13 de octubre de 2014

Chocolate

Llegó a encontrarse con él sabiendo lo que iba a suceder. Pero se hizo la loca. Era especialista en ese tipo de actuación.

- Mira Salomé... No sé como comenzar esto...

Era demasiado simple, comenzó a imaginar Salomé. Cobarde. Ahora va a comenzar con el 'no eres tu, soy yo', bla bla bla bla.

Sintió que se le subieron los colores a la cara. Tenía que disimular. Al final, por más que haya llorado toda la noche por este nuevo desengaño, debía hacerse la ruda, hacerse que no importaba y de ser posible, hacerlo sentir como un pedazo de mierda.

Es que no entendía por qué, por qué siempre le pasaba lo mismo: Un mes de idilio, sin drama, de comprensión absoluta, diversión sin límites... y al momento en el que toca definir si se quedan o se van, siempre optaban por la segunda opción, dejando a Salomé con el corazón hecho pedazos y las ilusiones deshechas.

- Más bien mira tu, Marco. No tienes que llenarte de discursos para decir lo que tienes que decir. Conmigo, y siempre ha sido así, puedes decirme las cosas.

Le sonó muy agresivo. Necesitaba bajarle al tono.

- Señor, me trae por favor una torta de chocolate y un capuchino deslactosado grande por favor. Sí, caliente por favor. ¿Quieres algo?
- Una botella de agua con gas por favor.

No entendía por qué pedía tantas cosas que usualmente no come. Si ella vive a dieta, ahora se llena de dulces. Seguro se debe estar armando un drama femenino de proporciones inimaginables. Quién sabe qué estará pensando. Mejor me cayo, para ver qué está pensando, no vaya a ser...

- Mira Marco. Yo sé que quizá hemos ido muy rápido, pero el ritmo no lo he puesto yo sola. Tu has jugado tu parte.
- Yo no he dicho nada al respecto. 

Frenó en seco. Si no es eso lo que le molesta... ¿entonces? Ahora sí que estaba perdida.

- Gracias señor. Puede agregar al pedido un jugo de mandarina. Gracias

Esto solo con agua no se podía pasar, pero era demasiado temprano para un trago. Debió citarla a las 5 de la tarde.

- Salomé, no sé de qué estás hablando. Yo solo quiero decirte que hay algo, pero que no sé como comenzar. No quiero que haya malos entendidos entre nosotros...

Realmente estaba gozando...
Seguro iba a salir con una de sus cobardadas. Es que los hombres son todos unos cobardes de la mierda... Quería explotar. Menos mal llego la torta de chocolate.

- Manjar de dioses... hace mucho no comía.
- Eso veo, te estás atragantando de cosas que nunca comes...
- Hay días que lo merecen.

Mejor así, cambiando el tema se relajan los ánimos y fijo se le baja la neura.

- ¿Te acuerdas la vez que te metiste una cucharada de torta negra a la boca pensando que era de chocolate y te pusiste verde y no vomitaste por pura decencia...?
- Es que en serio, el que inventó ese sabor de ponqué esta demente o debe ir preso...
- Eres exagerada, sin esa torta no habría felicidad para las abuelas...
- Cuando yo sea abuela seré la abuela del chocolate. Punto. Nada de frutas confitadas o helado de ron con pasas.
- Ese sí es horrible...
- Si vez? Algo que tenemos en común.
- Tenemos más que eso en común...
- ¿Entonces?
- Entonces espérame y voy al baño...

Que se comiera las uñas un ratico por haber pensado mal de él...

Regresó y le entregó un servilleta doblada a la mitad.

Ya este idiota, no fue capaz de decirme la cosas en la cara... Le tocó en un papelito...

¿Quieres ser mi novia?

Decía la nota.

Levantó la mirada y vio a Marco con una copa inmensa de helado de chocolate, con un corazón en el centro.

No pudo aguantar y arrancó a llorar, como lloró el día que se dio cuenta que el niño Dios son los papás.

- ¿Ya vas a dejar de pelearme?
- Es que...
- Es que tu pensabas que te iba a decir 'no eres tu, soy yo' o algo como 'te mereces a alguien mejor que yo' o 'no te quiero tanto como tu a mi'. En serio me conoces poco.
- Pero tu a mi mucho.
- Demasiado. Solo que yo soy cero cursi y no sabía qué decirte y como decírtelo, para no parecer un huevón. Pero bueno, aquí estoy, lo más parecido a un Hello Kitty haciéndote una pregunta que no me has respondido.
- Claro que si!!!!!

Casi que brincó de la emoción por todo el lugar.

- Pero solo una condición...

Se le congeló el corazón.

- La próxima vez que comamos chocolate, que no sea porque te envideaste.


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