9 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad*

Los ojos de Yeisson se iluminaron. Ven a rezar la novena con la selección Colombia, decía en letra blanca el volante en el que posaban los futbolistas de moda. Corrió sin pausa entre el lodo y la maleza que adornaba el camino entre la escuela y su casa. Hizo el recorrido en la mitad del tiempo. Yeisson vive en uno de esos pasajes olvidados, donde caminar para estudiar es la única forma de poder educarse.

- Mamá, mamá, gritó a medio pulmón desde el momento que cruzó la verja que separa su casa del camino.
- ¿Qué fue, mijo? Vienes como alma que lleva el diablo.
- Mira. Y le entregó el volante.

Mariela le sobó la cabeza a Yeisson y el tono lastimero aseguró:

- Pero mijo, si sabes que la capital queda a más de 3 horas, en bus, y los buses ya no llegan hasta acá.
- Pero Ma, seguro hay alguna forma. Eso vamos varios del colegio así sea caminando.

Si algo la llenaba de ganas de vivir era la energía que su pequeño de 10 años le imprimía a todo.

- Mañana en el pueblo averiguo bien y vemos si es posible. Ahora ven y me ayudas a recoger la ropa limpia.
- Si!!! Ma!! Gracias! La abrazó fuertemente de sus piernas.

Al día siguiente todo era revuelo en el colegio. Todos los niños y las niñas querían ir a rezar la novena con la selección. Los maestros encargados de la escuela veredal definieron que harían lo posible por llevar a sus mejores alumnos hasta la capital para el día 18 de Diciembre. Pensaban que era el mejor regalo para ellos, que sufrían tanto. La buena noticia, se la hizo saber Yeisson a su madre.

- Menos mal mijo, porque ni la alcaldía, ni la policía sabían nada.

La dinámica, según se averiguó, era muy simple: cada escuela veredal podía enviar hasta 10 niños bajo la condición de que estos pudieran salir a la vía principal para que el bus del transporte los recogiera; tener la posibilidad de viajar solo, y tener un par de zapatos en estado 'aceptable' para la jornada.

Se realizó una reunión informativa en el Colegio con los padres de los 100 alumnos. Se definió que de cuarto de primaria, hasta undécimo, se escogería un alumno por grado, que cumpliera las características pedidas por la ONG que estaba organizando la novena, y que adicionalmente tuviera buenas notas en el registro. Los padres quedaron satisfechos con la información. Pero Mariela estaba algo preocupada. Los tennis de Yeisson estaban lejos de encontrarse en estado 'aceptable', y sabía que sus ahorros no le alcanzarían para un nuevo par, a menos que buscara un adelanto. Eso estaba complicado, pero de solo pensar en los ojos de su hijo, cargados de ilusión, creyó que esta vez los pesos no serían la causa para otra negación.

- Mami. ¿Qué vamos a hacer con esto? dijo Yeisson sentado en la cocina, señalando el hueco que iba creciendo revelando la planta de sus pies.
- Tenemos una semana para arreglarlo, ven y ayúdame con la comida.

En el patio del colegio, todos hacían apuestas sobre quiénes serían los elegidos. Entre amigos se hacían promesas: Si vas tu y no yo, me traes un autógrafo del capitán. A mi del arquero. Así todos quedarían felices.

Mariela trabajaba haciendo el oficio en el único hotelito del pueblo. Ganaba lo mínimo, apenas para poder comer, y vestirse. Gracias al cielo, como ella decía, heredó de su abuela la pequeña casa de madera, donde tenía una vaca y una pequeña huerta, que le servían bien cuando el dinero escaseaba. Su jefa era una señora rancia, amargada por su historia, pero que llevaba a Mariela y al pequeño Yeisson por la buena. Así que aprovechándose de esto, le hizo la solicitud de adelanto. No sin antes explicarle los motivos de su necesidad.

- Venga Mariela, le dijo la vieja. ¿Cuántos años es que tiene Yeisson? 
- Acaba de cumplir nueve, señora María. 
- Perfecto, dijo la vieja mientras se dirigían al sótano. Esto está muy sucio porque no me gusta que nadie venga a estorbar o a esculcar acá, pero este es un buen motivo.
Mariela no entendía qué tenía que ver el sótano con su adelanto, pero aún así continuaba sin decir nada detrás de su empleadora.
- Cuando se llevaron a mi nieto, tenía exactamente nueve años. Su madre, mi hija, se había ido a la capital, para conseguir, según ella, un mejor futuro. Nunca volvió. Con los años me enteré que no había logrado llegar muy lejos, porque esos bandidos que andan por la vía la habían agarrado y se la llevaron a la fuerza. Dios se apiade de su alma. Me quedaba solo el pequeño Daniel. Hoy tiene 16 años y anda de camuflado. Me dicen los que salen del pueblo que a veces lo ven durante los retenes...

