25 de julio de 2014

Evidente

En cuatro le parecía bien. No era su pose favorita porque no podía olerlo. Pero repito, no le molestaba. Pero esa noche, la indiferencia pasó a ser disgusto. Él, en un acto espontáneo y nunca en cinco años visto, tomó su cabellera negra entre su mano derecha y le dio un tirón.

Las mujeres tienen una gran capacidad de armar videos en su cabeza. Enseguida se rayó. No pudo volver a concentrarse tratando de entender ese giro en medio de un polvo menos bueno que el promedio. Tiene otra. Esa fue su conclusión. Calculó el momento en que él iba a venirse y fingió sin ganas un orgasmo mediocre.

Terminaron y a pesar del sudor. Tomó la ropa e inició su retirada. 

- ¿Por qué te vas, linda?
- Mañana tengo que madrugar.
- Pero puedes quedarte.

No tenía excusas, pero tampoco quería estar ahí al lado de él, tragándose las palabras para no vomitar un discurso lleno de suposiciones, dudas y cuestionamientos que, de seguro terminarían en un "estás loca!" de parte de él.

- Si, pero acá no tengo la ropa apropiada para la reunión de mañana.
- Como quieras... Luego no digas.

Se despidió con un beso simple y bajó las escaleras como si estuviera escapando por haber cometido un delito. No podía ser que después de todo lo que han vivido juntos, de haberlo defendido ante sus amigas, no haber creído los chismes, ahí estaba la prueba. 

Le entró la paranoia. Tener celos, y más de un fantasma, no es vida. Era lo que siempre le repetía a sus amigas y ahí estaba ella, acabando con su esmalte y con los nervios a punto de estallar.

- Necesito que me ayudes
- Qué pasó.
- Andrés tiene otra
- ¿Cómo sabes?
- Solo lo sé.
- ¿Qué necesitas?
- Que mañana tu papá te preste el carro y me acompañes.
- Entiendo. Cuenta con eso.

El plan era simple, mañana Andrés supuestamente -y es supuestamente porque ya cualquier certeza quedaba descartada- tenía partido de fútbol con las personas de la oficina. Marcela y su amiga Evelyn se parquearían en frente de su oficina para seguir sus pasos y descubrir sus reales actividades nocturnas cuando estaba solo. Algo maniático, es cierto, pero era el único plan que pudo tejer.

A las 6:00 de la tarde estaban muy puntuales el par de amigas esperando a que el personaje apareciera por el parqueadero. 

- No puedo creer que estemos en esto solo porque te haló el pelo. O peor aún, me parece tétrico que en 5 años nunca lo hubiera hecho. Seguro tiran como abuelitos.
- La verdad que me hubiera gustado que se hubiera planteado desde el comienzo así, sucio, lleno de jalones y de arañazos, pero a Andrés eso no le parecía correcto. En sus palabras -que no recuerdo exactamente- las mujeres de la calle son las que se portan así en la cama.
- Mucho doble moral.
- Ni me digas.
- Pero no puede ser que solo por eso.
- Tu sabes que me habían dicho muchas cosas pero, no hay peor ciego que el que no quiere ver....

Apareció la camioneta plateada. Iba solo. Guardaron prudente distancia y notaron que la vía que tomó no era la que lo llevaba a la cancha de fútbol. A pocas cuadras se detuvo en un edificio. Tres minutos después aparece una 'Ella'. Piernas largas, rubia, caminado perfecto -a pesar de los tacones tan altos-. Evelyn miró a Marcela y vio como la tristeza, mezclada con rabia se dibujaba en su cara.

- Vamos, Marce. Eso no quiere decir nada.

Marcela tomó su celular y le marcó.

- Hola Linda. ¿Cómo estás?
- Bien cariño, llegando a mi casa. Vamos a ver películas con Evelyn que llega más tarde. Ya sabes, cosas de niñas. ¿Y tu? Ya estás en el partido?
- Estoy entrando, ¿te marco cuando salga, te parece?

De haber tenido un teléfono fijo, Marcela lo hubiera reventado contra la pared.

- Mentiroso.

El carro arrancó y las dos amigas lo siguieron. Pararon en una pizzería cercana. 

- Eve, bájate y los saludas como si nada. Dañémosle la noche así sea. Que sepa que ya sabes.
- Pero... 
- Vamos a ver como reacciona.

