28 de junio de 2013

La búsqueda

Miraba su mano y en él el gran diamante. Le daba vueltas. Lo acercaba, lo alejaba. Realmente era hermoso. Digamos que una roca así sería el sueño de cualquiera. Pero ella era algo diferente, entonces quería un anillo que no pareciera de compromiso. Y Paulo no quiso hacerme caso, y me regaló un anillo como de película, pero evidente. Y ahora, que era hora de dejarlo a un lado, le hallaba la razón a su deseo de que le regalaran un anillo 'distinto'. Y entonces rompió en llanto.

Sabía que era hora de volver a salir. Tenía que dejar de actuar como una atómata. Había pasado demasiado tiempo y era necesario retomar una vida. Pero ¿cómo? esa era la gran pregunta sin respuesta.

Cuando uno está enamorado, nunca piensa en que esa persona ya no va a estar. Entonces uno solo hace planes en conjunto. Solía decirle a sus amigas cuando dejaba que la visitaran. Y así vivía justificando su falta de acción.

Pero llegó el día en que sintió que ya era suficiente. Que los lamentos no iban a hacer que Paulo volviera. Que tenía que salir adelante, sola.

Así que esa mañana derrotó la pereza. Se despertó temprano y comenzó a descartar de su entorno todo aquello relacionado o que le recordaba a Paulo. Ropa, zapatos, perfumes, fotos y hasta los cuadros que él había comprado. Los libros, los papeles del estudio. La batida fue completa.

Al terminar, con tres cajas y dos maletas llenas de cosas, se sentó en el piso y en medio de lo recogido, comenzó a llorar. Sintió ganas de pedir perdón. Sacó fuerzas desde el fondo de su estómago para continuar el día. Era un hecho que las lágrimas no iban a solucionar nada. Se secó la la cara con la manga de su saco deportivo. Se levantó. Llamó al portero.

"Pedro, venga, por qué no sube por unas cosas que quiero regalarle".

Y fue así como le entregó al gran negro de casi dos metros que custodiaba y edificio y que un par de veces la había consolado en sus peores momentos, todo su pasado. "Mire doctora, ya va a ver que pronto va a poder volver a reírse", le dijo alguna vez. Y su mirada de felicidad no se debía tanto a la cantidad de cosas que heredaba, sino a que él supo que tenía la razón y que la doctora del último piso iba a dejar de llorar. "Gracias, doctora. Yo le dije que este día iba a llegar". "Lo sé, Pedro. Usted es muy sabio". Y lo despidió.

"Este apartamento quedó como cojo", se dijo. Sabía que el siguiente paso era redecorar. Pero para eso necesitaba tiempo y energía. Aun tenía algo por hacer. Así que se arregló. Se tomó su tiempo. Tenía el pelo muy largo, las uñas desarregladas, necesitaba una mascarilla. Y fue así como surgió una lista de miles de cosas por hacer. La dejadez en la que estaba era impresionante. comparó su ropero con lo que veía en TV o en internet, y se dio cuenta de que estaba demasiado desactualizado."Se me va a ir el sueldo en belleza", pensó. La falta de ganas fue algo así como su imperativo todo este tiempo. Tenia que recobrarlas, sino, iba a salir disfrazada a la calle.

Buscó una pinta estándar, de esas que no pasan de moda. Jeans, camiseta blanca y una chaqueta negra.  Listo. Estaba.

Se subió en su carro. Buscó un CD que hace meses no escuchaba. Lo puso a todo volumen. Abrió las ventanas y hundió el acelerador. Sintió el viento en su cara, la música en cada uno de sus poros. Cantó. Cantó alto. Desafinado, pero no le importaba. Se sentía feliz. Tranquila.

Llegó a su destino. Parqueó cerca al sitio al que se dirigía. Tomó una gran bocanada de aire. Notó que no se sentía triste como las veces anteriores. Eso la reconfortó. Caminó un par de metros. Se sentó en el pasto y sintió la fría tierra en su cuerpo. Comenzó a hablar en voz baja:

Paulo. Vengo a contarte que por fin decidí seguir adelante. Siento que debo pedirte perdón por eso. Porque es hora de dejarte atrás. No puedo seguir esperando que regreses. Eso no va a pasar. Tampoco puedo seguir preguntándole al Universo por qué te fuiste. Creo que nunca voy a entender. Es uno de los misterios con los que tendré que aprender a vivir. Se supone que íbamos a ser felices. Pero no pasó. Asumo que es porque me toca seguir el camino sola por un tiempo y luego acompañada de alguien. Me costó mucho es cierto y aun creo que no voy a poder amar a nadie tanto como a ti. Me haces tanta falta... 

