27 de mayo de 2013

Miedos III

Viene de acá

Marco estuvo todo el sábado desparchado. Sin nada que hacer, concentrarse en otra cosa que no fuera Andrea y sus múltiples posibilidades fue todo un reto. Si hubiera sido por él, hubiera trotado todo el día. Lavó el carro, fue al supermercado, llevó ropa a la lavandería. Necesitaba callar la cabeza, pero no lo logró.

Llegó a su casa y se botó, literalmente, sobre la cama. La cabeza lo había derrotado. Así que dio rienda suelta a sus múltiples ideas y trató de organizarlas para no sentirse tan demente.

Alternativa 1: La cita es un desastre y no somos capaces de estar los dos solos, por eso las cosas no van a funcionar.

Alternativa 2: La pasamos delicioso. Nos reímos. Decidimos seguir saliendo. Pero luego nos aburrimos y no va a funcionar

Alternativa 3: La paso bien.. Nos llamamos y vemos un par de veces más. Pero al final nos aburrimos.

Su cabeza le estaba jugando la peor de las pasadas. Estaba terminando todo antes de comenzar.

La rutina de Andrea los sábados se centraba en visitar a su abuelita en el hospital. Había adquirido ese compromiso desde hace dos años, cuando ella quedó en coma sus hijos no habían sido capaces de desconectarla.

Abuelita. Hoy no te voy a leer un libro. Te voy a contar una historia. Imagínate que conocí a un chico. Bueno, no es que lo haya conocido, porque ya hace rato de eso. Pero creo que estoy enamorada de él. Supongo que te estás sorprendiendo, porque aquí sentada, muchas veces, te eché un discurso antiamor, anti hombres. Pero es que creo que con Marco es diferente. Seguramente él es como todos los otros hombres, sí, así. Perros y todo. Porque yo sí creo que solo el mínimo porcentaje es fiel -pero de eso lo sabes tu mejor que yo-, pero algo me dice que esta vez, conmigo, él va a ser diferente. La historia es que lo conocí hace como 8 años. Es amigo de una amiga, de Ángela, ¿la recuerdas? Bueno, en algún cumpleaños de ella nos conocimos. Pero yo en esa época andaba con el imbécil de Ramón. Desde ese entonces Marco siempre me ha gustado físicamente. Nos encontramos en las fiestas, en las reuniones, pero como que nunca pasaba nada. Éramos dos más del grupo. Pero yo lo miraba. y él lo notaba. Pero él también me miraba y yo lo notaba. Había como química. Pero es que ninguno daba el paso. Ángela me dice que somos unos cobardes. Que somos tal para cual. Pero yo no le quiero creer. Es que él sale con una cada vez. Pero algo me dice que esta vez es diferente.

Y así habló y habló durante varias horas. Ella pensaba que su abuelita la escuchaba y que al final, se alegraba por ella. Por eso ponía todo su empeño en sus relatos.



Llegó por ella muy puntual. Le sudaban las manos. Estaba inquieto. No se hallaba. Por un instante pensó en  encender el carro y salir a toda velocidad, perderse y no regresar. Encendió el vehículo y la vio salir por la puerta del edificio. Hermosa en jeans.

Solo fue que ella se subiera al carro y comenzó a sonar una canción de esas que a él le parecían románticas, decadentes:

Ay amor, que pasó
tiembla el piso y tiemblo yo, corazón
ay amor, que pasó
tiembla el piso y tiemblo yo, fue una ilusión

Y ella lo entendió como la perfecta descripción de lo que estaba sintiendo. Lo tomó como una premonición de que las cosas iban a salir bien.

- Hola!
- Hola!
- ¿Cómo estás? Días sin verte.

Se rió con el comentario. Y él se dio cuenta de que una de las cosas que más le gustaba de ella era su risa.

- Tengo el apodo perfecto para ti.
- Uy, ¿y eso? ¿Duraste todo el día pensando en mí? Te dejé traumatizado.
- Casi, pero te faltó un poquito más para eso.
- Ja... si claro! ¿Cómo me vas a bautizar, WallStreet?
- Naciones Unidas.
- Juaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ¿Por qué?
- Porque siempre le andas diciendo a los otros lo que hay que hacer
- Eso no es verdad.
- ¿Quieres que entremos en esa discusión?
- No gracias.
- Cobarde.

El escogió el restaurante, porque ella de solo pensar en tener que escoger algo referente a comida, le parecía la tarea más complicada del mundo, que terminaba resolviendo de la manera más simple. Así que dejó que Marco intentara sorprenderla. Su elección: un sitio clásico, cerca al centro. Callado a media luz. Típico lugar romántico. A ella le pareció bien.

Se sentaron en la mesa cerca a la chimenea. Él se excusó para ir al baño y dejó el celular encima de la mesa. Mientras recorría el lugar con los ojos y hacía fuerza para que le llevaran la carta, porque estaba muerta del hambre, notó que el celular vibró. Intentó hacer caso omiso del tema. Pero su curiosidad femenina le ganó. Agarró el teléfono, entró a los mensajes y se encuentra una serie entre Marco y una tal 'Jime'.

- Precioso: ¿Qué harás hoy?
- Tengo una comida.
- ¿No me llevas?
- Tu sabes que no.
- Entiendo.
- Te aviso apenas me desocupe en la noche y paso a tu casa.
- Perfecto, precioso. Te espero ansiosa

Sintió que le hervía la sangre. Este es mucho descarado!!!! Quería llorar. Pensó en irse y salir corriendo. Pero pensó que la venganza es un plato que mejor se come frío. Sin pensarlo dos veces, volvió a tomar el celular, vigilando que no viniera Marco. Enseguida el mesero se acercó y le dijo Señorita, hay un lío en el bañó, ya su compañero viene. ¿Quiere tomar algo mientras tanto? Un Gin Tonic, respondió para que el mesero la dejara sola rápido.

