menos hoy ya le alegré el día
- Eso es seguro. Volvamos al café que lo último que falta es que me echen.

Y así fue como se volvieron amigos un hombre de casi setenta, con una joven que apenas sobrepasaba los 20. Casi siempre hablaba ella. Le contó como la crió su tía abuela, porque su mamá era una irresponsable que prácticamente la dejó abandonada de recién nacida. "De pronto eso de que es importante que a uno le de teta la mamá es importante para la inteligencia, porque yo si que soy más bien medio bruta", anotaba mientras contaba la historia. Ante este tipo de apuntes, Gonzalo hacía apuntes que la hicieran recapacitar. "No hables demasiado mal de ti misma, que podrían creer que todo es cierto", era su frase más repetida.

A ella le hacía más sobrellevaderos sus días y a él ella le ponía energía a su vida.

Pero un día Gonzalo no llegó. Ni al siguiente. Alba no sabía cómo ubicarlo. No tenía su número, ni su dirección. Ni siquiera sabía su apellido. Se lamentó por haber hablado tanto, sin detenerse a preguntar quién era de verdad ese personaje. No le quedó otra cosa que resignarse. Al final, ya estaba acostumbrada que la botaran al cajón del olvido fácilmente.

Un día un señor vestido de paño la buscó en el restaurante. Sin decir más que buenos días, le entregó un sobre. No lo pudo leer durante el turno, porque eran demasiadas páginas. Así que a pesar de la angustia y la ansiedad, a la hora del almuerzo salió hacia el parque ubicado a cuadra y media de su lugar de trabajo. 

Se sentó sobre el pasto debajo de un árbol. Le sudaban las manos. No sabía bien de que se trataba todo esto, pero tenía claro que Gonzalo sería el único que le escribiría una carta así de larga. No era a mano. Comenzaba con una frase bastante cursi para su gusto, pero se deshizo de esa idea y comenzó la lectura.

Alba

Recuerda siempre que 'Quien con fe sabe esperar, ve al fin la suerte llegar'.

Lamento haberme ausentado estos días sin previo aviso, pero mis problemas de salud no me permitieron cumplir con nuestra cita diaria. Espero no haberte preocupado. Si te preguntas si estoy bien, no, no lo estoy. Pero tranquila, que a cada quien le llega su hora.

El motivo de esta carta es sencillo: voy a contarte quien soy y por qué comencé a frecuentar el café. 

Soy un viejo que en algún momento tuvo tu edad. Y fue en a esa edad, en ese café donde tu trabajas, que conocí a mi primera esposa. Se llamaba Ángela. Fue el amor de mi vida. Ella leía una novela mientras se tomaba un jugo. Yo entré en un afán a comprar una botella de agua y al verla quedé paralizado. Frené mi carrera y me detuve. Le dije que era la mujer más hermosa que había visto en la vida. La convencí de que me diera si dirección. No te alargo más la historia: a los 2 años yo había terminado la carrera y apenas obtuve mi primer empleo, nos casamos. Al tiempo quedó embarazada de mi única hija, Alma (por cierto, muy parecido a tu nombre). 

A veces, Alba, Dios tiene formas muy extrañas de enseñarnos cosas, y para mi, una de ellas fue haberme quitado a mis dos amores sin avisarme. Un accidente de tránsito, cuando Alma tenía 15 años, fue ese momento fatal para mi. 

Traté de mantenerme en pie. De seguir mi vida a pesar de la profunda tristeza que me embargaba. Seguí siendo sonriente y optimista. Así salí adelante en los negocios. Tenía muchos amigos, aunque por dentro estaba solo. Conocí a la que fuera mi segunda esposa cuando tenía 35 años. Con ella hice otra vida, aunque sin hijos logramos ser felices. Pero hace poco más de un año, murió. Cáncer. Esa enfermedad moderna, tan dolorosa, que se ha ido llevando a muchos a mi alrededor. 

Fue pocos meses después de su muerte que comencé a frecuentar el café. Y ahí recobré las ganas. Como te dije, Dios tiene formas extrañas de demostrar su poder y de poner a prueba nuestra fe. Justo cuando te encuentro, te comienzo ver como a una hija y a sentirme lleno de nuevo, me enfermo. Y de manera grave.

Espero que ahora entiendas. Y luego de explicado esto, quisiera que vinieras a verme. Mañana, a la salida del restaurante, Mariano, quien te entregó la carta hoy, pasará por ti.

Gracias, Gracias por todo. 
Con Cariño, Gonzalo.