Sorprendentemente no lloró. Se levantó del suelo y sonrió. Se alejó de la tumba caminando despacio, como dándole tiempo a la despedida. Al subirse al carro, vio en su mano el fabuloso anillo que Paulo le había regalado como muestra de su amor y sellando su compromiso, justamente dos días antes de morir. Se lo quitó, lo guardó en el bolsillito de su cartera. El Lunes lo mando a fundir,  pensó sin sentir remordimiento alguno.

Visitó una vez al mes el cementerio, hasta que dejó de sentir la necesidad de hacerlo. Ese día supo que el amor por Paulo se había extinguido y que tenía el permiso de buscar el amor en otros brazos.




18 de junio de 2013

Miedos VIII



La decisión de Andrea fue sencillamente esperar. Si me quiere. Que aparezca.
La decisión de Marco fue un poco más compleja. Le voy a dar unos días de espacio. Ella no va a aparecer. Si me muero de la angustia aparezco yo.

Y se murió de las angustia. En estos momentos es en los que Marco se preguntaba por qué era un empleado, al que le tocaba cumplir horario. Si fuera por él se hubiera quedado en su casa, durmiendo. El estar despierto implicaba pensar en ella y por qué no había aparecido.

- Le dejé una nota diciendo 'Don´t let me go'. ¿No era suficiente?
- Tu eres como tarado. De verdad te caíste de la cama cuando chiquito, ¿cierto? Le dijo su hermana con tono burlón.
- Se supone que luego de la cagada que hiciste por la noche. Es que no entiendo cómo carajos Andrea se quedó contigo esa noche...
- Más bien yo me quedé con ella...
- Peor, te dejó entrar a su casa.... Lo que sea. El tema es que le dices 'Don´t let me go', en la frase más egocéntrica del mundo.
- Pero a mi no me parece...
- ¡¡¡No te parece!!! Eres un burro!. Piensa... A ver... De verdad. Le estás echando a ella TODA la responsabilidad de lo que pase entre ustedes. Cómodo... eso es lo que eres. Un cómodo!
- Bueno. Sí tienes razón. Si lo miras así...
- Es que no entiendo cómo lo estabas mirando tu.
- No sé, solo me pareció romántico.
- Vaya concepto de romántico.

Se sintió como un imbécil de tiempo completo. Definitivo. Llegó a su casa. Destapó una cerveza, a pesar de ser apenas martes, e intentó llenarse de razones para no llamar. Pero al final de la reflexión no encontró nada. Al final Andrea le gustaba mucho, la pasaba bien con ella, le pasaba corriente por el cuerpo cada vez que la besaba. Pero, renunciar a su vida de cazamujeres, le sonaba un poco aburrido. Tampoco entendía por qué estaba teniendo tanta consideración con Andrea. Era como si de un día para otro tuviera consciencia y su yo bueno hubiera renacido de las cenizas para reprocharle su actitud. En definitiva, estaba jodido. Y en definitiva debía salir de ese estado.

- Hola
- Hola, ¿con quien hablo?
- Con Marco... ¿Ya te olvidaste de mi?
- Créeme que eres bastante difícil de olvidar.
- Eso me da esperanzas.
- Es que te encanta poner todo en positivo.
- ¿Te parece si nos vemos mañana?
- Bueno, para que hay alguien que no puede vivir sin mi.
- Eso está por verse. Te espero en mi casa a las 8. Yo cocino.
- Eso suena prometedor.

Andrea había decidido echarse al agua. Ese miércoles se arregló, y puso todo su optimismo en esa noche del miércoles.

Llegó antes de las ocho. Pero esperó en su carro unos minutos para calmar la ansiedad. Cuando estaba haciendo uno de los ejercicios de respiración -de algo ha de servir toda la plata invertida en Yoga-, levantó la mirada hacia la portería. No podía creer a quien estaba viendo. Esperó a que entrara y se dirigió a la puerta.

- Buenas, noches. Señor, ¿me puede decir si ella va para donde Marco?
- Así es Señorita. ¿La anuncio? 
- No gracias. Pero venga y me hace el favor de entregar esta nota.


Marco:

Dice Huxley que 'el amor ahuyenta el miedo y recíprocamente el miedo ahuyenta el amor'. Y tiene razón. Hoy conmigo se va la posibilidad de construir algo conmigo. 

