22 de agosto de 2013

Estado: Ausente - Motivo: Tesis

Hola a todos....

Sé que parece que los tengo olvidados. Pero no es así. Les debo la continuación de la historia, les debo posts, pero es que ando terminando la tesis de la maestría. Estoy en la etapa final. Así que por eso ando ausente... Pero no se me asusten, I'll be back... Soon! Y espero que con buenas noticias.

Beso a todos


12 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera III

Viene de Acá

Salió del doceavo piso con un encontrón de emociones. Se había quedado dormido. ¿Eso qué quería decir? Nunca le había pasado eso de besar a una nena y quedarse dormido en pleno proceso. Caminó un par de cuadras mientras conseguía un taxi, acompañado de una serie de preguntas que le recordaban a su mejor amiga. ¿Será que estoy madurando?

Cerró el debate mental, diciéndose a sí mismo que estaba cansado y punto.

Pasó el día sin preguntarse más sobre el tema o sobre Daniela. Pero antes de acostarse a dormir recibió un correo en su cuenta institucional. Destinatario: Daniela Pulido. Hola. Eso le dañó la cabeza. Pero decidió acostarse tranquilo, sin leerlo, como para no darle importancia. Está claro que es mejor dejar que las mujeres mueran de ansiedad un poco, para avivar el interés.

Sabía que al abrir el mail, se dispararía un mensaje automático. Sebastián Laguado recibió su mensaje. Pronto le dará una respuesta. Muchas Gracias.Y la firma al pie del correo. Sebastián Laguado correo slaguado@ac.com Celular: 3148896545.

- ¿Un correo de acuse de recibo? ¿De verdad?
- Imagínate
- Bueno por lo menos sabes que lo leyó.
- Claro, un desastre. No quiere volverme a ver.
- Bueno ahora no te eches a la muerte. Fue solo una noche y un besito.
- Si claro.
- No vayas a hacer nada más. Que no note la gana.
- Seguro.
- Beso
- Beso

Cuando llegó a su casa ese lunes por fin tuvo tiempo de pensar en aquel correo. Debía reconocer que Daniela era bastante arriesgada y creativa.

- Seguro es de esas viejas que lo googlean a uno cuando lo conocen
- Fijo, hermano. Y ahora tiene mi correo. 
- Pues, ¿está buena?
- Si, aguanta bastante.
- Entonces hágale. ¿Qué tiene que perder? Sale, y si no le gusta se vuelve el patán que es, como siempre y sale despavorido. Con que una nena más lo odie, no va a pasar nada.
- Usted es la cagada, ¿no?
- Aprendí del mejor.

Y Sebastián siguió el consejo de su mejor amigo. Hola Dany. Tienes razón, no caímos en cuenta de intercambiar celulares. ¿Te parece si vamos a Wolverine el viernes en el Andino? yo hago las reservas. S.

Claramente me brincó el corazón. Esa maña que tenemos las mujeres de montar una película antes de que pase nada. Era tarde y no podía joder a Juana. Así que me tocó hacer memoria de todas sus lecciones inaplicadas. Que no muestre la gana, que no sea intensa y que no dé más información de la necesaria. Listo. Nos vemos allá. D.

Eso si es claro, aunque mis amigas me critiquen, no comparto esa dependencia de algunas mujeres de querer que el tipo las recoja desde el día uno. Al final uno puede irse y devolverse sola. El tiempo comenzaba a correr cada vez más lento. No podía ser que llevaba dos días de conocerlo y ya me tenía el mundo de cabeza. No dormí nada pensando en el viernes.

- Ay Dany. ¿Tu siempre con la misma no?
- ¿Qué misma?
- Armando videos. Es que no aprendes. Siempre te pasa lo mismo.

Juana siempre me anda recordando mis fracasos. Es que eso me emputa, ella lo sabe. Así que terminé la conversación de repente. Decidí actuar como yo y sin pensarlo dos veces abrí el chat y comencé.

- ¡Hola! ¿Cómo estás?

