2 de diciembre de 2015

Otra Forma

El se creía, cómo yo decía cuando era pequeña: 'la verga en patines'. Es decir, lo mejor de lo mejor de lo mejor... Después de él, nada. Y tal como se configuran esas personas que se creen mejores que los demás, tenía la firme convicción de que podía lograrlo todo. Pero en el fondo, lo que consideraba era que eso le daba licencia casi que para cualquier cosa, incluso, para maltratar a las mujeres.

Pero no era ese maltrato lleno de golpes y patadas. Un maltrato mucho más sutil, de esos que toman su tiempo en llevarse acabo, pero que son de los más dolorosos.

Rocío era feliz. Se despertaba todos los días luego de una larga noche abrazada con su amor. Para ella, despertarse y sentirlo a su lado era la mayor fuente de seguridad y alegría. Para ella todo era rosa, lleno de arcoiris y nubes rosas. Las complicaciones no existían. Pero a veces a la gente buena le pasan cosas malas, o mejor, cosas que no nos agradan, y pues Rocío no iba a ser la excepción. Seguramente algo debería aprender o reafirmar.

Ese día, era como cualquier otro: despertar, desayuno, conversación sobre cómo correría el día, sonrisas, besos, trabajo, almuerzo con alguna amiga, trabajo y de nuevo a la casa a ver alguna película. Pero esta vez le tocó sola. Ricardo no llegó. No contestó. No apareció.

Raro para ella. En tres años nunca lo había hecho. Para él, era solo el inicio.

Rocío estaba con los nervios de punta, imaginándose lo peor. Es que Bogotá no es una ciudad en la que se pueda confiar, pensaba. Celular apagado. Nunca pensó sino en atraco, burundanga, apuñalamiento, robo del carro. Llamó hospitales, a la policía. Nada. 12 de la noche y nada. Aguantó hasta que el sueño venció a los nervios.

Tarde, muy tarde, lo sintió llegar. Brincó de la cama y corriendo lo abrazó.
- ¡Estás bien!
- ¿Claro por qué no he de estarlo?
- ¿Qué hora es?
- Casi las 2-
- Por eso mismo, nunca habías desaparecido tantas horas.
- No desaparecí.
- ¿Entonces?
- Sencillamente estaba ocupado.

Cortante. Ella no entendía. Pero ya con la tranquilidad de que todo estaba en orden, volvió a dormir.

Ricardo escogía mujeres simples, amorosas, buenas. De esas que no necesitan mucho para ser felices, de esas que enamoran con flores recogidas de un jardín, de esas que a veces son fáciles de manipular, si les hablas de la mejor manera. Eso en el fondo lo hacía un cobarde, jugaba con las flores  más débiles del jardín, para poder deshojarlas sin él resultar herido.

A la mañana siguiente no había arcoiris. Una nube negra se posó sobre Rocío y nada la hacía mejorar el ánimo. Le rondaba y le rondaba la cabeza. Llegó incluso a morderse las uñas, gesto que le parecía más que asqueroso, despreciable. Perdió no solo la sonrisa. Sino el hambre y lo que es peor aun, la calma.

- Es que no entiendo nada.-
- ¿Será que te está poniendo los cuernos?
- No creo que sea demasiado bruto para actuar como lo hizo ayer.
- Bueno pues, entonces no es nada y te estás haciendo un gran drama por una tontera.
- Pero, ¿Por qué la actitud? Pues lo mínimo es que me preocupe ¿no? Por algo somos pareja.
- No te vas a responder todas esas preguntas, hasta que hables con él.
- Es cierto.

Esa noche, tampoco llegó.

Ni la siguiente, ni la siguiente, y así por una semana. Rocío y Ricardo pasaron a ser una pareja de desconocidos que no se veían nunca. Los desayunos se acabaron, ahora él llegaba tarde y salía corriendo temprano, casi que antes que ella despertara. Los fines de semana eran de ella encerrada y de él quien sabe dónde. Dejaron de existir los mensajes, los correos, las llamadas.

Vivía con alguien, pero estaba más que sola.

El tema la estaba afectando. No se arreglaba, estaba muy flaca. No era ni rastro de la mujer feliz de hace varias semanas.

Habían pasado casi 3 meses desde que Ricardo comenzó a jugar con Rocío. Le había comenzado a gustar el efecto que estaba causando en ella su abandono no abandono, como decidió llamarlo. Ya faltaba poco para decirle: ¿Sabes? Es que ya no te amo. Y con eso terminaría por romperla. Y nuevamente saldría impune. Como siempre, como todas las 4 veces anteriores.

El espejo, que muchas veces es nuestro peor enemigo, le mostró la salida. Un día, que no recuerda cuál es, porque perdió el sentido del tiempo, levantó la mirada, y no se reconoció. No había brillo en los ojos. Miró a su alrededor y todo eran sombras y desorden. Ya no pertenecía a ese lugar. Necesitaba salir de ese hueco. Llamó a su jefe. Se declaró enferma (cosa que no estaba muy lejos de la realidad).

Alguna vez se había prometido a sí misma que ninguna persona, menos un hombre iba a arruinar su esencia, y estaba faltando a esa promesa fundamental a su ser.

Se arregló. Decidió tomar el toro por los cuernos. Llegó a la oficina de Ricardo. Se anunció. Que si puede esperar. Ni siquiera la hizo subir, como si fuera la de los domicilios... Se indignó, cosa que casi nunca sucedía. Entendió que le estaban dando un trato de segunda que no solo no se merecía, sino que era una completa cabronada. Pasó de la indignación a la ira en 3 segundos y medio, y Ricardo no le conocía el lado iracundo, que puede ser bastante impetuoso.