Terminó de leer y tenía los ojos llenos de lágrimas. Nunca antes nada la había conmovido tanto. Y fue en ese momento entendió que quizá Gonzalo era la persona a quien más quería en este momento de su vida.

Al día siguiente, Alba renunció al restaurante. Tengo que encargarme de algo, Doña Mari, por eso no puedo quedarme. Gracias por todo. Dijo antes de salir. Consigo llevaba su maleta con lo esencial y su vieja cámara de fotos, comprada de segunda y con la que aspiraba a convertirse en una fotógrafa cuando la vida se lo permitiera.

- Usted lo que necesita es alguien que lo cuide. Los enfermos solos no se curan, le dijo al entrar en el cuarto donde Gonzalo se encontraba acostado.

Sonrió porque sabía que Alba había llegado para quedarse. No estaría más solo y a cambio él la ayudaría a cumplir todos sus sueños.

- Alba querida, creo que hoy comienza nuestro golpe de suerte.
- Eso creo. Eso creo, le respondió tomándolo de la mano.

-FIN-



5 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera II

Viene de Acá

Abrí los ojos y sentí un peso encima mio. Claro. Era Sebastián. Menos mal antes de recriminarme algo noté que ambos teníamos la ropa puesta. En ese momento recordé todo. Él entró. Serví dos copas de algo y como mi apartaestudio no tenía nada más que un par de cojines por sala, una banca en la barra de la cocina y una cama sencilla en mi cuarto, fue allí donde nos sentamos a beber ese algo. Al rato caímos fundidos, asumo, porque ya no recuerdo más.

Me quería levantar, pero me daba pena despertarlo. Estaba realmente profundo, a pesar de la incomodidad de la cama. Eso de ser independiente y no recibirle plata a los papás por cuenta de quitárselos de encima tenía sus desventajas! ¡Adiós Lujos!

Apenas me dio un respiro, me paré de la cama. Entré a la ducha y me bañé para quitarme la cara de trasnochada que tenía. ¡Qué oso que me vea despeinada y con tufo! Segunda acción del día, preparar algo de almuerzo. Era ya medio día del domingo y no soportaba un minuto más sin comer. Con lo que había en la nevera preparé cualquier cosa, no tan simple ni tan sofisticado. Que no se noten las ganas. Así que una ensalada, con carne con chapiñones, sería. De tomar, cualquier cosa disuelta, aun no lograba comprar una licuadora.

Cuando ya estaba todo casi listo para servir, fui al cuarto y al oído le susurré: Sebas. Hora de despertar. Pegó un brinco. Pobre, te asusté. Ya va a estar listo el almuerzo. Ahí está el baño por si quieres bañarte o algo, le dije señalando la puerta.

Le tomó un par de segundos entender dónde estaba. Cuando logró coordinar las ideas salió a la sala-comedor-cocina y me preguntó.

- ¿Nos quedamos dormidos?
- Tal cual.
- ¿Qué hora es?
- Casi la una. Apúrate que ya casi está listo.
- Hubiéramos pedido algo...
- Ayer no tuve la oportunidad de preguntarte cuál es tu comida favorita, ni lo que odias, menos qué sueles pedir a domicilio. Es más, no sé si eres vegetariano y preparé carne...
- Tranquila, en eso soy bastante estándar. Gracias por ponerte en eso. Soltó una sonrisa y entró al baño.

Oí la ducha sonar. Calculé el tiempo que le puede tomar a un hombre darse un duchazo, y en el momento preciso comencé a servir. Efectivamente cuando salió -viéndolo a la luz del día, con el pelo mojado, me pareció más churro que la noche anterior- volvió a darme las gracias y a mi casi que se me sale un suspiro.

Terminamos de almorzar sin mayores sobresaltos. Charlamos otro poco. Me elogió mi comida de 'cualquier cosa que hay en la nevera' y al terminar miró la hora en el celular y casi que asustado me dijo Dany, me tengo que ir, quedé en acompañar a mi mamá al taller, y mira la hora. Ya me ha llamado cuatro veces. Tranquilo. Yo entiendo, le respondí, aunque hubiera preferido que pasáramos la tarde juntos.

Busqué su chaqueta en el cuarto, lo acompañé a la puerta y a la salida me dio otro beso. Este ya tenía un sabor diferente. Ya no era un beso de un desconocido... Fue demasiado real. sonreí. Me tomó de las manos y me dijo: Vamos a cine el viernes. Asentí con la cabeza, y tenía ganas de llorar de la emoción.

