31 de diciembre de 2014

Público y Personal - 47

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Sofía dejó de odiar a Santiago cuando concluyó la primera parte de la historia. Le parecía estar leyendo una novela fantasiosa sobre un Gobierno sin escrúpulos y una fuerza élite de agentes torturados por días enteros. Recorrió la conversación varias veces en su cabeza.

¿Cómo se puede sobrevivir a eso?
Uno tiene que aferrarse a algo. En este caso, mi motivo fuiste tu. No sabes cómo me torturé por no haberte podido avisar. Debí haber sido más cuidadoso.
No tuviste tiempo de pensar con claridad.
Toda nuestra historia fue demasiado rápido.
¿Te arrepientes?
Si me hubieras preguntado ayer, la respuesta hubiera sido un no rotundo. Hoy, ya no sé.

La instrucción era reasignar a los agentes que prestaron sus servicios a la Colmena. Los más jóvenes irían a operaciones en el extranjero. Los mayores fueron situados en labores burocráticas de las oficinas de las diferentes fuerzas. Algunos de ellos continuaron realizando seguimientos, aunque solo los avalados por una orden judicial. Pacto de silencio entre todos. Altas sumas de dinero en compensación.

Santiago Aldana continuaría realizando ‘el seguimiento especial’, sería él el custodio de la información correspondiente a este caso. Sin darse cuenta, tenía en su poder una serie de dispositivos de almacenamiento, una maquina completa de seguimiento, y otro computador. Los aparatos anteriores fueron retirados. Prefirió no preguntar por qué el interés en Sofía. Pero guardó silencio. Aun tenía temor por el castigo.

Gobierno pide en extradición a David Martínez. Se le acusa de traición a la Patria. En una circular emitida a través de la Agencia Internacional de Inteligencia y Policía, el cuestionado Gobierno de Gabriel Alarcón, solicitó a los países de la Alianza del noroccidente que entreguen a David Martínez como contribución a la seguridad del país. La instrucción indica que “el Señor Martínez, haciendo uso de información de inteligencia clasificada, puso en riesgo una serie de operaciones para salvaguardar a nuestro país”. Agregaron a la solicitud que “adicionalmente el señor Martínez tergiversó y mintió frente al verdadero objetivo del Gobierno con las interceptaciones a algunos ciudadanos involucrados en actividades ilegales”…

Mariana se preocupó al escuchar la noticia. Devolverlo al país sería firmar su pena de muerte. Eso sería devastador. Bienvenida a tu país, pensó mientras escuchaba la noticia en el taxi de regreso a casa.

¿Viste la carta?
Si la vi. Me sorprendió. Muy dura.
Es la realidad Sofi.
Lo sé. Pero habrán tenido sus motivos.
Ya sabes que yo pienso que nada lo justifica.
Lo sé.
A propósito, ¿cómo firmaste desde Praga?¿Ahora tienes el don de la oblicuidad?
Nada de eso. La carta la dejé escrita y firmada antes de salir.
¿Qué crees que le va a pasar al que reveló todo?
Espero que los encargados estén solucionando su situación en el exterior, la idea es que tenga una nueva identidad.
¿Eso es legal?
¿Era legal que nos hicieran lo que nos hicieron?
Supongo que no.
Es lo mismo.

David Martínez no era ni tan honesto, ni tan transparente. Había participado de un par de ‘torcidos’ cuando se encontraba en operaciones contra el narcotráfico en países productores. Pensaba que cualquier cosa justificaba el conseguir dinero extra. Esta no era la excepción. Le vendió su carrera, y de paso su alma, a la oposición. Al final era menos peligroso que traficar con drogas. ¡Qué más da! Lo haré. Fue su respuesta cuando lo contactaron para que contara la historia. Todo el proceso comenzó con un entrenamiento en manejo de medios. En el proceso, se construyeron las frases, los gestos, las miradas perfectas para conmover al mundo. Y lo logró. Pero toda la pantomima palidecía al lado de una amenaza terrorista.

Se enteró del pedido de extradición estando en la habitación del hotel. Había cambiado su nombre pero ni su apariencia. No tardarían en encontrarlo. Alemania era bastante eficiente en hallar fugitivos. No era de los que se asustaba, pero hubiera querido tener un plan de escape precisamente organizado para prevenir este tipo de impases.

Sofía no quiso hablar con Mariana del encuentro con Santiago. Era mejor procesar sola toda la información. Además, Mariana seguro le impondría una carga política a su historia de amor, que no estaba lista o –o más bien dispuesta- a tolerar. La conversación con Santiago la había dejado muy confundida. Entendía las motivaciones. Entendía el drama y todo lo horrible que había pasado. Entendía el contexto. Pero no podía comprender el interés en ella. ¿Había algo que ella ignoraba sobre su pasado? ¿Quizás sobre su mamá?


Las dudas le carcomían el alma. Estaba llena de preguntas sin respuestas. Creyó por un instante que su vida era un acertijo.

