7 de julio de 2014

Público y Personal - doce

once < ----


Si algo me sucede, Sofi. Mira este video, pero no lo lleves a la policía. Todo el Gobierno está untado. Solo puedes acudir a los medios. Yo te haré saber si estoy bien. Si pasa una semana sin noticias mías, actúa, mientras tanto, no. Te adoro. Mar.

El sobre lo habían dejado en su buzón. Ahora sí que la cosa se puso complicada. Mariana vio tantas películas que ahora se cree la protagonista de una. Miró por la ventana, detallando cada cuadro, para establecer si había algo fuera de lo normal. Nada. Respiró profundo. Ojalá no sea nada grave. Intentó tranquilizarse.

Quiero verte. ¿Vienes a mi casa? S.
También lo deseo. Llevo el vino. S.

Era definitivo. Le encantaba. Por eso puso todo su esfuerzo del día en preparar la velada perfecta. Contrario a lo que su madre siempre le dijo, ella pensaba que si las mujeres ponían su granito de arena –más allá de sentarse a esperar que los hombres abonaran todo el terreno- habría menos corazones rotos en el mundo.

Así que arregló todo el piso, compró flores y cocinó. Ese sábado le alcanzó únicamente para eso. A las 8 de la noche en punto, Santiago estaba en su puerta. Ambos sentían nervios mezclados con una ansiedad infinita. Ese era el sentido de salir con alguien, de sentirse atraído por alguien, de desear a alguien. Por esos nervios en el estómago es que Sofía creía que valía la pena iniciar una relación, de cualquier tipo, con alguien.

Abrió la puerta. Él estaba ahí de pie, perfectamente arreglado con una sonrisa de oreja a oreja, como si fuera el día más feliz de su vida. Dio un paso adelante y la saludó con un beso tierno, de esos que hablan solo y que nos acercan un poquito más al cielo. A ella le temblaban las rodillas, se le alborotaba el mariposario en su estómago. En ese instante olvidó la preocupación por Mariana.

La idea era comer. Pero ese primer beso fue el primer paso para un comienzo. Algo que no podía ser interrumpido. Apenas se separaron para que Santiago pudiera poner la botella de vino en la primera mesita que encontró. Aún de pie, en la mitad de la sala, el beso tierno se fue convirtiendo en un maremoto de pasiones en el que estaban involucrados todos los sentidos y todos los órganos de su cuerpo. Tenían muchas ganas acumuladas. Cada noche de espera sumó. La teoría de la acumulación podía explicarse con ellos.

Espera, espera.
¿Qué pasa?
Aquí no. Vamos al cuarto.

Alcanzó a ver un par de detalles del apartamento. Realmente se veía mucho mejor en persona. Las fotos en las redes sociales son demasiado planas. Ella, de veras, era bastante artista. Volvió a concentrarse en su momento.

La luz del cuarto era perfecta para una primera vez. Oscura como para tapar la pena, pero suficiente como para permitir ver todos los detalles. Volvieron a los besos. Y entre beso y beso fueron dejando sus zapatos, sus camisas, sus pantalones… Todo fue cayendo. No dudaron ni un instante. Él se sintió maravillado con su belleza. Cuerpo perfecto, de bailarina.

Santiago sintió que estaba realmente enamorado. Sofía creyó que esto era real.

El Gobierno no daba abasto. La primera semana, el Presidente decidió no ir a eventos sociales, ni de gala, ni caritativos. Luego, decidió no viajar al exterior y para finalizar, había decidido no dar entrevistas, declaraciones o aparecer públicamente en ninguna parte. Sus asesores enloquecían. Los Ministros no daban abasto. En cualquier plaza la encerrona era monumental. Jóvenes, estudiantes, trabajadores, abogados, economistas, amas de casa, aparecían para reclamar a cada representante del Gobierno, que respetara sus derechos, su intimidad. Era como un complot generalizado, en el que todos participaban. Y no sabían cómo solucionarlo.


Y en medio de todo el caos, la llamada ‘opinión pública se preguntaba ¿Qué es lo que le pasa al Presidente?

3 comentarios:

  1. ¿Y no cenaron? Jajajaj solo pienso en comida.
    Me encantó, este también. Saludos Naty.

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  2. Ella lo encontró en la calle, él la encontró en una llamada ajena. él camina sólo en las aceras, ella es su pensamiento, ella espera el momento. «Una vez más, una vez más» era lo que repetían al unísono, antes de verse. Afeitada, depilada, un labial, una loción muchos suspiros. Se abre la puerta, el observa las comisuras de sus labios, ella mira su mentón.Probablemente ninguno de los dos está ahí.
    Una invitación a comer, una invitación a la sala, el beso, pensamientos dobles,ella le invita a su pieza. Al final, ellos dos, otra vez, en el paraíso. Nadie sabía, no importa quién les espía.

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  3. esto es justo lo que necesitaba leer hoy :) gracias!!

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