Así que esperó con calma. Pasaron 3 horas, es decir, llegó la hora del almuerzo. En algún momento debía salir. Y así fue. Venía caminando, sonriente, como si no pasara nada, y la ignoró. Y yo sufriendo como una idiota todos estos meses, se repetía. Lo siguió cautelosamente. Entraron a un restaurante de la zona y ella detrás. Cuando todos se sentaron, se paró al lado de la mesa y le dijo: Ricardo, llevo 4 horas esperando en el lobby de tu oficina. ¿No te avisaron? Tocaba no sonar como una loca histérica en frente de medio mundo.

- No.
- Necesito hablarte.
- Ya sabes que si necesitas algo para la casa, tienes la cuenta.
- No se trata de eso.
- Mira, estoy en medio de una reunión con mis colegas. ¿Me disculpas?

Todos estaban anonadados. Así trataba a su esposa...

Claro qué si lo disculpaba. Salió de ahí derecho a su casa. Llamó a sus tres amigas que estaban listas para actuar cuando se requiriera. Es que pensaba que nunca te ibas a despertar. Que vaya a tratar a otra como te está tratando.

A pesar del show, sintió como si un balde de agua fría le hubiera caído en la cabeza. Rocío volvía a tener un brillo en los ojos, pero no uno de felicidad, era algo diferente. La ansiedad lo consumió el resto de la tarde. Quería llegar a su casa a ver con qué se iba a encontrar.

Ensayó todas las veces en su cabeza el discurso, la estocada final.

Siete de la noche. Toda la casa apagada.

Entró y lo que vio no tenia sentido. O sí, pero él no lo entendía.

Todas las fotos de los dos, reventadas contra el piso. Los cuadros que él había comprados, arruinados por un cuchillo. Comenzó a recorrer el apartamento cuarto a cuarto: en la cocina, la nevera absolutamente vacía; en el cuarto auxiliar, toda la ropa de cama en el piso y en el cuarto principal un letrero escrito a mano en la pared:

TE DISCULPO
PERO NO TE QUITO LO HIJUEPUTA
R.

Se quedó frío. Nunca se imaginó que llevar al límite a Rocío tendría estos efectos. Se sorprendió, y eso casi nunca sucedía. Ricardo sonrío, honestamente por primera vez en toda su vida.

Rocío empacó toda su ropa, tomó todo lo que le gustaba y desechó o rompió lo que siempre odió de ese apartamento. Como bonus track tomó la mejor ropa de Ricardo, y el mercado y se lo regaló al portero. Haga lo que quiera con esto, le dijo, mientras reía de gozo.

Bogotá es una ciudad grande, y uno no esperaría encontrarse a nadie indeseable nunca. Pero no, el destino juega de la peor forma. Un día caminando por el sector de restaurantes de moda, lo vio solo, leyendo una revista en un café.

Se le sentó al lado y sin mayores preámbulos le disparó ¿Entonces nunca me vas a decir qué fue lo que te pasó?

La miró como si estuviera en frente de un fantasma. Le tomó varios segundos armar una respuesta, pero ella no tenía afán.

- No conocía otra forma.
- Es decir, ¿primero enamoras y luego maltratas?
- Pero tu me sorprendiste.
- ¿Pensabas que me iba a morir de amor?
- Era la idea.
- ¿Por qué?
- Era mi forma de sentir poder
- En serio necesitas ayuda.

Hablaron realmente casi toda la tarde. Ella sentía que conocía a un ser muy diferente al que ella conoció y se enamoró por casi 4 años y él entendió que no era lo mejor, y que sí hay vida después de él.



19 de agosto de 2015

Perfecto

Lo vio a lo lejos y no lo podía creer. Casi que los años no le habían pasado. Permanecía igual, o acaso lo estaba mirando a través de los recuerdos. Tímidamente levantó la mano para saludarlo, pero al parecer no fue suficiente. Ese es el problema del centro los domingos, todo el mundo sale a la feria como si no hubiera otra cosa mejor que hacer. Y ahí estaba ella, con el corazón en la boca y las manos sudadas recordando. ¿Por qué fue que no funcionó? Enseguida, golpe de realidad. Es que nunca comenzó. Era casado. Punto final.

Volvió a su búsqueda de un regalo para un cumpleaños insignificante.

Sintió las manos tibias en su rostro mientras ella lloraba desconsolada. Ojalá todo fuera diferente. Él es mayor que ella un poco más de 10 años. Eran colegas de profesión y se encontraban casi que a diario en reuniones y demás. Ella lo vio y pensó que no tiene anillo, por lo tanto, soltero, churro e inteligente, es decir, posibilidades. Pero no, la unión libre existe y no pone argolla. Había atracción. Se hicieron amigos, quizá con esa excusa podrían pasar tiempo juntos, quizá al almuerzo o por las tardes, sin sentir culpa o remordimientos. Pero llegó el día en que eso no fue suficiente. Sintieron esa imperiosa necesidad de besarse, tomarse de las manos, besarse.

Quedó perturbada. ¿Qué habrá sido de su vida? Recorrió todas las posibilidades. Es que para un video, solo falta darle rienda suelta a una idea. Volvió a recorrer el sitio y entre el gentío no volvió a distinguirlo. Olvidó el regalo y comenzó a recorrer el sitio rápido pero sin demostrar la ansiedad.

Pero ella no pudo continuar. Al instante que puso sus labios sobre los de él, entendió perfectamente aquello de lo que todo el mundo hablaba, el amor. Sí, así de ridículo. Sentía que lo amaba profundamente, como si lo amara hace mucho tiempo atrás. Se detuvieron. Hablaron. Racionalizaron. Se repitieron las frases de cajón una y otra vez. Era imposible. Él era incapaz de dejar a la madre de su hijo, ella nunca le pediría que lo hiciera. Él nunca dijo que la amaba. Ella si le puso su corazón en la mano. Lloraron. Definieron que era mejor dejar de verse.

¿Y si, conserva el mismo celular? Buscó en su memoria, que era más buena de lo que cualquiera desearía, y precisamente lo recordó. Marcó el número. 