Cerré la puerta. Pegué la oreja a ver si oía sus pasos alejarse. Apenas sentí que ya había terminado el pasillo. Comencé a dar alaridos de la emoción y a brincar por toda la sala como una loca. Busqué corriendo el celular para llamar a Juana.

- Asumo que la rumba estuvo buena, porque ni un mensaje.
- Conocí a alguien...
- Noooo... Quiero saberlo todo ya!
- Se llama Sebastián y durmió aquí, se acaba de ir.
- Bueno, me imagino la faena... La sacaron del verano.
- No!!! Nada de eso. Nos quedamos dormidos arrunchados en cucharita y no pasó nada!

Le narré con pelos y señales, tal como hacemos las mujeres con nuestras amigas. Creo que los hombres nunca lograrán entender esa dinámica femenina de las narraciones de nuestras propias historias. Pero toda la alegría se vino al piso cuando Juana me preguntó:

- ¿Y te pidió el teléfono?
- Brutas...
- ¿No? ¿Entonces cómo van a cuadrar para ir a cine?
- No me digas... mucha animal! ¿Y ahora?
- Él sabe dónde vives... dijo de seguro Juana para animarme.
- Pues será esperar a ver si aparece, ¿no?
- Ay, no!!! Tomemos acción. ¿Dónde fue que me dijiste que trabajaba?
- En Accountability...
- Cierto, cierto... Allá trabaja mi prima Estela. Déjame y le escribo para que me dé el mail.
- ¿Será?
- Pues si no hacemos esto, te conozco, y vas a durar torturándome toda la semana.
- Bueno bueno.

Al final de la conversación teníamos el correo del personaje. Saqué valentía de donde no la tengo y le mandé un correo. Traté de sonar informal y fresca; cero intensa y nada impositiva. Todo un  reto.

Hola Tu.
Creo que para poder coordinar la ida a cine, necesitas alguno de mis datos.
Mi celu es 3126589877

Nos vemos

Dany

Eso fue el domingo finalizando el día. Y comencé a comerme las uñas. La angustia frente a la reacción de Sebastián comenzó a consumirme. Así que me harté de televisión toda la noche hasta que me quedé dormida. El lunes, entre la universidad y los trabajos en grupo, alcancé a bajarle un poco a la ansiedad. Hasta que a eso de las seis de la tarde: Sebastián Laguado. Decía el destinatario del correo.


29 de julio de 2013

¿Qué es el amor? Por Rodolfo Llinás

Me robo este fragmento de una entrevista a Rodolfo Llinás publicada aquí. Me pareció bastante genial.



En definitiva, ¿qué es el amor?
Es un estado funcional, como una golosina, y los enamorados son golosos ("que me ame, que me ame"). Eso hace que se sienta rico y que se activen los sistemas de gratificación. Por eso gusta. Claro, eso es indistinto de lo que se ame o a quién se ame. Amar la plata o a alguien del mismo sexo es, funcionalmente, la misma vaina. Eso sí, nunca es demasiado, nadie se muere por exceso de amor. No es como la epilepsia.

¿Y el odio y la envidia?
Son estados funcionales automáticos de los núcleos de la base del cerebro.Como todos los pecados capitales, no son negociables: el señor se enamoró y, como el que se va de rabo, no hay nada que hacer.Ahora, como todos los patrones de acción fijos, se pueden modular con otros. Por ejemplo, en el caso de la señora que ama a su marido y luego lo odia por infiel, hay un cambio de patrón de acción fijo, que era el amor, por otro, que es el odio... ¡Simple!

¿Y el amor a primera vista?
Funciona como en el cerebro de los pájaros: el patrón de acción fijo estaba activado, disponible y listo cuando apareció la persona que le gustó, y listo.

¿Y el amor eterno?
Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no.Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.


No sé ustedes pero LO AMÉ!!!!

25 de julio de 2013

El Final

Clavó su mirada en el fondo del vaso. Decepcionado notó que estaba vacío. Se vio tentado a pedir otro más, pero sabía que de continuar, no habría retorno. Buscó en su billetera y en sus bolsillos. Tenía lo suficiente para pagarle al barman y regresar a su casa. Pagar con la tarjeta abriría una puerta más cercana a un abismo, que a otra cosa. Cuando entró al bar dijo, me tomo lo que pueda pagar en efectivo. Dos whiskys dobles y una soda. Poco para momentos. Cuando uno sabe que dos tragos no son suficientes, no debe tomar más,decía siempre en sus reuniones sociales.

