7 de mayo de 2013

Destino

Había decidido llegar temprano. Era uno de esos días en los que quería sorprender a mi esposa con cualquier detalle culo.

Intenté abrir la puerta y la llave no funcionaba. Inmediatamente recordé aquella frase con la que Emma me sentenció: "Si me entero que me estás diciendo mentiras o andas con otra vieja, te cambio la chapa". Siempre lo tomé como un mero chiste, que hoy, precisamente hoy, cuando quería sorprenderla, se había convertido en realidad.

Bajé a la portería.

- Albeiro, sabe si mi esposa está en la casa
- ¿Dejó las llaves de nuevo, don Javier?
- Imagínate, en la oficina de nuevo.
- Ay doctor, yo si no he visto a doña Emma, y como sabe yo entro a turno a las 6 de la tarde. ¿Quiere que la llamemos desde el citófono?
- Por favor.

Varios intentos infructuosos y nada. Varios mensajes de textos y llamadas al celular. Nada.

- Bueno Albeiro, cualquier cosa, si la ve, le dice que me llame.
- Listo. Listo.

Abordé el carro y comencé a andar sin rumbo. Tratando de tomar vías que no estuvieran tan congestionadas. Que me permitieran entender qué había pasado.

- Doña Emma
- Que no me diga Doña, Albeiro
- Bueno doctora, el doctor que lo llame que dejó las llaves en la oficina.

Claramente no había dejado las llaves en ninguna parte. "Por lo menos no sabe dónde ando y tengo tiempo de empacarle sus maricadas".

Ya eran las 11 de la noche y cada tanto el celular repicaba. Era Javier llamándome. En algunos casos sentía cierto remordimiento. Como que ganas de recibirlo de nuevo. al final, es un gran tipo. Pero en el fondo sabía que no podía seguirme sintiendo desgraciada e infeliz.

Con mucha delicadeza fue agarrando cada traje. Cada  camisa. Cada chaqueta. Y la fui metiendo entre una caja. Con cada elemento, llegaba un recuerdo. Y fue inevitable derramar una que otra lágrima. Me hice la que no sentía. No quería pensar, porque cualquier vestigio de debilidad, me llevaría a cambiar de opinión.

Me paré en la esquina de un parque cualquiera. En esta ciudad todos los parques son iguales. Unos más grandes, otros más pequeños, pero iguales. ¡Qué falta de originalidad!, pensé en ese momento.

Saqué mi libreta y un bolígrafo. A veces las cosas se me hacen más fáciles si comienzo a hacer dibujos y gráficas. Comencé pues a analizar qué mentira me pudo haber encontrado Emma. Pasé por las cuentas bancarias, por el aumento que no le conté, por las noches que me de quedé trabajando solo y le inventé mil y una reuniones. Las veces que pensé en el culo de otra vieja en el centro comercial. Repasé todo... Nada relevante. Pero me sorprendió la cantidad de 'mentiras piadosas' que se va uno echando impunemente por la vida. Me sentí impotente. No encontraba una razón real para el comportamiento de Emma.

¿Por qué no vienes a la casa? Es tarde y hace frío. Em

Recibir ese mensaje fue como una bocanada de aire fresco. Como que me volvió el alma al cuerpo. Ya eran las 4:30 de la mañana. Retomé el camino de regreso a casa y durante el trayecto -bastante largo, por cierto- me rebané los sesos pensando qué había sucedido.

Salí en la mitad de la madrugada del apartamento. No entiendo en qué momento cambió mi plan. Era algo sencillo: le hacía creer que le había descubierto una mentira. Lo dejaba partir... Simple. Pero claro, comenzó a hablar el corazón y no la cabeza. Y ahí fue cuando me di cuenta de lo injusto de mi terminación. Javi me ama. Me adora. No es justo hacerle esto.

Pero de todos modos, cualquier cosa que pasara sería dura. Es que en la vida no hay nada fácil. Así que empaqué. No las cosas de él, sino las mías. Las metí en el carro. Todo es más fácil cuando el portero duerme y no va a lograr entender la situación.

Llegué al hotel donde Javier y yo pasamos nuestra noche de bodas. Pedí el mismo cuarto. Por suerte estaba desocupado. Ahí fue donde me di cuenta que era feliz.

Subí como alma que lleva el diablo. No había recuperado el aire cuando me topé con la puerta blanca. Esa que habíamos cambiado casi 4 veces porque a Emma le parecían todas las opciones aburridísimas. Noté una cuerdita atada al pomo de la puerta. Era agua marina. Su color favorito, al final de ella, la llave.