- ¿María José?
- ¿Carlos?

Silencio.

- Acabo de verte en la feria del centro. ¿Eras tú?
- ¿Dónde estás?
- Frente a las empanadas

Pasaron los minutos más eternos de la vida. Lo vio acercarse y con cada paso, su pulso se aceleraba. No pudo aguantar y los últimos metros corrió hacía él, con un impulso infantil. Se colgó de su cuello y lo abrazó tan fuerte, tan fuerte... que él no alcanzó a corresponderle.

- María José, te presento a Fabrizia, mi esposa.
- Ay, qué pena, perdona la emoción, es que tenía más de 10 años de no verlo. Mucho gusto, María José, pero claro, eso ya lo sabías.
- Mucho gusto. Eres mucho más linda de lo que te imaginaba.

¿Imaginaba? Hablaron de mi en algún momento, y ¿qué habrán dicho?

- Bueno, Carlos, subo al almacén, nos vemos en una hora.
- Perfecto. 

Beso seco en la mejilla y ella siguió su camino. Se sintió perdida. La esposa de Carlos se llamaba Mariana. 

La miró a los ojos, la tomó de las manos y le dijo perdóname, fui un cobarde.

- Quisiera saber qué debo perdonarte...
- No haber aparecido nunca más.
- Bueno, ese fue el acuerdo.
- Si, pero Me separé... y no te busqué.
- Seguramente no estabas listo. Creo que nunca lo estuviste.
- Seguramente esperaba en el fondo que lucharas un poco más.
- El que debía definirlo todo, eras tu, no yo. El de la situación difícil eras tu, no yo. Yo estaba ahí, esperando a que solucionaras y 10 años después de tanto silencio, apareces y está Fabrizzia. Siempre hay otra que no soy yo. Seguro en esta vida nunca será mi turno.
- No se trata de eso...
- ¿Entonces de qué?

No supo qué responder. En realidad, la vida lo había arrollado. Cuando menos lo pensó, la 'ruptura' con María José lo destrozó, terminó alcoholizado, agresivo con Mariana, como si ella tuviera la responsabilidad. Terminó solo y Fabrizzia apareció casi que a rescatarlo. Y merecía todo su agradecimiento, si no, su lealtad. Ella sabía toda la historia. Incluso lo alentó a buscar a María José, pero, en medio de su proceso de recuperación concluyó que si una historia sin comenzar lo había arruinado, como sería si de verdad hubiera existido.

- ¿Te conformaste?
- Si, esa es la palabra correcta.

Sintió mucha pena por él, pena por ella, pena por Fabrizzia. Miró al piso. Se sintió responsable. Intentó decir algo, pero ninguna palabra salió de su boca. Solo lágrimas, como esa última noche. Sintió sus manos tibias en su mejilla. 

- No llores, no vale la pena. Ya lo pasado, fue, y no necesitamos sufrir por eso.
- No es eso. Es que...
- Tenías la esperanza...
- No solo eso...
- Regálame una noche.
- ¿Y si no quiero solo una?
- Eso lo veremos.

Quedaron en verse en su casa. Sería así todo más tranquilo y podrían estar sin mayores complicaciones.

Lo recibió como se recibe a un extraño. Sirvió un par de tragos. Comenzaron a hablar en la sala. Él habló y habló y habló y ella parecía en otro planeta. Distraída, como sin mayor interés. Bebieron más de la cuenta. En un momento ella le dijo. No hables más. Déjame recostarme y acaríciame la cabeza. Él sabía que eso la tranquilizaba. Permanecieron así un rato, hasta que él sintió que todo se desvanecía.

A los dos días el periódico amarillista titulaba "LA HISTORIA DE ROMEO Y JULIETA LOCAL", y relataba la historia de dos amantes suicidas que habían sellado su amor, tomando una gran dosis de veneno.

La carta suicida de María José, escrita y luego desechada, decía:

No podría resignarme a verte partir de nuevo. Me pediste que te regalara una noche, te regalo toda la eternidad. MJ.



10 de agosto de 2015

Tinder - O El arte de meterse en relaciones sin futuro

Margarita está embarazada.  Fue la frase de sentencia. En este momento entendió lo que se había negado a ver: lo de ellos era imposible. Hubiera podido ser simple, pero como ella ama lo complicado, tuvo que hacer preguntas de más, indagar de más, exigir de más. Así era siempre, casi que imposible conformarse. Es que a ella le enseñaron que uno debe apuntarle a lo más alto, pero lo que nunca pudo aplicar es a retirarse antes de terminar contra el piso y con el corazón roto. Digamos que los autorreguladores nunca le funcionaron, era experta en ignorar las señales, las alertas, al astrólogo y hasta a sus amigas. Era experta en botarse de cabeza al abismo hasta enloquecer. Era experta en decir "esta es la última vez", y nunca lo era.

Todo comenzó con un encuentro casual. Tres horas de chat, luego de darse 'like' en Tinder, bastaron para ponerse una hora de encuentro. Simple: su restaurante favorito medio día. Siempre la excusa de volver al trabajo era buena. Él, todo un caballero, pasó a recogerla en su auto último modelo -¿por qué las mujeres son tan fácilmente impresionables?-. Resultó buen conversador, con un cargo interesante y padre soltero, lo que podía sumarse como un plus, ya que ella tenía su propio hijo y eso traería bastante comprensión. Y además pagó toda la cuenta. Esas fueron las conclusiones del primer almuerzo. Aunque ella no lo notaba, comenzó la película.

Lo que siguió era predecible. Mucho chat, pocas salidas. Es que no entendió la primera alerta, un personaje con ese nivel de cargo y una vida relativamente armada, si está en una aplicación de ese tipo, seguramente solo está buscando sexo. Seguramente nada serio saldría de ahí. Pero ella fue ciega.