- Lo siento hoy no voy a poder. Escribió como respuesta al último mensaje.
- Lástima. Fue la respuesta inmediata.

Borró los últimos tres mensajes y apenas levantó la mirada vio a Marco que la observaba con una curiosidad infinita.

- ¿Qué haces con mi teléfono?




Bailamos


Salí del baño y la vi sentada en la mesa, sola, contemplando una copa de vino, como si en su interior se revelara el futuro. De fondo unos aplausos que se convirtieron en trompetas. lo tomé como la señal inequívoca de que era el momento perfecto. Con paso decidido, sin importar cuantas personas se contoneaban entre ella y yo. Me acerqué y le extendí la mano.

'Quiéreme, como te quiero a ti 
mujer, quiéreme
Quiéreme, como te quiero a ti 
mujer, quiéreme ...'


Me miró, con cara de no entiendo nada. Pero al final aceptó.

'Dime porque las mujeres tienen 
el alma de coco
Dime porque las mujeres tienen 
el alma de coco 
Cuando uno más las quiere, 
más a uno lo vuelven loco....'

La llevé a la pista, la atraje contra mi cuerpo. Bailaba delicioso. Sentí su perfume. Me dediqué a sentirla. El compás era perfecto.

- Soy Antonio
- Yo Margarita. 

Había entendido perfectamente hacia dónde iba.

- ¿Por qué estás sola?
- Hay días en los que no soportas a nadie de tu entorno y decides salir sola. A ver qué pasa
- Y ¿Qué pasa?
- Llegó un Antonio a sacarme a bailar. Y menos mal, porque es mi canción favorita.
- ¿Acaso eres mala mujer?
- No pero a veces me gustaría serlo.

Comenzamos así a conversar como dos extraños. Continuamos toda la noche entre charlas y anécdotas inventadas.

Fingimos para al final reafirmar que, a pesar de los nombres, somos y seremos uno para el otro.


22 de mayo de 2013

Lotería

Alberta era una de esas personas que vivía al límite. No le alcanzaba, el tiempo, la energía para organizar todo lo que había recaído en sus hombros. Necesitaba plata. Si tan solo me ganara la lotería, solía repetirse cada vez que miraba el saldo de sus tarjetas.

- Para ganártela tienes que comparla, le dijo un día su mejor amigo durante un almuerzo.
- Tú y tus frases de cajón, le respondió. Yo solo me gano problemas y malos ratos. Y soltó una carcajada, tan honesta, que su acompañante no tuvo más nada que decir.

Esa era una de sus características, aun era capaz de burlarse de sí misma. Creía firmemente que eso la mantenía víva y con ganas de levantarse todos los días.

Tal como todos los jueves, al medio día pasó a visitar a su mamá, quien había dejado de lado sus días de felicidad para convertirse en un alma en pena, sin luz, apagada, como si ya no quisiera vivir. Cada vez que la veía así, le provocaba salir a la mitad de la calle y echarle la madre a Dios, al Destino, a ese Ser superior a quien había renunciado desde el momento que su papá las abandonó y su madre perdió su último trabajo.

Se supone que a la gente buena le pasan cosas buenas. Y yo no me he robado un peso, no he matado a nadie. Fui a todas las misas que pude, recé todos los padres nuestros necesarios. No soy ni puta, ni mentirosa. ¡No jodas! que me mamé de ser fervorosa. De dar las gracias. No! No te doy las gracias de nada, porque me cansé de ser una de tus bromas. Me cansé de sentir todo el tiempo que me voy a ahorcar, que me voy a morir ahogada. ¿Por qué más bien no nos matas de una vez, en lugar de tenernos viviendo en esa vida miserable de incertidumbre?

Y desde ese día que entre lágrimas le echó su discurso 'al de arriba', se sintió libre, y comenzó a asumir que cada cosa que pasaba era solo y únicamente su responsabilidad. Desde ese día lloraba menos, se quejaba menos, pero se reía más de sí misma. Excepto cuando su mamá lloraba...

Fue ese jueves, que se acostó a dormir temprano para no seguir pensando en las múltiples alternativas para animar a su mamá. Le noche le pasó en un segundo. a las 5:30 de la mañana se despertó, como siempre, prendió la lámpara de la mesa de noche, como siempre. Por sorpresa encontró una cifra anotada en un papelito.

"8 72 96 56 89 2" decía. Era su letra. Se quedó mirándola. Eso no estaba ahí anoche, aseguró. Se metió bajo la ducha y mientras disfrutaba del chorro de agua que caía en su cabeza, recordó: Se había soñado con en número.

Alberta era de esas personas que no creían en premoniciones, pero, seguramente su yo dormida le estaba tratando de enviar un mensaje y anotó el número.

Salía perfecto con la Lotería, que jugaba al día siguiente.

Antes de salir de la casa, memorizó el número y se dijo. Si la señora de la esquina de la oficina tiene el número, lo compro. Seguro es una señal. Y preciso. Doña Lida tenía el 8 72 96 56 89 2. En el mismo orden y todo. Sacó de su bolsillo lo que costaba el billete y supo que sus planes de cine de ese fin de semana quedarían cancelados a menos que alguien pagara las entradas.

Mira tu. Yo sé que no te hablo desde hace mucho tiempo. Pero es que alejarme a veces es lo que mpas me funciona, en general. Mira. Acabo de comprar este billete de lotería. Le tengo puesta toda la fe del mundo y también estoy dispuesta a recobrarla en general si me haces el milagrito. Seguro no me lo merezco, pero creo que mi mami sí.