Abrí y me sentí como de 7 años, cuando creía en monstruos y le tenía miedo a lo que existía debajo de la cama. Noté un vacío sepulcral en todo el apartamento. Busqué en cada rincón, pero nada. Solo vacío. No estaba su ropa. Lo único fuera de lugar era una foto de los dos encima de la cama. Debajo de la almohada una hoja doblada en dos.

Javi

Sabes que soy pésima con las despedidas y al parecer soy pésima para ejecutar los planes también. Tenía uno. Era bueno. Pero no fui capaz.

Supongo que debes estar ahogándote en un mar de incertidumbre. Por eso quiero que me perdones. Por eso te pido que te llenes de amor y desalojes de tu corazón todo vestigio de ira y de rencor. Solo así podrás entenderme.

Hace unos meses me diagnosticaron una enfermedad incurable. Y como sabes lo que opino de esto, supongo que no te sorprende que no haya hecho nada al respecto.

Hoy se vence mi plazo. Y Solo quiero que me recuerdes, feliz. Feliz contigo.

Sé que soy egoísta, pero creo que esta es la mejor forma de ahorrarte un dolor infinito.

Te amaré por siempre.

Emma.

No había salido del asombro, cuando sonó el teléfono de la casa.

- ¿Aló?
- Señor Javier Andrade, le hablamos del hotel El Paraíso.
- ¿Si? Dijo tratando de ocultar sus nervios.
- Necesitamos que venga. Es por un asunto relacionado con la Señora Emma Ángel. Pero no queremos que sea discutido por teléfono.

Asumí lo peor. Me visualicé reconociendo entre sábanas blancas y bolsas negras, el cuerpo sin vida de Emma. Me puse en posición. Lloré todo lo que pude en el camino. Antes de bajarme del carro me compuse. Traté de parecer un ser humano sereno y calmado.

Respiré profundo antes de entrar al lobby del hotel. Estaba tan lleno de recuerdos...

- Buenas, hace un rato recibí una llamada de éste hotel.
- Sí claro señor Andrade. La señora Ángel nos pidió que lo hiciéramos pasar al cuarto de su primera noche de casados. 

Sentí que mi alma sonreía. Esa fue, sin duda, la noche más feliz de mi vida.

- Sígame Señor.

Caminé recordando cada segundo del primer día que pisé ese hotel. Emma y yo le apostamos a pasar esa noche en un hotel tranquilo, pequeño, de esos que evocan los mejores tiempos en la finca de los abuelos. Escogimos El Paraíso, porque era como un oasis en medio de una ciudad ruidosa y sucia.

El encargado me dejó solo en la puerta y se despidió con un hasta luego que denotaba algo de lástima. Sentí que mis rodillas temblaban.

Emma abrió la puerta. Inmediatamente comencé a llorar.
- Pensé que...
- Shhh... no hables. No digas nada. Dijo poniéndome la mano sobre los labios.

Nos abrazamos como nunca antes lo habíamos hecho. Pasé mi mano por su pelo, le limpié las lágrimas de sus ojos, y la besé con las mismas ganas como se besa a la mujer de tu vida por primera vez. Y en ese instante sabíamos que íbamos a pasar el resto de la vida juntos, así el resto de la vida fueran unos segundos o toda la eternidad.




11 comentarios:

  1. ¡Perfecto!
    ¡Me encantó! Además que logra uno imaginarse mil cosas antes de saber que seguirán juntos

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    1. Gracias! era la idea! yo también pensé en muchas posibilidades

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  2. Tus historias son las mejores!!! AMO tu blog!!! como siempre! creaste una historia llena de sorpresas!!! y con el final lleno de ilusiones y un sin sabor de realidad!! pero hermoso! Gracias! porque leerte es una delicia! que me saca del estrés! :)

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    1. :D me sacas sonrisas!! :D Gracias por pasar por acá

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  3. Sencillamente genial, me encantó de principio a fin.

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  4. Desde que te descubri no paro de leerte, en serio escribes divinamente! me enamoro de tus historias

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    1. GRACIAS!! Ivonne!! Fabuloso que signa llegando cada vez más lectores!!

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  5. Amor del bueno, no era la manera de recordar porque la amaba y cuanto la amaba, pero fue un final feliz. Bonita historia! :)

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