4 de abril de 2014

La Ventana V

Viene de Acá

Al llegar a su oficina lo primero que vio fue un cartel en el edificio de enfrente. Es más, reflexionó un instante sobre el por qué de mirar hacia afuera, y no pudo evitar sonreír.

Gracias, fue una gran noche.

¿Si tienes mi número para qué usar la ventana? - Enviar.

No hubo respuesta.

Al rato, otro cartel en la ventana.

Así puede ser + divertido.

Tienes razón. - Enviar

Concentrarse en el trabajo no era una opción. Se sintió como de 20, dándole importancia incluso a qué ponerse para su segunda cita. Por su parte ella, hizo teleconferencia con sus amigas. Todas daban alaridos de la emoción, ya les parecía un despropósito que alguien tan especial como Clara no tuviera con quien salir. Eventualmente, cada tanto, alguno de los dos miraba por la ventana. Pocas veces encontraban sus miradas.

Ansiedad.

-

Esa mañana, por primera vez en años miró hacia la calle desde la ventana. Analizó a cada una de las personas que caminaban por la vía peatonal. Era impresionante cómo cada una representaba una realidad atomizada, una vida en curso con alegrías, angustias, tristezas, calamidades, celebraciones, afanes... Pensó que debía caminar más. La vida en carro puede ser demasiado aburrida. Vio a Clara en la vía. Intentó pegar un alarido pero, el simple hecho de sentirse ridículo lo obligó a contenerse justo antes de salir por su boca.

La siguió con sus ojos. Ella se parqueó en frente de un vendedor ambulante, compró lo que parecía ser un dulce. Gran dato cuando uno quiere emprender una conquista. Siguió caminando. Dio vuelta en la esquina y la perdió de vista. Asumió que volvería para entrar al edificio, al final eran las 2 de la tarde y debía volver a trabajar. De pronto, todo el entorno se convulsionó. Vio a personas correr de un lado a otro. Algunas lloraban. Un frío le invadió la espina dorsal.

Siguió su primer impulso, bajó corriendo por las escaleras, salió a la calle, se abrió paso entre la gente. y de pronto la vio tirada en el piso,con un hilo de sangre saliendo de su estómago.

- ¿Alguien vio algo?
- La robaron, gritó una persona a lo lejos.
- ¿Ya llamaron a una ambulancia¡?
- Ya debe venir en camino... ¿Usted la conoce?
- Es mi amiga Clara....
- Lo siento señor...

Se arrodilló en el piso y sostuvo su mano. Lloró como no lo había hecho desde que era niño. Él sí que había seguido la instrucción de su madre sobre que los hombres no lloran. Pero no se contuvo. Derramó toda su tristeza sobre ella. El abandono, las negativas, la soledad... Todo se fue diluyendo entre las lágrimas. Se sintió liviano, como si hubiera terminado de pagar todas sus culpas.

Volvió a su oficina. Entró derecho a la oficina de su jefe.

- Renuncio. 
- ¿Qué pasó?
- Uno no puede pasarse la vida encerrado entre estas cuatro paredes.
- Tienes la crisis de los 40.
- Más que una crisis, creo que me siento liberado.
- ¿De qué?
- De la idea de una vida perfecta.
- ¿Para dónde te vas?
- No lo sé aun.
- ¿Entonces?
- Por lo pronto a intentar ser feliz de verdad.
- Sabes que puedes volver cuando quieras.
- Espero no tener que hacerlo.

Se dieron la mano. Y con una gran sonrisa pasó a despedirse de Martica. Si quieres, toma todo lo mío y dónalo, fueron sus últimas palabras a su fiel secretaria.

Se fue caminando, con las manos entre los bolsillos hacia la playa más cercana. Se quitó los zapatos, sintió la arena entre sus dedos mientras caminaba, luego el agua fría de las olas, miró hacia el cielo, respiró profundo el aire puro y sonrió. Entendió por fin el sentido de la frase que todo el mundo decía sobre que la felicidad está en los detalles.

FIN

4 comentarios:

  1. una relación perfecta, duró lo que el destino les permitió

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  2. buuuuaaa... pero comparto la sensación de la libertad que te da el agua al tocarte los pies...

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  3. hay que triste.. 10 años de espera

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