Se puso el billete en el pecho, cerró los ojos y rezó un padrenuestro. Lo echó entre el cajón del escritorio y se dispuso a sacar adelante ese día.

Con el embolate del día, más los turnos adicionales del fin de semana, había olvidado del todo el tema. El viernes a eso de las 7 de la noche, recordó el billete de lotería olvidado entre el cajón. Tenía muchos nervios. ¿Y si se me cumple? Prendió el televisor y era justo la hora del sorteo. Todo le sonaba a señal. Buscó entre la mesa de noche los números, se persignó y comenzó a seguir a la modelo que sacaba las balotas.

7 70 93 54 84 - 4 fue el resultado final. Grandísima puta vida. Gritó!! de haber sabido que había que restarle!!!! Quería llorar. Tenía todas las esperanzas puestas en la lotería, y ni eso le funcionó. Se imaginó a Dios, al Destino, o al Ser Superior, como quieran llamarlo, sentadote en su trono, señalando con una mano rumbo a su apartamentico, muerto de la risa, al borde del llanto, burlándose de esta pobre ilusa que se puso a creer en las supuestas 'señales'.

No pudo contener la risa. Por lo menos ella misma era el mejor chiste para terminar el día. Mañana, tendría que levantarse de nuevo a las 5:30 e intentar sobrevivir otra semana.




19 de mayo de 2013

Miedos II

Viene de Aquí

Sintió un dolor en la espalda insoportable, acompañado de un frío compacto. Abrió los ojos y entendió. Estaban ambos bastante torcidos contra el sofá, pero más en el piso. Se levantó evitando que Marco sintiera sus movimientos. Ya de pie, buscó su ropa regada por todo le lugar. Lo miró y sintió un corrientazo por toda su espalda. Comprendió que estaba jodida.

Fue al closet de ropas. Le sorprendió que un hombre tuviera tantas sábanas, toallas y cobijas tan bien organizadas. Seguro son cosas de la empleada, pensó. Sacó una cobija gruesa y arropó a Marco, quien aun yacía en el piso. Ya iba a salir y pensó que sería bastante descortés no avisar los motivos de su retiro.

Se devolvió en puntillas, buscó en la cocina algo con que dejar una nota.

Wallstreet:

Marco se levantó con un sentimiento de angustia que le presionaba el pecho. Recordó inmediatamente los ataques de ansiedad en la época del colegio. No le gustó sentir algo tan fuerte, tan extraño y tan lejano. ¿Era miedo? ¿Miedo él? Entonces fue en ese momento cuando realizó que estaba jodido.

Recogió el desastre. Mientras ordenaba sentía que la nota sobre la mesa lo miraba. Como que lo seguía. No quería leerla. Estaba esperando lo peor.

Estaba tan ensimismado en sus pensamientos que había olvidado por completo que aun quedaba alguien en su casa.

- Huevón! Me explica qué pasó anoche.
- No, Toño. Usted tiene que ver qué hace con esa forma de beber.
- ¿Y Mañe?
- Ese sigue allá durmiendo.
- Venga y hacemos desayuno.

Tenía unas ganas inmensas de contarle todo a sus amigos. Pero, sin saber qué decía la nota, era imprudente porque esos fijo le hacían leerla en voz alta. Así que se guardó su secreto.

Eras las 4:30 de la mañana cuando salió del apartamento de Marco. Estaba echa un ocho, no solo por el trago. Su cabeza estaba casi tan enredada como su cabello. Su taxi de confianza llegó por ella y mientras recorría las húmedas calles de Bogotá, su lado promedio la azotó. ¿Y si no aparece? ¿y si no funciona? ¿y si sigue siendo un perro? Las preguntas la agobiaron. Necesitaba enfriar la cabeza.

Se dio una ducha. Puso en marcha todas las recomendaciones del terapeuta para callar los pensamientos. Respiró profundo varias veces, fue a su templo interior... Y así se calmó. Trataré de vivir el aquí y el ahora.

Cada vez que su mejor amiga le decía esa frase como consejo su respuesta era la misma, Como si fuera tan fácil. Cargamos el pasado sobre nuestros hombros y hacemos todo pensando en las consecuencias del futuro. No me puedes decir que nos podemos deshacer de todo eso para vivir el aquí y el ahora. Pero al parecer por este momento fue reconfortante, por lo menos la intensión de no pensar en el futuro.

Se acostó a dormir. El sábado siempre era un día complicado para ella...

Por fin pudo despachar a sus amigos. Es que ellos tienen delirio de bonbril, pensó cuando cerró la puerta. Regresó a su sala. Agarró la notica respiró profundo y se dijo a sí mismo: Será lo que tiene que ser, y se sorprendió de lo zen que sonaba eso. Mierda, mi hermana me está afectando.

Wallstreet: No pudo evitar sonreir
No sé qué vaya a pasar después de esta noche. Tampoco sé si estoy preparada. Y menos claridad tengo sobre qué esperar de ti. Yo tampoco, Andre, yo tampoco.
Me voy porque no quiero que Toño y Mañe se despierten y comiencen a hacer preguntas. Tu sabes cómo se ponen de pesados. Uffff, menos mal no fue por otra cosa.
Besos,

Andre
Pd: No tenemos un apodo para mi.... Ese tenemos que construirlo

¿Y ahora? ¿Cómo operar? Necesitaba un consejo.