Estaba improvisando. Pero creyó firmemente que funcionaría.

Eveluyn trataba de caminar lo más natural posible, pero sentía que todos la observaban. Era pésima para decir mentiras.

Ingresó al local, pensó en una excusa para estar ahí. Se dirigió a la caja y se paró justo al lado de la pareja, que iba agarrada de la mano como si se acabaran de jurar amor eterno.

- Ay hola Andrés!!!
- Hola Evelyn dijo con la voz entre cortada.
- ¿Qué haces aquí¡?
- Tenemos que regresar a la oficina a trabajar y vinimos por algo de comer. ¿Cierto Clarissa? - la mujer asintió con la cabeza, casi sin mirar a Evelyn. Algo ocultaba, era evidente.
- ¿Y tu?
- Voy para donde Marce que vamos a ver películas, entonces pasé por algo de comer, porque me han hablado muy bien de este sitio. Pensó que se merecía un Oscar

Se quedaron en silencio, cada quien esperó su pedido y casi al tiempo abandonaron el lugar. Se despidieron displicentemente y cada quien a lo suyo.

Marcela quería matar. Le daba vueltas a su anillo tratando de aclarar su cabeza para ver qué hacer. Mientras Evelyn manejaba con cuidado para no ser descubierta.

Llegaron a la casa de él. Pasaron varios minutos antes de que Marcela encontrara una forma de resolver la situación.

Sin decir nada, se bajó del carro. Evelyn intentó agarrarla para que no lo hiciera. Pensó en todas esas series en las que las escenas de infidelidad terminan en un homicidio. Saludó al portero. Llegó al piso 8vo, buscó la llave de repuesto entre el marco de la puerta y sin hacer mucho ruido, entró.

Las luces estaban apagadas. Del cuarto salía música. Sacó el anillo de su mano, buscó un papel y un bolígrafo en la cocina que conocía de memoria. Dejó una nota y salió de la misma manera como había entrado.
-  ¿Y?
- Vamos a la casa. Está hecho.
- ¿Qué hiciste?
- Digamos que ya no hay matrimonio. Nos toca ver cómo desarmamos todo.
- Bueno.

Evelyn sabía que era hora de no hacer más preguntas.

Andrés
Espero que a Clarissa le guste mucho que le jales 
el pelo mientras la tienes en cuatro.
Quizá el anillo le quede.

M.

Desde la casa de Evelyn, Marcela escribió un correo electrónico:

Estimados todos.
Como bien saben Andrés y Yo habíamos decidido casarnos el próximo mes. Y digo habíamos porque he tomado la decisión de no hacerlo. Los motivos los sabrán cuando esto no duela tanto. Pero quería avisarles lo más pronto posible para ahorrarles la molestia de seguir pensando en regalos, vestidos y peinados.

Un abrazo a todos y muchas gracias.

Marcela.

Cerró el computador y se dispuso a comer de la pizza que Evelyn había comprado. Por lo menos estaba rica.

- ¿Crees que la gente va a responder?
- Se demoran. La gente no sabe que decir en esos casos.
- Seguro.
- ¿Crees que te busque?
- Si. Pero yo ya no estaré.

Iba pasando la noche y con cada minuto una llamada o mensaje de Andrés. Todas rechazadas o ignoradas. En medio de ese torrente un mensaje de un número desconocido.

Marce.
Debería no alegrarme con las noticias de que no te casas, sencillamente porque debe ser muy doloroso para ti. Pero la verdad es que esta ha sido la mejor noticias que he recibido en años. Cuando quieras hablar, márcame. Felipe Sanchéz.

Y como de los peores momentos también salen cosas buenas, al poco tiempo Marcela reescribió su historia, más tranquila porque desde el primer día Felipe le jaló el cabello mientras estaba en cuatro.




3 comentarios:

  1. Aunque me fui de Twitter para siempre, sigo pendiente de tu blog. No es la historia a la que le seguimos el hilo, sin embargo me encantó.

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  2. MUY AGRADABLE Y DESLIZANTE LEERTE, NATY...

    FELICIDADES!

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  3. «eso en cuatro no se ve» Le dijo Felipe a Marcela xD. ¿Por qué una mujer despampanante tiene que ser mona? Mujeres espectaculares hay de todo tipo ¿o será que Marcela era un rejito? jajajajajajaja

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