5 de junio de 2013

Miedos IV


Viene de acá

No pudo creer lo que estaba viendo. Andrea lo estaba espiando. ¡Pero si apenas se habían echado un polvo! Su macho alfa intentó salir con toda su furia a masacrar a la mujer que estaba invadiendo su privacidad. Por razones del destino el camino entre el fondo del restaurante y la mesa al lado de la chimenea era lo suficientemente largo para que la razón dominara la ira y cuando se parqueó en frente de ella, lo único que atinó a decir fue: ¿Qué haces con mi teléfono?

En los microsegundos que transcurrieron entre la pregunta y la reacción de Andrea, alcanzó a autorecriminarse. ¡Pues Huevón!! ¿Qué hace con tu teléfono? Pues espiando!!!! Imbécil....

En eso, Andrea levantó la cabeza aun con el celular en la mano. Puso en marcha todos los mecanismos para evitar que su cara hablara.

- Nada. Solo quería mirar la hora. ¿Te estabas como demorando no?
- Si, es que había un problema con uno de los baños. Terrible. ¿Me regalas el teléfono?
- Claro, no me lo pienso quedar, esta marca no me gusta.

Transcurrió uno de esos momentos que uno nunca quiere tener con nadie. Silencio entre los dos. Y si uno se pone en posición, seguramente entendería que esos momentos a Andrea y a Marco se los estaba carcomiendo las ganas de regarse en prosa. Mil ideas y mil discursos para insultar a la contraparte, pero una ausencia completa de valor para dar el primer paso. Al final, ambos cometieron una falta, ambos le debían al otro, pero creían que tenían derecho a un reclamo. Ambos se sentían burlados. Digamos que estaban en la misma situación, pero sentados en diferentes esquinas del cuadrilátero.

- Señores, ¿desean algo? Preguntó el mesero, sin saber que estaba a punto de destapar una olla a presión.
- Claro que sí. ¿Será que ud. me puede decir quién diablos es 'Jime'?

El mesero la miró con cara de esta vieja debe ser la propia novia demente y no respondió. Se quedó parado como manda el 'manual del buen mesero' y no musitó expresión. Por su parte Marco hervía por dentro. Efectivamente había leído todo. Pero sus sentimientos comenzaron a confundirse. Se sabía expuesto, pero al tiempo violado. Complejo. Lo único que tenía claro es que debía evitar una escena y que Andrea se veía increíblemente sexy con esa cara de seriedad, que pocas veces le había visto. Sonrió y le dijo al mesero.

- Olvídese de eso. Jime es muy aburrida. Por favor tráiganos un gin tonic para la señorita y para mi un whisky en las rocas. Y no sé ella, pero yo tengo hambre. Por favor tráiganos para comenzar un carpaccio de salmón y unos calamares al ajillo. Y por favor no traiga pan que aquí estamos a dieta.

- Enseguida Señor. Respondió el mesero con tono y actitud de admiración absoluta por aquel hombre.

Andrea quería morirse de la risa, pero su lado histérico no la dejó. Esa parte de su ser seguía demandando una respuesta, pero no fue capaz de volver a preguntar. Marco, en su habitual habilidad asumió el control. El toro, por los cuernos, era su lema para estos momentos.

- ¿Entonces viste los mensajes de Jimena?

Andrea, que no esperaba una pregunta tan directa, asintió con la cabeza.

- ¿Y te parece muy bonito agarrar el celular de otro y, sin más, leer sus mensajes?
Creo que aquí no se trata de bonito o feo, Marco.  Sí. Fue una falta de respeto, es cierto. Pero hellow... Tu eres un perro y quiero saber a qué atenerme. Es simple, pura autoprotección. Además, tu y yo no nos conocemos hace 2 horas, ni dos días. ¡A ver! Y ahora no me digas que era mejor que te preguntara y te respondo de una vez: obvio no! Preguntarte no es una opción, porque con las palabras se elaboran las mentiras, con los actos no.
- Pero acaso ¿qué quieres de mi?
- Yo que sé. Por lo menos que nos tengas un poco de fe.
- ¿Ya estas hablando de 'nos'? Ustedes las mujeres son demasiado. Les da uno la mano y ven matrimonio en el horizonte.
- Ay deja de ser tan envideado. La verdad. Osea, ni siquiera me habías recogido y ya estabas organizando backup. Eso quiere decir que yo soy tan aburrida o tu eres un pelmazo.