Pagó y sin mayores ganas salió del lugar. Decidió a último minuto caminar antes de agarrar un taxi. Manos en los bolsillo y pies casi que a rastras, emprendió su camino. Necesitaba aclarar sus ideas ahora que todo iba a cambiar.´

En ningún momento se detuvo a pensar que de pronto estaba armando una tormenta en un vaso con agua. Era normal que entrara en un hoyo negro cuando las cosas no salían como él quería. Sacarlo de ahí era complicado. Tanto, que estaba más solo que nunca. Su esposa lo abandonó, sus amigos se fueron apartando y hoy solo le quedaba su madre enferma.

Ella se había convertido en su razón de ser, en su motivo. Pero esta noche no. Esta noche era todo, menos eso.

El día había comenzado normal. Como comenzaban todos sus días. Un desayuno mediocre. Realmente nunca aprendió a cocinar. La cama quedaba medio tendida. Cinco minutos en el cuarto de su madre. Un beso en la frente, un nudo en la garganta y un par de instrucciones a la enfermera y rumbo a la oficina.

Su rutina no tenía nada fuera de lo común. Era un tipo extremadamente aburrido. O más bien, se había convertido en uno.

Llegó a la oficina, se sentó en su escritorio. Organizó los informes, cuadró cuentas. El único sobresalto fue que la cafetera se dañó y no se pudo tomar el tradicional cafecito de después del almuerzo, minutos durante los cuales, hablaba de cualquier cosa con su asistente.

Aunque, pensándolo bien, ahora con dos tragos en la cabeza y en medio de la penumbra de la calle, Marianita lo había mirado con un cierto pesar cuando la saludó por la mañana. ¿O será que ahora se lo está imaginando? Aunque no tiene nada de raro que toda la organización supiera, menos él.

A las 5:30 de la tarde, Marianita, que era un ser humano de los más buenos que había conocido, una señora demasiado decente para ser cierto, entró a su oficina y con voz temor le dijo: "Doctor, lo necesita el Señor Marsh". Eso sí que era extraño, al máximo jefe siempre se lo encontraba en las juntas semestrales. Asumió que necesitaba algo especial. Así que tomó su Ipad -o más bien el de la empresa-, para tomar nota en caso de que sea necesario.

Al entrar, sentados en la mesa de juntas se encontraba un trío de sujetos bien vestidos que tenían a leguas cara de abogados. Se preocupó. Entendió que esto no iba por buen camino. El señor Marsh lo invitó a sentarse, y aunque prefería pasarla de pie, aceptó, poniendo un aire de sumisión en sus palabras.

- Como ud. sabe Señor Mendieta, esta compañía tiene dentro de su filosofía optimizar los recursos y generarle la mayor cantidad de ganancias a sus a sus accionistas.

A partir de ese instante dejó de escuchar. Sabía que todo ese discurso era para decirle que no iba a continuar en la empresa. Comenzó a hacer cuentas. La deuda de la casa, la enfermera, la medicina... Sin trabajo, sería demasiado imposible, y a su edad, en un país como este, donde la edad firma la sentencia de defunción laboral de cualquier persona, todo sería más complicado. Poco a poco sus pensamientos lo arrastraron al hoyo negro donde manda el negativismo y sus preocupaciones más profundas.

Cuando pudo volver a concentrarse, escuchó lo siguiente:

- ... Y teniendo en cuenta su desempeño durante 15 años de trabajo, y las condiciones de su contrato, tomando como referencia la caída en 2 puntos de su productividad, no tendrá derecho a indemnización  solo a la liquidación. Lo sentimos mucho, Señor Mendienta, y gracias por tantos años de servicio. Lo dejo con los abogados para que le expliquen su situación. Y como si nada pasara, el señor Marsh le extendió la mano como señal de despedida.

Los abogados le explicaron que adicionalmente, como había solicitado varios créditos a la empresa sumado a las vacaciones adelantadas para cuidar a su madre, la liquidación que le correspondería se vería disminuida en 3/4 partes del total.

Al final de cuentas, lo habían dejado en la calle y sin un peso.

No podía pensar claramente. Asintió a toda la palabrería de los abogados y salió como alma en pena del lugar. Eran casi las siete de la noche. Y fue así como terminó en el barsucho de la esquina.

Le dio miles de vueltas al asunto y no encontró una salida sensata al asunto. No tenía hermanos, y su padre había muerto hacía ya bastantes años. Necesitaba un milagro.

Llegó a su casa caminando. Desertó de tomar un taxi cuando se vio demasiado envuelto en sus pensamientos, como para tener que lidiar con un taxista dicharachero. Y así, podría aplazar un poco la llegada al inicio de su nueva vida, sin trabajo y sin nada.