Le sudaban las manos cada vez que entraba un mensaje de él. Vivía en una nube. Pero las muestras de interés de él eran pocas. Siempre había ocupaciones, viajes, complicaciones. Pero se veían, poco pero se veían. A veces almuerzo, a veces cenas. Pero más temprano que tarde, a pesar de su promesa de abstenerse por un tiempo, cayó. Se revolcó con él como si no hubiera un mañana. Y lo peor es que le encantó. Quedó enganchada, a pesar de todo.

De ahí en adelante, las llamadas o textos eran para verse temprano en la mañana, antes del desayuno, seguramente para saciar las ganas mañaneras de los hombres. Ella hizo caso. Siempre, nunca se abstuvo. No entendió que correr en la dirección que el hombre dice les mata las ganas. Uno nunca puede ser presa fácil, le dijeron un día, pero a ella le encantaba en bandeja de plata. Se podría suponer que él se acostumbró, y que le gustaba así para lo que la quería: sexo ocasional sin ningún tipo de exigencia. 

Pero ella comenzó a querer más. ¿Es lo normal no? Quería salidas a cine, quería salir de rumba, quería planes varios. Quería ser la única.

- ¿Tu sales sólo conmigo?
- ¿A qué te refieres?
- ¿A que si sales con alguien más?
- Si me preguntas si tengo más amigas, si tengo.
- ¿Te tiras a tus amigas?
- ¿Por qué preguntas eso?
- Porque yo no me tiro a mis amigos, entonces necesito saber qué significa para tí tener amigas.
- Entonces, la respuesta es sí.

Un silencio se apoderó de los dos. Ninguno quizo ahondar más. Ella sabía que tenía que salir corriendo. Pero no podía resistirse a sus ojos, a su sonrisa, a visualizar sus manos sobre su cuerpo. Así que siguió ahí. Pegada a él como si fuera su última posibilidad. Como si no hubiera alternativa.

Pero seguía recibiendo poco. Incluso las llamadas por la mañana cesaron, los encuentros se volvieron casi que cero. Entonces aprovechó la siguiente oportunidad que tuvo para preguntar qué había pasado, por qué la lejanía. Las respuestas eran obvias, que se hubieran intuido sin sencillamente hubiera leído las señales. Quedaron de amigos. Amigos en la versión de ella. Tenía el corazón roto. Se había enamorado tan rápido con tan poco...

Ser amigos implicaba hablar de los días, de la cotidianidad, que el hijo esto, que su mamá aquello, que su trabajo no sé qué... Y ella se mordía el labio para no decirle que lo odiaba por no amarla.

Se vieron, como amigos, para ir a un evento. Antes de entrar, la bomba. Margarita estaba embarazada. Mil quinientas millones de ideas vinieron a su cabeza. La más recurrente, que hubiera podido ser ella, la más triste, que cualquier ilusión moría ese día.

Respiró profundo, lo felicitó con una hipocresía poco evidente, y actuó como si nada. Volvió a prometerse que sería la última vez, que nunca le volverán a romper el corazón y que a la próxima atendería todas las señales.

23 de junio de 2015

Un libro

Cargaba siempre en su mochila ese libro leído una y mil veces. Esperaba algún día sacar el valor civil para hacerlo firmar. Y no era tan difícil. Sabía perfectamente dónde tomaba café los miércoles a las 4:15 de la tarde o donde almorzaba los viernes a las 12:45 del medio día. Es más, muchas veces se sentaba en alguna mesa cercana solo para observar. Logró, incluso, saber que cuando se estresaba o tenía discusiones telefónicas acribillaba su bolígrafo contra la mesa, o que su plato favorito de fin de mes es la pasta primavera (básico).

Sus cómplices: los administradores del café y del restaurante. Siempre le guardaban la mesa, y la animaban para que de una vez por todas 'saliera del closet' y se le presentara a esa persona dueña, si no solo de su admiración, casi de su adoración. Ella se negaba insistentemente.

¿Era rara? Sus conocidos la calificarían así. Porque le tocó vivir en una sociedad donde ser retraído, tímido y con pocos amigos, adicta a los libros y a los festivales de cine callejeros, se convierte en un factor de definición de persona extraña. Pero eso no la perturbaba. Vivía tranquila entre sus textos, en medio de su trabajo como correctora.

Odiaba sus últimos tres libros. A veces pensaba que debió solo escribir el primero, máximo el segundo y retirarse a hacer otras cosas. Y odiaba a sus lectores. Porque seguían comprando todo lo que publicaba. "Es que si hiciera un texto bordado sobre calzones, hasta los comprarían todos", le gritaba constantemente a su editor, quien vivía feliz con los números de las ventas. "Si quieres escribir otras cosas, haz un diario, pero no dejes de hacer lo que nos da de comer", era su contraargumento.

Es que los años no llegan solos, y las crisis de edad son cada vez más comunes. El ser neurótico, entre los artistas es casi que un requisito. Y en eso no había error. Y cada mañana que se despertaba sabía que sus niveles aumentaban, tanto que a veces se preguntaba si era posible morir de neurosis.

Notaba con frecuencia a la misma mujer, leyendo a veces revistas, a veces libros. Algunos interesantes, otros no tanto. La verdad debe ser una extraña de pocos amigos, pensaba. Otras veces la inquietaba, pero siempre estaba pensando en cosas relativamente más importantes, como para no hacer una indagación más a fondo.

Su primera novela, era majestuosa. La hace vibrar cada vez que repasa sus líneas. El resto las leía bajo un eco de la anterior, y aún mantenía esa magia, un poco añeja, de la primera historia.

Alcanzó a ver a lo lejos que estaba leyendo su última novela. ¿Será que le gusta?, se preguntó. Llamó a la mesera y la interrogó sobre la extraña lectora de los viernes. Se limitó a responder "ella viene acá solo para verla a usted". "¿Es una fanática?" "Más que eso, muere de admiración".

