26 de diciembre de 2014

Público y Personal - 45

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Boris sabía que necesitaba poner a los medios de su lado, sin comprarlos con mucha publicidad. Para reforzar la versión del Presidente en su discurso, seleccionaron a un grupo de periodistas para llevarlos a conocer la Colmena. Ahí les contaron el procedimiento para realizar los seguimientos. Se les explicaron las garantías para los ciudadanos. Pudieron tomar fotos, hacer videos. “Impresionante tecnología de inteligencia del gobierno”. “Así se hace inteligencia en el país”. “Conozca La Colmena: el lugar donde se tejen conspiraciones”.
                 
Algunos salieron convencidos. Otros aun guardaban reserva. Era un comienzo.

La derecha no conservativa del país apoyó al Presidente. “En este debate por las interceptaciones hay que preguntarse, ¿qué prevalece? ¿El interés general, o el particular? Yo diría que es necesario sacrificar algo de libertad para poder tener seguridad.” “La oposición ha intentado magnificar estos hechos. El Gobierno no ha hecho más que cumplir con su deber.” “Hacer seguimientos para mantener la seguridad es una práctica que siempre se ha llevado a cabo en el mundo entero. No podemos ahora posar de puritanos y defensores de derechos a ultranza, como para pedir la renuncia de un Presidente que es, de lejos, el mejor Presidente de nuestra historia reciente”.

Siguieron los libretos al pie de la letra. La Casa Presidencial estaba complacida.

Señores, los he citado aquí porque debemos tomar las decisiones sobre Martínez.
Podemos pedirlo en extradición, dijo el Comandante del Ejército.
¿Bajo qué delito? Preguntó la Canciller
Traición a la Patria.
¿No es algo extremo, General?
Es apenas coherente con los últimos hechos.


                  Los manifestantes se fueron disipando. Al parecer el discurso del Presidente les entregó suficiente material para pensar. Los más radicales permanecieron. Cambiaron los carteles exigiendo la verdad sobre las amenazas, y sus arengas continuaban exigiendo pruebas. Al parecer en este país la realidad ya no era suficiente. Necesitaban una comprobación de todo. Ver o tocar, esa era la premisa.

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