Cuando entró, la enfermera se había retirado a dormir, así que si madre estaba sola dormida en el cuarto. Se paró a sus pies y mentalmente balbuceó una frase ininteligible. Caminó lentamente, como evitando que ella lo escuchara (le gustaba pretender que ella podía sentirlo). A su lado, agarró la mascarilla, que era lo único que se la mantenía atada a la tierra, y la separó de su cara. No sintió ganas de detenerse. Era descabellado, pero era lo único que podría hacer.

Agarró la mano de su madre, y sintió como su escasa vida se escurría entre sus dedos. Lloró, como cuando era niño que lloraba abrazado a ella. Le pidió mil veces perdón. Le rogó a Dios por su vida. Se fue apagando poco a poco. Se decía a sí mismo que ella así no iba a sufrir más.

Salió del cuarto y cerró la puerta. Se sintió liberado, pero cinco minutos después entendió que había matado a su motivo, a su razón de ser. Ahora sí, realmente, no le quedaba nada. No valía nada.

Marianita lloraba desconsolada en su puesto de trabajo. Todos en el piso, estaban en shock. Los periódicos, la radio y la televisión, todos al unísono, hablaban de lo mismo. "Luego de matar a su madre se suicida reputado ejecutivo de la Empresa Marsh and Co."

Según las noticias, una sobredosis de calmantes fue la vía para lograr acabar con su sufrimiento. Según las noticias, estaba agobiado por las deudas. Según las noticias, Mauricio Mendieta aún conservaba su empleo. Nadie dijo que la empresa le había quitado todo. Nadie mencionó la carta que dejó en su mesa de noche. Nadie habló bien de él. Todos los acusaron de desequilibrado. A los pocos días todos lo olvidaron, y Mauricio Mendieta se convirtió en un número más de los hombres que se suicidaron luego del incremento de los niveles de desempleo en el país.




19 de julio de 2013

In - Tolerancia

Hoy amanecí con la pregunta sobre nuestra intolerancia. En mi búsqueda por la respuesta, miro hacia atrás, para poder encontrar el momento preciso en el que nos volvimos intolerantes. Y es ahí cuando recorriendo los libros de historia, noto que siempre lo hemos sido. Y no solo eso, sino que somos un país que usa la muerte como herramienta.

Es como si en este país matar por las ideas se haya convertido en parte de nuestra esencia. Pero me rehúso a creerlo. Aquí nos hemos matado por todo desde siempre: para conquistar los unos a los otros; para liberarnos de esos unos; por las leyes; por los partidos; por la política... 

Matamos por la tierra, por el oro, por la palma. Matamos a nuestros compañeros, a nuestros hermanos, incluso a golpes padres masacran a sus hijos y esposas... 

Matamos por envidia, por soberbios, por egoístas...

 Autor:Gustav Klimt 
 Fecha:1916 

Matamos por el fútbol, por el color de una camiseta. Matamos borrachos, porque la plata nos da ese poder. Matamos por la revolución, como mecanismos anti-revolucionario...

 Matamos a los líderes, matamos a los pobres. Matamos por plata, un celular, por unos tennis...

Incluso matamos con nuestras palabras.

Quisiera despertarme un día, ver a mi alrededor y saber que vivo en el país donde la muerte NO es el medio para lograr todos los fines. Y donde las palabras construyan y no maten.

17 de julio de 2013

Una Historia Cualquiera

El timbre de la puerta me despertó con un sobresalto. Me emputé. ¿A quién se le ocurre visitar sin avisar un sábado antes del medio? Fijo un ñoño que no se va de rumba. Claro que uno no piensa claro en esos momentos. El citófono no había sonado, y de seguro a todos mis amigos los anuncian.

Me levanté con una pereza infinita, con la pestañina algo corrida y bastante tufo.
- "¿Quién es?", pregunté con voz de mamera.
- "Tu vecina", respondió una voz femenina bastante enérgica del otro lado de la puerta. A esa como que no se le acaba la pila nunca, pensé.

¿Qué querrá la loca desconsiderada que vive en el apartamento del lado? La verdad me causaba curiosidad, desde que el portero me contó que ya estaba muy aburrido de que la señorita Cristina hiciera fiestas cada sábado y todos los vecinos le echaran la policía. Cada vez que veo a José me pregunto por qué un poco de emoción al portero le cae gorda. "Debe ser porque se la pasa dormido", me decía Juana, mi mejor amiga. Y de pronto tiene razón: portero que no duerma, no es portero.