Escribió en una hoja arrancada de su cuaderno: A veces me pregunto qué opinan los lectores de mis libros.

Cuando le entregaron el papel doblado en cuatro, no entendía de que se trataba. Al leerlo, comprendió perfectamente de qué se trataba. Su corazón dio un brinco, le sudaron las manos y su cabeza se hizo un ocho. ¿Celeste Watson quería saber su opinión? ¿Y ahora qué le respondo?

Notó que su escritora favorita la miraba insistentemente desde el otro lado del restaurante. Seguro quería, o necesitaba una respuesta.

Se levantó, caminó los pasos necesarios a la velocidad requerida para que no se notaran los nervios. Sacó de su mochila el ejemplar trajinado de la primera novela, las puso una al lado de la otra sobre la mesa y lo primero que atinó a decir fue: "La primera es magnífica, mi favorita sobre todos los libros de todos los tiempos... La  última, es una mierda".

Celeste levantó la mirada y sonrió. "Lo mismo llevo diciéndole a mi editor desde la tercera novela y no me hace caso. ¿Entonces por qué las sigues comprando?"

"Porque estoy esperando a que vuelva a sorprenderme, y eso solo lo puedo hacer leyendo todo lo que escribe."

Entendió en ese momento que era una leyenda. Comprendió con su sonrisa, que a veces lo que uno necesita es la verdad.



9 de junio de 2015

Perdidos

A veces él quería escapar. Tomarse un receso de la vida. No pensaba en suicidarse. Eso nunca. Pero si pensaba en apagar un rato. Claro que la amaba. Ese nunca fue el problema. La amó desde la primera vez que la vio sonreír. Es que a el nunca le dijeron que el "hasta que la muerte los separe" era tan literal. Y no es que tuvieran una relación intensa, o que fueran celosos, o que se arrepintiera de tener hijos. Para nada. A veces simplemente se preguntaba: ¿Dónde quedé yo? Ahora soy más que eso. Soy Armando y 3 más. Soy armando y os sueños de sus hijos; soy Armando y las necesidades de Mariana. Soy armando y toda la responsabilidad.

Solo quería escapar.

Creo que le voy a pedir el divorcio. Es algo complicado porque, pues cómo les digo, el problema no es el amor. ¿Si amo a otro? No. Creo que nunca había considerado, si quiera, la posibilidad de que me gustara otro hombre. Es que me aburrí. Todo el día es teteros, pañales, cena, algo de sexo y otro poco de televisión (infantil por supuesto). Siento que me perdí. Ya ni pinto, y bien que me iba. Es que creo que no debí dejar de trabajar nunca. ¿Y si retomo la galería? ¿El divorcio solucionaría algo? Necesito encontrarme. Volver a lo básico, a lo simple.

Solo quería recuperarse.

Entonces decidieron ir a comer solos. Llevaban meses sin hacerlo.

Es que tengo algo que decirte. Yo también.
Me va a pedir el divorcio, pensó ella. Me va a decir que está aburrida, pensó él.

Armando, ¿Qué quieres?, dijo ella en tono agresivo, generado por el miedo.
Dime tu primero.
No, tu, por favor. Lo mío no es tan importante.

No había pensado bien la situación hasta que se puso en los zapatos de Armando. Entonces supo que no quería separarse. Ahora tenía miedo. ¿Y si él quería dejarla?

O no, mentira. Tengo una pregunta que hacerte. Decidió voltear la situación.
Dime.
Es que te noto algo distante los últimos días.

Mierda, sus ganas de escapar se notaban.

¿Tienes a otra?

Era la escena más ridícula. Ella iba por el divorcio y terminó actuando como esposa necesitada.

¿De dónde sacas eso?
No sé. Es solo una idea. ¿Qué te pasa?

Esta es tu oportunidad, Armando.

Creo que algo entre nosotros se rompió. ¿No sientes que ya no somos los mismos?

No era posible que los dos estuvieran en la misma página, y ella no lo hubiera notado.

Creo exactamente lo mismo.

¿Osea que ella estaba aburrida y no lo notó?

Discutieron la situación durante 3 horas. Luego pasaron a temas del hogar, luego a temas de ellos. Recordaron lo mucho que se aman y todos los motivos por qué estaban juntos. Pero no resolvieron el fondo del asunto. Que se habían olvidado de ellos.

Un beso de buenas noches, un tema y un abrazo. Fue lo último que sucedió esa noche.

Domingo y estaban solos en la casa. Se despertó temprano, en puntillas salió del cuarto. En el balcón miró el horizonte. Estaba dividida en dos. La Mariana que quería abrir sus alas y volar, y la que quería quedarse sembrada en la tierra. Nadie le dijo que la adultez le presentaría tantos desafíos. Drama.

Volvió al cuarto y lo vio dormir un rato. Realmente lo amaba.

Se sintió a gusto en la casa cuando reinaba el silencio.

Mamá, ¿cuidarías a los niños por 10 días? No, no pasa nada, tranquila. Solo que creo que necesitamos con Armando despejarnos un poco. Si claro. Te dejo las llaves para que recojas las cosas de los pequeños.

La encontró en la cocina preparando el desayuno.

Madrugaste mucho...
Sí, perdí el sueño.
Huele delicioso.
Hablé con mi mamá. Se va a quedar con los niños unos días. Podemos irnos de viaje.

Le pareció una gran idea. Llamó a su socio, lo dejó encargado de todo y buscó un destino. Decidió que fueran al lugar a donde hicieron su primer viaje de novios, seguro todos esos recuerdos los ayudarán a reencontrarse.

El viaje era simple. Cinco días de playa y sol, descanso de todo. Solo ellos dos.

Y sí. Digamos que fue perfecto. Se volvieron a besar y a acariciar como el primer día. Fueron novios nuevamente. Tomó sentido esas palabras de su abuela cuando le decía: Mary, cuando seas grande, recuerda, sean siempre novios. Esa es la clave para no llegar a aburrirse.

