15 de septiembre de 2013

V

I
Se sentó sobre la piedra y dejó caer sus pies.
Sintió la brisa sobre su frente.
Pensó en ella.
Ella ya no estaba.
¿Y él?
Lo había olvidado.
Debía recuperarse.
No podía seguir viviendo por ella, como ella siempre quiso.
Lo cambió.
Debía regresar.

II
Respiró profundo.
Cerró los ojos.
Recordó la música.
Los sabores.
Los olores.
Qué le gustaba.
Sí ese era él.

III
Bajó de la roca.
Se prometió nunca más olvidarse de él mismo.
Escribió ADIÓS en la arena.
Esperó que una ola llegara.
El mar se la llevó.
Lejos... Lejos.

IV
Sonrió.
Con la boca.
Con los ojos.
Con el pecho.
Con las manos.
Con los pies.

V
Inició un nuevo camino.
Por él y para él.

8 de septiembre de 2013

Café

Aun con la vista nublada, destapó la lata. Solo se veía el reflejo del fondo. ¡Puta vida!, pensó. No fue suficiente trabajar hasta las tres de la mañana, sino que ahora el castigo venía por cuenta de la ausencia de café.

Resignada, se arregló y trató de parecer una persona sensata. Para eso, el negro era el mejor aliado. Un poco de polvo, algo de pestañina, para que las ojeras no fueran lo más notorio en su rostro. Cruzó la calle. Don Albeiro, me da un tinto, por favor. Señorita, se me dañó la greca, y usted sabe que no soy amigo del café instantáneo. Quiso llorar, o mejor, agarrar a patadas el mostrador del viejo. Tranquilo don Albeiro, yo entiendo. Y sonrió obligada.

Miró el reloj. Tenía el tiempo justo.
Caminó hasta la vía principal. No tenía ganas de pelear con los demás transeúntes por un taxi. Seguro todos ellos ya tomaron café. Se sentía en desventaja.

Así que caminó en la dirección donde se veían menos personas. Arrastraba los pies. El cansancio la dominaba. Y de pronto. Comenzaron a pitarle. Volteó y cuando iba a soltar una sarta de insultos... Un milagro. Cata, ¿vas para la oficina? Te llevo. El imbécil del novio de su hermanita. Que sirva para algo, pensó.

Habló tres babosadas con Enrique mientras llegaba a su oficina. Por el camino veía cafeterías, tiendas de café, restaurantes, desayunaderos y solo podía pensar en su café mañanero que hoy no podía ser. Le pareció conchudo decirle a su piloto que se detuviera, así que se aguantó las ganas.

Se bajó en la esquina. Seguro camino a su oficina podía comprar un café. No se había fijado. En esa cuadra no había donde comprar uno. Pensó que quizás podría ser un buen negocio poner un café ahí.

Llegó corriendo a su piso. María, me regala un cafesito. Claro, pero se le demora unos cinco minuticos, doctora. Si no hay más remedio. Y la miró aliviada.

En su oficina estaban las carpetas y los materiales para la reunión. Tenía nueve minutos para alistar todo. Armó una pila de papeles, en su bolso metió los bolífrafos y la usb con la presentación. Si hacía menos viajes, más le rendiría. Corrió por el pasillo y a mitad del camino tropezó con María que llevaba su taza de café. Vio cómo caía en cámara lenta. Traasshhh, se reventó la porcelana de I Love NY. El olor de café se le impregnó en su nariz. Ay María, dijo realmente apenada, más por sus ganas, que por el desastre que se había hecho. Ay, doctora. Su tacita. María no se preocupe. Tráigame otro a la sala de juntas.

Ordenó los materiales. Prendió el computador, puso la presentación y se detuvo en la puerta para esperar a que llegaran los asistentes y su tan anhelado café.

Entraron todos, vicepresidentes, coordinadores y el 'country manager', quien pidió que cerraran la puerta. María, con la bandeja de agua, tinto y aromáticas se quedó por fuera. No la dejaron entrar.

Anna se sentó en su puesto, comenzó a tomar notas. Tal era la magnitud del anuncio y la importancia de la reunión que sus deseos de café se fueron disminuyendo con los minutos.

Todo podía ser peor que una mañana sin café, un futuro sin trabajo.



5 de septiembre de 2013

Ejercicio de Clase: Reencuentro

Como algunos de ustedes saben, estoy haciendo un curso de novela corta. Dentro del curso, nos pusieron a escribir una novela corta, con la meta de que durante 31 días escribamos 1.000 palabras diarias, sin revisar lo anterior. Hoy debo cumplir 5.000.

Por otro lado, en la primera clase el escritor Elmer Mendoza, nos puso el ejercicio de escribir algo bajo unas condiciones. Me dispongo a escribirlo, y al final les transcribo mis apuntes de clase, para que me ayuden, por medio de los comentarios, si logré el objetivo.

