29 de julio de 2013

¿Qué es el amor? Por Rodolfo Llinás

Me robo este fragmento de una entrevista a Rodolfo Llinás publicada aquí. Me pareció bastante genial.



En definitiva, ¿qué es el amor?
Es un estado funcional, como una golosina, y los enamorados son golosos ("que me ame, que me ame"). Eso hace que se sienta rico y que se activen los sistemas de gratificación. Por eso gusta. Claro, eso es indistinto de lo que se ame o a quién se ame. Amar la plata o a alguien del mismo sexo es, funcionalmente, la misma vaina. Eso sí, nunca es demasiado, nadie se muere por exceso de amor. No es como la epilepsia.

¿Y el odio y la envidia?
Son estados funcionales automáticos de los núcleos de la base del cerebro.Como todos los pecados capitales, no son negociables: el señor se enamoró y, como el que se va de rabo, no hay nada que hacer.Ahora, como todos los patrones de acción fijos, se pueden modular con otros. Por ejemplo, en el caso de la señora que ama a su marido y luego lo odia por infiel, hay un cambio de patrón de acción fijo, que era el amor, por otro, que es el odio... ¡Simple!

¿Y el amor a primera vista?
Funciona como en el cerebro de los pájaros: el patrón de acción fijo estaba activado, disponible y listo cuando apareció la persona que le gustó, y listo.

¿Y el amor eterno?
Ese es de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no.Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.


No sé ustedes pero LO AMÉ!!!!

25 de julio de 2013

El Final

Clavó su mirada en el fondo del vaso. Decepcionado notó que estaba vacío. Se vio tentado a pedir otro más, pero sabía que de continuar, no habría retorno. Buscó en su billetera y en sus bolsillos. Tenía lo suficiente para pagarle al barman y regresar a su casa. Pagar con la tarjeta abriría una puerta más cercana a un abismo, que a otra cosa. Cuando entró al bar dijo, me tomo lo que pueda pagar en efectivo. Dos whiskys dobles y una soda. Poco para momentos. Cuando uno sabe que dos tragos no son suficientes, no debe tomar más,decía siempre en sus reuniones sociales.

Pagó y sin mayores ganas salió del lugar. Decidió a último minuto caminar antes de agarrar un taxi. Manos en los bolsillo y pies casi que a rastras, emprendió su camino. Necesitaba aclarar sus ideas ahora que todo iba a cambiar.´

En ningún momento se detuvo a pensar que de pronto estaba armando una tormenta en un vaso con agua. Era normal que entrara en un hoyo negro cuando las cosas no salían como él quería. Sacarlo de ahí era complicado. Tanto, que estaba más solo que nunca. Su esposa lo abandonó, sus amigos se fueron apartando y hoy solo le quedaba su madre enferma.

Ella se había convertido en su razón de ser, en su motivo. Pero esta noche no. Esta noche era todo, menos eso.

El día había comenzado normal. Como comenzaban todos sus días. Un desayuno mediocre. Realmente nunca aprendió a cocinar. La cama quedaba medio tendida. Cinco minutos en el cuarto de su madre. Un beso en la frente, un nudo en la garganta y un par de instrucciones a la enfermera y rumbo a la oficina.

Su rutina no tenía nada fuera de lo común. Era un tipo extremadamente aburrido. O más bien, se había convertido en uno.

Llegó a la oficina, se sentó en su escritorio. Organizó los informes, cuadró cuentas. El único sobresalto fue que la cafetera se dañó y no se pudo tomar el tradicional cafecito de después del almuerzo, minutos durante los cuales, hablaba de cualquier cosa con su asistente.

Aunque, pensándolo bien, ahora con dos tragos en la cabeza y en medio de la penumbra de la calle, Marianita lo había mirado con un cierto pesar cuando la saludó por la mañana. ¿O será que ahora se lo está imaginando? Aunque no tiene nada de raro que toda la organización supiera, menos él.

A las 5:30 de la tarde, Marianita, que era un ser humano de los más buenos que había conocido, una señora demasiado decente para ser cierto, entró a su oficina y con voz temor le dijo: "Doctor, lo necesita el Señor Marsh". Eso sí que era extraño, al máximo jefe siempre se lo encontraba en las juntas semestrales. Asumió que necesitaba algo especial. Así que tomó su Ipad -o más bien el de la empresa-, para tomar nota en caso de que sea necesario.