Pero ella seguía rota. Faltaba algo. Pero era demasiado cobarde para enfrentarlo. ¿Era suficiente sentirse segura? O era precisamente eso lo que no la dejaba respirar?

Amado mío:
Seguramente esta carta te llegará de sorpresa. Y seguramente no entenderás nada. Seguramente me odiarás un poco. O quizá, entenderás perfectamente lo que siento.
Te amo profundamente, y ese no es el problema. Pero me está costando mucho ser. Creo que tu sientes lo mismo. Hoy estoy en una encrucijada. Quisiera correr, sin rumbo, hacia el horizonte, a ver si de esa manera me encuentro de nuevo. 
Sé que te estoy pidiendo lo imposible.
Regresé antes a Colombia. A organizar todo. No se si afortunada o desafortunadamente, los niños no me dejan desaparecer. 
Todo es injusto contigo. Lo sé. Pero a veces lo injusto puede ser lo correcto. Y esta vez siento que no estoy equivocada.
¿Cuánto tiempo me voy?
No sé.
¿Regresaré?
No sé.
Luego hablaremos para ver la logística de este asunto.
Te amo, con todo el corazón.

Mary

Respiró aliviado.
No sabía si era correcto sentir tanta felicidad. Era definitivo. Ambos eran unos egoístas. Seguro era mejor así, cada quien por separado.

Salió a caminar por la playa.
En el fondo sabía que más temprano que tarde, ella volvería



8 de mayo de 2015

Valientes


Cumplí 34 años el pasado 30 de abril. Y con la celebración regresaron las preguntas sobre si voy a tener hijos. Esta vez, supongo porque he madurado, no me rayó la pregunta, ni me molestó, para nada. Sencillamente respondí que no lo tengo tan claro aun. Los motivos, creo que los que son padres o quienes no han decidido serlo las conocen, no necesito pontificar sobre mis motivos personales, que no son más que puntos comunes movidos por el miedo.

Sumado a esto, hoy precisamente un amigo me contó que pronto nace su hija y que está muy ansioso. Es la primera. Claramente debe estar hecho 10 ochos. Esos 9 meses antes de un nacimiento deben ser los más eternos, es la real prueba a la paciencia.

Cuando mi amigo me contó la noticia, lo felicité con la euforia que permiten los mensajes de chat: mil signos de admiración y palabras alargadas con muchas vocales. En serio me emociona que las personas definan ser padres y no que lo sean porque les tocó, sobre todo, porque a mi parecer, estos seres humanos son los más valientes sobre la tierra.

Tener hijos "es el mayor acto irracional", me respondió cuando le dije que era muy valiente por tener un hijo en este mundo tan difícil. Y sí, y debe serlo, porque entre más lo reflexionamos, más motivos van a salir para decir, "uy, yo en ese video no me meto".

Y como ser valientes no es para todos, por eso creo que muchas personas han reemplazo el tener hijos, por tener mascotas. Porque eso requiere menos valor civil. (y no pretendo decir que una cosa sea mejor que la otra). Aunque son más valientes los que tienen hijos y mascotas.

¿Por qué digo que son valientes?
Porque ser padres -asumiendo que es con responsabilidad- implica firmar un contrato gigante con la sociedad de que se va a hacer todo lo posible por criar un buen ser humano, y eso necesariamente quiere decir que hay que sacrificar... y bastante. Y eso asusta.

Es que más que los dolores del parto, las trasnochadas, o las cambiadas de pañal, los berrinches públicos, las pocas horas de descanso y de autocomplacencia que quedan, el aprender a cocinar para bebés, entre muchas otras cosas... El desprendimiento de uno mismo para comenzar a vivir por otro ser, debe ser algo muy complicado. Dejar de ser egoístas, y anteponer al otro, por encima de nosotros mismos, es un reto. Y más, cuando -como en mi caso- se carga con el peso de hacerlo bien.

Entonces, aprovechando que viene el día de la madre y luego el del padre, y como ando muy sensible últimamente, quiero aprovechar este espacio para decirle a todos aquellos progenitores y progenitoras que felicidades por haber decidido dar el paso más valiente de la humanidad.


22 de abril de 2015

Bogotá necesita sonreír

La cuidad donde vivo está deprimida. Sí, Bogotá está triste. 

Las personas viven amargadas, son agresivas. Los motivos, todos: el tráfico, la inseguridad, los huecos en la calle, el transmilenio lleno, los indigentes, el alcalde, la captura del espacio público por parte de los vendedores... Y podría dedicar este post a todas las quejas. 

Pero esa no es la idea. La idea es invitarlos a una reflexión. Y ¿qué tal si le ponemos una actitud positiva a pesar de todos los dramas diarios?

Nos han vendido la idea de que Bogotá no es de nadie y que por eso estamos como estamos. ¿Vamos a dejar que nos sigan comiendo con ese cuento? Todas las grandes ciudades, como lo es Bogotá, son fabulosas por la diversidad. Porque hay cientos de miles de personas que llegan y la enriquecen con su cultura, sus acentos, su cosmología. Bogotá es de cada uno de nosotros. Ese "nadie" somos todos.

Y si todos nos levantamos a partir de hoy y sonreímos, somos buena onda, agradecidos...ayudamos, cedemos el paso, usamos la ciclovía, respetamos a los demás, seguramente nuestros días serían más amables, y seguro la pasaríamos mejor.

Yo lo hice, y no saben la diferencia. Mi yo anterior comenzaba sus días renegando del alcalde de turno, y lo primero que pasaba al salir de mi casa era una gran pelea con el taxista que me recogía, luego me tocaban los peores trancones y durante todo el recorrido me lamentaba de los grafittis y rayones en las paredes, de los huecos cada día más grandes, de las motos, de los buses... Me atracaban, me caía en los huecos... Todo mal. 