Abrí la puerta, y tal debía ser mi estado, que Cristina abrió sus ojotes azules como si hubiera visto un espanto.

- "Niña. ¿A tí que te hicieron anoche?"
- "Tequila"
- "Uy".

Para mi sorpresa no era costeña. Me imaginaba a una cartagenera, trigueña, alta, amiguera hasta el extremo. Nada. Era rola. Su acento la delataba. Y por la bulla de las fiestas, la cantidad de gente que circula en el pasillo durante las rumbas, la forma de amanecer y las referencias de Jose, debía estar frita.

- "¿Qué necesitas?"
- "¿Pensé que llevas dos meses viviendo aquí y me parece una completa descortesía no haberte nunca invitado a mi casa..."

La miré esperando la conclusión del tema. De seguro no me iba a invitar al té.

- "... Hoy vienen unos amigos y pues pensé que sería una buena oportunidad para invitarte."

Fijo los amigos de esta loca están de cacería y se les acabó el material nuevo y necesitan más posibilidades.

- "No sé. Tengo que confirmar unos planes y te aviso", respondí sin mostrar mayor emoción. Parecía como si estuviera escuchando a mi mamá, a mi tía y a mi abuelita que por favor no recibiera nada de los extraños.

- "Listo, si te animas, ahí estamos", me respondió con una gran sonrisa en la cara.

Dormí todo el resto del día. Si no lograba recuperarme, de seguro no podría pasar por la casa de la vecina.  "Ay Dan, si no pasas, seguro te vas a perder de algo. Tu sabes que es en nuevos espacios,con nueva gente, el lugar donde podrás conocer a alguien". Esa fue la respuesta de Juana cuando le conté. Ella siempre pensando en conseguirme un novio. Se parece a la mejor amiga del colegio de mi mamá, bien costeña ella, que repetía cada tanto "Daniela, arréglate hasta para ir a la tienda, no va a ser que allá conozcas al hombre de tu vida". La forma de ver el mundo de las mujeres simples me fascinaba, casi todo, por no decir todo, lo miden en torno a las posibilidades de conseguir o no un marido.

Entonces agarré todo el conocimiento de las mujeres de mi vida, y me vestí con la actitud suficiente para ir a un sitio tetiado de extraños. Al final, lo máximo que podía pasar era que me aburriera y me devolviera a mi cama, que está a una puerta de distancia.

Terminé de arreglarme y eran como las 8:30. No sentía mucho ruido. En ese momento me asaltó la duda sobre si sera mejor llegar de primeras e interactuar con la dueña de la fiesta, o llegar cuando ya todo estuviera llena y pasar desapercibida. Odio conocer extraños. Hay muchas cosas que no sé como manejar. Concluí que era mejor llegar de primeras, hablar un rato y tomarme un trago para relajar los nervios.

- "¡Viniste!", dijo Cristina con tal emoción que comencé a pensar que su interés por mi era legítimo.
- "Bueno, creo que era lo mínimo luego de dos meses de oirte rumbear sola", intenté ser querídísima. "Mira, te traje esto", le entregué una botella de vino.
- "Tan querida"
- "Creo que mi mamá me dejó bien educadita".
- "Sigue, sigue. ¿Qué te quieres tomar? Espero que no un vinito"
- "¿Qué tienes?"
- "Hay un poco de todo: Ginebra, tequila -pero creo que de ese no quieres-, guaro, roncito, whisky y ahora vino", dijo haciendo un gesto con la botella que tenía en su mano.
- "Bueno, tienes un bar".
- "Obvio. Con lo que me gusta fiestiar, claro que tengo."

Me enteré que Cristina había vivido en mi apartamento, pero que odiaba a la dueña. Si es un poco intensa, pero me pareció radical que le quemaran la alfombra y le rompieran el inodoro antes de irse como venganza por toda la lora que dio durante un año que tuvo el contrato. "Es vieja era una mamera. Yo sí llamé a todos mis amigos, hice una rumba y la única regla era apagar todos los cigarrillos en la alfombra". Confirmado. La nena está loca.

Uno a uno fueron llegando los invitados. Los había de todos los sabores, olores y colores. Estaturas, razas, estilos y peinados. Más hombres que mujeres. A todos les decía: "Les presento a Daniela, mi vecina. Lleva dos meses aguantándonos la rumba, así que decidí invitarla antes de que llegara con la policía". Yo me moría del oso. Socializar no es lo mio. Pero ya entrados en gastos, convertí a la ginebra en mi mejor aliado.