Vine a tu casa, haciendo caso de tu estúpida nota. Don´t let me go. A eso venía. A rescatarte de tus miedos. A que mi amor los desplazara. Pero veo que eso no es lo que tu quieres.

Lo siento. No juego más.

Un abrazo. Hasta Nunca

Andrea.

Pd: Que tengas una linda velada con Jimena.

- La puede subir enseguida, por favor.
- Si claro señorita.

Salió caminando calmada. Sorprendentemente no sentía angustia, ni tristeza. Estaba tranquila. Mucho mejor que en la mañana cuando se despertó. Había despejado la incertidumbre y eso la liberaba.

De repente su teléfono comenzó a timbrar. Era Marco.

- Hola
- ¿Que más?
- ¿Donde estás?
- Subiéndome a mi carro.
- Bajo. 
- Marco, no tienes que bajar. Tu prefieres seguir siendo Wallstreet. Seguir tranzando relaciones. Entiendo.
- Pero...
- Pero nada. Tranquilo. Mejor así, nadie sale lastimado.Yo quiero entregarle mi amor, mi vida y liberarme de mis miedos, con alguien que se lo merezca. Y, claramente no eres tu esa persona.
- Entonces, no hay nada que hacer.
- Eso lo decidiste tu. 

Volvió a la sala de su casa, donde Jimena lo esperaba con una gran sonrisa y una expresión de alegría en su cara.

- Tu sabes que puedo vivir sin ti, ¿cierto?
- Lo tengo claro. ¿Por?
- Es que eso lo hace más sencillo.

Le dio un beso, pensando en Andrea. Y de ahí en adelante, muchos otros, hasta que un día, la imagen se hizo borrosa, casi que inexistente. y ese día supo que ya no había marcha atrás en el camino. La posibilidad del amor, para él, se había perdido.


FIN


14 de junio de 2013

Miedos VII

Viene de Acá

El domingo pasó para Andrea sin ningún sobresalto. Había tenido suficiente con el viernes y el sábado. Así que decidió apagar el teléfono y dedicarse a ella misma. Baño de sales, masaje en el pelo, arreglo de uñas. Era de esas intensas a las que les gustaba casi todo por su cuenta. Entonces hasta la depilación corría por su cuenta. Esos espacios le encantaban. Consentirse, no pensar en nada más que en ella misma. Pero este domingo era algo contradictorio. Se trataba de ella y de Marco. Entre cremas, esmaltes y menjurjes de belleza un pensamiento no la dejaba en paz. ¿Será que valdría la pena?

Claro, es que las mujeres tenemos esa costumbre de querer tener todo claro y casi que asegurado cuando nos metemos con un tipo. Seguramente nos gustaría que a la segunda cita nos entregaran un papelito que diga a qué nos vamos a enfrentar. Algo como "Esta relación va a durar 5 meses. Va a ser divertido pero su carácter, sumado con las amigas de este señor, van a hacer que se termine. Pero gócelo. Pero si quiere algo más de largo plazo, mejor búsquese otro." Así, seguramente nos ahorraríamos miles de horas pensando sobre si valdrá la pena, o sencillamente le perderíamos el miedo al teléfono.

Pero no. Nos toca vivir con la incertidumbre, aunque le tengamos pavor. Nos toca sobrevivir a esa palabra que los diccionarios definen como "Sustantivo Femenino" que significa duda, vacilación, irresolución, indecisión, perplejidad, problema. Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud. Los antónimos son certeza y decisión. Otras definiciones dicen que «La incertidumbre proviene de la falta o escasez de conocimientos. La duda, de la escasez o insuficiencia de las razones o pruebas en las que se funda una opinión o un hecho.»

Andrea se estaba cuestionando precisamente si era capaz de vivir con la incertidumbre.  Su respuesta fue simple. No. Así que iba a tomar cartas en e asunto.

Marco llegó a su casa y a pesar de todo, no pudo volver a dormir. Sabía que no sería justo con Andrea que la usara tal como lo había venido haciendo con cuanta mujer llegaba a su vida. Pero, él no sabía actuar de otra manera. Duró dándole vueltas al asunto. ¿Cuándo fue la última vez que sintió algo real por alguna mujer? La respuesta se remontaba al colegio. Desde ese primer corazón roto, nunca más permitió que nadie entrara de verdad. ¿Estaba listo? No sabría hasta intentarlo.

En este punto, ambos tenían dos posibilidades. Salir corriendo despavoridos, o jugársela y esperar no salir destrozados....