Al entrar, sentados en la mesa de juntas se encontraba un trío de sujetos bien vestidos que tenían a leguas cara de abogados. Se preocupó. Entendió que esto no iba por buen camino. El señor Marsh lo invitó a sentarse, y aunque prefería pasarla de pie, aceptó, poniendo un aire de sumisión en sus palabras.

- Como ud. sabe Señor Mendieta, esta compañía tiene dentro de su filosofía optimizar los recursos y generarle la mayor cantidad de ganancias a sus a sus accionistas.

A partir de ese instante dejó de escuchar. Sabía que todo ese discurso era para decirle que no iba a continuar en la empresa. Comenzó a hacer cuentas. La deuda de la casa, la enfermera, la medicina... Sin trabajo, sería demasiado imposible, y a su edad, en un país como este, donde la edad firma la sentencia de defunción laboral de cualquier persona, todo sería más complicado. Poco a poco sus pensamientos lo arrastraron al hoyo negro donde manda el negativismo y sus preocupaciones más profundas.

Cuando pudo volver a concentrarse, escuchó lo siguiente:

- ... Y teniendo en cuenta su desempeño durante 15 años de trabajo, y las condiciones de su contrato, tomando como referencia la caída en 2 puntos de su productividad, no tendrá derecho a indemnización  solo a la liquidación. Lo sentimos mucho, Señor Mendienta, y gracias por tantos años de servicio. Lo dejo con los abogados para que le expliquen su situación. Y como si nada pasara, el señor Marsh le extendió la mano como señal de despedida.

Los abogados le explicaron que adicionalmente, como había solicitado varios créditos a la empresa sumado a las vacaciones adelantadas para cuidar a su madre, la liquidación que le correspondería se vería disminuida en 3/4 partes del total.

Al final de cuentas, lo habían dejado en la calle y sin un peso.

No podía pensar claramente. Asintió a toda la palabrería de los abogados y salió como alma en pena del lugar. Eran casi las siete de la noche. Y fue así como terminó en el barsucho de la esquina.

Le dio miles de vueltas al asunto y no encontró una salida sensata al asunto. No tenía hermanos, y su padre había muerto hacía ya bastantes años. Necesitaba un milagro.

Llegó a su casa caminando. Desertó de tomar un taxi cuando se vio demasiado envuelto en sus pensamientos, como para tener que lidiar con un taxista dicharachero. Y así, podría aplazar un poco la llegada al inicio de su nueva vida, sin trabajo y sin nada.

Cuando entró, la enfermera se había retirado a dormir, así que si madre estaba sola dormida en el cuarto. Se paró a sus pies y mentalmente balbuceó una frase ininteligible. Caminó lentamente, como evitando que ella lo escuchara (le gustaba pretender que ella podía sentirlo). A su lado, agarró la mascarilla, que era lo único que se la mantenía atada a la tierra, y la separó de su cara. No sintió ganas de detenerse. Era descabellado, pero era lo único que podría hacer.

Agarró la mano de su madre, y sintió como su escasa vida se escurría entre sus dedos. Lloró, como cuando era niño que lloraba abrazado a ella. Le pidió mil veces perdón. Le rogó a Dios por su vida. Se fue apagando poco a poco. Se decía a sí mismo que ella así no iba a sufrir más.

Salió del cuarto y cerró la puerta. Se sintió liberado, pero cinco minutos después entendió que había matado a su motivo, a su razón de ser. Ahora sí, realmente, no le quedaba nada. No valía nada.

Marianita lloraba desconsolada en su puesto de trabajo. Todos en el piso, estaban en shock. Los periódicos, la radio y la televisión, todos al unísono, hablaban de lo mismo. "Luego de matar a su madre se suicida reputado ejecutivo de la Empresa Marsh and Co."