En medio de tantas rarezas, vi llegar a Sebastián  Mono, fornido, alto. Camisa blanca y unos jeans. Regio. Apenas como me gustaban. Muy raro un sujeto así en medio de tanto rasta y hippie desgastado.

- "Te presento a Daniela, la vecina". 
- "Ahhh, la vecina".... Entendí o quise creer que ya habían hablado de mi en algún momento.
- "Mucho gusto, el primo responsable de esta loca". Bueno por lo menos no era la única que pensaba que Cristina estaba demente.

Encontré con quien hablar el resto de la noche, que era bastante largo. De no ser por Sebastián, a las 12 hubiera aplicado la de Cenicienta, y me hubiera ido a dormir. Realmente fumar, oler y beber, no era mi parche.

Con Sebastián fue muy divertido. Teníamos los mismos intereses, leer novelas, cero poesía o autoayuda; el arte lo entendíamos de la misma manera y odiábamos el brócoli por sobre todas las cosas. Tenía buen sentido del humor y era capaz de armarle una historia a cada uno de los sujetos presentes en el lugar.

- Mira a ese negro en el rincón. Él, está esperando a que su novia que se fue a vivir lejos, regrese y esté con él. Le hizo una promesa. Que no se iba a cortar ni a lavar el pelo hasta que volvieran a estar juntos. Lo que no sabe es que la vieja, está embarazada de otro, por allá en Europa. 

No paraba de reír. Montaba películas en un instante. La verdad hizo mi noche y lo mejor es que me salvó de ser el hongo de la fiesta.

A las cuatro se comenzaron a ir. Para las 5 ya quedábamos unos cuantos en la sala. Sebastián y yo estábamos echados, literalmente en el sofá. Yo un poco prenda, él menos. Cuando nos dimos cuenta, de los ocho que quedábamos, solo dos estaban despiertos. El resto había sucumbido a la mezcla de alcohol. Cristina no estaba cerca. "De seguro está en el cuarto... y no precisamente sola", dijo Sebastián.

No sabía qué hacer. Según las películas ese es el momento de beso más fabuloso que le dan a las protagonistas. Pero... ¿y si no...? Así que decidí no dármelas de osada y me levanté del sillón.

- "Bueno... me voy"
- "¿Para dónde?"
 - "Para mi casa..."

Aún sentado en el sofá, me tomó de la mano, y me jaló hacía él. Claramente no caí sentada en sus piernas decorosamente, sino que me quedé toda tiesa de pie y lo único que se me ocurrió decirle fue "¿Qué pasa?". Ante mi torpeza, Sebastián se levantó, puso mi cara entre sus manos, y me besó. Yo me dejé. No fue romántico. No fue de película, pero diablos, cómo besaba de bien!

No sé cuánto duró, pudo ser un segundo pero a mi me pareció un siglo y hubiera querido que durara para siempre. No sentí pena ni temor. Entendí a Juana cuando me decía "Ese momento en el que el extraño te besa, puede ser el más emocionante del mundo. Con ese beso entiendes que lo conquistaste, que le gustas y que, así no quiera saber más, quiso probarte". Solo hasta ese momento entendí esa descripción del beso al extraño. Y me gustó.

Cuando separamos nuestros labios, me miró a los ojos y me dijo: "Te acompaño hasta tu puerta". Claramente no era el recorrido más peligroso del mundo, pero me pareció válida la intensión.

Abrí con dificultad, y parada en el umbral de mi estómago salió un "¿Quieres pasar?". Y el me dijo "".


4 de julio de 2013

Los 30... Sucks (¿?)

Los seres humanos vivimos llenándonos de mentiras. Todo el día nos repetimos discursos que nos ayudan, quizá a sobrevivir este 'mundo dual complicado', como me dice mi doctora del reiki. Desde temas como el príncipe azul, la princesa desvalida, el sapo que rehabilitado se convierte en el hombre de tus sueños... hasta la vida feliz de una familia con carro, casa, beca, hijos y vacaciones cinco estrellas. Todos son cuentos con lo que nos rellenamos.

Nos autoconvencemos de una idea, y caminamos toda la vida buscándola. Supongo que eso le da un poco de sentido a nuestra existencia, y bastante frustración y motivos de suicidio, cuando no lo conseguimos.

Otras de las mentiras más comunes que nos venden y nos comemos, es que los treinta son la mejor década de nuestra existencia. Ay mujeres. Nos venden artículos que nos dicen que a los 30 ya tenemos el puesto que queremos, hemos salido con los hombres que queremos, y somos independientes, pilas y que viajamos y nos gastamos la plata en moda y maquillaje. Que eso debe ser suficiente para adorar los 30 y renegar de los veinte o de la adolescencia.