Sin tener que esperar muchos minutos recibí una respuesta.

- No había conocido a nadie que pusiera tantos signos en un mensaje de chat.
- Para que veas... Amo las normas ortográficas
- Bueno, eso sonó aburrido.

Y así con esas charlas intermitentes en el día, logré sobrevivir con mis uñas intactas y sin gastritis. Llegué confiada al teatro, sabiendo que por lo menos algo le gustaba.

Y con esa ida a cine, comenzamos a salir.







7 de agosto de 2013

A veces la suerte

Puntual. Como si se tratara de una cita amorosa diaria, llegaba él al café Merlot en el centro de la ciudad. Las primeras veces a ella le pareció curioso que volviera. Por el sitio donde se encontraba ubicado no era normal tener clientes habituales. Pedía lo mismo. Primero un capuccino, con más café que leche y una galleta de avena. A los 40 minutos un vaso de agua, 'no en botella porque contamina y tanto plástico es un desperdicio'. Durante las dos horas en las que duraba sentado en la mesita de la esquina al lado de la ventana leía algo, a veces un libro, a veces una revista, a veces un periódico. Ella sentía que durante ratos se la quedaba mirando. Le incomodó las primeras veces. Con las semanas, cuando cruzaban miradas, le sonreía.

Llegó un momento en el que el Señor Gonzalo era uno de sus motivos para soportar las jornadas en el restaurante, con las que podía pagar su habitación y de vez en cuando unas clases de actuación o fotografía. Nunca habían cruzado más de un par de palabras corteses, pero ella ya había montado toda una versión de su ser.

Gonzalo tenía poco más de 67 años. Durante toda su vida había sido todo menos un ser humano triste o aburrido, a pesar de las cientos de pruebas que le puso su vida. Intentó ser optimista, tener una sonrisa en el rostro. Pero el último año esa luz se apagó.

La primera vez que fue al café, fue por una casualidad. Su conductor se retrasó y no quería volver a entrar al edificio de su abogado, donde estaba organizando una serie de cosas aburridísimas. Miró hacía la esquina opuesta y vio un sitio como parado en el tiempo. Decidió que esperaría a Mariano ahí dentro. Recordó inmediatamente que ahí hace muchos, pero muchos años había conocido a su primera esposa Ángela. Lo invadió una enorme dicha y una gran tristeza, todo al mismo tiempo. 'Alba' rezaba el botón colgado en el uniforme de la mesera. Al mirarla a los ojos, recordó a su hija, Manuela. Llenarse de tantos recuerdos lo llevó a decidir que iba a pasar todos los días a tomarse un café en ese lugar.

A Alba, que le encantan las historias de amor, pero de las tristes, le parecía que Don Gonzalo estaba esperando a la mujer de su vida, pero que esta no llegaba nunca. Todos los días un percance, y una nueva excusa para dejarlo plantado. Le tenía lástima y ya casi un poco de cariño filial.

Ella tenía ganas de hablar con él. Y él no sacaba el valor para dejarle la nota que desde su segunda visita cargaba entre su bolsillo. Quisiera caminar unas calles contigo y hablar un par de cosas. G, rezaba la corta misiva.

Un jueves la vio llorar al teléfono fuera del café. Esperó discretamente a que ella terminara la llamada, se le acercó por detrás y le dijo "Alba, ¿quieres tomar aire?" Se limpió las lágrimas como pudo y sin pensarlo dos veces comenzó a contarle la historia que había provocado las lágrimas mientras caminaba con pasos largos. "Y ahora resulta que me toca sacar mis cosas del cuarto, porque la amiga que me lo alquila decidió mudar al novio con ella y no quiere que yo ande merodeando. Como si yo tuviera tiempo para andar robándole el marido a nadie. Bastantes problemas tengo ya..." Gonzalo le siguió el pasosin decir mucho. Sabía que a las mujeres hay que dejarlas hablar cuando están bravas, para así evitar discusiones inútiles. Ese había sido el mejor  consejo que le había dado su abuela.