Según las noticias, una sobredosis de calmantes fue la vía para lograr acabar con su sufrimiento. Según las noticias, estaba agobiado por las deudas. Según las noticias, Mauricio Mendieta aún conservaba su empleo. Nadie dijo que la empresa le había quitado todo. Nadie mencionó la carta que dejó en su mesa de noche. Nadie habló bien de él. Todos los acusaron de desequilibrado. A los pocos días todos lo olvidaron, y Mauricio Mendieta se convirtió en un número más de los hombres que se suicidaron luego del incremento de los niveles de desempleo en el país.




19 de julio de 2013

In - Tolerancia

Hoy amanecí con la pregunta sobre nuestra intolerancia. En mi búsqueda por la respuesta, miro hacia atrás, para poder encontrar el momento preciso en el que nos volvimos intolerantes. Y es ahí cuando recorriendo los libros de historia, noto que siempre lo hemos sido. Y no solo eso, sino que somos un país que usa la muerte como herramienta.

Es como si en este país matar por las ideas se haya convertido en parte de nuestra esencia. Pero me rehúso a creerlo. Aquí nos hemos matado por todo desde siempre: para conquistar los unos a los otros; para liberarnos de esos unos; por las leyes; por los partidos; por la política... 

Matamos por la tierra, por el oro, por la palma. Matamos a nuestros compañeros, a nuestros hermanos, incluso a golpes padres masacran a sus hijos y esposas... 

Matamos por envidia, por soberbios, por egoístas...

 Autor:Gustav Klimt 
 Fecha:1916 

Matamos por el fútbol, por el color de una camiseta. Matamos borrachos, porque la plata nos da ese poder. Matamos por la revolución, como mecanismos anti-revolucionario...

 Matamos a los líderes, matamos a los pobres. Matamos por plata, un celular, por unos tennis...

Incluso matamos con nuestras palabras.

Quisiera despertarme un día, ver a mi alrededor y saber que vivo en el país donde la muerte NO es el medio para lograr todos los fines. Y donde las palabras construyan y no maten.

17 de julio de 2013

Una Historia Cualquiera

El timbre de la puerta me despertó con un sobresalto. Me emputé. ¿A quién se le ocurre visitar sin avisar un sábado antes del medio? Fijo un ñoño que no se va de rumba. Claro que uno no piensa claro en esos momentos. El citófono no había sonado, y de seguro a todos mis amigos los anuncian.

Me levanté con una pereza infinita, con la pestañina algo corrida y bastante tufo.
- "¿Quién es?", pregunté con voz de mamera.
- "Tu vecina", respondió una voz femenina bastante enérgica del otro lado de la puerta. A esa como que no se le acaba la pila nunca, pensé.

¿Qué querrá la loca desconsiderada que vive en el apartamento del lado? La verdad me causaba curiosidad, desde que el portero me contó que ya estaba muy aburrido de que la señorita Cristina hiciera fiestas cada sábado y todos los vecinos le echaran la policía. Cada vez que veo a José me pregunto por qué un poco de emoción al portero le cae gorda. "Debe ser porque se la pasa dormido", me decía Juana, mi mejor amiga. Y de pronto tiene razón: portero que no duerma, no es portero.

Abrí la puerta, y tal debía ser mi estado, que Cristina abrió sus ojotes azules como si hubiera visto un espanto.

- "Niña. ¿A tí que te hicieron anoche?"
- "Tequila"
- "Uy".

Para mi sorpresa no era costeña. Me imaginaba a una cartagenera, trigueña, alta, amiguera hasta el extremo. Nada. Era rola. Su acento la delataba. Y por la bulla de las fiestas, la cantidad de gente que circula en el pasillo durante las rumbas, la forma de amanecer y las referencias de Jose, debía estar frita.

- "¿Qué necesitas?"
- "¿Pensé que llevas dos meses viviendo aquí y me parece una completa descortesía no haberte nunca invitado a mi casa..."

La miré esperando la conclusión del tema. De seguro no me iba a invitar al té.

- "... Hoy vienen unos amigos y pues pensé que sería una buena oportunidad para invitarte."

Fijo los amigos de esta loca están de cacería y se les acabó el material nuevo y necesitan más posibilidades.