Bueno, les voy a decir lo que pienso. Sí, los treinta están bien, pero son peores de lo que nos quieren hacer ver. Veamos por qué.

A los 30, nos toca madurar. Ser responsable. Asumir nuestra propia responsabilidad. La excusa de la recién graduada que aun puede 'parasitear' de sus padres, se va acabando. Comienza toda la familia a dar lora con el tema de 'el novio para cuando', si eres soltera y disponible; 'y el matrimonio para cuando', si tienes un novio; 'el hijo para cuando', si estas casada o te fuiste a vivir con tu pareja; 'el otro hijo para cuando', si te adelantaste y en los 20 ya construiste tu familia. Y no contentos con eso, también comienzan 'recuerda que no de puedes gastarte toda la plata y tienes que comenzar a ahorrar'; 'el carro para cuando', 'la casa para cuando'... Y así. Podrían darnos discursos infinitos sobre la responsabilidad y sus distintas manifestaciones.

Los 30 no son los 20. Un día a los 30 y tantos te levantas y como por arte de magia, eres todo un ser lleno de celulitis. Entonces te toca correr a comprar el kit para removerla y prevenirla, dejar de tomar coca cola y disminuir las cinco tazas de tinto que te tomabas al día. Compras crema reductora e inicias los masajes.

Pero entonces, la desgracia ha comenzado: ya no adelgazas con la facilidad de antes, y todo lo que te comas engorda. Adiós helado, adiós el chocolate. El postre queda solo para el cumpleaños, y el té verde comienza a convertirse en tu mejor amigo.

Y cuando ya crees que tienes la dieta controlada: sopa y ensalada cuatro veces por semana, de merienda manzana, una sola harina al día, poco en la cena y NADA de dulces... Te das cuenta que eso no es suficiente. El estado físico está jodido. Subir un par de pisos corriendo es algo imposible. Tocó hacer deporte. Algunas trotan, otras hacen crossfit, algunas vamos a zumba y otras se la pasan haciendo cardio.

Pero como a los 30 te comienzan a cobrar las primeras cuentas de cobro del abuso de los 20, cuando menos piensas, te miras al espejo y todas las líneas de expresión se te comienzan a marcar. Para qué me reí tanto, para qué fruncí tanto el ceño... Toca comprar la mundial de la crema. Ya una no es suficiente: toca entonces bloqueador, humectante de día, humectante de noche, la del contorno de ojos, la especial para desmaquillar, para después de ir a tierra caliente, la de después de la rumba.

Como si eso no fuera poco, llegas a los 30 y salir a rumbear ya no es lo mismo. Las de 20 se ven mucho más regias que tu, pueden mostrar más piel que tu y, sobre todo, pueden perder la compostura y tu no. Claro, la competencia aprieta. Si llegas a los treinta soltera, te toca entrar en una competencia a muerte con las de 20 por lograr ligarte a alguien. Y si de casualidad de pasaste de tragos... el guayabo se vuelve en una condena de casi dos días en los que sientes que de verdad vas a morir.

Creo que a los 30 seguro tienes para la cuota inicial de tu casa, compraste el carro que querías, has conocido varios países con los que siempre soñaste, pero a los treinta comienza la decadencia y le llega a uno la decencia. A los 20 uno podía ser irresponsable, cagarse el mundo, y aun así seguir siendo bella con un culo firme, pero a los ¿34, 35, 36? Toca ser coherente disciplinada, responsable, seria, bien puesta, bien hablada.

Así, creo que si bien los treinta tienen todas sus ventajas en materia de autonomía económica e independencia, no podemos olvidar que también tiene sus desventajas, tantas, que a veces quisiera volver a los 20 y perder el control más seguido, o llegar pronto a los cuarenta para perderle el miedo al botox y a rellenarme las marcas de la comisura del labio, y definitivamente ya haber asumido que muchas cosas se quedaron atrás y que ya no hay posibilidad de devolverse.

*Nota: Como muchos me han dicho que soy muy negativa... les cuento que decidí mostrar la parte negra de los 30, porque ya muchas han dedicado millones en letras a hablar bien de ésta década. Aquí algunos links:

Elogio al elogio de los 30 en Susana y Elvira
LOS 30, SON LOS NUEVOS 20 O SIMPLEMENTE LOS 30 SON NUESTROS MEJORES AÑOS?
Poema: No tengo treinta años.