Gracias de antemano por su ayuda.

REENCUENTRO

La vio pasar y casi no la reconoció. Pero fue ese dejo al caminar, el que le hizo entender que efectivamente se trataba de ella.

¡Oriana! Gritó sin pensar en la cantidad de gente que estaba a su alrededor. Ella volteó, siguió adelante. Definitivamente era ella. Corrió a lo que le dieron los zapatos, hasta que la alcanzó. Seguro no te acuerdas de mi. ¿Perdón, te conozco? Soy Enrique. Enrique Prieto. Luego de un corto silencio... Una reacción.

- Ay! Hola!!! Vaya que has cambiado. 
- Es que los años no pasan solos.
- ¿Pero calvo? ¿Tan pronto, en un año? Estás exagerando.
- La herencia.
- ¿Cómo estás?
- Bien. Tranquilo. Tu sabes, el trabajo. La vida adulta deja de tener altos y bajos, para quedarse en plano por siempre. ¿Tu? ¿Estás viviendo acá?
- Ah, no. Mi esposo vino por trabajo y yo decidí acompañarlo.
- Siempre es una buena idea recorrer la calles del pasado.
- Estoy tratando de encontrarle la gracia a esa frase, pero hoy todo se ve tan diferente, que hay poco de pasado. Y tu ¿vives acá todavía?
- No, vine a solucionar el tema de la casa de mi mamá. Estoy trabajando en la Capital.
- ¿Y te llenaste de recuerdos? 
- La verdad solo tengo uno que me persigue. Precisamente hace un año desapareciste.
- No desaparecí, me fui a estudiar teatro fuera.
- La verdad nunca me diste la oportunidad de ayudarte.
- Yo no necesitaba ayuda...
- Supongo que la negación hace parte del proceso.
- Negar ¿qué?
- Que Armando casi te mata después de esa fiesta de fin de semestre.
- Creo que ese día estabas demasiado ebrio.
- Si yo no fui a la fiesta. Pero recuerdo perfectamente en qué estado de encontré.
- Mira Enrique, la verdad no tengo ni idea de lo que hablas.
- Tremendo bloqueo.
- Tremendo loco.
- Explícame por qué no me cuentas qué pasó después de esa noche. ¿Cómo así que te casaste tan pronto?
- Pues así es la vida ¿no? Nacemos, crecemos, nos reproducimos y para reproducirnos hay que casarnos.
- ¿Y quién es el afortunado?
- Un ingeniero, nada fuera de lo común.
- ¿Y has estado bien?
- Ya te dije que si.
- ¿Y fuiste a un psicólogo o algo? ¿Te quedó alguna secuela de los golpes?
- La verdad, no sé de qué golpes me estás hablando, dijo casi que manoteando.
- Pues los golpes que Armando te dio esa noche que desapareciste, planteó mientras aceleraban el paso. ¿Por qué huyes?

Paró en seco.

- ¿Huyo? Crees que tienes derecho a abordarme por la calle, a creer que me conoces, que sabes todo de mi y a inventar episodios de mi vida sin ningún fundamento... dijo a los gritos.
- Cálmate. No quería incomodarte. Solo que estuve muchos meses preocupado por ti, no pude ubicarte. Era como si te hubieras borrado.
- Claro, seguro estabas preocupado como te preocupabas por todas las viejas que te comías a punta de mentiras.
- Bueno, entonces vamos a jugar a sacarnos los trapitos al sol.
- Yo no quiero jugar con usted. Más bien me voy. Voy tarde para mi almuerzo.
- No. No vas a ninguna parte!!! Gritó como nunca había gritado a una mujer.
- ¿Entonces? ¿Quiere que me quede acá oyéndolo decir incoherencias sobre algo que pasó, seguramente solo por su mente?
- Solo pido una explicación. Fui tu mejor amigo por mucho tiempo...
- No hay tal explicación. Usted está loco. Se le corrió el champú. Razón tenían los que decían que no me juntara con usted.
- No podía faltar que sacaras a la perra que llevas dentro.
- Ahora la perra soy yo... 
- Perra cobarde, para ser más exacto.
- Eso siga siga, valiente hombre insultando a una mujer en medio de la calle.
- Nos podríamos evitar todo esto. Vamos a mi casa.
- Yo no voy con usted para ninguna parte, psicótico loco. ¿Ya se tomó su dosis de hoy?
- Creo que la quedó loca después de esa paliza que le dio su ex novio fue otra.
- Y dale...
- Si, y no nos movemos de aquí hasta que me des la explicación que me merezco.
- Usted no se merece nada de mi. Permiso. Que tenga una vida feliz. 

