24 de junio de 2014

Público y Personal - diez

nueve < -----

El centro de operaciones de inteligencia quedaba en la capital. Los expertos consideraron que la mejor forma de esconderlo era ‘a plena luz del día’. Los tres pisos del sótano del edificio de la empresa de Teléfonos y Comunicaciones Digitales Nacionales estaban ocupados por una serie de cubículos simulando una colmena. Era encerrado, silencioso, aburrido. El seguimiento exigía estar concentrados, porque cualquier asunto, cualquier tomo podría ser un indicio.

Santiago hacía parte de la serie de abejas obreras que escuchaban, leían, escudriñaban y hacían reportes. Entre los asignados a este tipo de tareas casi nunca había interacción, pero a fuerza de pasar horas de almuerzo y pausas juntos, se iban generando canales de comunicación entre los investigadores.

Los ‘objetivos’, como eran llamados los ciudadanos estaban divididos entre: políticos y figuras públicas de importancia, a quienes los seguían los más destacados y mejor calificados de la sección; los artistas e intelectuales de la época, que eran asignados a agentes con estudios en filosofía, psicología, artes y literatura (a estos se le hacía seguimiento en equipo ante la complejidad para interpretarlos); los funcionarios de gobierno nacionales y de los extranjeros residentes; y los ciudadanos comunes. Las interceptaciones se definían de acuerdo a una matriz de selección aleatoria. Muy pocos se quedaban por fuera. Pero algunos entraban y salían de acuerdo al nivel de riesgo que representaban. Hoy podías ser tu, mañana tu vecino.

Cada objetivo tenía un código establecido por el agente asignado. Era la primera recompensa que recibían por su trabajo: tener control sobre el personaje que iban a crear por medio de sus informes. Si bien no se trataba de ficción, bautizar a sus objetivos les entregaba un poder casi divino, o por lo menos, eso les hacían creer. La única condición era que debía ser una palabra y una serie de mínimo dos números. Para evitar repeticiones, una gran base de dato verificaba la disponibilidad del código. Era todo un universo de posibilidades.

Había escogido sus apodos, porque le recordaban a su madre. Era lingüista y tenía una especial fascinación por los griegos y los romanos. Desde chiquito la escuchaba contar historias sobre la diosa Afrodita de los Griegos, que era Venus para los Romanos. Simple, la infancia nos determina, sobre todo en los detalles más sencillos.

A Santiago le pareció extraño que solo tenía asignada una ciudadana y su entorno, cuando sabía –aunque era una falta gravísima hacer este tipo de comentarios- que algunos de sus compañeros debían hacer seguimiento a entre 12 a 90 personas al tiempo, junto con su contexto. Con los días la duda perdió relevancia, y agradeció poder estar dedicado tiempo completo a Sofía.

Desde que la conoció, sus días eran más amables y hacía el seguimiento con otros ojos. Para él, ella no tenía nada que ocultar, no había nada interesante en su vida, que pudiera atentar contra la seguridad nacional. Lo más peligroso eran las ideas de Mariana, pero aun no había tocado temas o mostrado actitudes que llevaran a enviar una alerta al sistema.

Pensó en inventar una historia, inofensiva, para matar el tiempo. Pero lo descartó casi inmediatamente. Así que, como los horarios de trabajo eran indeterminados, cada quien podía, como segunda recompensa, elegir a qué horas prefería realizar sus labores desde la colmena. Desde que inició su seguimiento, Santiago iba por la mañana. Se quedaba hasta la hora de almuerzo y dependiendo de la cantidad de grabaciones, trabajaba hasta la una o dos de la tarde. Tener casi medio día libre le satisfacía, así no tuviera mucho por hacer.

¿Sofi?
¿Dime? Esta va a ser mi última llamada por teléfono.
¿Otra vez con eso? ¿No oíste al Presidente? No está pasando nada.
Solo te digo. Buscaré otra forma de comunicarme.
¿Por qué no te vienes para acá? Estos episodios de paranoia me tienen preocupada.
No mi Sofi, no te quiero meter en problemas
Mariana, ¿en qué andas metida?

En nada, en nada.

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18 de junio de 2014

Público y Personal - nueve

Ocho < -----



Buenos días preciosa. Espero que hayas podido dormir bien. S.
Gracias por convertirte en mi primer pensamiento del día. S.

