12 de junio de 2014

Público y Personal - ocho

siete  < ----

Estaba demasiado nervioso. Necesitaba hacer algo para poder disimular. Había perdido toda la práctica en salir con mujeres. Entre estar en terreno, y las labores de inteligencia, no le quedaba tiempo de pensar en algo que vinculara el corazón. Pero con Sofía le pasaba algo diferente. Seguirla sin conocerla. Sentirla cerca todos los días sin poder tocarla, sin poder verla a los ojos. Se le estaba cumpliendo el deseo. Sintió que tantas ganas reprimidas causaron su efecto.

Sofía no iba con muchas expectativas. Seguramente este tipo era igual que los otros, solo que un poco más creativo. No quería dejarse engañar de nuevo. Su anterior novio había resultado un completo encantador de serpientes. La había engatusado. Le había mentido. Y lo peor es que ella se dio cuenta demasiado tarde. Al final cuando ya no sentía dolor, concluyó que su tusa se sustentaba en la rabia contra sí misma por haberse demorado tanto en darse cuenta de que el tipo tenía otras dos ‘novias’.

Vamos a ir al café de Alberto. Toca donde alguien conocido, no vaya a ser que este personaje resulte un psicópata o algo peor.
Bueno ya sabes el código para salir al rescate. Aunque reconozco que no me anima usar el teléfono.
Lo tengo claro. Te cuento cómo va todo.
Listo.

Cuando entró al sitio lo vio sentado en un rincón. Le pareció más guapo que la primera y única vez que lo vio. Durante todo el camino trató de convencerse de que no estaba haciendo nada extraño. No logró que ese sentimiento de rareza desapareciera, sino hasta el momento en que estiró la mano para saludarlo.

Creo que te debo una presentación formal. Mucho gusto, Sofía.

Él sonrió y con ese gesto eliminó cualquier vestigio de duda o pena de su ser. Es increíble el efecto que tenía en ella. Lo notaron y no hicieron nada para remediarlo.

Hablaron sin parar, como conversan las personas recién conocidas que sienten química entre ellos. Gustos, disgustos, infancia. Sofía fue completamente honesta, Santiago acomodó ciertas verdades para que su realidad no quedara al descubierto. Plantearle que su misión en la vida era seguirle sus pasos digitales y telefónicos, no era una opción. Aunque eso le significara seguir agrandando el peso sobre sus hombros.

Ella se sintió atraída por él. Él no sabía como actuar. ¿Será que estoy leyendo bien las señales?, pensó. Decidió que no se iba a apresurar , que cuando fuera el momento correcto, su instinto le diría cómo actuar. Y así, pasó toda la noche por delante de ellos.

¿Te llevo a tu casa?
Claro. No creo que sea muy seguro tomar un taxi a esta hora.

Durante el recorrido apenas y cruzaron palabras. Cada quien estuvo abstraído en sus pensamientos. ¿Y ahora? Era la pregunta recurrente en sus cabezas. Ambos se imaginaron múltiples posibilidades, escenarios, palabras, excusas, gestos.

Es por aquí.
Ok, frenó el carro frente a la portería del edificio de Sofía.
¿En qué pensabas? Es como si acabaras de tener un aterrizaje forzoso.
No sé, estaba en uno de esos momentos en los que te pierdes en el tiempo y en el espacio y como que te elevas y te elevas.
Menos mal no te elevaste mucho porque nos hubiéramos estrellado.
¿A todo le sacas un chiste?
Trato de reír hasta con el hígado.
Eso sonó demasiado visceral.
Para bailar ballet hay que serlo.

Al término de la frase apenas la dejó respirar. Se abalanzó encima de ella como un tigre sobre su presa y sin plantearse otra posibilidad, unió sus labios a los de ella. Había olvidado cómo se sentía. ¡Cómo pudo olvidarlo! ¡Cómo se había permitido eso! Aunque estaba entre el carro, sintió cómo se elevaba, por encima de todo. Este hombre resultó tremendo descubrimiento. Y menos mal que lo hizo ella. Era para ella. Se dejaron llevar, como sucedió desde el primer momento en que se juntaron en el baile.

Se besaron y los minutos dejaron de contar. Se besaron hasta que se empañaron los vidrios del automóvil. Se besaron como dos adolescentes que no tienen afán de arribar a ninguna parte. Se besaron hasta que llegó el momento de decidir si subían a su casa. Se besaron hasta que Sofía paró en seco.

Si seguimos te vas a tener que bajar y si te bajas me temo que no sabré qué pueda pasar.
Si seguimos yo no respondería por mi mismo.
Así que mejor me bajo…
Estamos conectados.
¿Más?

Un tierno beso de despedida y ambos se fueron a abrazarse entre sus sueños.

Esa noche el Presidente no pudo dormir. Llegaban y llegaban reportes negativos sobre la situación nacional. Todo era peor de lo que parecía. Se estaba quedando sin argumentos. Sus asesores seguirían presionando y presionando, y lo único que quería era abandonar. Su cabeza no podía separarse de una idea que se apoderó de él desde que inició su carrera política. Esa misma idea que hoy lo estaba llevando a la perdición.


Debía actuar pronto.

1 comentario:

  1. dónde están los cazadores de sombras con su fantasía sin pensar en la noche de los tiempos. encunetra la cifra y tendrás buenos libros. Dijo el escribano. ;)

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