Mariela nunca había escuchado la historia de boca de la propia señora María. Le parecía sorprendente, comprobar que todo lo que se dice en el pueblo es cierto.

- A él le encantaba el fútbol... Mire, Mariela, aquí están. Yo le compré esos tennis y no se los pude dar nunca de regalo. Están nuevecitos, hasta tengo la caja y todo. 
- Pero Doña María... 
- Pero nada Mijita. Bastante haces tu aquí ayudándome, y esos zapatos solo agarran polvo aquí abajo, seguro a tu hijo le van a hacer más falta que a mi. Y así puedes usar tu sueldo en otras cosas o regalos de navidad. Otro día que tenga fuerzas esculco acá y de pronto encontramos más cosas para tu Yeisson.

Mariela quería abrazar a Doña María, pero se contuvo, conociendo su renuencia a las expresiones muy efusivas de aprecio.

- Gracias gracias. No sabe cuánto le aprecio este detalle. Seguro Yeisson también, dijo Mariela antes de estallar en llanto.

El viernes era el día decisivo, todos los niños y niñas - porque a ellas también les gusta el fútbol - formaron en un juicio nunca antes visto, esperando el fallo del jurado -que no era más que los profesores-. Uno a uno fueron llamando a los mejores estudiantes de cada salón y en la medida que estos iban pasando, se hacía el chequeo de los tennis y de la autorización escrita de los padres para hacer el viaje a la capital.

Comenzaban por los grados superiores. Todo iba perfecto, hasta que en el grado 7, un niño pasó al frente y sus zapatos revelaban una serie de remiendos, vueltos a remendar, que no permitían su paso a la actividad. Lo siento, Pablo, dijo la profesora, frase que desató un mar de lágrimas en el niño, cuya madre no había logrado juntar para comprar unos zapatos nuevos. Regresó a la fila y le dijo a su compañero seleccionado, lo siguiente: recuerda tu promesa.

Yeisson estaba muy nervioso. No estaba seguro de que sus notas le alcanzarían para lograr ser el seleccionado en su curso. Le sudaron las manos. Sintió que la respiración se le dificultaba. Cuando se sintió como cuando dejaba de desayunar por más de un día, es decir, a punto de desmayar, oyó su nombre de labios de la profesora Marta. El alma le volvió al cuerpo. No pudo evitar brincar y brincar por todo el patio.

De acuerdo a lo coordinado, los niños debían estar a las 3:00 am a la orilla de la vía, para que el bus los recogiera. Y así fue. Pero fueron pasando los minutos y no llegaba el bus. Yeisson que es uno de los que vivía más retirado, comenzó a caminar a paso acelerado. Estaba oscuro, pero se sabía la ruta, sus derivaciones y sus atajos a la perfección. Sus ojos podían ver si ver. Se encontró con Pedro, quien también esperaba ansioso, y solo en la vía. Decidieron seguir el camino y juntar unos más para tomar el atajo, y llegar a la capital antes de las 7 de la mañana.

Llegaron al punto. Ya eran 5.

- ¿Y qué hacemos con los otros?, dijo el mono.
- Esos están muy adelante, si vamos por ellos, perdemos el atajo, dijo Pedro, a quien todos le atribuyeron el liderazgo, porque era el mayor.
- Bueno entonces vamos, dijeron los demás.

Así, a tientas, se adentraron en lo que los niños llamaban el 'bosque embrujado', porque solo cosas malas pasaban cuando los adultos entraban por ahí. Pero a ellos se encantaba andar por esos lados.
En el camino se podía leer el letrero de 'Cuidado! Minas Antipersona', pero eso no les importaba. Solo les interesaba comentar qué iban a hacer cuando estuvieran cerca a las estrellas de fútbol. El Negro solo atinó a decir Mi única misión es lograr que el Peche Ospina le firme un papel a Pablo, sino me muele a golpes.

Cruzaron el campo sin mayores contratiempos. Eso de que Dios cuida a los niños, en este caso tenía todo el sentido. Habían acortado casi 3/4 partes de camino. Les quedaban 2 horas antes del evento y el estimado es que estarían en la capital en 45 minutos.

Hicieron su entrada al pueblo, muertos del hambre, sucios de tierra hasta la cabeza, pero con una sonrisa única. Lo habían logrado. Preguntaron en la única tienda abierta que dónde iba a ser el evento de la Selección, y la viejita que atendía no supo dar razón, pero les ofreció el baño y una agua de panela caliente. En esos minutos de reposo le contaron toda su odisea para llegar al pueblo. A lo que la señora fascinada respondió ¿Les debe gustar mucho el fútbol, eh? y siguió con sus labores.