Comenzó a recorrer su teléfono para ver quién podría ser la mejor consejera para estos casos.
Alina
Ana
Angélica
Beatriz
Carolina
Catalina
Celmira
Dania
Daniela
Diana
...
...
...
No pudo detenerse. Seguía leyendo nombres y nombres de mujeres.

Juliana
Liliana
Maurice
Nat
Pao
Paula
Rose
Susy
Tati
Vivi
Xime

Comenzó a hacer un recorrido por todas esas historias. Todas insignificantes. Todas sin fondo. Erra un perro. Cierto. Pero nunca se había detenido a pensar qué pasaba con alguna de esas mujeres después de salir una o dos veces con ellas. Siempre se escudaba en que ellas saben a qué estamos jugando. ¿Pero era cierto?

Haciendo memoria notó que siempre era él quien decidía hasta cuando salir con las esas mujeres. Nunca las había dejado decidir. ¿Se sentirían utilizadas?

Por primera vez en muchos años se había cuestionado. Todo por cuenta de Andrea. Su yo sensible, comenzó a atacarlo con preguntas. ¿Y si él no está listo? ¿Y si no funciona? ¿Y si no le gusta tener una novia? ¿Y qué querrá Andrea?

Se hizo un ocho peor. Decidió que necesitaba dejar de pensar. Se puso una sudadera, unos tennis y una camiseta y salió a trotar. Eso, generalmente lo calmaba.

Terminó en la casa de su hermana.

- ¿Qué más? Y ese milagro.
- Deja de decir eso que vengo dos veces a la semana.
- Tienes cara de fantasma... ¿Qué fue?
- Me metí con Andrea...
- No!!!!
- Si!!!!
- Y si estás listo para ella
- Eso es lo que no sé

Relató con todos los detalles la historia de la noche anterior. Lo hacía con mucha emoción y sentimiento. Lo hacía feliz recordar cada instante, cada palabra, cada gesto. Cuando terminó Vicky sentenció: Nunca te había visto tan emocionado. Creo que debes llamarla. Lánzate. ¿Qué tienes para perder?

Salió de ahí más confundido que nunca. Cuando sintió vibrar su celular. Era un mensaje de texto de Andrea. Lo volvieron a invadir los nervios.

¿Qué haces, Wallstret?

Dio la opción de responder.

Terminando de trotar. ¿Tu?

Se sintió aliviado. No era tan complicado 'iniciar' algo.

Me desocupo a las 6 de la tarde. ¿Vamos a comer?
Por primera vez no le molestó que determinaran su agenda. Era una buena señal.

- A las 7 paso por tí.
- Listo

Se sintió demasiado intensa. Coño. ¿Por qué le era tan difícil esperar que los hombres tomaran el primer paso? Es por eso que no te toman en serio le decía su mamá.

Trató de mantenerse enfocada, tranquila. a las siete sabría cómo van a ser las cosas.

15 de mayo de 2013

Miedos

La rumba estuvo desbordada. En la sala solo quedaban Marco y Andrea. A su rededor los que siempre caían en los sofás, Antonio y Manuel.

- Ese par no sabe nunca cuando parar, ¿no?
- Son un completo desastre. Por algo no le duran las novias.
- Jaaa imagínate a una loca en tacones tratando de levantarlos.

No quedaba ya mucho trago. Digamos que estaban en el punto en el que cualquier cuncho era suficiente para rematar la noche.

- Es la primera vez que no salgo corriendo temprano
- Es que tu siempre me has tenido miedo.
- Que va! Tan convencido el hijueputa.

Para Marco, Andrea la vieja perfecta. Esa a la que uno tiene que temerle. "El día que me meta con ella, es para quedarme ahí por siempre", solía decirle a sus amigos. Pero claro, siempre le faltaba el valor.

- ¿Te parezco muy hijueputa?
- Y buen conversador, a pesar de eso.
- No me cambies el tema...
- ¿Qué tema?
- Hazte la loca...
- ¿Quieres de verdad que entremos ahí?

Para Andrea, Marco tenía algo. Ese algo que uno no identifica, pero aterra. Nadie sabía que Marco le gustaba. Así se libraba de las argucias casamenteras de su mejor amiga. Obvio nunca iba a hacer nada al respecto.

- A ver. Muy hijueputa ¿por qué?
- Por como despachas a las viejas.
Marco soltó una carcajada.

- Mi niña, pero si ellas saben a qué juegan conmigo. Digamos que es algo de beneficio mutuo.

"Es que me emputa que me digan niña! Tiene huevo este man.

- Claro. Es que todo contigo es una transacción. Te tengo el apodo perfecto: "WallStreet".

"Lo mejor es que esta loca tiene buen sentido del humor".

Se levantó. "¿Para dónde vas?" "A buscar algo en la reserva y a ver si este par de borrachos se van para el cuarto."

Lo vio arriando a sus dos amigos borrachos hacia el cuarto principal. Mientras. Recogió todo lo que sobraba de la mesa de centro en la sala. Vasos, botellas vacías, platos de comida. Lo organizó todo perfectamente en la cocina. Sabía que este ritual del orden era para preparar el terreno. "Lo que es, será", se repitió.

Buscó en el último rincón de su clóset el par de botellas que había reservado para LA ocasión. "Quedo en sus manos". Desde el pasillo, bajó la intensidad de las luces.

- Dos de reserva...
- Uy... ¿me quieres impresionar?
- No nada... es que no hay más...

Se sentó al lado de ella, mucho más cerca que la última vez. "Si no se corre, es porque estoy a salvo". 

-Usted huele rico. Como todos los perros.
- De hijueputa, a perro. Vamos mejorando. Pero sí, mejor perro con perfume, que perro oloroso.
- Usted si es mucho ordinario.