Cuando los seres humanos comienzan a salir, se gustan y comienzan esa etapa del enamoramiento idiota son tan predecibles.
Mariana, entonces tu qué eres, ¿un caballo?.
Prefiero pensar que soy una vaca, con lo que amo dormir y comer.
¡Ponte seria!
Tú sabes lo qué pienso de eso llamado conquista. Es la típica etapa en la que todo el mundo se llena de máscaras para ocultar todas esas fisuras con el único objetivo de evitar que la contraparte encuentre los defectos.
Tú y tus teorías.
Tú sabes que tengo razón. Cuando se comienza a desgastar el maquillaje –que no es otro momento sino en el que ya se van conociendo más allá del gusto del sexo- y se ven las verdaderas caras con todos sus defectos, la magia se acaba. La etapa del enamoramiento es una mentira.
¡Qué antiromántica!
No antiromántica, realista.
Entonces ¿qué? ¿Nos sentamos en la primera cita y hacemos una lista de mercado de nuestros errores y defectos?
Tú sabes que sería todo más fácil y uno se evitaría enrollarse con tipos que son expertos en conquistas, pero que de mediano plazo, poco.
¡Oye! No me arruines el rato.
Okey. ¿Entonces se van a ver hoy?
Sí vamos a ir a cine.
Esto va serio. Tradicionalmente las citas de los jueves siempre incluyen, por lo menos, un cóctel.
Para que veas…
Claro que veo.

Aun no estaban listos para dar el siguiente paso. Tocarse, besarse, abrazarse entre el carro era lo máximo que estaban dispuestos a hacer ese día. No faltaban ganas, pero sobraba pena. Así que, como si se tratara de un acuerdo implícito, después de cientos de minutos con los vidrios empañados, ninguno de los dos insinuó la posibilidad de entrar en la casa de ella.

La ausencia de amigos cercanos que no hicieran parte del comando era algo en lo que nunca había pensado. No tenía a nadie a quien contarle su felicidad. Era un hombre solitario por escogencia y por profesión. No era de salir, ni de hacer muchas relaciones, único hijo de padre ausente y madre fallecida. Su soporte para estos casos estaba demasiado lejos.

Querida Phillipa.

Sé que llevo tiempo sin escribir. Pido disculpas por eso. He estado algo ocupado, en trabajo y en asuntos personales. Quiero hablar contigo. Y contarte tantas cosas… Estoy saliendo con alguien. No abras esos ojos negros como si fuera un imposible. Me gusta mucho, todo es algo especial. Te extraño, amiga. Santo.

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12 de junio de 2014

Público y Personal - ocho

siete  < ----

Estaba demasiado nervioso. Necesitaba hacer algo para poder disimular. Había perdido toda la práctica en salir con mujeres. Entre estar en terreno, y las labores de inteligencia, no le quedaba tiempo de pensar en algo que vinculara el corazón. Pero con Sofía le pasaba algo diferente. Seguirla sin conocerla. Sentirla cerca todos los días sin poder tocarla, sin poder verla a los ojos. Se le estaba cumpliendo el deseo. Sintió que tantas ganas reprimidas causaron su efecto.

Sofía no iba con muchas expectativas. Seguramente este tipo era igual que los otros, solo que un poco más creativo. No quería dejarse engañar de nuevo. Su anterior novio había resultado un completo encantador de serpientes. La había engatusado. Le había mentido. Y lo peor es que ella se dio cuenta demasiado tarde. Al final cuando ya no sentía dolor, concluyó que su tusa se sustentaba en la rabia contra sí misma por haberse demorado tanto en darse cuenta de que el tipo tenía otras dos ‘novias’.

Vamos a ir al café de Alberto. Toca donde alguien conocido, no vaya a ser que este personaje resulte un psicópata o algo peor.
Bueno ya sabes el código para salir al rescate. Aunque reconozco que no me anima usar el teléfono.
Lo tengo claro. Te cuento cómo va todo.
Listo.

Cuando entró al sitio lo vio sentado en un rincón. Le pareció más guapo que la primera y única vez que lo vio. Durante todo el camino trató de convencerse de que no estaba haciendo nada extraño. No logró que ese sentimiento de rareza desapareciera, sino hasta el momento en que estiró la mano para saludarlo.

Creo que te debo una presentación formal. Mucho gusto, Sofía.

Él sonrió y con ese gesto eliminó cualquier vestigio de duda o pena de su ser. Es increíble el efecto que tenía en ella. Lo notaron y no hicieron nada para remediarlo.

Hablaron sin parar, como conversan las personas recién conocidas que sienten química entre ellos. Gustos, disgustos, infancia. Sofía fue completamente honesta, Santiago acomodó ciertas verdades para que su realidad no quedara al descubierto. Plantearle que su misión en la vida era seguirle sus pasos digitales y telefónicos, no era una opción. Aunque eso le significara seguir agrandando el peso sobre sus hombros.

Ella se sintió atraída por él. Él no sabía como actuar. ¿Será que estoy leyendo bien las señales?, pensó. Decidió que no se iba a apresurar , que cuando fuera el momento correcto, su instinto le diría cómo actuar. Y así, pasó toda la noche por delante de ellos.

¿Te llevo a tu casa?
Claro. No creo que sea muy seguro tomar un taxi a esta hora.

Durante el recorrido apenas y cruzaron palabras. Cada quien estuvo abstraído en sus pensamientos. ¿Y ahora? Era la pregunta recurrente en sus cabezas. Ambos se imaginaron múltiples posibilidades, escenarios, palabras, excusas, gestos.

