11 de junio de 2013

Miedos VI

Viene de acá

Mientras veía a Jimena acercarse, Andrea comenzó a preguntarte, ¿Y yo qué hago acá? ¿Peleando por un tipo? Alcanzó a imaginarse arrastrada en la mitad del restaurante por cuenta de la 'amiguita' de Marco. Lo odió por un instante. Y se odió a si misma por haberse puesto en esa situación -y fue así como echó a la caneca 75 sesiones de terapias aprendiendo a no tratarse mal a ella misma-. Pensó en agarrar su cartera e irse. Pero, al dudarlo por un instante, ya Jimena estaba justo en frente suyo.

- Hola, le dijo Jimena.
- Hola, le respondió esperando que comenzara a gritarla...
- Yo sabía que meterme con Marco no era negocio, ¿sabes? Cuando uno tiene que tragarse tantos sapos para que las cosas funcionan, generalmente es uno el que sale perdiendo. Me engañé pensando que al presentarme como algo parecido a él mismo, las cosas iban a ser como yo quería en algún momento. Estúpido, ¿no?

Andrea no podía concentrarse. Estaba embelesada con Jimena. Era realmente preciosa. Y no podía entender cómo tremenda vieja se había puesto en esa situación. Y claro, luego pensaba en cómo ella misma podría estar ahí, en un restaurante, escuchando cómo esa mujer sufre por cuenta del man con el que está 'saliendo' - si a un polvo y una cena casi fallida se le puede llamar así-.

- No sé si sea estúpido. Solo creo que son cosas que pasan.
- Seguramente algo tendré que aprender de esto.
- Eso dice mi psicóloga.
- El problema es qué.
- Es lo más complicado.
- El asunto es que podría decirte que Marco no se merece que ambas estemos aquí, sollozando por sus acciones. Pero no. Yo no soy nadie para decirte lo que debes hacer. Solo quiero que tengas en cuenta que por más que le des a él todo lo que el quiere o espera, nunca va cambiar. Creo que él no funciona así y no está configurado para poder mantener una relación estable, como la que todas las mujeres queremos.

'¿Y qué quiero yo?' Ni siquiera había tenido tiempo de reflexionar a fondo sobre el tema. ¿Quiero de verdad estar con Marco? ¿Lo quiero? ¿Estoy encaprichada? Digamos que hasta hace unas horas estaba convencida de que estaba al borde de morir de amor por él y ahora se preguntaba si eso era lo que realmente quería. Fuck! Fuck! Fuck! Todo iba a ser demasiado fácil. Y ahora esta loca dándome lora.

- Solo quiero desearte suerte. Por ahora ganaste. Pero quien sabe más adelante.

"Perdón! ¿Ahora viene a amenazarme? ¿Ganar? Bueno. Yo estaba toda tranquila y ella llegó a mear su poste y le salió mal y resulta que ahora es mi culpa. ¡El mundo está lleno de gente demente", pensó y justo antes de abrir la boca y despacharse como una arrabalera, se tomó un trago, respiró profundo y dijo: GRACIAS, espero que a ti también te vaya bien. Se levantó del lugar y caminó derecho al baño. Necesitaba contenerse porque de lo contrario iba a matar a alguien.

Marco no entendía nada de lo que estaba pasando en la barra del bar. Le sudaban las manos, que era el peor síntoma. Estaba nervioso al extremo. Pensó que se iba a venir un desastre. Pero no. Solo venía a Jimena en un monólogo que fijo era en contra de él y Andrea asentía con la cabeza, demostrando algo de atención. Para distraerse pidió pagar la cuenta de la cena, más la de los tragos de Andrea.

Se miró al espejo y se sentía algo bipolar. Mil ideas le daban vueltas en la cabeza. ¿Y ahora qué le iba a decir a Marco? ¡Qué agotamiento! Ya ni el trago le hacía efecto de la rabia, el susto, la angustia del tema.

Jimena salió caminando del lugar como si andara por una pasarela. No volvió a mirar a Marco ni a Andrea. Era como si hubiera cerrado el capítulo y no pensara releerlo. Pero como la procesión va por dentro, estaba histérica. Sentía rabia consigo misma. Era una imbécil de tiempo completo. Dignidad cero. Puso un pie fuera del restaurante y lo primero que hizo fue borrar todos los datos de Marco, mensajes de texto y demás asuntos que podrían jugar en su contra en algún momento de debilidad. Caminó unos metros donde la esperaba su grupo de amigos. Punto final.

Tomó el polvo y el labial y se compuso. Así como en las películas se dijo por última vez ante el espejo: Keep it together, Andrea! Y salió caminando por toda la mitad del restaurante. Seguro ninguno alrededor entendía lo que pasaba, pero ella sintió que todos la miraban y la juzgaba.

- ¿Vamos?

Sabía que le esperaba una larga cantaleta. Mujer que no joda, es hombre, siempre le decían sus amigos, así que en el camino hasta el parqueadero se organizó un discurso lleno de lugares comunes. Seguro que era bueno e inventar excusas y discursos, así que se relajó.

- No sé tu. Pero te toca ver como me compensas esto, dijo apenas cerro la puerta del carro, tratando de hacerse la relajada.

La respuesta de Marco fue sencilla. Se le lanzó encima y le puso un beso que le salió del estómago. Ya sin tragos, a Andrea todo le parecía como más simplón. Seguramente las cosas estaban demasiado revueltas para poder gozarse el momento. Su yo digno no se lo permitía. Puso las manos entre los dos, lo agarró por los hombros y lo separó.