11 de junio de 2013

Miedos VI

Viene de acá

Mientras veía a Jimena acercarse, Andrea comenzó a preguntarte, ¿Y yo qué hago acá? ¿Peleando por un tipo? Alcanzó a imaginarse arrastrada en la mitad del restaurante por cuenta de la 'amiguita' de Marco. Lo odió por un instante. Y se odió a si misma por haberse puesto en esa situación -y fue así como echó a la caneca 75 sesiones de terapias aprendiendo a no tratarse mal a ella misma-. Pensó en agarrar su cartera e irse. Pero, al dudarlo por un instante, ya Jimena estaba justo en frente suyo.

- Hola, le dijo Jimena.
- Hola, le respondió esperando que comenzara a gritarla...
- Yo sabía que meterme con Marco no era negocio, ¿sabes? Cuando uno tiene que tragarse tantos sapos para que las cosas funcionan, generalmente es uno el que sale perdiendo. Me engañé pensando que al presentarme como algo parecido a él mismo, las cosas iban a ser como yo quería en algún momento. Estúpido, ¿no?

Andrea no podía concentrarse. Estaba embelesada con Jimena. Era realmente preciosa. Y no podía entender cómo tremenda vieja se había puesto en esa situación. Y claro, luego pensaba en cómo ella misma podría estar ahí, en un restaurante, escuchando cómo esa mujer sufre por cuenta del man con el que está 'saliendo' - si a un polvo y una cena casi fallida se le puede llamar así-.

- No sé si sea estúpido. Solo creo que son cosas que pasan.
- Seguramente algo tendré que aprender de esto.
- Eso dice mi psicóloga.
- El problema es qué.
- Es lo más complicado.
- El asunto es que podría decirte que Marco no se merece que ambas estemos aquí, sollozando por sus acciones. Pero no. Yo no soy nadie para decirte lo que debes hacer. Solo quiero que tengas en cuenta que por más que le des a él todo lo que el quiere o espera, nunca va cambiar. Creo que él no funciona así y no está configurado para poder mantener una relación estable, como la que todas las mujeres queremos.

'¿Y qué quiero yo?' Ni siquiera había tenido tiempo de reflexionar a fondo sobre el tema. ¿Quiero de verdad estar con Marco? ¿Lo quiero? ¿Estoy encaprichada? Digamos que hasta hace unas horas estaba convencida de que estaba al borde de morir de amor por él y ahora se preguntaba si eso era lo que realmente quería. Fuck! Fuck! Fuck! Todo iba a ser demasiado fácil. Y ahora esta loca dándome lora.

- Solo quiero desearte suerte. Por ahora ganaste. Pero quien sabe más adelante.

"Perdón! ¿Ahora viene a amenazarme? ¿Ganar? Bueno. Yo estaba toda tranquila y ella llegó a mear su poste y le salió mal y resulta que ahora es mi culpa. ¡El mundo está lleno de gente demente", pensó y justo antes de abrir la boca y despacharse como una arrabalera, se tomó un trago, respiró profundo y dijo: GRACIAS, espero que a ti también te vaya bien. Se levantó del lugar y caminó derecho al baño. Necesitaba contenerse porque de lo contrario iba a matar a alguien.

Marco no entendía nada de lo que estaba pasando en la barra del bar. Le sudaban las manos, que era el peor síntoma. Estaba nervioso al extremo. Pensó que se iba a venir un desastre. Pero no. Solo venía a Jimena en un monólogo que fijo era en contra de él y Andrea asentía con la cabeza, demostrando algo de atención. Para distraerse pidió pagar la cuenta de la cena, más la de los tragos de Andrea.

Se miró al espejo y se sentía algo bipolar. Mil ideas le daban vueltas en la cabeza. ¿Y ahora qué le iba a decir a Marco? ¡Qué agotamiento! Ya ni el trago le hacía efecto de la rabia, el susto, la angustia del tema.

Jimena salió caminando del lugar como si andara por una pasarela. No volvió a mirar a Marco ni a Andrea. Era como si hubiera cerrado el capítulo y no pensara releerlo. Pero como la procesión va por dentro, estaba histérica. Sentía rabia consigo misma. Era una imbécil de tiempo completo. Dignidad cero. Puso un pie fuera del restaurante y lo primero que hizo fue borrar todos los datos de Marco, mensajes de texto y demás asuntos que podrían jugar en su contra en algún momento de debilidad. Caminó unos metros donde la esperaba su grupo de amigos. Punto final.

Tomó el polvo y el labial y se compuso. Así como en las películas se dijo por última vez ante el espejo: Keep it together, Andrea! Y salió caminando por toda la mitad del restaurante. Seguro ninguno alrededor entendía lo que pasaba, pero ella sintió que todos la miraban y la juzgaba.

