5 de febrero de 2014

La Ventana III

Viene de Acá

Se dedicó a sus labores normales, pero la concentración la abandonaba cada tanto. Estaba más pendiente de mirar hacia el edificio del frente a ver si su interlocutor llegaba y veía el aviso. Notó que en otros pisos varias personas se asomaban y señalaban el cartel. Pensó que quizá era sería una mejor idea ser más explícito el aviso. Pero decidió no hacer nada al respecto.

Eran las 3 de la tarde cuando entró a su oficina. Notó que Martica lo observaba con una sonrisa algo burletera.

- Creo, Martica que hoy sí combiné bien la corbata con la camisa. ¿O no?
- Ay Doctor, creo que tiene un mensaje en su ventana.

Entró casi que corriendo y el mensaje lo golpeó en la cara.  La sonrisa no le cabía en la cara. Casi que había olvidado cómo se dibujaba una sonrisa.

- Martica!!!! Venga. Venga.
- Qué quiere doctor.
- ¿Cómo le respondo?

Martica llevaba años trabajando para Juan Carlos, y muy pocas veces había demostrado una emoción de ese tipo. Decidió llevarle la corriente.

- Bueno doc. Si quiere impresionarla, tiene que ser igual de creativo a ella.
- Y yo creativo solo para los números.
- Póngale un poco de esfuerzo.
- Es cierto. Tengo que calmarme.
- Doctor, ni que tuviera junta de socios anual con crisis incluida.
- Es cierto, Martica.

Fue corriendo a buscarle un vaso con agua a su jefe. La emoción definitivamente es contagiosa.

- Creo que no cabe mayor creatividad, que responderle de la misma manera. 
- Bueno, entonces tiene que buscar la mejor frase.


Prefiero una cena y un vino.
¿Trato?

Se podía leer en el aviso impreso en el plotter.

Sonrío. Y pensar que los mensajes de texto habían masacrado toda la emoción de la conquista. Se paró al lado del aviso inicial y en otra cartelera escribió.

Mañana. 7:00 pm En la puerta

Él asintió con la cabeza e hizo un gesto con la mano. Dando a entender que aceptaba la fecha y la hora planteada.

Con esto, ella procedió a cerrar la ventana. Quería incrementar la expectativa. Él entendió el mensaje.

Hace mucho que no tenía una cita. Menos con una desconocida. La verdad, había desechado la posibilidad de salir con alguna mujer, luego de que le rompieran el corazón 10 años atrás. Era un hombre solo. Salía a cocteles o a cena en casa de sus amigos casados. Su vida social no era extraordinaria. Amante del cine y de la lectura. Deportista por necesidad y adicto al trabajo por decisión.

- Hola Sue Anne
- Hola Claris.
- Tengo una cita
- Bueno! Ya era hora de que conocieras a alguien interesante. 
- No lo he conocido.
- Ahora qué... Te metiste en una de esas páginas de citas.
- Para nada... Es mi vecino de ventana.
- No entiendo nada. ¿Ahora tienes una relación con un hombre por medio de una ventana?
- Tu si que eres una cerrada. Tiene una oficina en el edificio del frente y le puse un mensaje...
- ¿Pusiste un mensaje en la ventana?
- Ajá
- Te enloqueciste.
- Pues ni tanto, porque respondió.
- ¿Entonces?
- Vamos a cenar esta noche. Quiero que estés pendiente por si acaso necesito rescate.
- Cuenta con eso.

Clara funcionaba como todas las mujeres en promedio. Una mejor amiga cómplice en todo y plan de rescate para una cita fallida. Ganas de comerse las uñas antes del encuentro, ansiedad absoluta durante el resto de la tarde. Chequeo de vestuario, retoque de maquillaje. Eso me pasa por no tener las uñas listas.

- Mucho gusto, Juan Carlos Arciniegas
- Mucho gusto, Clara Montoya.

Hacía frío. Con esa excusa podría disimular la temperatura de sus manos.

- Hace frío, ¿vamos?

Ella tenía calor. Los nervios actúan diferente en las personas.

Continuará


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