- ¿Sabes? Mejor llévame a mi casa.
- Pero... Estaba pesando que fuéramos a tomarnos algo más.

Preciso, Marco estaba a punto de destapar el 'genio' de la botella. Una frotadita más, y le iba a tocar mamarse un drama.

- ¿Algo más? ¿Acaso tienes guardado alguna otra sorpresita de tus múltiples novias?
- !No! ¿Cómo se te ocurre?
- Pues no se me ocurrió que llegara 'Jime' al restaurante.
- Bueno, eso sí que fue inaudito. Tremenda loca.
- Claro... así nos dirás a todas.
- No. Claro que no. Si ves! Yo sí sabía que no podía faltar el drama.
- Creo que la porción de drama de la noche corrió por cuenta tuya.    
- Hagamos algo. Déjame compensaste, dijo mirándola a los ojos y poniéndole la mano entre las piernas.
- Pero en mi casa...

Así, sin más diálogo, ni explicaciones, llegaron a la casa de ella. Era un apartamento pequeño, atiborrado de libros. Libros en la biblioteca, libros en la mesa de centro, libros en el suelo...

- Ya voy entendiendo muchas cosas...
- ¿Porque leo mucho?
- No. Sólo que puedes ser la mujer con más libros que conozco. Eres algo única. 

Luego de oír esa simplificación de sí misma, decidió que lo mejor era no pensar más. Así que fue a la cocina, sacó una botella de tequila, partió varios limones, agarró la sal y sin más se sentó a su lado en el sofá.

- Te pusiste ruda.
- Siempre. Parece que nunca hubieras salido conmigo
.

Marco sonrió ynasumió que ya todo el momento del trama había pasado. Era lo mejor que podía sucederle. Andrea sabía que el resto de la noche iba a ser sencillo. Unos cuantos tequilas después, se dejó llevar. Sin pensarlo dos veces se trepó encima de Marco y lo besó sin vergüenza alguna. Como se besa a un amante furtivo.

Marco se sintió realmente excitado. Con afán y muchas ganas le arrancó la ropa y  sin mucho preámbulo entró en su ser con tanta fuerza que logró que Andrea dejara de lado la ternura que la había caracterizado la vez pasada y estallara en un grito larguísimo. Eso lo excitó más. Le mordió las orejas, mientras ella le arañaba la espalda. Le mordió los pezones y ella comenzaba a sudar. Le jaló el pelo. Le pegó en las nalgas. Se agarraban duro. Iban quedando marcas. Cada vez más gemidos. 

No hizo la cuenta de cuantas veces logró venirse, pero gozó tanto que al término pensó: "Definitivamente puedo lograr vivir con cosas como las de hoy."

Marco, aún extasiado la miro a su lado y pensó: "definitivamente podría quedarme aquí."

Sin mucho dramatismo y bastante frialdad, se levantó del sofá, se medio puso la ropa y le dijo a Marco:

Te saco una cobija porque no puedes irte manejando así. 

El no dijo nada. Con lo que el silencio se entendió que ella tenía la razón.

Fue hasta su cama y cayó enseguida profunda. Marco quería dormir a su lado, pero quizá era mejor de esa manera. Había tenido suficientes escenas esa noche. Asumió su suerte de dormir solo y medio ebrio y se dejó vencer por el sueño. 

Al despertarse, una parte de ella esperaba encontrarlo aun en el sofá y otra deseaba que no estuviera para evitarse una echada algo penosa. 

Efectivamente ya no estaba. Pero sobre las cobijas perfectamente dobladas estaba un libro: La Insoportable Levedad del Ser.

Tomó el libro entre sus manos y encontró un papelito doblado en 2 y en las páginas del libro subrayada la frase: "La felicidad es el deseo de repetir".

Abrió la nota y en una letra bastante masculina decía: don't let me go.... 



6 comentarios:

  1. muy chévere la historia...hasta que uno lee y todo el encanto y emoción se va por cuenta de errores de tipografía al final :(

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por el jalón de orejas! tienes toda la razón!
      un abrazo y gracias por leer

      Eliminar
  2. vaya qué historia! qué rabia la que se siente en esos instantes y nuestra parte más animal nos domina, sale a flote y por supuesto, es encantadora en esas situaciones.
    puro sexo sin amor... también eso sabemos dar!

    ResponderEliminar
  3. Me encantó este post!
    Aunque conociéndote no creo que esto termine en un final feliz.... :D

    ResponderEliminar
  4. la felicidad es el deseo de repetir... no podías haberlo dicho mejor..

    me mata la curiosidad de saber como terminara esto.. las relaciones que mal empiezan mal terminan, creo yo.. pero todo puede pasar, siempre me sorprendes con tus finales

    ResponderEliminar
  5. Muchos silencios, muchas preguntas. La dignidad de ambas mujeres a prueba,se mantuvieron en su sitio, no perdieron los estribos ni se dejaron llevar por el ego. Cada una desde su dolor hizo su movimiento.
    Jimena da a entrever su que ella no participa más en ese juego -eso parece- mientras Andrea calcula su siguiente paso. Y Marco, pues cree tener el control, o por lo menos eso vislumbra, parece confiado pero con miedo.

    ResponderEliminar

Gracias por pasar y dejar una huella!