Les dijo que seguramente en la estación de policía de la plaza les daban razón. Ahí el teniente de turno les dijo que claro, que los iba a llevar a la cancha del pueblo, para que pudieran estar en el evento.

- Señora Primera Dama, me encontré a estos cinco pelaos perdidos preguntando por el evento.
- Niños...¿ustedes de donde vienen? 
- De la vereda San Pacho, Señora.
- Pero es es lejísimos. ¿Cómo llegaron?
- A pie, señora.
- ¿Pero como?
- Pues caminando.
- Eso lo entiendo, pero ¿y el bus?
- Nunca llegó.
- Ay pobres criaturas, deben estar muertos. Sigan Sigan. Gracias Teniente.

Magaly!!! Magaly Ven!!!!! Mira que estos pequeños llegaron a pie, porque el bus no llegó!! ¿Qué habrá pasado con el resto? Aquí nadie se encarga de que las cosas salgan bien!! Qué desastre. 

La primera dama gritaba por todos los rincones que todos eran unos ineptos. Pero no era tanto eso, sino que estamos en un país donde mandan los porteros y los choferes, entonces el que no quiso ir tan lejos, seguro no pensó que podía romper las ilusiones de una serie de pequeños, cuyo regalo de navidad más grande, sería estar con los futbolistas del momento.

Yeisson y sus amigos no prestaron atención a lo 'grave del incidente'. Por ser los primeros en llegar les tocaron las primeras sillas. Como compensación, sin entender bien que significaba la palabra, estarían a solas con el capitán y con el arquero del equipo. Súuperrr, dijeron en coro los cinco niños. No lo podían creer. Eso era más de lo que esperaban.

Jugaron al fútbol, escucharon a sus ídolos, comieron lechona, pastel con coca cola. Se abrazaron, hicieron firmar todos los souvenires para sus amigos, rezaron la novena. Yeisson pidió en sus rezos que todos los años fuera la selección a visitarlos, y claro, tennis nuevos cada navidad para no perdérselo.

Yeisson tenía misteriosamente un papel entre las manos y se acercó a uno de los jugadores.

- ¿Será que te puedo pedir una última cosa?
- Claro.
- Es que la señora María es la jefa de mi mamá, es una señora muy triste porque a su hija la mataron y el nieto, cuando tenía mi edad, se fue con los vándalos. Ella me regaló estos tennis. Los mios viejos tenían un roto, y con ellos no hubiera podido venir. Este ha sido el día más feliz de mi vida. ¿Será que le podemos hacer una nota a la señora María? Dijo sin respirar.

El jugador, que era defensa y cuya madre también se llamaba María, sintió tanta ternura que llamo al resto del equipo.

- Este es...
- Yeisson, señor.
- Yeisson, y quiere que le escribamos a la Señora Maria, la jefa de su mamá una nota dándole las gracias porque le regaló un par de tennis nuevos.

Se miraron entre sí y sonrieron. Le dijeron al asistente que buscara una hoja y varios lapiceros. Yeisson los miraba aterrado. Cada uno escribía una nota y firmaba la hoja de papel. Todos decían gracias... con algún otro mensaje esperanzador. Él sabía que iba a hacer sonreír a Doña María de nuevo.

Todos se tomaron fotos, con la promesa de que la Primera Dama les haría llegar una copia. Sería un lindo recuerdo.

Partieron los jugadores, y era hora de subirse al bus y emprender un camino de tres horas. Yeisson se sentó en la última silla y abrazado al papel plagado de firmas se quedó dormido hasta llegar a su casa. Entre sueños murmuraba Feliz Navidad, Señora María.


**Iba a mandar este cuento a un concurso de El Espectador, y resulta que tenía que tener máximo 500 palabras. Así que paila. Se los dejo a ustedes!



5 comentarios:

  1. WOW! me encanto, me metí tanto que mis lagrimas cayeron, que hermoso! Gracias por escribir :D

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  2. Me emocionó mucho... y quedé con suspenso ¿qué pasó con los niños del bus? ¿la primera dama les regaló el viaje de regreso? ¿El nieto de doña María se habrá logrado desmovilizar?

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  3. La ilusión verdadera mueve más montañas de lo que creemos. Saber que tenemos tanto de «jesuscristo» o «buda» de lo imaginado.

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  4. me encantó! por un instante, me asusté cuando iban a pasar por el bosque embrujado... qué bonito terminar con una sonrisa!

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