- Ay, Don Gonzalo, qué pena que lo aburra con mis cuentos. Pero es que en este país uno se puede esforzar como una mula y no logra nada. Nada
- Alba, primero, dime Gonzalo, sin el Don. 
- Bueno
- Y segundo.A veces no se necesita tanto esfuerzo, sino un golpe de suerte.
- Pues yo solo golpes y nada de suerte

Ambos rieron.

- Por lo menos hoy ya le alegré el día
- Eso es seguro. Volvamos al café que lo último que falta es que me echen.

Y así fue como se volvieron amigos un hombre de casi setenta, con una joven que apenas sobrepasaba los 20. Casi siempre hablaba ella. Le contó como la crió su tía abuela, porque su mamá era una irresponsable que prácticamente la dejó abandonada de recién nacida. "De pronto eso de que es importante que a uno le de teta la mamá es importante para la inteligencia, porque yo si que soy más bien medio bruta", anotaba mientras contaba la historia. Ante este tipo de apuntes, Gonzalo hacía apuntes que la hicieran recapacitar. "No hables demasiado mal de ti misma, que podrían creer que todo es cierto", era su frase más repetida.

A ella le hacía más sobrellevaderos sus días y a él ella le ponía energía a su vida.

Pero un día Gonzalo no llegó. Ni al siguiente. Alba no sabía cómo ubicarlo. No tenía su número, ni su dirección. Ni siquiera sabía su apellido. Se lamentó por haber hablado tanto, sin detenerse a preguntar quién era de verdad ese personaje. No le quedó otra cosa que resignarse. Al final, ya estaba acostumbrada que la botaran al cajón del olvido fácilmente.

Un día un señor vestido de paño la buscó en el restaurante. Sin decir más que buenos días, le entregó un sobre. No lo pudo leer durante el turno, porque eran demasiadas páginas. Así que a pesar de la angustia y la ansiedad, a la hora del almuerzo salió hacia el parque ubicado a cuadra y media de su lugar de trabajo. 

Se sentó sobre el pasto debajo de un árbol. Le sudaban las manos. No sabía bien de que se trataba todo esto, pero tenía claro que Gonzalo sería el único que le escribiría una carta así de larga. No era a mano. Comenzaba con una frase bastante cursi para su gusto, pero se deshizo de esa idea y comenzó la lectura.

Alba

Recuerda siempre que 'Quien con fe sabe esperar, ve al fin la suerte llegar'.

Lamento haberme ausentado estos días sin previo aviso, pero mis problemas de salud no me permitieron cumplir con nuestra cita diaria. Espero no haberte preocupado. Si te preguntas si estoy bien, no, no lo estoy. Pero tranquila, que a cada quien le llega su hora.

El motivo de esta carta es sencillo: voy a contarte quien soy y por qué comencé a frecuentar el café. 

Soy un viejo que en algún momento tuvo tu edad. Y fue en a esa edad, en ese café donde tu trabajas, que conocí a mi primera esposa. Se llamaba Ángela. Fue el amor de mi vida. Ella leía una novela mientras se tomaba un jugo. Yo entré en un afán a comprar una botella de agua y al verla quedé paralizado. Frené mi carrera y me detuve. Le dije que era la mujer más hermosa que había visto en la vida. La convencí de que me diera si dirección. No te alargo más la historia: a los 2 años yo había terminado la carrera y apenas obtuve mi primer empleo, nos casamos. Al tiempo quedó embarazada de mi única hija, Alma (por cierto, muy parecido a tu nombre). 

A veces, Alba, Dios tiene formas muy extrañas de enseñarnos cosas, y para mi, una de ellas fue haberme quitado a mis dos amores sin avisarme. Un accidente de tránsito, cuando Alma tenía 15 años, fue ese momento fatal para mi. 