- ¿Vamos?

Sabía que le esperaba una larga cantaleta. Mujer que no joda, es hombre, siempre le decían sus amigos, así que en el camino hasta el parqueadero se organizó un discurso lleno de lugares comunes. Seguro que era bueno e inventar excusas y discursos, así que se relajó.

- No sé tu. Pero te toca ver como me compensas esto, dijo apenas cerro la puerta del carro, tratando de hacerse la relajada.

La respuesta de Marco fue sencilla. Se le lanzó encima y le puso un beso que le salió del estómago. Ya sin tragos, a Andrea todo le parecía como más simplón. Seguramente las cosas estaban demasiado revueltas para poder gozarse el momento. Su yo digno no se lo permitía. Puso las manos entre los dos, lo agarró por los hombros y lo separó.

- ¿Sabes? Mejor llévame a mi casa.
- Pero... Estaba pesando que fuéramos a tomarnos algo más.

Preciso, Marco estaba a punto de destapar el 'genio' de la botella. Una frotadita más, y le iba a tocar mamarse un drama.

- ¿Algo más? ¿Acaso tienes guardado alguna otra sorpresita de tus múltiples novias?
- !No! ¿Cómo se te ocurre?
- Pues no se me ocurrió que llegara 'Jime' al restaurante.
- Bueno, eso sí que fue inaudito. Tremenda loca.
- Claro... así nos dirás a todas.
- No. Claro que no. Si ves! Yo sí sabía que no podía faltar el drama.
- Creo que la porción de drama de la noche corrió por cuenta tuya.    
- Hagamos algo. Déjame compensaste, dijo mirándola a los ojos y poniéndole la mano entre las piernas.
- Pero en mi casa...

Así, sin más diálogo, ni explicaciones, llegaron a la casa de ella. Era un apartamento pequeño, atiborrado de libros. Libros en la biblioteca, libros en la mesa de centro, libros en el suelo...

- Ya voy entendiendo muchas cosas...
- ¿Porque leo mucho?
- No. Sólo que puedes ser la mujer con más libros que conozco. Eres algo única. 

Luego de oír esa simplificación de sí misma, decidió que lo mejor era no pensar más. Así que fue a la cocina, sacó una botella de tequila, partió varios limones, agarró la sal y sin más se sentó a su lado en el sofá.

- Te pusiste ruda.
- Siempre. Parece que nunca hubieras salido conmigo
.

Marco sonrió ynasumió que ya todo el momento del trama había pasado. Era lo mejor que podía sucederle. Andrea sabía que el resto de la noche iba a ser sencillo. Unos cuantos tequilas después, se dejó llevar. Sin pensarlo dos veces se trepó encima de Marco y lo besó sin vergüenza alguna. Como se besa a un amante furtivo.

Marco se sintió realmente excitado. Con afán y muchas ganas le arrancó la ropa y  sin mucho preámbulo entró en su ser con tanta fuerza que logró que Andrea dejara de lado la ternura que la había caracterizado la vez pasada y estallara en un grito larguísimo. Eso lo excitó más. Le mordió las orejas, mientras ella le arañaba la espalda. Le mordió los pezones y ella comenzaba a sudar. Le jaló el pelo. Le pegó en las nalgas. Se agarraban duro. Iban quedando marcas. Cada vez más gemidos. 

No hizo la cuenta de cuantas veces logró venirse, pero gozó tanto que al término pensó: "Definitivamente puedo lograr vivir con cosas como las de hoy."

Marco, aún extasiado la miro a su lado y pensó: "definitivamente podría quedarme aquí."

Sin mucho dramatismo y bastante frialdad, se levantó del sofá, se medio puso la ropa y le dijo a Marco:

Te saco una cobija porque no puedes irte manejando así. 

El no dijo nada. Con lo que el silencio se entendió que ella tenía la razón.

Fue hasta su cama y cayó enseguida profunda. Marco quería dormir a su lado, pero quizá era mejor de esa manera. Había tenido suficientes escenas esa noche. Asumió su suerte de dormir solo y medio ebrio y se dejó vencer por el sueño. 

Al despertarse, una parte de ella esperaba encontrarlo aun en el sofá y otra deseaba que no estuviera para evitarse una echada algo penosa. 

Efectivamente ya no estaba. Pero sobre las cobijas perfectamente dobladas estaba un libro: La Insoportable Levedad del Ser.

Tomó el libro entre sus manos y encontró un papelito doblado en 2 y en las páginas del libro subrayada la frase: "La felicidad es el deseo de repetir".

