22 de enero de 2014

La ventana

Casi nunca se detenía a mirar por la ventana. El exterior para él era algo sin importancia. Pero ese día, sintió que algo lo llamaba desde afuera. Se paró frente al vidrio, analizó su reflejo contrastado con la pared sucia del edificio del frente. Se sintió a gusto con su figura. Definitivamente el ejercicio estaba mostrando sus resultados. Si le dedicaran un poco del presupuesto a limpiar las fachadas, esta ciudad sería más amable, pensó.

Una figura femenina la sacó de sus reflexiones. ¿Será ella? Nah...  Volvió a sentarse en su escritorio, que ya casi era una extensión de su propio cuerpo. No pudo concentrarse. Sería demasiada coincidencia que ella trabajara justo en el edificio del frente. Tantos años después... Cochino destino.

Tenía que salir de la duda. Así que en un ficticio ataque de innovación, pidió a su asistente que cambiara la distribución de su oficina con el fin de poder mirar sin tener que levantarse hacia afuera de la ventana. Ella no entendía muy bien los motivos, pero hizo caso. Al final de cuentas, su trabajo era obedecer. Un fin de semana bastó y el deseo de su jefe era una realidad.

A Clara no le había gustado la idea del traslado de Ciudad Capital, a la provincia. Le parecía una degradación en su estilo de vida, pero sabía que a veces había que sacrificar cosas con tal de lograr un objetivo mayor: llegar a Vicepresidente más temprano que tarde. Así que aceptó, empacó lo mínimo, se instaló en el apartamento de la empresa y convirtió el trabajo en su centro. Atrás quedaron los días de spa, deportes, amigas y fiestas. Entre más rápido terminara con el proyecto asignado, más rápido volvería. Esa era su idea inicial.

Pero la cercanía al mar y la gran calidad de sus restaurantes se convirtieron en un obstáculo para su propósito. Comenzó a disfrutarlo. Comenzó a gozarse cada uno de los detalles de esa ciudad intermedia, que hace tres meses le parecía insignificante. Hasta asomarse por la ventana le generaba un placer infinito. Aquí las mujeres sí que saben vestirse, pensaba. Había comenzado a gustarle el color y los zapatos abiertos.

Un día, curiosamente comenzó a notar que el hombre de la oficina del frente había adoptado una nueva disposición en su oficina. Si la gente supiera todas las cosas que llega a conocer uno de ellos solo con observarlos por la ventana... Se imaginó que el personaje tuvo una crisis de mediana edad y había comenzado a disfrutar de las cosas simples de la vida, como mirar a la gente caminar a través de la ventana. El segundo piso, sobre el paso peatonal lo permitía. Alcanzó a sentir lástima por él.

Comprendió que a ella le encantaba mirar por la ventana. Intentó descifrar su fascinación. ¿Qué tendrá de interesante mirar a las personas pasar? Pasaron varios días antes de encontrar una respuesta. Le surgió cuando, al ver una mamá embarazada caminar con su hija pequeña agarrada de su falda. Ésta ignoraba el llanto de la pequeña. En ese momento imaginó que la niña quería un helado, pero que el afán por llegar a la cita al médico para la ecografía de su nuevo bebé, no le permitían una parada. Era más simple de lo que había alcanzado a imaginar. Le debe gustar inventar historias. Se dijo.

Intentó ubicarla por todas partes. Cuando su búsqueda no rindió frutos realizó que haber cambiado radicalmente de vida, tenía sus consecuencias. Era como si todo su pasado se hubiera borrado. No estaba guardado en una caja, simplemente, no existía. Entonces debía salir de la duda por otras vías.


1 comentario:

  1. estoy de nuevo por acá... disfrutando de tus historias!

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