Sirvió ambas copas y le entregó una a Andrea. Ella aprovechó y dio un rápido vistazo al apartamento. Le encantó. Todo en sus justas proporciones. Masculino, pero no tanto, con un toque bohemio.

- No había visto el cuadro del fondo. Interesante.
- Cuando lo vi, tuve que comprarlo. Es de esas cosas que uno tiene que tener.
- Tiene un algo que atrae.
- ¡Salud! Por todo el tiempo desperdiciado.
- ¡Salud! Por el tiempo que viene.

Al terminar el brindis. Ella lo miró a los ojos. y el aprovechó para sutilmente, poner sus labios sobre los de ella. Al sentir la boca de Marco sobre la suya, cerró los ojos. Respiró profundo y le permitió fundirse con ella. Sintió su lengua penetrarla, sintió ganas de morderlo un poquito. La rodeó con sus brazos y la trajo hacia él. Olía también delicioso. Su boca era suave, sus labios la mejor entrada a su ser. Sin pensarlo dos veces, corrió la boca hacia el cuello. Ella inclinó su cabeza y sintió un corrientazo recorrer todo su cuerpo. Sin pensarlo dos veces dijo:

- ¿Estás seguro? al tiempo que soltó un suspiro...
- ¿De esto? Le susurró al oído.
- Yo no soy un cajero automático, WallStrett.... dijo en tono cortante, al separarlo un poco para poder mirarlo a la cara.

Él, entendió que se trataba de una escena de esas en las que las mujeres necesitan algo de seguridad. Pero no sabía qué hacer.

- Andre. Y la tomó de las manos. Nunca serías una transacción. Jamás.
- ¿Cómo creerte? dijo y lo miró con temor.
- Te va a tocar creerme.

Ella agarró la copa de vino y se bajó completa. Se sirvió de nuevo. Se levantó del sofá y dio una vuelta por la sala. Él la miraba de arriba a abajo. El vestido negro le quedaba perfecto. Se paró de inmediato y se acercó. La miró desde arriba. Lo miró desde abajo. La volvió a abrazar y la trajo hacia sí. Yo sé, que si me meto contigo, es para siempre. Han pasado muchos años desde que nos conocimos y solo hasta hoy di el primer paso. Estoy seguro. Ya estando aquí tengo todo el tiempo del mundo para demostrártelo.

- Tengo miedo.
- Yo también...

La volvió a besar. Más lento. Más tierno. Sabía que debía usar otras maneras, porque de lo contrario, ella de deslizaría entre sus manos.

Ella recibió el beso. Nunca la habían besado así antes. Levantó sus brazos y se aferró a su cuello.

Se dejó llevar. Entre besos y caricias fue cayendo la ropa. Sus manos se acoplaban perfecto a sus curvas. Se sentía bien a pesar de que su cabeza comenzaba a mandar mensajes de prevención. "Tu sabes cómo va a terminar esto". "Seguro te esta viendo la cara"... Pero con cada beso, Marco anulaba los miedos hasta que todo su ser, hasta sus pensamientos pedían más.

Se besaron hasta los lugares más insospechados. Él, desnudo se veía delicioso y ella se sentía como una diosa. Es perfecta, se decía, mientras intentaba sus mejores maniobras para impresionarla. Nunca antes había puesto tanto esmero en un polvo. Este merecía todo. Era por primera vez su inicio para algo.

Esa madrugada el sofá y la alfombra de convirtieron en sus cómplices. Encima de ellos sellaron un 'algo' indefinido. Que solo el tiempo diría en lo que se convertiría.

Terminaron al tiempo. Un suspiro conjunto marcó el fin del comienzo.

Ella se escurrió entre sus brazos y a su lado se acurrucó. Él la miraba con ternura. Justo antes de caer profunda dijo algo entre dientes que él entendió como un "te amo".

Sonrió y por primera vez se sentía completo. Feliz.... Cayó dormido y al rato, de un sobresalto se despertó. Encima suyo una cobija y Andrea no estaba. Miró a su alrededor y no estaba la ropa, pero encima de la mesa, una notica.

                                              Continua acá

10 de mayo de 2013

Jump

"Lo más fácil es saltar de espaldas", pensó. Se dio la vuelta y notó que por primera vez sentía miedo.
"En definitiva, de frente siempre es mejor".

Volvió a dar la media vuelta y analizó por primera última vez el imponente paisaje que se imponía frente de él.

¡Gracias mundo por todo!
Y sin volver a pensarlo, saltó.

Arriba dejó todos sus problemas, toda la tristeza y todo su pasado.

Cuando miramos de frente, el miedo se queda a nuestras espaldas.


7 de mayo de 2013

Destino

Había decidido llegar temprano. Era uno de esos días en los que quería sorprender a mi esposa con cualquier detalle culo.

Intenté abrir la puerta y la llave no funcionaba. Inmediatamente recordé aquella frase con la que Emma me sentenció: "Si me entero que me estás diciendo mentiras o andas con otra vieja, te cambio la chapa". Siempre lo tomé como un mero chiste, que hoy, precisamente hoy, cuando quería sorprenderla, se había convertido en realidad.

Bajé a la portería.

- Albeiro, sabe si mi esposa está en la casa
- ¿Dejó las llaves de nuevo, don Javier?
- Imagínate, en la oficina de nuevo.
- Ay doctor, yo si no he visto a doña Emma, y como sabe yo entro a turno a las 6 de la tarde. ¿Quiere que la llamemos desde el citófono?
- Por favor.

Varios intentos infructuosos y nada. Varios mensajes de textos y llamadas al celular. Nada.