Él sabía que ella tenía toda la razón. No tenía más argumentos, pero no se sentía derrotado. Así que cambió el tema.

- ¿Y qué le respondiste?
- ¿A quién?
- A Jimena... 
- Nada. Y de nuevo tuvo que poner todo su esfuerzo par que su rostro no revelara la mentira.
- Si claro.
- Bueno, si. Le cancelé.
- Y ¿por qué hiciste eso?
- Simple. Estoy segura de que no necesitas backup.

Andrea recobró toda la confianza en sí misma. Volvió a ser la mujer segura con control de todas las cosas. Por un momento dejó a la loca neurótica que lleva adentro moviera las fichas, pero cientos de horas de terapia, yoga y talleres por fin estaban surtiendo efecto. Al final, estaba aprendiendo a sacar provecho de su parte menos positiva.

Marco sonrío casi que complacido. Toda la ira había desaparecido. Seguro que se sentía tranquilo de que todo el incidente no hubiera terminado en un show de celos inmamable. Además le había gustado el hecho que Andrea le cancelara a Jimena, y no porque ella no le gustara, sino porque demostraba que Andrea era diferente a las demás. Por un rato repasó las caras de sus múltiples amantes y exprospectos de novias, y pudo listar las tres reacciones standar en las que hubieran caído todas: histeria pública -le hubieras hecho un berrinche de dimensiones monumentales-; el drama desconsolado -se hubiera aguantado todo lo que él hubiera tenido que decir y al estar solos se hubieran echado a llorar por el 'maltrato' y la 'falta de respeto'; o finalmente la locura momentánea -esa que hubiera agarrado el teléfono, hubiera llamado a Jimena y la hubiera tratado de zunga aguardientera quita maridos. Suspiró y dio gracias al cielo porque Andrea no cabía en ninguna de esos estereotipos.

El resto de la noche transcurrió como las buenas primeras citas suceden: divertidas al extremo, llenas de temas y anécdotas. El mundo dejó de andar a su alrededor y solo existían ellos, sus conversaciones y risas, y el mesero que se encargaba de rellenar los vasos de vez en vez.

Pero como todo no podía ser perfecto...

- Hola Marco. Vi que estabas en la zona y decidí pasar a preguntar en persona por qué, o quien, me habías dejado metida.

- Mucho gusto, Jimena. La 'novia' de Marco.

La mujer, que podía medir un metro con ochenta centímetros, tener el pelo negro más perfecto del mundo, una boca envidiable y un cuerpo esculpido a punta de esfuerzo, extendió la mano hacia Andrea, mirándola con cara de 'no te mato porque estamos en un lugar público, perra'

Andrea la miró fijamente a los ojos y por primera vez tenía la cabeza en blanco. Quería llorar y salir corriendo. Así que pronunció con tono fuerte, lo primero que se le ocurrió:

- Mucho gusto. Andrea, la exesposa de Marco.

¡Continuará!

6 comentarios:

  1. Jajajajajajaja... Locaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

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  2. HDP jajajajajaj Mucho control de la situación de parte de Andrea y Marco. ¡¡¡Carajo!!! Hay que tener mucha sangre fría

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  3. Como se dice en Barranquilla: ¡TOOOOOOOOOOOMAAAAAAAAAAAAAA! ¡Jajajajaja! A mala, mala y media.

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  4. Muy fuerte Andrea, yo lo hubiera mandado a la porra!

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  5. !!!noooo por Dios nata esto esta que arde... es urgente la próxima parte

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  6. ay no había visto, pero ahora que llegó la VI parte tuve que releer todo...
    qué valor!!! no sé si las palabras me habrían salido a mi...

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