- "No sé. Tengo que confirmar unos planes y te aviso", respondí sin mostrar mayor emoción. Parecía como si estuviera escuchando a mi mamá, a mi tía y a mi abuelita que por favor no recibiera nada de los extraños.

- "Listo, si te animas, ahí estamos", me respondió con una gran sonrisa en la cara.

Dormí todo el resto del día. Si no lograba recuperarme, de seguro no podría pasar por la casa de la vecina.  "Ay Dan, si no pasas, seguro te vas a perder de algo. Tu sabes que es en nuevos espacios,con nueva gente, el lugar donde podrás conocer a alguien". Esa fue la respuesta de Juana cuando le conté. Ella siempre pensando en conseguirme un novio. Se parece a la mejor amiga del colegio de mi mamá, bien costeña ella, que repetía cada tanto "Daniela, arréglate hasta para ir a la tienda, no va a ser que allá conozcas al hombre de tu vida". La forma de ver el mundo de las mujeres simples me fascinaba, casi todo, por no decir todo, lo miden en torno a las posibilidades de conseguir o no un marido.

Entonces agarré todo el conocimiento de las mujeres de mi vida, y me vestí con la actitud suficiente para ir a un sitio tetiado de extraños. Al final, lo máximo que podía pasar era que me aburriera y me devolviera a mi cama, que está a una puerta de distancia.

Terminé de arreglarme y eran como las 8:30. No sentía mucho ruido. En ese momento me asaltó la duda sobre si sera mejor llegar de primeras e interactuar con la dueña de la fiesta, o llegar cuando ya todo estuviera llena y pasar desapercibida. Odio conocer extraños. Hay muchas cosas que no sé como manejar. Concluí que era mejor llegar de primeras, hablar un rato y tomarme un trago para relajar los nervios.

- "¡Viniste!", dijo Cristina con tal emoción que comencé a pensar que su interés por mi era legítimo.
- "Bueno, creo que era lo mínimo luego de dos meses de oirte rumbear sola", intenté ser querídísima. "Mira, te traje esto", le entregué una botella de vino.
- "Tan querida"
- "Creo que mi mamá me dejó bien educadita".
- "Sigue, sigue. ¿Qué te quieres tomar? Espero que no un vinito"
- "¿Qué tienes?"
- "Hay un poco de todo: Ginebra, tequila -pero creo que de ese no quieres-, guaro, roncito, whisky y ahora vino", dijo haciendo un gesto con la botella que tenía en su mano.
- "Bueno, tienes un bar".
- "Obvio. Con lo que me gusta fiestiar, claro que tengo."

Me enteré que Cristina había vivido en mi apartamento, pero que odiaba a la dueña. Si es un poco intensa, pero me pareció radical que le quemaran la alfombra y le rompieran el inodoro antes de irse como venganza por toda la lora que dio durante un año que tuvo el contrato. "Es vieja era una mamera. Yo sí llamé a todos mis amigos, hice una rumba y la única regla era apagar todos los cigarrillos en la alfombra". Confirmado. La nena está loca.

Uno a uno fueron llegando los invitados. Los había de todos los sabores, olores y colores. Estaturas, razas, estilos y peinados. Más hombres que mujeres. A todos les decía: "Les presento a Daniela, mi vecina. Lleva dos meses aguantándonos la rumba, así que decidí invitarla antes de que llegara con la policía". Yo me moría del oso. Socializar no es lo mio. Pero ya entrados en gastos, convertí a la ginebra en mi mejor aliado.

En medio de tantas rarezas, vi llegar a Sebastián  Mono, fornido, alto. Camisa blanca y unos jeans. Regio. Apenas como me gustaban. Muy raro un sujeto así en medio de tanto rasta y hippie desgastado.

- "Te presento a Daniela, la vecina". 
- "Ahhh, la vecina".... Entendí o quise creer que ya habían hablado de mi en algún momento.
- "Mucho gusto, el primo responsable de esta loca". Bueno por lo menos no era la única que pensaba que Cristina estaba demente.

Encontré con quien hablar el resto de la noche, que era bastante largo. De no ser por Sebastián, a las 12 hubiera aplicado la de Cenicienta, y me hubiera ido a dormir. Realmente fumar, oler y beber, no era mi parche.