 Llegaba a mi destino y odiaba a todos y casi que a mi misma.

Un día decidí no pelear, no amargarme. Me despierto, respiro hondo, miro por la ventana, agradezco por ese nuevo día y arranco con una sonrisa. Se acabaron las peleas con los taxistas, se acabó la amargura.

Ese es mi regalo a la cuidad que me ha dado tanto. 

¿Y si logro contagiar a todos de esta actitud? Habría alguna diferencia.

Anoche, una prima que adoro y que vivió en Bogotá durante un tiempo y que regresó por unos día luego de vivir en Australia, me dijo "Bogotá necesita Humanidad (no la humanidad de los políticos), contacto visual, ceder el paso, ayudar. Primero hay que querer a la cuidad para vincularse a ella y ayudarla a crecer".

Y pensé que tenía que escribir este post. 

Bogotá necesita sonreír... Y en eso podemos ayudar todos. 

La cuidad es de los ciudadanos. Nosotros permanecemos, los políticos y sus planes y sus dramas y corrupciones  pasan... Y tenemos dos opciones, ponemos de nuestra parte y le sonreímos a las dificultades o seguimos amargados quejándonos y echándole el carro a los peatones.

Solo es una invitación a que lo piensen. Y de pronto lo ensayen a ver cómo les va. De pronto, el refrán al mal tiempo, buena cara nos ayuda y comenzamos a tener una vida menos miserable a pesar de los problemas.





12 de abril de 2015

Para descargar

Hola a todos

Hace varios días que no escribo. A veces la estabilidad de la vida adulta nos deja con poco tiempo y nos acorta las ideas.

Paso por aquí a dejarlas el archivo descargable de Público y Personal (click aquí), para aquellos que quieran conservarla, o esos a los que les da pereza andar clickeando de un lado a otro para terminar la historia.

Me alegra que la hayan disfrutado, y espero que sigan fieles a lo que escribo, así a veces me demoro. Espero sorprenderlos la próxima vez.

A @Mildred_GarciaM @arawaco @dafeloal @SoyTuMariel @AndresFPerezF GRACIAS por toda su presión y emoción que le ponían a cada post!!

Un abrazo a todos y nos estamos leyendo.

Naty



27 de febrero de 2015

Público y Personal - 57 Final!

Capítulo anterior
Esta es una historia en Varias partes. Si quiere comenzar desde el primer capítulo, Aquí!

La calma poco a poco fue retornando al país. En la capital la tristeza podía respirarse en todos los rincones. Bajo el toque de queda y los operativos judiciales transcurrían los días. Fueron capturadas 250 personas, decomisadas 300 armas de fuego, 80 armas blancas y 500 kilos de explosivos. El parte era de victoria. La oposición radical, y además armada, había sido desarticulada.

“Alarcón se queda”; “Después de la tormenta, llega la calma”; “Días de Paz”, comenzaron a titular los periódicos.

Todas las familias recibieron una visita del Presidente. En persona decidió darles el sentido pésame. Era su oportunidad de abrazar a su hija.

Al abrir la puerta sintió que la ira le carcomía los huesos. Mariana le pidió a toda la delegación que los dejara solos. Cerró la puerta.

Toda la vida soñé con conocer a mi padre, ¿sabes?
Lo supongo.
Y hoy, que debería ser el día más feliz de mi vida, resulta que es el más triste porque por tu culpa, por tu culpa, Santiago está muerto.
Lo siento. Agachó la mirada.
Con eso no va a bastar. ¿Sabías que nos íbamos a casar?
No, no lo sabía. Pensé que no estaban juntos.
Claro… Por aquello de la tortura.
Porque él me lo dijo…

                Comprendió que existió un interés de él por ella, y que Santiago le había ocultado ese encuentro.

Silencio.

Sofía… Intentó tomarla de las manos.
Lo rechazó.

Quisiera poder borrar el pasado. Volver a ese día en que le dije a tu mamá que nos fugáramos juntos. Desearía haber sido valiente. Haber tenido la claridad para poder entender la situación. Pero era joven. Y no logré dimensionar qué había sucedido con Antonia. Me enteré justo antes de que mi madre muriera. Me pidió perdón por haber sacado a Antonia de mi vida. Desde ese momento encontrarla se volvió en mi obsesión, que se incrementó cuando me enteré de que tu existías.

¡Cállate! ¡Cállate! No quiero oírte más.
Perdóname. Espero que algún día logres hacerlo.

Gabriel dio una vuelta y salió del apartamento. Una lágrima rodó por su mejilla. En el pasillo del edificio, nadie entendía qué estaba pasando. Boris era el único que sabía la cruzada de Gabriel por encontrar a su hija.

¡Espera! Gritó Sofía. Corrió hacia él unos pasos. Y lo abrazó. La rabia se fue disipando poco a poco

Le susurró en el oído. Vamos despacio. Puedes escribirme.


Despedida

"After love came separation, and after separation death …
According to my friend, Mr. Shakespeare".


Sofía nunca más volvió a escribir.
Hoy baila en París.
Y una vez al año se encuentra con su padre para tomar un café.
Cada día que pasa lo odia menos.
Y el sueña con que algún día, ella lo ame.

FIN




23 de febrero de 2015

Público y Personal - 56

Lea el capítulo anterior
O si no ha leído nada, comience aquí Capítulo 1

Mariana. Tienes que venir conmigo.
¿Y tú quién eres?
Santiago
Santiago, ¿qué?
El Santiago de Sofía.
Y por qué tengo que ir contigo.
Aquí corres peligro… Por favor vamos.

La expresión de ruego en sus ojos, la convenció.

¿Es cierto que hay muertos?
Todos mis compañeros lo están…

La agarró por un brazo y la llevó consigo hacia la salida más cercana de la Plaza. Sintió una punzada. Alcanzó a gritar. ¡Mariana! Ella volteó y lo vio sangrando. Pocos pasos después cayó de rodillas.