Abrió la nota y en una letra bastante masculina decía: don't let me go.... 



7 de junio de 2013

Miedos V

Viene de acá

A Jimena, Marco la conoció en un bar hacía varios meses. Con los años se había convertido en un experto en cacería nocturna. Sabía cómo atrapar viejas, y cómo despacharlas antes de la tercera cita, haciéndolas sentir como unas Diosas, no fuera que emprendieran una venganza en su contra. Y a él le encantaba.

Pero a Jimena no la había despachado antes de la tercera cita, sencillamente porque no tenían. Se encontraban entre frecuente y esporádicamente, por decisión  mutua, sin reclamos y sin compromisos. Ella era como él. No pedía nada a cambio. Estaba contenta con la situación, con no hacer preguntas. O por lo menos eso le hizo creer. Pero ahora, que veía su rostro perfecto y todo su ser en frente de Andrea, diciendo que es 'la novia de Marco', entendió que al final de cuentas Jimena es una mujer, y todas las mujeres (y lamentó haberse olvidado de este detalle) siempre están buscando algo serio. Solo que esta jugaba diferente, y había logrado mantenerse a su lado por un promedio más largo de tiempo. Pero al fin y al cabo, una mujer siempre busca marcar su territorio y esta escena era prueba de ella.

Tampoco podía creer que Andrea tuviera tanta cabeza fría. Sintió hasta temor de una mujer tan calculadora, pero también le fascinó saber que si se controlaba de esa manera, seguramente se iba a evitar un par de escándalos en el futuro.... ¡Perdón!? Estaba pensando en un F U T U R O con Andrea. Se sacudió esos pensamientos.

Ahora, ¿Por qué cuando pensó que se había salvado del drama del mensaje de texto, la vida le ponía en frente tremendo novelón? !Maldita Sea!, pénsó.

Antes de que Marco pudiera tan siquiera decir una palabra. Jimena se volteó y le dijo:

- ¿Eso es cierto?
- ¿Qué de todo?
- ¿Que ella es tu ex esposa?
- Si. ¿Y?

Estaba tratando de organizar la cabeza para evitarse un escándalo. Si había algo en la vida que le generara angustia era verse en medio de una pelea a gritos en un lugar público, y en los ojos de Jimena veía ira, odio... Iba a explotar en cualquier momento.

Miró a Andrea con cara de 'sálvame de ésta', a lo que ella respondió. Les voy a hacer la vida un poco más fácil. Jime -¿te puedo decir, así?-, siéntate y yo me voy a la barra por otro de estos. Señaló el vaso vacío sobre la mesa. Se levantó y caminó hacia el fondo del restaurante. Se estaba divirtiendo. Le gustaba esa nueva ella, con todo bajo control.

- ¿Tienes una exesposa? ¿Y me cancelaste porque estabas con ella?
- Vamos por partes Jimena. Creo que el que tiene que hacer las preguntas soy yo.
- Pero es que yo tengo derecho a saber.
- ¿Derecho? Derechos los que están en la Constitución. A ver y recapitulamos la última conversación que tuvimos, que mejor parecía tu último discurso entre mis cobijas: 'Mira Marco, yo sé que llevamos varios meses viéndonos. Y quiero que las cosas sigan como van. A mi la verdad no me interesa nada más. Estoy súper cómoda sin tener que responder preguntas, o dar explicaciones de lo que hago o dejo de hacer...", ¿Sigo?
- Pero...
- Pero ¿qué? Nuestra relación no amorosa, ni sentimental, no mediada por los rótulos ni los compromisos, se basaba en no preguntar. Entonces, si no preguntábamos, lo normal es no saber nada del pasado del otro... Por eso funcionaba.
- ¿Funcionaba¡? 
- Mira Jimena. De verdad me gustas. Eres demasiado espectacular. Pero yo no salgo con mercaderistas. Y eso eres tu. Te conviertes en lo que la otra persona quiere, para que te acepte. Eso hiciste. Te convertiste en la versión femenina de mi... y así me tuviste contigo un buen rato. Pero yo así no juego. Zafo.
- Pero... ¡Yo te amo!
- Jimena. Eso no es amor. El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece. Y tu aquí solo has ofrecido mentiras. Te suena conocido.