Con Sebastián fue muy divertido. Teníamos los mismos intereses, leer novelas, cero poesía o autoayuda; el arte lo entendíamos de la misma manera y odiábamos el brócoli por sobre todas las cosas. Tenía buen sentido del humor y era capaz de armarle una historia a cada uno de los sujetos presentes en el lugar.

- Mira a ese negro en el rincón. Él, está esperando a que su novia que se fue a vivir lejos, regrese y esté con él. Le hizo una promesa. Que no se iba a cortar ni a lavar el pelo hasta que volvieran a estar juntos. Lo que no sabe es que la vieja, está embarazada de otro, por allá en Europa. 

No paraba de reír. Montaba películas en un instante. La verdad hizo mi noche y lo mejor es que me salvó de ser el hongo de la fiesta.

A las cuatro se comenzaron a ir. Para las 5 ya quedábamos unos cuantos en la sala. Sebastián y yo estábamos echados, literalmente en el sofá. Yo un poco prenda, él menos. Cuando nos dimos cuenta, de los ocho que quedábamos, solo dos estaban despiertos. El resto había sucumbido a la mezcla de alcohol. Cristina no estaba cerca. "De seguro está en el cuarto... y no precisamente sola", dijo Sebastián.

No sabía qué hacer. Según las películas ese es el momento de beso más fabuloso que le dan a las protagonistas. Pero... ¿y si no...? Así que decidí no dármelas de osada y me levanté del sillón.

- "Bueno... me voy"
- "¿Para dónde?"
 - "Para mi casa..."

Aún sentado en el sofá, me tomó de la mano, y me jaló hacía él. Claramente no caí sentada en sus piernas decorosamente, sino que me quedé toda tiesa de pie y lo único que se me ocurrió decirle fue "¿Qué pasa?". Ante mi torpeza, Sebastián se levantó, puso mi cara entre sus manos, y me besó. Yo me dejé. No fue romántico. No fue de película, pero diablos, cómo besaba de bien!

No sé cuánto duró, pudo ser un segundo pero a mi me pareció un siglo y hubiera querido que durara para siempre. No sentí pena ni temor. Entendí a Juana cuando me decía "Ese momento en el que el extraño te besa, puede ser el más emocionante del mundo. Con ese beso entiendes que lo conquistaste, que le gustas y que, así no quiera saber más, quiso probarte". Solo hasta ese momento entendí esa descripción del beso al extraño. Y me gustó.

Cuando separamos nuestros labios, me miró a los ojos y me dijo: "Te acompaño hasta tu puerta". Claramente no era el recorrido más peligroso del mundo, pero me pareció válida la intensión.

Abrí con dificultad, y parada en el umbral de mi estómago salió un "¿Quieres pasar?". Y el me dijo "".


4 de julio de 2013

Los 30... Sucks (¿?)

Los seres humanos vivimos llenándonos de mentiras. Todo el día nos repetimos discursos que nos ayudan, quizá a sobrevivir este 'mundo dual complicado', como me dice mi doctora del reiki. Desde temas como el príncipe azul, la princesa desvalida, el sapo que rehabilitado se convierte en el hombre de tus sueños... hasta la vida feliz de una familia con carro, casa, beca, hijos y vacaciones cinco estrellas. Todos son cuentos con lo que nos rellenamos.

Nos autoconvencemos de una idea, y caminamos toda la vida buscándola. Supongo que eso le da un poco de sentido a nuestra existencia, y bastante frustración y motivos de suicidio, cuando no lo conseguimos.

Otras de las mentiras más comunes que nos venden y nos comemos, es que los treinta son la mejor década de nuestra existencia. Ay mujeres. Nos venden artículos que nos dicen que a los 30 ya tenemos el puesto que queremos, hemos salido con los hombres que queremos, y somos independientes, pilas y que viajamos y nos gastamos la plata en moda y maquillaje. Que eso debe ser suficiente para adorar los 30 y renegar de los veinte o de la adolescencia.

Bueno, les voy a decir lo que pienso. Sí, los treinta están bien, pero son peores de lo que nos quieren hacer ver. Veamos por qué.