- Bueno Albeiro, cualquier cosa, si la ve, le dice que me llame.
- Listo. Listo.

Abordé el carro y comencé a andar sin rumbo. Tratando de tomar vías que no estuvieran tan congestionadas. Que me permitieran entender qué había pasado.

- Doña Emma
- Que no me diga Doña, Albeiro
- Bueno doctora, el doctor que lo llame que dejó las llaves en la oficina.

Claramente no había dejado las llaves en ninguna parte. "Por lo menos no sabe dónde ando y tengo tiempo de empacarle sus maricadas".

Ya eran las 11 de la noche y cada tanto el celular repicaba. Era Javier llamándome. En algunos casos sentía cierto remordimiento. Como que ganas de recibirlo de nuevo. al final, es un gran tipo. Pero en el fondo sabía que no podía seguirme sintiendo desgraciada e infeliz.

Con mucha delicadeza fue agarrando cada traje. Cada  camisa. Cada chaqueta. Y la fui metiendo entre una caja. Con cada elemento, llegaba un recuerdo. Y fue inevitable derramar una que otra lágrima. Me hice la que no sentía. No quería pensar, porque cualquier vestigio de debilidad, me llevaría a cambiar de opinión.

Me paré en la esquina de un parque cualquiera. En esta ciudad todos los parques son iguales. Unos más grandes, otros más pequeños, pero iguales. ¡Qué falta de originalidad!, pensé en ese momento.

Saqué mi libreta y un bolígrafo. A veces las cosas se me hacen más fáciles si comienzo a hacer dibujos y gráficas. Comencé pues a analizar qué mentira me pudo haber encontrado Emma. Pasé por las cuentas bancarias, por el aumento que no le conté, por las noches que me de quedé trabajando solo y le inventé mil y una reuniones. Las veces que pensé en el culo de otra vieja en el centro comercial. Repasé todo... Nada relevante. Pero me sorprendió la cantidad de 'mentiras piadosas' que se va uno echando impunemente por la vida. Me sentí impotente. No encontraba una razón real para el comportamiento de Emma.

¿Por qué no vienes a la casa? Es tarde y hace frío. Em

Recibir ese mensaje fue como una bocanada de aire fresco. Como que me volvió el alma al cuerpo. Ya eran las 4:30 de la mañana. Retomé el camino de regreso a casa y durante el trayecto -bastante largo, por cierto- me rebané los sesos pensando qué había sucedido.

Salí en la mitad de la madrugada del apartamento. No entiendo en qué momento cambió mi plan. Era algo sencillo: le hacía creer que le había descubierto una mentira. Lo dejaba partir... Simple. Pero claro, comenzó a hablar el corazón y no la cabeza. Y ahí fue cuando me di cuenta de lo injusto de mi terminación. Javi me ama. Me adora. No es justo hacerle esto.

Pero de todos modos, cualquier cosa que pasara sería dura. Es que en la vida no hay nada fácil. Así que empaqué. No las cosas de él, sino las mías. Las metí en el carro. Todo es más fácil cuando el portero duerme y no va a lograr entender la situación.

Llegué al hotel donde Javier y yo pasamos nuestra noche de bodas. Pedí el mismo cuarto. Por suerte estaba desocupado. Ahí fue donde me di cuenta que era feliz.

Subí como alma que lleva el diablo. No había recuperado el aire cuando me topé con la puerta blanca. Esa que habíamos cambiado casi 4 veces porque a Emma le parecían todas las opciones aburridísimas. Noté una cuerdita atada al pomo de la puerta. Era agua marina. Su color favorito, al final de ella, la llave.

Abrí y me sentí como de 7 años, cuando creía en monstruos y le tenía miedo a lo que existía debajo de la cama. Noté un vacío sepulcral en todo el apartamento. Busqué en cada rincón, pero nada. Solo vacío. No estaba su ropa. Lo único fuera de lugar era una foto de los dos encima de la cama. Debajo de la almohada una hoja doblada en dos.

Javi

Sabes que soy pésima con las despedidas y al parecer soy pésima para ejecutar los planes también. Tenía uno. Era bueno. Pero no fui capaz.

Supongo que debes estar ahogándote en un mar de incertidumbre. Por eso quiero que me perdones. Por eso te pido que te llenes de amor y desalojes de tu corazón todo vestigio de ira y de rencor. Solo así podrás entenderme.

Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad incurable. Y como sabes lo que opino de esto, supongo que no te sorprende que no haya hecho nada al respecto.

Hoy se vence mi plazo. Y Solo quiero que me recuerdes, feliz. Feliz contigo.

Sé que soy egoísta, pero creo que esta es la mejor forma de ahorrarte un dolor infinito.

Te amaré por siempre.

Emma.

No había salido del asombro, cuando sonó el teléfono de la casa.

- ¿Aló?
- Señor Javier Andrade, le hablamos del hotel El Paraíso.
- ¿Si? Dijo tratando de ocultar sus nervios.
- Necesitamos que venga. Es por un asunto relacionado con la Señora Emma Ángel. Pero no queremos que sea discutido por teléfono.

Asumí lo peor. Me visualicé reconociendo entre sábanas blancas y bolsas negras, el cuerpo sin vida de Emma. Me puse en posición. Lloré todo lo que pude en el camino. Antes de bajarme del carro me compuse. Traté de parecer un ser humano sereno y calmado.

Respiré profundo antes de entrar al lobby del hotel. Estaba tan lleno de recuerdos...

- Buenas, hace un rato recibí una llamada de éste hotel.
- Sí claro señor Andrade. La señora Ángel nos pidió que lo hiciéramos pasar al cuarto de su primera noche de casados. 