Andrea se sentó en la barra del bar y ordenó otro trago. Intentaba darle la espalda a la pareja, pero su curiosidad no la quería dejar. Tenía curiosidad pero miedo al mismo tiempo. ¿Y si la cosa salía mal para ella? La loca neurótica que lleva adentro intentó dominarla a punta de preguntas y sembrando dudas. Entonces, entre trago y trago se repetía. Todo va a estar bien. Lo que ha de ser será. lo repitió tanto, que comenzó a sentirse estúpida.

Marco sabía que tenía fácil la salida. Podía quitarse a tremenda loca de encima. Pero... una parte de él sabía que ella no merecía ser lastimada. Se fue doblegando al tiempo que en los ojos de Jimena comenzaron a avistarse unas lágrimas. Fue en ese momento que comprendió que la mujer frágil había desplazado a la femme fatale de los últimos meses.

- Yo no quería hacerte daño. Nunca te dije mentiras. Solo que después de tanto tiempo... Creí que podíamos...
- Mira Jime, dijo y puso sus manos entre las de él. Andrea no es mi ex esposa. Ella solo estaba jugando contigo. Jimena, en lugar de alegrarse con la noticia, vio venir noticias más desconsoladoras para ella y arrancó a llorar son contemplación.
- Ella es la mujer que si tiene algún tipo de chance contigo, ¿cierto? Dijo inundada en lágrimas.
- Así es.

Jimena se aferró a las manos de marco, y se acercó a su cara por encima de la mesa. Cuídate, sé muy feliz. Le dio un besito en la mejilla, agarró su cartera y caminó hasta la barra. Marco quiso atajarla, pero confió en la Jimena de antes y detuvo su impulso. Andrea no la vio venir, estaba demasiado entretenida dominando sus pensamientos. Jimena se paró en frente de Andrea y mirándola derecho a los ojos y luego de tomar un poco de aire para evitar llorar de nuevo -porque uno puede llorar delante de un man, pero nunca en frente de la competencia- le dijo...

5 de junio de 2013

Miedos IV


Viene de acá

No pudo creer lo que estaba viendo. Andrea lo estaba espiando. ¡Pero si apenas se habían echado un polvo! Su macho alfa intentó salir con toda su furia a masacrar a la mujer que estaba invadiendo su privacidad. Por razones del destino el camino entre el fondo del restaurante y la mesa al lado de la chimenea era lo suficientemente largo para que la razón dominara la ira y cuando se parqueó en frente de ella, lo único que atinó a decir fue: ¿Qué haces con mi teléfono?

En los microsegundos que transcurrieron entre la pregunta y la reacción de Andrea, alcanzó a autorecriminarse. ¡Pues Huevón!! ¿Qué hace con tu teléfono? Pues espiando!!!! Imbécil....

En eso, Andrea levantó la cabeza aun con el celular en la mano. Puso en marcha todos los mecanismos para evitar que su cara hablara.

- Nada. Solo quería mirar la hora. ¿Te estabas como demorando no?
- Si, es que había un problema con uno de los baños. Terrible. ¿Me regalas el teléfono?
- Claro, no me lo pienso quedar, esta marca no me gusta.

Transcurrió uno de esos momentos que uno nunca quiere tener con nadie. Silencio entre los dos. Y si uno se pone en posición, seguramente entendería que esos momentos a Andrea y a Marco se los estaba carcomiendo las ganas de regarse en prosa. Mil ideas y mil discursos para insultar a la contraparte, pero una ausencia completa de valor para dar el primer paso. Al final, ambos cometieron una falta, ambos le debían al otro, pero creían que tenían derecho a un reclamo. Ambos se sentían burlados. Digamos que estaban en la misma situación, pero sentados en diferentes esquinas del cuadrilátero.

- Señores, ¿desean algo? Preguntó el mesero, sin saber que estaba a punto de destapar una olla a presión.
- Claro que sí. ¿Será que ud. me puede decir quién diablos es 'Jime'?

El mesero la miró con cara de esta vieja debe ser la propia novia demente y no respondió. Se quedó parado como manda el 'manual del buen mesero' y no musitó expresión. Por su parte Marco hervía por dentro. Efectivamente había leído todo. Pero sus sentimientos comenzaron a confundirse. Se sabía expuesto, pero al tiempo violado. Complejo. Lo único que tenía claro es que debía evitar una escena y que Andrea se veía increíblemente sexy con esa cara de seriedad, que pocas veces le había visto. Sonrió y le dijo al mesero.

- Olvídese de eso. Jime es muy aburrida. Por favor tráiganos un gin tonic para la señorita y para mi un whisky en las rocas. Y no sé ella, pero yo tengo hambre. Por favor tráiganos para comenzar un carpaccio de salmón y unos calamares al ajillo. Y por favor no traiga pan que aquí estamos a dieta.

