17 de julio de 2013

Una Historia Cualquiera

El timbre de la puerta me despertó con un sobresalto. Me emputé. ¿A quién se le ocurre visitar sin avisar un sábado antes del medio? Fijo un ñoño que no se va de rumba. Claro que uno no piensa claro en esos momentos. El citófono no había sonado, y de seguro a todos mis amigos los anuncian.

Me levanté con una pereza infinita, con la pestañina algo corrida y bastante tufo.
- "¿Quién es?", pregunté con voz de mamera.
- "Tu vecina", respondió una voz femenina bastante enérgica del otro lado de la puerta. A esa como que no se le acaba la pila nunca, pensé.

¿Qué querrá la loca desconsiderada que vive en el apartamento del lado? La verdad me causaba curiosidad, desde que el portero me contó que ya estaba muy aburrido de que la señorita Cristina hiciera fiestas cada sábado y todos los vecinos le echaran la policía. Cada vez que veo a José me pregunto por qué un poco de emoción al portero le cae gorda. "Debe ser porque se la pasa dormido", me decía Juana, mi mejor amiga. Y de pronto tiene razón: portero que no duerma, no es portero.

Abrí la puerta, y tal debía ser mi estado, que Cristina abrió sus ojotes azules como si hubiera visto un espanto.

- "Niña. ¿A tí que te hicieron anoche?"
- "Tequila"
- "Uy".

Para mi sorpresa no era costeña. Me imaginaba a una cartagenera, trigueña, alta, amiguera hasta el extremo. Nada. Era rola. Su acento la delataba. Y por la bulla de las fiestas, la cantidad de gente que circula en el pasillo durante las rumbas, la forma de amanecer y las referencias de Jose, debía estar frita.

- "¿Qué necesitas?"
- "¿Pensé que llevas dos meses viviendo aquí y me parece una completa descortesía no haberte nunca invitado a mi casa..."

La miré esperando la conclusión del tema. De seguro no me iba a invitar al té.

- "... Hoy vienen unos amigos y pues pensé que sería una buena oportunidad para invitarte."

Fijo los amigos de esta loca están de cacería y se les acabó el material nuevo y necesitan más posibilidades.

- "No sé. Tengo que confirmar unos planes y te aviso", respondí sin mostrar mayor emoción. Parecía como si estuviera escuchando a mi mamá, a mi tía y a mi abuelita que por favor no recibiera nada de los extraños.

- "Listo, si te animas, ahí estamos", me respondió con una gran sonrisa en la cara.

Dormí todo el resto del día. Si no lograba recuperarme, de seguro no podría pasar por la casa de la vecina.  "Ay Dan, si no pasas, seguro te vas a perder de algo. Tu sabes que es en nuevos espacios,con nueva gente, el lugar donde podrás conocer a alguien". Esa fue la respuesta de Juana cuando le conté. Ella siempre pensando en conseguirme un novio. Se parece a la mejor amiga del colegio de mi mamá, bien costeña ella, que repetía cada tanto "Daniela, arréglate hasta para ir a la tienda, no va a ser que allá conozcas al hombre de tu vida". La forma de ver el mundo de las mujeres simples me fascinaba, casi todo, por no decir todo, lo miden en torno a las posibilidades de conseguir o no un marido.

Entonces agarré todo el conocimiento de las mujeres de mi vida, y me vestí con la actitud suficiente para ir a un sitio tetiado de extraños. Al final, lo máximo que podía pasar era que me aburriera y me devolviera a mi cama, que está a una puerta de distancia.

Terminé de arreglarme y eran como las 8:30. No sentía mucho ruido. En ese momento me asaltó la duda sobre si sera mejor llegar de primeras e interactuar con la dueña de la fiesta, o llegar cuando ya todo estuviera llena y pasar desapercibida. Odio conocer extraños. Hay muchas cosas que no sé como manejar. Concluí que era mejor llegar de primeras, hablar un rato y tomarme un trago para relajar los nervios.

- "¡Viniste!", dijo Cristina con tal emoción que comencé a pensar que su interés por mi era legítimo.
- "Bueno, creo que era lo mínimo luego de dos meses de oirte rumbear sola", intenté ser querídísima. "Mira, te traje esto", le entregué una botella de vino.
- "Tan querida"
- "Creo que mi mamá me dejó bien educadita".
- "Sigue, sigue. ¿Qué te quieres tomar? Espero que no un vinito"
- "¿Qué tienes?"
- "Hay un poco de todo: Ginebra, tequila -pero creo que de ese no quieres-, guaro, roncito, whisky y ahora vino", dijo haciendo un gesto con la botella que tenía en su mano.
- "Bueno, tienes un bar".
- "Obvio. Con lo que me gusta fiestiar, claro que tengo."

Me enteré que Cristina había vivido en mi apartamento, pero que odiaba a la dueña. Si es un poco intensa, pero me pareció radical que le quemaran la alfombra y le rompieran el inodoro antes de irse como venganza por toda la lora que dio durante un año que tuvo el contrato. "Es vieja era una mamera. Yo sí llamé a todos mis amigos, hice una rumba y la única regla era apagar todos los cigarrillos en la alfombra". Confirmado. La nena está loca.