Es por aquí.
Ok, frenó el carro frente a la portería del edificio de Sofía.
¿En qué pensabas? Es como si acabaras de tener un aterrizaje forzoso.
No sé, estaba en uno de esos momentos en los que te pierdes en el tiempo y en el espacio y como que te elevas y te elevas.
Menos mal no te elevaste mucho porque nos hubiéramos estrellado.
¿A todo le sacas un chiste?
Trato de reír hasta con el hígado.
Eso sonó demasiado visceral.
Para bailar ballet hay que serlo.

Al término de la frase apenas la dejó respirar. Se abalanzó encima de ella como un tigre sobre su presa y sin plantearse otra posibilidad, unió sus labios a los de ella. Había olvidado cómo se sentía. ¡Cómo pudo olvidarlo! ¡Cómo se había permitido eso! Aunque estaba entre el carro, sintió cómo se elevaba, por encima de todo. Este hombre resultó tremendo descubrimiento. Y menos mal que lo hizo ella. Era para ella. Se dejaron llevar, como sucedió desde el primer momento en que se juntaron en el baile.

Se besaron y los minutos dejaron de contar. Se besaron hasta que se empañaron los vidrios del automóvil. Se besaron como dos adolescentes que no tienen afán de arribar a ninguna parte. Se besaron hasta que llegó el momento de decidir si subían a su casa. Se besaron hasta que Sofía paró en seco.

Si seguimos te vas a tener que bajar y si te bajas me temo que no sabré qué pueda pasar.
Si seguimos yo no respondería por mi mismo.
Así que mejor me bajo…
Estamos conectados.
¿Más?

Un tierno beso de despedida y ambos se fueron a abrazarse entre sus sueños.

Esa noche el Presidente no pudo dormir. Llegaban y llegaban reportes negativos sobre la situación nacional. Todo era peor de lo que parecía. Se estaba quedando sin argumentos. Sus asesores seguirían presionando y presionando, y lo único que quería era abandonar. Su cabeza no podía separarse de una idea que se apoderó de él desde que inició su carrera política. Esa misma idea que hoy lo estaba llevando a la perdición.


Debía actuar pronto.

9 de junio de 2014

Público y Personal - siete

seis < -----

‘Compatriotas,

Desde hace 35 días han vivido una zozobra ante las falsas acusaciones de un irresponsable medio de comunicación que haciendo caso de información anónima y sin verificar la fuente, aseguró que mi gobierno ha interceptado por un tiempo indeterminado todas las comunicaciones digitales y telefónicas de los ciudadanos.

Me comunico con ustedes hoy para decirles que TODO es absolutamente FALSO. Este Gobierno no ha, ni hará, interceptaciones ilegales. Somos un estado derecho, seguimos las reglas y nunca violaríamos los derechos los ciudadanos de bien.

Hemos adelantado una investigación para establecer de donde provinieron las informaciones falsas. Y conocer los motivos que llevaron a querer hacerle daño al país de ésta manera. No vamos a exponer a la persona que lo hizo. No queremos ahondar más en este debate.

Quiero decirle a todos los ciudadanos que éste es un Gobierno en quien todos pueden confiar. Un Gobierno que trabaja duro para superar los principales retos que debemos afrontar como país. Reducir la pobreza, disminuir los niveles de ineequidad, mejorar las condiciones de empleo, lograr el desarrollo del campo, en eso estamos enfocados.

Muchas Gracias y Buenas noches.

La intervención Presidencial generó toda suerte de reacciones. Los medios estallaron. Los gobiernistas moderados dieron total credibilidad y respaldo a las declaraciones del mandatario. La oposición se fue lanza en ristre y acusó al Presidente de mentiroso y farsante. Exigieron pruebas de que todo se trataba de una retaliación contra su gobierno. El debate estaba lejos de cerrarse.

¿Si ves que las cosas no son como parecen?
Yo a ese Presidente no le creo nada. Se le notaba la mentira en la cara.
Deja de ser tan radical niña. Tu sabes que a la gente hay que creerle.
Si, a la gente, no a los políticos.
¿Acaso crees que los políticos no son gente?
No voy a responder eso.
Ay bueno ¿Ya pudiste volver a dormir?
Duermo gracias a la receta, pero me da angustia andar sola por la calle.
Te vas a volver loca.
¿Será?
Tu sabes a lo que me refiero.
¿Y tu enamorado fantasma?
Le mandé un correo. Estoy esperando que me responda. Vamos a ver con qué sale.
Me parece bien. Te mantiene entretenida no pensando en el otro imbécil.
Eso parece.

Querida Sofía

… Aunque no sé si llamarte así (no sé si tengo el permiso, pero me voy a arriesgar). Te cuento de mi que tengo 30 años. Trabajo como consultor en cosas aburridísimas en materia de seguridad. Me gusta escribir cosas que no le muestro a nadie y no dejo de pensar en ti desde que bailamos esa noche.

¿Aceptarías un café?

S.

Reporte 192


Venus 69 no presenta ninguna novedad.

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