- Enseguida Señor. Respondió el mesero con tono y actitud de admiración absoluta por aquel hombre.

Andrea quería morirse de la risa, pero su lado histérico no la dejó. Esa parte de su ser seguía demandando una respuesta, pero no fue capaz de volver a preguntar. Marco, en su habitual habilidad asumió el control. El toro, por los cuernos, era su lema para estos momentos.

- ¿Entonces viste los mensajes de Jimena?

Andrea, que no esperaba una pregunta tan directa, asintió con la cabeza.

- ¿Y te parece muy bonito agarrar el celular de otro y, sin más, leer sus mensajes?
Creo que aquí no se trata de bonito o feo, Marco.  Sí. Fue una falta de respeto, es cierto. Pero hellow... Tu eres un perro y quiero saber a qué atenerme. Es simple, pura autoprotección. Además, tu y yo no nos conocemos hace 2 horas, ni dos días. ¡A ver! Y ahora no me digas que era mejor que te preguntara y te respondo de una vez: obvio no! Preguntarte no es una opción, porque con las palabras se elaboran las mentiras, con los actos no.
- Pero acaso ¿qué quieres de mi?
- Yo que sé. Por lo menos que nos tengas un poco de fe.
- ¿Ya estas hablando de 'nos'? Ustedes las mujeres son demasiado. Les da uno la mano y ven matrimonio en el horizonte.
- Ay deja de ser tan envideado. La verdad. Osea, ni siquiera me habías recogido y ya estabas organizando backup. Eso quiere decir que yo soy tan aburrida o tu eres un pelmazo.

Él sabía que ella tenía toda la razón. No tenía más argumentos, pero no se sentía derrotado. Así que cambió el tema.

- ¿Y qué le respondiste?
- ¿A quién?
- A Jimena... 
- Nada. Y de nuevo tuvo que poner todo su esfuerzo par que su rostro no revelara la mentira.
- Si claro.
- Bueno, si. Le cancelé.
- Y ¿por qué hiciste eso?
- Simple. Estoy segura de que no necesitas backup.

Andrea recobró toda la confianza en sí misma. Volvió a ser la mujer segura con control de todas las cosas. Por un momento dejó a la loca neurótica que lleva adentro moviera las fichas, pero cientos de horas de terapia, yoga y talleres por fin estaban surtiendo efecto. Al final, estaba aprendiendo a sacar provecho de su parte menos positiva.

Marco sonrío casi que complacido. Toda la ira había desaparecido. Seguro que se sentía tranquilo de que todo el incidente no hubiera terminado en un show de celos inmamable. Además le había gustado el hecho que Andrea le cancelara a Jimena, y no porque ella no le gustara, sino porque demostraba que Andrea era diferente a las demás. Por un rato repasó las caras de sus múltiples amantes y exprospectos de novias, y pudo listar las tres reacciones standar en las que hubieran caído todas: histeria pública -le hubieras hecho un berrinche de dimensiones monumentales-; el drama desconsolado -se hubiera aguantado todo lo que él hubiera tenido que decir y al estar solos se hubieran echado a llorar por el 'maltrato' y la 'falta de respeto'; o finalmente la locura momentánea -esa que hubiera agarrado el teléfono, hubiera llamado a Jimena y la hubiera tratado de zunga aguardientera quita maridos. Suspiró y dio gracias al cielo porque Andrea no cabía en ninguna de esos estereotipos.

El resto de la noche transcurrió como las buenas primeras citas suceden: divertidas al extremo, llenas de temas y anécdotas. El mundo dejó de andar a su alrededor y solo existían ellos, sus conversaciones y risas, y el mesero que se encargaba de rellenar los vasos de vez en vez.

Pero como todo no podía ser perfecto...

- Hola Marco. Vi que estabas en la zona y decidí pasar a preguntar en persona por qué, o quien, me habías dejado metida.

- Mucho gusto, Jimena. La 'novia' de Marco.

La mujer, que podía medir un metro con ochenta centímetros, tener el pelo negro más perfecto del mundo, una boca envidiable y un cuerpo esculpido a punta de esfuerzo, extendió la mano hacia Andrea, mirándola con cara de 'no te mato porque estamos en un lugar público, perra'

Andrea la miró fijamente a los ojos y por primera vez tenía la cabeza en blanco. Quería llorar y salir corriendo. Así que pronunció con tono fuerte, lo primero que se le ocurrió:

- Mucho gusto. Andrea, la exesposa de Marco.

¡Continuará!