Sentí que mi alma sonreía. Esa fue, sin duda, la noche más feliz de mi vida.

- Sígame Señor.

Caminé recordando cada segundo del primer día que pisé ese hotel. Emma y yo le apostamos a pasar esa noche en un hotel tranquilo, pequeño, de esos que evocan los mejores tiempos en la finca de los abuelos. Escogimos El Paraíso, porque era como un oasis en medio de una ciudad ruidosa y sucia.

El encargado me dejó solo en la puerta y se despidió con un hasta luego que denotaba algo de lástima. Sentí que mis rodillas temblaban.

Emma abrió la puerta. Inmediatamente comencé a llorar.
- Pensé que...
- Shhh... no hables. No digas nada. Dijo poniéndome la mano sobre los labios.

Nos abrazamos como nunca antes lo habíamos hecho. Pasé mi mano por su pelo, le limpié las lágrimas de sus ojos, y la besé con las mismas ganas como se besa a la mujer de tu vida por primera vez. Y en ese instante sabíamos que íbamos a pasar el resto de la vida juntos, así el resto de la vida fueran unos segundos o toda la eternidad.




6 de mayo de 2013

Discursos

Hace unos días asistí a un nuevo episodio de la típica echada. Se trataba de una relación entre una chica normal: trabajadora, iniciando su especialización, linda, divertida, tierna y algo tímida; y un man normal: trabajador, tranquilo, con expectativas de cambiar de empleo para mejor.

Se conocieron, comenzaron a salir, se ennoviaron, hicieron planes. Normal.

Narra ella, que un mes antes del día fatal, ella se puso 'un poco' intensa y algo celosa a causa de una vieja. Mi protagonista no quiso entrar en detalles, pero fijo se trataba de una zunga, voluptuosa, de baja autoestima, que goza calentándole el huevo -como se dice popularmente- a cualquier man que tenga novia o esposa. De esas abundan, y son esas típicas viejas que no nos gustan a las novias. Punto.

Pero claro, el personaje llamado novio, se emputó, acusó de loca a mi protagonista, y todo redundó en una serie de discusiones que se prolongaban y prolongaban por los días y semanas. Entraron en el típico ciclo de pelea-reconciliación. Dinámica agotadora, para ser honesta.

Así fue como un mes después de los primeros reclamos a causa de la zunga en cuestión, el llamado novio citó a mi protagonista y luego de una extensa charla, le dice "Es que yo ya no te quiero como antes".


Freno de mano. ¿Me explican?


Osea que ¿10 meses después de andar diciéndole a mi protagonista que la quiere, que hagan planes juntos... el llamado novio se levantó y zas! ya no la quería como antes?

No me crean tan marica.

Entonces, claro conversando con la protagonista, mi conclusión fue que el man seguramente se quería comer a la zunga en cuestión, o a cualquier otra vieja que le mostrara las tetas con un escote, y que por lo tanto mi protagonista estorbaba y decidió que ya no la quería.

Pero el no querer no es el motivo. ¿No hubiera sido más honesto decir: "Mira, es que decidí unánime y egoístamente, que no quiero continuar mi camino contigo, sino que quiero navegar en las turbulentas aguas de las zungas y todos sus sinónimos"?

Así, mi protagonista no estaría pensando que fue ella la culpable de que el llamado novio la dejara, sencillamente porque hizo un reclamo válido en el papel de novia.

A raíz de este asunto, me puse a reflexionar sobre el recurrente tema de los discursos masculinos para terminar a una mujer cuando no tienen reales motivos para hacerlo, más allá de su egoísmo. Y llegué a un par de conclusiones:
Sacado de Faccebook


Primera Conclusión: Los hombres siempre quieren quedar bien e intentarán siempre decir lo más políticamente correcto: "Te mereces a alguien mejor que yo"; "Estoy confundido"; "No quiero hacerte daño pero necesito tiempo"; "Eres demasiado para mi"; "Quiero estar solo"; "necesito tiempo"... Para su cerebro, estas son las frases que se ajustan a su objetivo, a pesar de que la realidad indica que la honestidad, por más cruda que sea, siempre será el arma que los hará quedar bien ante su ex, sus amigas y su mamá.

Segunda Conclusión: Cuando un hombre termina con su novia, justo cuando ella cree que la relación está consolidada, casi NUNCA es culpa de la novia. Siempre hay un motivo externo -llámese otra vieja o la zunga del momento-, que desata en el personaje una serie de crisis, y la más popular de ellas es "necesito tiempo", independientemente de las posibilidades que tenga el man de tener algo con la 'otra'.

Tercera Conclusión: Cuando un tipo quiere botar a su novia por razones egoístas o porque ya no le gustaste -esto último pasa sobre todo durante los primeros tres meses-, lo va a hacer. Así que el discurso que te eche es lo de menos.

Cuarta Conclusión: Cuando un man echa un discurso como los anteriores para botar a su novia, no hay que pensar en los motivos 'reales', esos son los de menos. Llorar, patalear, emborracharse, siempre en privado, sin escándalo ni mensajes de odio. Sacarlo de la vida, de la mente y del corazón es el objetivo, porque así nos rebanemos los sesos tratando de encontrar el por qué real, seguramente nunca lo encontraremos, pasando a ser una completa pérdida de tiempo y una dinámica demasiado autodestructiva.


Entonces, hombres, ya que sabemos cómo funciona su cerebro, para la próxima traten de ser un poco más honestos y chicas, dejen de flagelarse cuando un tipo las bote. Al final, lo que se acaba es porque algo mejor viene.



2 de mayo de 2013

Especial Libros: Amélie Nothomb


Amélie Nothomb me la regaló una extraña.