Uno a uno fueron llegando los invitados. Los había de todos los sabores, olores y colores. Estaturas, razas, estilos y peinados. Más hombres que mujeres. A todos les decía: "Les presento a Daniela, mi vecina. Lleva dos meses aguantándonos la rumba, así que decidí invitarla antes de que llegara con la policía". Yo me moría del oso. Socializar no es lo mio. Pero ya entrados en gastos, convertí a la ginebra en mi mejor aliado.

En medio de tantas rarezas, vi llegar a Sebastián  Mono, fornido, alto. Camisa blanca y unos jeans. Regio. Apenas como me gustaban. Muy raro un sujeto así en medio de tanto rasta y hippie desgastado.

- "Te presento a Daniela, la vecina". 
- "Ahhh, la vecina".... Entendí o quise creer que ya habían hablado de mi en algún momento.
- "Mucho gusto, el primo responsable de esta loca". Bueno por lo menos no era la única que pensaba que Cristina estaba demente.

Encontré con quien hablar el resto de la noche, que era bastante largo. De no ser por Sebastián, a las 12 hubiera aplicado la de Cenicienta, y me hubiera ido a dormir. Realmente fumar, oler y beber, no era mi parche.

Con Sebastián fue muy divertido. Teníamos los mismos intereses, leer novelas, cero poesía o autoayuda; el arte lo entendíamos de la misma manera y odiábamos el brócoli por sobre todas las cosas. Tenía buen sentido del humor y era capaz de armarle una historia a cada uno de los sujetos presentes en el lugar.

- Mira a ese negro en el rincón. Él, está esperando a que su novia que se fue a vivir lejos, regrese y esté con él. Le hizo una promesa. Que no se iba a cortar ni a lavar el pelo hasta que volvieran a estar juntos. Lo que no sabe es que la vieja, está embarazada de otro, por allá en Europa. 

No paraba de reír. Montaba películas en un instante. La verdad hizo mi noche y lo mejor es que me salvó de ser el hongo de la fiesta.

A las cuatro se comenzaron a ir. Para las 5 ya quedábamos unos cuantos en la sala. Sebastián y yo estábamos echados, literalmente en el sofá. Yo un poco prenda, él menos. Cuando nos dimos cuenta, de los ocho que quedábamos, solo dos estaban despiertos. El resto había sucumbido a la mezcla de alcohol. Cristina no estaba cerca. "De seguro está en el cuarto... y no precisamente sola", dijo Sebastián.

No sabía qué hacer. Según las películas ese es el momento de beso más fabuloso que le dan a las protagonistas. Pero... ¿y si no...? Así que decidí no dármelas de osada y me levanté del sillón.

- "Bueno... me voy"
- "¿Para dónde?"
 - "Para mi casa..."

Aún sentado en el sofá, me tomó de la mano, y me jaló hacía él. Claramente no caí sentada en sus piernas decorosamente, sino que me quedé toda tiesa de pie y lo único que se me ocurrió decirle fue "¿Qué pasa?". Ante mi torpeza, Sebastián se levantó, puso mi cara entre sus manos, y me besó. Yo me dejé. No fue romántico. No fue de película, pero diablos, cómo besaba de bien!

No sé cuánto duró, pudo ser un segundo pero a mi me pareció un siglo y hubiera querido que durara para siempre. No sentí pena ni temor. Entendí a Juana cuando me decía "Ese momento en el que el extraño te besa, puede ser el más emocionante del mundo. Con ese beso entiendes que lo conquistaste, que le gustas y que, así no quiera saber más, quiso probarte". Solo hasta ese momento entendí esa descripción del beso al extraño. Y me gustó.

Cuando separamos nuestros labios, me miró a los ojos y me dijo: "Te acompaño hasta tu puerta". Claramente no era el recorrido más peligroso del mundo, pero me pareció válida la intensión.

Abrí con dificultad, y parada en el umbral de mi estómago salió un "¿Quieres pasar?". Y el me dijo "".


6 comentarios:

  1. Daniela y Sebastián se visten bien chéveres jajajajajajaj
    Bueno, no sé, tal vez ella tenía un jean que le ajustaba tan bien, que eso fue lo que atrajo a sebastián.
    También podría ser las ganas de sebastián de conquistar a una mujer con ese porte.
    En fin, la invitación a la «casa de ella», bien puede ser a una tertulia mañanera con desayuno de huevos pericos, chocolate en agua de panela, incluído el pan y la mantequilla. Y, al tiempo, tienen sexo en la cocina .

    ResponderEliminar
  2. me gustan esos besos con extraños, aunque no pasen de ahí...

    ResponderEliminar
  3. Yo pensé que Daniela se iba a meter con la vecina :P

    ResponderEliminar
  4. Ay no!
    Eso solo pasa en tus historias y en las películas

    ResponderEliminar
  5. De acuerdo con Lorena, tiene toda la razón!

    Pd: Ya quiero la 2da parte :P

    Att: M. G. =')

    ResponderEliminar
  6. necesito una vecina rumbera con primos responsables!!!

    ResponderEliminar

Gracias por pasar y dejar una huella!