Traté de mantenerme en pie. De seguir mi vida a pesar de la profunda tristeza que me embargaba. Seguí siendo sonriente y optimista. Así salí adelante en los negocios. Tenía muchos amigos, aunque por dentro estaba solo. Conocí a la que fuera mi segunda esposa cuando tenía 35 años. Con ella hice otra vida, aunque sin hijos logramos ser felices. Pero hace poco más de un año, murió. Cáncer. Esa enfermedad moderna, tan dolorosa, que se ha ido llevando a muchos a mi alrededor. 

Fue pocos meses después de su muerte que comencé a frecuentar el café. Y ahí recobré las ganas. Como te dije, Dios tiene formas extrañas de demostrar su poder y de poner a prueba nuestra fe. Justo cuando te encuentro, te comienzo ver como a una hija y a sentirme lleno de nuevo, me enfermo. Y de manera grave.

Espero que ahora entiendas. Y luego de explicado esto, quisiera que vinieras a verme. Mañana, a la salida del restaurante, Mariano, quien te entregó la carta hoy, pasará por ti.

Gracias, Gracias por todo. 
Con Cariño, Gonzalo.

Terminó de leer y tenía los ojos llenos de lágrimas. Nunca antes nada la había conmovido tanto. Y fue en ese momento entendió que quizá Gonzalo era la persona a quien más quería en este momento de su vida.

Al día siguiente, Alba renunció al restaurante. Tengo que encargarme de algo, Doña Mari, por eso no puedo quedarme. Gracias por todo. Dijo antes de salir. Consigo llevaba su maleta con lo esencial y su vieja cámara de fotos, comprada de segunda y con la que aspiraba a convertirse en una fotógrafa cuando la vida se lo permitiera.

- Usted lo que necesita es alguien que lo cuide. Los enfermos solos no se curan, le dijo al entrar en el cuarto donde Gonzalo se encontraba acostado.

Sonrió porque sabía que Alba había llegado para quedarse. No estaría más solo y a cambio él la ayudaría a cumplir todos sus sueños.

- Alba querida, creo que hoy comienza nuestro golpe de suerte.
- Eso creo. Eso creo, le respondió tomándolo de la mano.

-FIN-



5 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera II

Viene de Acá

Abrí los ojos y sentí un peso encima mio. Claro. Era Sebastián. Menos mal antes de recriminarme algo noté que ambos teníamos la ropa puesta. En ese momento recordé todo. Él entró. Serví dos copas de algo y como mi apartaestudio no tenía nada más que un par de cojines por sala, una banca en la barra de la cocina y una cama sencilla en mi cuarto, fue allí donde nos sentamos a beber ese algo. Al rato caímos fundidos, asumo, porque ya no recuerdo más.

Me quería levantar, pero me daba pena despertarlo. Estaba realmente profundo, a pesar de la incomodidad de la cama. Eso de ser independiente y no recibirle plata a los papás por cuenta de quitárselos de encima tenía sus desventajas! ¡Adiós Lujos!

Apenas me dio un respiro, me paré de la cama. Entré a la ducha y me bañé para quitarme la cara de trasnochada que tenía. ¡Qué oso que me vea despeinada y con tufo! Segunda acción del día, preparar algo de almuerzo. Era ya medio día del domingo y no soportaba un minuto más sin comer. Con lo que había en la nevera preparé cualquier cosa, no tan simple ni tan sofisticado. Que no se noten las ganas. Así que una ensalada, con carne con chapiñones, sería. De tomar, cualquier cosa disuelta, aun no lograba comprar una licuadora.

Cuando ya estaba todo casi listo para servir, fui al cuarto y al oído le susurré: Sebas. Hora de despertar. Pegó un brinco. Pobre, te asusté. Ya va a estar listo el almuerzo. Ahí está el baño por si quieres bañarte o algo, le dije señalando la puerta.

Le tomó un par de segundos entender dónde estaba. Cuando logró coordinar las ideas salió a la sala-comedor-cocina y me preguntó.