Dos libros pequeños pero fantásticos




Un día, de casualidad acompañé a mi novio donde una de sus ex jefas. Ella necesitaba una asesoría en sistemas.

Cuando entré a la casa, ademáas de asombrarme con la vista -es que de noche Bogotá es más hermosa- literalmente quedé con la boca abierta. La señora tenía una biblioteca, de esas grandes, de pared a pared y de piso a techo. Con tantos libros que ya había adquirido un desorden encantador.






Me imagino que tal fue mi asombro, que se me acercó y me dijo "te gusta leer?"; "sí mucho. cómo tienes ordenados los libros?"; "por países". Y se dedicó un rato a contarme de qué lugares del mundo había hecho las compras de sus libros. Identifiqué unos autores y le hice un par de comentarios (obvio no iba a quedar como una brutica sin opinar).


No pude evitar subrayar Sabotaje Amoroso





Cuando terminó su recorrido, me dijo. "Mira, acabo de comprar este libro de una autora a la que recién descubrí, y me encantó"... dijo mientras se dirigía a una mesa en el cuarto y destapaba una bolsa de una librería que no alcancé a identificar. " Se llama Amélie Nothomb y tiene un estilo único".

Sacó el libro de la bolsa y me lo regaló. Sabotaje amoroso, se leía en la portada. "Éste tiene un toque autobiográfico", concluyó.








Ahí, yo no sabía si darle un beso o arrancarme a llorar. Me dio demasiada felicidad saber que alguien podía regalarme un libro que acababa de comprar para sí misma.

Ahora, tiempo después, no solo le agradezco el gesto, sino agradezco haberme introducido a mi nueva autora mujer favorita. 

Los dos que me quedan por leer

Luego de leer Sabotaje Amoroso, que no solo es divertida y cínica, sino que logra divertirte hasta el infinito, comencé a leer Estupor y Temblores. Estoy por terminarlo y solo me queda por decir "Wow" qué capacidad de burlarse de sí misma.

Durante la feria del libro, compré otros dos, que me quedan pendientes.

De ella solo me queda decir: GRANDE NOTHOMB!!!!






1 de mayo de 2013

Alejandro

La dedicatoria a Alejandro!




Yo iba a ser niño. O por lo menos eso quería mi papá. Y me iba a llamar Alejandro. Eso quedó plasmado en un Libro de gran formato del Maestro Obregón que me regaló cuando nací . Estaba dedicado a 'Alejandro I' y luego entre paréntesis "Natalia I".

Cuando me contaron la anécdota, apenas en diciembre del año pasado, me causó curiosidad probar lo que siempre uno oye por ahí "los papás, siempre quieren hijos hombres". Y zas! Salió niña!!! 









También iba a nacer el 29 de Abril. Y no el 30. Mi mamá ingresó al Seguro Social al medio día del 29. Mi papá, quien para ese entonces trabajaba en El Diario del Caribe la dejó allá, de acuerdo a las normas del hospital, que dictaban que cuando la 'parturienta' (fea palabra) comenzara a dilatar, para evitar complicaciones.

Hace 32 años, el sistema de salud público era igual de desastroso al actual (solo que son niveles de aseguramiento muy inferiores a los de ahora). Entonces imagínense a mi mamá, junto con unas 10 viejas más, dilatadas, a punto de parir, esperando. Cero fancy... Pero muy dura mi mamá. Sola, se aguantó 12 horas de trabajo de parto.





En esa época, y menos en un hospital público, los papás no podían entrar a ver el parto de sus hijos (aun no existía esa teoría que dice que si los hombres entrar a ver los partos, crece la solidaridad y la admiración por ellas). Entonces mi papá, volvió al trabajo y a la media noche (luego del cierre del periódico) lo dejaron en el hospital. 

A la 1:20 am del 30 de abril, 12 horas de trabajo de parto después (mucha berraca mi mamá), le avisaron que yo había nacido. "Estaba solo y entonces sentí que me había graduado como hombre", recuerda.

No llovía y "te vi cuando naciste con una mata de pelo."

Hace 32 años no había celulares. Así que no se podía llamar a despertar a toda la familia. Tocaba esperar. Como todo hospital público que se respete, no había cuartos privados. Así que mi papá se fue para la casa. Y a la mañana siguiente, llamó a mis abuelos y cargado de las cosas que mi papá había pedido, y nos sacó de ese lugar.

Supongo que en ese momento no importó que el deseo inicial era Alejandro y no Natalia, que resultó, peludísima, lloretas al infinito y mucho más grande que el promedio.

Hace 32 años, nació Natalia y no Alejandro, la mayor de tres hermanos y así se dio inicio a esta historia....



:D Papá, mamá y hermana! Los adoro

Y yo era peli lisa!! Pueden creer??

Con Mi papi y mi hermana



La Mata de pelo!

Especial Libros: El mundo de Sofía - Jostein Gaarder

La primera experiencia vale para siempre


La Portada 

Este fue el primer libro que me leí completo fuera de los que mandan en el colegio (que, por cierto, eran aburridísimos). Antes de él, había pasado por mis manos la Ética para Amador, el cual devolví a mi padre con las siguientes palabras "Si me vas a dar un sermón o a regañarme por algo, dímelo de frente, pero no me mandes a leer un libro".

Seguramente algo estaba yo haciendo mal que me sentí regañada.

Luego mi papá se reinvindicó  y me regaló El Mundo de Sofía, que resultó fabuloso, no solo por los personajes o la historia que uno a los 12 se cree por completo, sino porque funciona perfectamente para explicar la compleja historia de la filosofía.


La Contraportada