23 de enero de 2014

La Ventana II


Viene de Acá

Juan Carlos llegó de la capital 10 años atrás, sin nada que perder y con el corazón hecho pedazos. Un anillo de compromiso en el bolsillo y pocas ganas de comenzar de nuevo. Para él la única forma de olvidar era cortar - literalmente- de raíz. Y así lo hizo. Le dio la espalda a lo que había sido su vida hasta ese momento y se reinventó casi que desde los inicios.

Al ver a la mujer parqueada en la ventana del edificio del frente no pudo evitar rebobinar la película hasta aquel instante en el que entró a su apartamento y encima de la mesa de comedor encontró el anillo de compromiso y una nota en la que le decía que lo sentía, pero este no era el momento para casarse. Que no era él, que era ella, y que primero necesitaba encontrarse a sí misma para poder emprender un camino juntos... bla bla bla... Ese día, su primer amor, la mujer de su vida, le rompió el corazón.

Y si fuera ella ¿qué?

- Martica, ¿qué oficina hay en frente?
- ¿Ay doctor tantos años viniendo hasta acá y no sabe?
- Usted sabe que soy un poco distraído.
- Las del segundo piso son una multinacional farmacéutica, esa ocupa los pisos del 2 al 6 y el resto son de unas oficinas de gobierno.
- Bastante feo el edificio... no?
- Es que como es un edificio que alquila las oficinas, pues, nadie se preocupa.

Le encantaba en sentido común de Martica. Una farmacéutica no sonaba como ella. ¿Sería que en esa búsqueda se había dado cuenta que lo suyo no era el arte, sino los negocios?

Cada día, surgían más preguntas.

Debe tener unos cuarenta años. Al parecer trabaja demasiado. Cada vez que llego, él ya está instalado y cuando me voy, sigue ahí. O es aburrido, o está deprimido. En definitiva, Juan Carlos se había convertido en objeto de observación de Clara, a pesar que las historias de las personas de la calle parecían ser más interesantes, había un no se qué, no se dónde que la atraía hacia Juan Carlos.

Quería conocerlo. Ahora necesitaba una excusa.

- Julieta, ¿qué oficinas son las del frente?
- Ese es el edificio de la bolsa, jefa.
- Gracias.

Nada que ver. No había forma. Tenía que seguir pensando. Topárselo por la calle, era casi que imposible. Ese sujeto nunca sale de la oficina. Así que debería ser creativa. Ese era un reto que le gustaba.

Pasaron  varias semanas y ninguno de los dos encontraba una manera para poder llamar la atención del otro. Hasta que una mañana Clara, inspirada, y con el pudor guardado entre un cajón, agarró un marcador grueso, buscó un papel lo suficientemente grande y escribió:

TU... EL DEL FRENTE. ¿CAFÉ?

Lo puso contra el vidrio, esperando que fuera lo suficientemente evidente para que él lo viera.

1 comentario:

  1. me encanta eso... todos los días veo en el edificio frente a mi oficina a gente que se asoma a la ventana, pero nunca me ven...

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