- ¿Nos quedamos dormidos?
- Tal cual.
- ¿Qué hora es?
- Casi la una. Apúrate que ya casi está listo.
- Hubiéramos pedido algo...
- Ayer no tuve la oportunidad de preguntarte cuál es tu comida favorita, ni lo que odias, menos qué sueles pedir a domicilio. Es más, no sé si eres vegetariano y preparé carne...
- Tranquila, en eso soy bastante estándar. Gracias por ponerte en eso. Soltó una sonrisa y entró al baño.

Oí la ducha sonar. Calculé el tiempo que le puede tomar a un hombre darse un duchazo, y en el momento preciso comencé a servir. Efectivamente cuando salió -viéndolo a la luz del día, con el pelo mojado, me pareció más churro que la noche anterior- volvió a darme las gracias y a mi casi que se me sale un suspiro.

Terminamos de almorzar sin mayores sobresaltos. Charlamos otro poco. Me elogió mi comida de 'cualquier cosa que hay en la nevera' y al terminar miró la hora en el celular y casi que asustado me dijo Dany, me tengo que ir, quedé en acompañar a mi mamá al taller, y mira la hora. Ya me ha llamado cuatro veces. Tranquilo. Yo entiendo, le respondí, aunque hubiera preferido que pasáramos la tarde juntos.

Busqué su chaqueta en el cuarto, lo acompañé a la puerta y a la salida me dio otro beso. Este ya tenía un sabor diferente. Ya no era un beso de un desconocido... Fue demasiado real. sonreí. Me tomó de las manos y me dijo: Vamos a cine el viernes. Asentí con la cabeza, y tenía ganas de llorar de la emoción.

Cerré la puerta. Pegué la oreja a ver si oía sus pasos alejarse. Apenas sentí que ya había terminado el pasillo. Comencé a dar alaridos de la emoción y a brincar por toda la sala como una loca. Busqué corriendo el celular para llamar a Juana.

- Asumo que la rumba estuvo buena, porque ni un mensaje.
- Conocí a alguien...
- Noooo... Quiero saberlo todo ya!
- Se llama Sebastián y durmió aquí, se acaba de ir.
- Bueno, me imagino la faena... La sacaron del verano.
- No!!! Nada de eso. Nos quedamos dormidos arrunchados en cucharita y no pasó nada!

Le narré con pelos y señales, tal como hacemos las mujeres con nuestras amigas. Creo que los hombres nunca lograrán entender esa dinámica femenina de las narraciones de nuestras propias historias. Pero toda la alegría se vino al piso cuando Juana me preguntó:

- ¿Y te pidió el teléfono?
- Brutas...
- ¿No? ¿Entonces cómo van a cuadrar para ir a cine?
- No me digas... mucha animal! ¿Y ahora?
- Él sabe dónde vives... dijo de seguro Juana para animarme.
- Pues será esperar a ver si aparece, ¿no?
- Ay, no!!! Tomemos acción. ¿Dónde fue que me dijiste que trabajaba?
- En Accountability...
- Cierto, cierto... Allá trabaja mi prima Estela. Déjame y le escribo para que me dé el mail.
- ¿Será?
- Pues si no hacemos esto, te conozco, y vas a durar torturándome toda la semana.
- Bueno bueno.

Al final de la conversación teníamos el correo del personaje. Saqué valentía de donde no la tengo y le mandé un correo. Traté de sonar informal y fresca; cero intensa y nada impositiva. Todo un  reto.

Hola Tu.
Creo que para poder coordinar la ida a cine, necesitas alguno de mis datos.
Mi celu es 3126589877

Nos vemos

Dany

Eso fue el domingo finalizando el día. Y comencé a comerme las uñas. La angustia frente a la reacción de Sebastián comenzó a consumirme. Así que me harté de televisión toda la noche hasta que me quedé dormida. El lunes, entre la universidad y los trabajos en grupo, alcancé a bajarle un poco a la ansiedad. Hasta que a eso de las seis de la tarde: Sebastián Laguado. Decía el destinatario del correo.