Se volteó y comenzó a caminar a paso acelerado. Enrique salió detrás de ella y la agarró del brazo. Ella intentó soltarse, él la jaló con más fuerza.

- Suélteme. Suélteme! Ayuda Ayuda!
- Por favor cálmate, le dijo cuando en voz baja para no llamar más la atención.

Ella se detuvo y abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma.

- Hola amor. 
- Hola preciosa. El restaurante queda a media cuadra, ¿vamos?

La agarró de gancho y Enrique vio estupefacto cómo ella se alejaba con Armando. Ahora todo tomaba sentido...

**

La idea del ejercicio era crear curvas de emoción. Llevar el diálogo a un nivel de alta emoción, bajarlo y volverlo a subir. Las condiciones eran:

- Dos personajes de distinto sexo
- A confiesa haber vivido con B una experiencia significado en la ciudad X. B lo niega.
- Ninguno de los dos vive en X
- el encuentro se lleva a cabo en la época actual
- Es necesario enfrentar a los dos personajes que jamás se ponen de acuerdo. Hay que negarlo sistemáticamente.
- De ser necesario se puede usar violencia verbal.
Hay que crear emoción con palabras.

¿Lo logré?

2 de septiembre de 2013

Una Historia Cualquiera IV

Viene de Acá
Pero si ya no se acuerda, comience la historia desde la primera parte acá

Y fue así como terminamos de novios. Un día nos enrumbamos y en medio de los tragos, me pregunta si quería que fuéramos novios, que si la iba a 'nombrar' y pues uno entre trago y trago obvio no va a decir que no. Y eso fue lo peor, fue como si le hubiera cambiado la personalidad. Bipolar, ella es la definición de esa enfermedad.

- Yo no entiendo qué hice, Juana. Un día era todo lindo. Tu misma lo viste, lo viste. Y ahora, todo ha cambiado.
- ¿Pero estás segura de que no hiciste nada? No. lo último relevante fue que le dije que fuéramos novios y él dijo que si.
- ¿Será que se asustó?
- Si te pusiste intensa como la última vez, seguro que si.
- No. Que no

Pero en el fondo yo sabía que si. Que la había embarrado. Que comencé a celarlo como a nadie. A pedir cuentas. Literalmente a joder por todo. Qué pesada. Pero no lo podía evitar.

- Mira, sabes qué Dany. Yo creo que mejor nos tomamos un tiempo-
- ¿Pero por qué?
- ¿Acaso no te das cuenta?
- Pero somos novios...
- Eso no debía cambiar nada. Te convertiste en todo lo que odio...

Me dio pesar verla llorar con tanto sentimiento. Pero uno no quiere una vieja que ande midiéndole los pasos. Uno quiere una cómplice, alguien con quien divertirse. Simple. Me despedí de ella, fueron 3 buenos meses y 3 semanas de infierno. Lo siento. Así no juego yo.

- Me echó. Dijo que me convertí en lo que él odia...
- Lo siento mi vida. Te toca cambiar eso, la loca siempre se te termina saliendo. No me parece. Y qué fue lo que pasó.

Simple, que me le metí al facebook, al twitter, le revisaba el celular constantemente... Le leía los correos y claro, le comencé a reclamar cada cosa. Lo perseguía. Veía cosas que no existían.

- Nada especial Juana. Solo creo que me pasé.
- Pues ni modos, a dejar de llorar.

Pero no lo hizo. Se llenó de llanto. Pero aun así desapareció.

Y lo peor, fue que me comenzaron a hacer falta sus locuras. Mis amigos me dijeron que se me había corrido el Champú. Comencé a esperar correos de ella, o algún mensaje y nada. ¿Por qué me estaba sintiendo así? ¿Me gustaba sentirme acosado? No entiendo nada. Seguro la había llegado a querer mucho. ¿Qué hacer?

Me parqueaba en frente de su casa y lo veía salir y llegar. Comencé a faltar a clase, con tal de seguirlo a toda hora. Vivía pendiente de su facebook, de su twitter. Tenía extorsionados a los porteros de su casa y de la mía para que me contaran cualquier cosa que oyeran. Me pegaba a la pared cuando sabía que estaba en la casa de mi vecina. Mis amigas me buscaban y yo me negaba. Dejé de tener una vida.

Compañeros: me di cuenta de que soy una adicta. Sufro de adicción a las personas. Mi médico me dijo que la definición más simple es que: "amo con una intensidad desmedida. Se obstaculiza la posibilidad de vivir en paz y con felicidad. Regalé mis propios intereses, deseos y necesidades para someterme a una relación destructiva", que en este caso, era una relación de una. Mía con mi cabeza.

Llevo 6 meses en tratamiento. Llevo 6 meses interna. Y me falta. Aun pienso en Sebastián, en salir corriendo hacia él. Así que hoy siento que he perdido la batalla.

Fin