29 de diciembre de 2014

Público y Personal - 46

Capítulo 45


Viendo todo el desastre en la calle pensó que hubiera sido mejor citarse en su casa. Es impresionante la capacidad de destrucción del hombre, aunque lo es también la capacidad de aglutinarse por una causa, pensó.

Llegó anticipadamente. Llevó un libro para calmarse. Esta vez era un clásico. Grandes Esperanzas. Quería volver a creer en el amor y desde hace varios días, Dickens era su compañía en este viaje. Pidió un vino. Trataba de relajarse y evitar que la invadieran las preguntas, los pensamientos, las ganas de salir corriendo.

Hola.
Hola.

Beso en la mejilla. Él se sentó frente a ella. Se miraron por los primeros minutos. Siguió su primer impulso y la tomó de las manos. Eran suaves, como las recordaba.

No sé por donde comenzar.
Por el principio.
Creo que es más fácil que me preguntes.
Pensé que por lo menos habías ensayado un discurso.
Todos los días… Desde que te dejé de ver.
¿Entonces por qué dejaste de verme?
Porque me tocó.

Notó que ella continuaba muy perdida en la conversación. A veces las mujeres necesitan demasiada información para quedar convencidas de las cosas. Comprendió en ese instante que no le quedaba otra opción que ser absolutamente honesto. Será muy difícil para ella, pero si realmente es amor, con un tiempo y algo de espacio, ella lo entendería. Mandó a la mierda todas las historias y excusas que había inventado durante los últimos meses.

Sofi, todo lo que dicen los medios, es cierto…

La oposición tenía en su poder una serie de documentos que comprometían al Gobierno. La declaración del Presidente era incriminatoria. El caso estaba hecho. “Congresistas denuncian a 5 Ministros por interceptaciones ilegales”; “Tribunal Supremo de Justicia asume investigación a Ministros por seguimientos”; “¿Quién investiga al Presidente?”; “Tribunal Militar inicia indagaciones contra Generales”.

No podemos esperar que esto se enfríe. La justicia, es la justicia.
Es que aquí el que siempre busca que ‘las tormentas se calmen’ eres tu, no yo, Gabriel.
Entonces, ¿Qué propones?
Nos vamos a la guerra.
¿Tenemos un caso?
El del norte ha permitido que sus militares trafiquen armas por la frontera.
¿Eso es suficiente?
Tenemos indicios de que nos quieren invadir la península para explotar el petróleo y el gas de la zona. Su idea es salir de la crisis económica por cuenta de nosotros.
¿Los Generales y Ministros están de acuerdo?
Todos. Es la única manera, demostrar que las interceptaciones se justifican y sirven para algo.
¿Y ya tapamos todo lo de la Colmena?
Sí señor.


Pasaron tres días y las personas se cansaron de protestar. A veces, para silenciar al enemigo no hace falta sino ignorarlo. Boris era consciente de que debía esperar al momento preciso para treparse a la cresta de la ola. La salida tenía que ser brutal.

26 de diciembre de 2014

Público y Personal - 45

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Si es tu primera vez aquí, te recomiendo que vayas al capítulo 1


Boris sabía que necesitaba poner a los medios de su lado, sin comprarlos con mucha publicidad. Para reforzar la versión del Presidente en su discurso, seleccionaron a un grupo de periodistas para llevarlos a conocer la Colmena. Ahí les contaron el procedimiento para realizar los seguimientos. Se les explicaron las garantías para los ciudadanos. Pudieron tomar fotos, hacer videos. “Impresionante tecnología de inteligencia del gobierno”. “Así se hace inteligencia en el país”. “Conozca La Colmena: el lugar donde se tejen conspiraciones”.
                 
Algunos salieron convencidos. Otros aun guardaban reserva. Era un comienzo.

La derecha no conservativa del país apoyó al Presidente. “En este debate por las interceptaciones hay que preguntarse, ¿qué prevalece? ¿El interés general, o el particular? Yo diría que es necesario sacrificar algo de libertad para poder tener seguridad.” “La oposición ha intentado magnificar estos hechos. El Gobierno no ha hecho más que cumplir con su deber.” “Hacer seguimientos para mantener la seguridad es una práctica que siempre se ha llevado a cabo en el mundo entero. No podemos ahora posar de puritanos y defensores de derechos a ultranza, como para pedir la renuncia de un Presidente que es, de lejos, el mejor Presidente de nuestra historia reciente”.

Siguieron los libretos al pie de la letra. La Casa Presidencial estaba complacida.

Señores, los he citado aquí porque debemos tomar las decisiones sobre Martínez.
Podemos pedirlo en extradición, dijo el Comandante del Ejército.
¿Bajo qué delito? Preguntó la Canciller
Traición a la Patria.
¿No es algo extremo, General?
Es apenas coherente con los últimos hechos.


                  Los manifestantes se fueron disipando. Al parecer el discurso del Presidente les entregó suficiente material para pensar. Los más radicales permanecieron. Cambiaron los carteles exigiendo la verdad sobre las amenazas, y sus arengas continuaban exigiendo pruebas. Al parecer en este país la realidad ya no era suficiente. Necesitaban una comprobación de todo. Ver o tocar, esa era la premisa.