5 de agosto de 2013

Una Historia Cualquiera II

Viene de Acá

Abrí los ojos y sentí un peso encima mio. Claro. Era Sebastián. Menos mal antes de recriminarme algo noté que ambos teníamos la ropa puesta. En ese momento recordé todo. Él entró. Serví dos copas de algo y como mi apartaestudio no tenía nada más que un par de cojines por sala, una banca en la barra de la cocina y una cama sencilla en mi cuarto, fue allí donde nos sentamos a beber ese algo. Al rato caímos fundidos, asumo, porque ya no recuerdo más.

Me quería levantar, pero me daba pena despertarlo. Estaba realmente profundo, a pesar de la incomodidad de la cama. Eso de ser independiente y no recibirle plata a los papás por cuenta de quitárselos de encima tenía sus desventajas! ¡Adiós Lujos!

Apenas me dio un respiro, me paré de la cama. Entré a la ducha y me bañé para quitarme la cara de trasnochada que tenía. ¡Qué oso que me vea despeinada y con tufo! Segunda acción del día, preparar algo de almuerzo. Era ya medio día del domingo y no soportaba un minuto más sin comer. Con lo que había en la nevera preparé cualquier cosa, no tan simple ni tan sofisticado. Que no se noten las ganas. Así que una ensalada, con carne con chapiñones, sería. De tomar, cualquier cosa disuelta, aun no lograba comprar una licuadora.

Cuando ya estaba todo casi listo para servir, fui al cuarto y al oído le susurré: Sebas. Hora de despertar. Pegó un brinco. Pobre, te asusté. Ya va a estar listo el almuerzo. Ahí está el baño por si quieres bañarte o algo, le dije señalando la puerta.

Le tomó un par de segundos entender dónde estaba. Cuando logró coordinar las ideas salió a la sala-comedor-cocina y me preguntó.

- ¿Nos quedamos dormidos?
- Tal cual.
- ¿Qué hora es?
- Casi la una. Apúrate que ya casi está listo.
- Hubiéramos pedido algo...
- Ayer no tuve la oportunidad de preguntarte cuál es tu comida favorita, ni lo que odias, menos qué sueles pedir a domicilio. Es más, no sé si eres vegetariano y preparé carne...
- Tranquila, en eso soy bastante estándar. Gracias por ponerte en eso. Soltó una sonrisa y entró al baño.

Oí la ducha sonar. Calculé el tiempo que le puede tomar a un hombre darse un duchazo, y en el momento preciso comencé a servir. Efectivamente cuando salió -viéndolo a la luz del día, con el pelo mojado, me pareció más churro que la noche anterior- volvió a darme las gracias y a mi casi que se me sale un suspiro.

Terminamos de almorzar sin mayores sobresaltos. Charlamos otro poco. Me elogió mi comida de 'cualquier cosa que hay en la nevera' y al terminar miró la hora en el celular y casi que asustado me dijo Dany, me tengo que ir, quedé en acompañar a mi mamá al taller, y mira la hora. Ya me ha llamado cuatro veces. Tranquilo. Yo entiendo, le respondí, aunque hubiera preferido que pasáramos la tarde juntos.

Busqué su chaqueta en el cuarto, lo acompañé a la puerta y a la salida me dio otro beso. Este ya tenía un sabor diferente. Ya no era un beso de un desconocido... Fue demasiado real. sonreí. Me tomó de las manos y me dijo: Vamos a cine el viernes. Asentí con la cabeza, y tenía ganas de llorar de la emoción.

Cerré la puerta. Pegué la oreja a ver si oía sus pasos alejarse. Apenas sentí que ya había terminado el pasillo. Comencé a dar alaridos de la emoción y a brincar por toda la sala como una loca. Busqué corriendo el celular para llamar a Juana.

- Asumo que la rumba estuvo buena, porque ni un mensaje.
- Conocí a alguien...
- Noooo... Quiero saberlo todo ya!
- Se llama Sebastián y durmió aquí, se acaba de ir.
- Bueno, me imagino la faena... La sacaron del verano.
- No!!! Nada de eso. Nos quedamos dormidos arrunchados en cucharita y no pasó nada!

Le narré con pelos y señales, tal como hacemos las mujeres con nuestras amigas. Creo que los hombres nunca lograrán entender esa dinámica femenina de las narraciones de nuestras propias historias. Pero toda la alegría se vino al piso cuando Juana me preguntó:

- ¿Y te pidió el teléfono?
- Brutas...
- ¿No? ¿Entonces cómo van a cuadrar para ir a cine?
- No me digas... mucha animal! ¿Y ahora?
- Él sabe dónde vives... dijo de seguro Juana para animarme.
- Pues será esperar a ver si aparece, ¿no?
- Ay, no!!! Tomemos acción. ¿Dónde fue que me dijiste que trabajaba?
- En Accountability...
- Cierto, cierto... Allá trabaja mi prima Estela. Déjame y le escribo para que me dé el mail.
- ¿Será?
- Pues si no hacemos esto, te conozco, y vas a durar torturándome toda la semana.
- Bueno bueno.

Al final de la conversación teníamos el correo del personaje. Saqué valentía de donde no la tengo y le mandé un correo. Traté de sonar informal y fresca; cero intensa y nada impositiva. Todo un  reto.

Hola Tu.
Creo que para poder coordinar la ida a cine, necesitas alguno de mis datos.
Mi celu es 3126589877

Nos vemos

Dany

Eso fue el domingo finalizando el día. Y comencé a comerme las uñas. La angustia frente a la reacción de Sebastián comenzó a consumirme. Así que me harté de televisión toda la noche hasta que me quedé dormida. El lunes, entre la universidad y los trabajos en grupo, alcancé a bajarle un poco a la ansiedad. Hasta que a eso de las seis de la tarde: Sebastián Laguado. Decía el destinatario del correo.


3 comentarios:

  1. Mil años después...
    A ver que fue lo que dijo!

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  2. Espero no tener que esperar mucho para saber que dice!

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  3. No sé, todo ese juego de seducción para lo mismo, pero nos gusta.Es de esperar que Dany no sea una cenicienta más, pues hay mucho tipo sobrevalorado xD.

    Dany dime lo que sientes y lo que sueñas, parta darte el mejor regalo de tu vida, Att Sebastián .
    -Creo que me extrapolé.

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