A los 30, nos toca madurar. Ser responsable. Asumir nuestra propia responsabilidad. La excusa de la recién graduada que aun puede 'parasitear' de sus padres, se va acabando. Comienza toda la familia a dar lora con el tema de 'el novio para cuando', si eres soltera y disponible; 'y el matrimonio para cuando', si tienes un novio; 'el hijo para cuando', si estas casada o te fuiste a vivir con tu pareja; 'el otro hijo para cuando', si te adelantaste y en los 20 ya construiste tu familia. Y no contentos con eso, también comienzan 'recuerda que no de puedes gastarte toda la plata y tienes que comenzar a ahorrar'; 'el carro para cuando', 'la casa para cuando'... Y así. Podrían darnos discursos infinitos sobre la responsabilidad y sus distintas manifestaciones.

Los 30 no son los 20. Un día a los 30 y tantos te levantas y como por arte de magia, eres todo un ser lleno de celulitis. Entonces te toca correr a comprar el kit para removerla y prevenirla, dejar de tomar coca cola y disminuir las cinco tazas de tinto que te tomabas al día. Compras crema reductora e inicias los masajes.

Pero entonces, la desgracia ha comenzado: ya no adelgazas con la facilidad de antes, y todo lo que te comas engorda. Adiós helado, adiós el chocolate. El postre queda solo para el cumpleaños, y el té verde comienza a convertirse en tu mejor amigo.

Y cuando ya crees que tienes la dieta controlada: sopa y ensalada cuatro veces por semana, de merienda manzana, una sola harina al día, poco en la cena y NADA de dulces... Te das cuenta que eso no es suficiente. El estado físico está jodido. Subir un par de pisos corriendo es algo imposible. Tocó hacer deporte. Algunas trotan, otras hacen crossfit, algunas vamos a zumba y otras se la pasan haciendo cardio.

Pero como a los 30 te comienzan a cobrar las primeras cuentas de cobro del abuso de los 20, cuando menos piensas, te miras al espejo y todas las líneas de expresión se te comienzan a marcar. Para qué me reí tanto, para qué fruncí tanto el ceño... Toca comprar la mundial de la crema. Ya una no es suficiente: toca entonces bloqueador, humectante de día, humectante de noche, la del contorno de ojos, la especial para desmaquillar, para después de ir a tierra caliente, la de después de la rumba.

Como si eso no fuera poco, llegas a los 30 y salir a rumbear ya no es lo mismo. Las de 20 se ven mucho más regias que tu, pueden mostrar más piel que tu y, sobre todo, pueden perder la compostura y tu no. Claro, la competencia aprieta. Si llegas a los treinta soltera, te toca entrar en una competencia a muerte con las de 20 por lograr ligarte a alguien. Y si de casualidad de pasaste de tragos... el guayabo se vuelve en una condena de casi dos días en los que sientes que de verdad vas a morir.

Creo que a los 30 seguro tienes para la cuota inicial de tu casa, compraste el carro que querías, has conocido varios países con los que siempre soñaste, pero a los treinta comienza la decadencia y le llega a uno la decencia. A los 20 uno podía ser irresponsable, cagarse el mundo, y aun así seguir siendo bella con un culo firme, pero a los ¿34, 35, 36? Toca ser coherente disciplinada, responsable, seria, bien puesta, bien hablada.

Así, creo que si bien los treinta tienen todas sus ventajas en materia de autonomía económica e independencia, no podemos olvidar que también tiene sus desventajas, tantas, que a veces quisiera volver a los 20 y perder el control más seguido, o llegar pronto a los cuarenta para perderle el miedo al botox y a rellenarme las marcas de la comisura del labio, y definitivamente ya haber asumido que muchas cosas se quedaron atrás y que ya no hay posibilidad de devolverse.

*Nota: Como muchos me han dicho que soy muy negativa... les cuento que decidí mostrar la parte negra de los 30, porque ya muchas han dedicado millones en letras a hablar bien de ésta década. Aquí algunos links:

Elogio al elogio de los 30 en Susana y Elvira
LOS 30, SON LOS NUEVOS 20 O SIMPLEMENTE LOS 30 SON NUESTROS MEJORES AÑOS?
Poema: No tengo treinta años.