Ven vamos, levántate.

Hazme un favor. Sacó de su bolsillo una cajita negra. Entrégale a Sofía. Dile que todo era cierto. Que la amo. Que sea feliz. Que no se quede como su mamá esperando por mí. Que haga una nueva vida. Que sea la mejor bailarina de Ballet del mundo.

Mariana vio cómo se fue desvaneciendo en medio de una cantidad de extraños que corrían de un lado para otro. Entre gritos y lágrimas los asistentes a este episodio no podían entender lo que estaba pasando. Un sinnúmero de cuerpos yacían a lo largo y ancho de la plaza, donde alguna vez se había iniciado la construcción de la nación.

Corrió. Corrió sin mirar atrás. Corrió hasta que se sintió segura.

Sofía vio los mensajes. Marcó a Santiago. No obtuvo respuesta. Segundo intento. No obtuvo respuesta.

Desesperación.

Mariana sintió su celular vibrar.

¡Gracias al cielo! Dónde estás.
Saliendo de la Plaza. Camino a tu casa.
Por qué te oyes así.
Espérame. Solo espérame.
Ok.

Boris y los Generales le presentaron el balance el Presidente.

No podemos aceptar que eran agentes.
En eso estamos de acuerdo.
Aprovechemos para acusar a alguien, generar rechazo y acabar de una vez con esta costumbre de tomarse la Plaza cada vez que algo no les gusta.

Boris nunca había visto tanta rabia en los ojos de Gabriel.

¿Cuál es la lista de fallecidos?
Veinte de nuestros mejores hombres, dijo el General al entregarle la hoja blanca.

1.       Oswaldo Zapata
2.       Francisco Grimaldi
3.       Herman Bonet
4.       Raúl S. Maure
5.       Rodrigo Suárez
6.       James Dueñas
7.       Mauricio Cantillo
8.       Santiago Aldana
9.       William Moscoso
10.    Carlos Taffur
11.    Steven Lopez
12.    Christian Sáenz
13.    Alex Ruiz
14.    Gabriel ahumada
15.    Lewis González
16.    Giovanni Contreras
17.    Jacobo Cree
18.    Víctor Cantor
19.    Camilo Diago
20.    Tomás Pérez

Vio el nombre de Santiago y sintió un inmenso pesar por ese hombre.

Mariana. Estás bien. Estás llena de sangre.
Yo estoy bien. Pero ven y siéntate.
Primero ven y te doy un poco de agua. Estás toda agitada.
¡Que no! Ven y siéntate.

La tomó de las manos y comenzó a llorar.
Mariana ¿Mariana?
Yo no conocía Santiago. Es cierto. Pero ese hombre, me salvó la vida hoy.

Los ojos de Sofía solo expresaban temor.
¿Santiago? ¿Dónde está Santiago? ¡¡¡Dime!!!
Él está….
¡¡Él Está Qué!!
Muerto. Sofi. Él Está muerto.
No. No. Estás confundida. Él se fue de aquí esta tarde.

Sofía comenzó a dar vueltas por todo el cuarto.

No. No. El me dijo que venía para cenar.

Mariana encendió la televisión. Había imágenes de la Plaza Central vacía. El periodista hablaba de una masacre, pero ella no entendía nada.

Anunció de noticia de última hora.

“El Presidente se dirigirá a todo el país, luego de esta noche trágica”, dijo la presentadora con voz de luto.

El Presidente es mi Papá.

Mariana no entendió lo que quería decir.

“Compatriotas:

Hoy es una noche negra. Veinte compatriotas murieron en hechos terribles. Hoy, la oposición radical asesinó a sangre fría a veinte seres humanos, cuyo único pecado fue haber estado clamando por sus derechos, seguramente en el lugar equivocado.

Como Nación no podemos tolerar que los enemigos de la democracia queden impunes.

No nos vamos a doblegar.
Les anuncio a aquellos que piden mi renuncia que aquí estoy y aquí permaneceré. Y no descansaré hasta llevarlos a cada uno de ustedes a la cárcel. Cueste lo que me cueste.

A partir de hoy, el país se encuentra bajo la Ley Excepcional. Se instaura el toque de queda desde las 6 de la tarde y habrá operativos de búsqueda en cada casa u oficina. El que se resista, será considerado miembro de la oposición y será detenido.

He dado instrucciones precisas al respecto.

Mis condolencias a los familiares y amigos de estos veinte ciudadanos. He decretado dos días de duelo nacional”.

Recitó los 20 nombres uno por uno, en un tono solemne. De último, Santiago Aldana.

Sofía comenzó a llorar y a gritar desconsoladamente. Cayó al suelo. Mariana intentó levantarla pero no pudo. ¿Por qué? ¿Por qué?

La dejó sola y fue al baño a limpiarse en una carrera. Puso a hacer té para ambas. Era preciso tranquilizarse.

Sofi. No te he terminado de contar todo.
No quiero nada. No quiero nada más. ¡Me quiero morir!, gritaba.
¡Claro que no! Deja de decir estupideces
Levántate que no te he terminado de decir todo lo que tengo que decirte.

Fue imposible. Entonces Mariana se sentó en el piso. Sacó de su mochila la cajita negra y se la entregó. Adentro un anillo. El llanto cesó.

Él me dijo que nos casáramos.
¿Te habías vuelto a ver con él?
Hace unas semanas… Es una larga historia. Nos íbamos a casar. Él me quería dar un anillo.

Mariana estaba sin palabras. Todo era una sorpresa para ella.

Me dijo que te dijera que te ama. Que todo era cierto. Que quiere que seas feliz. Que no te quedes esperando por él. Quiere que hagas una vida y que seas la mejor bailarina de Ballet.


Se quedaron en silencio. Mariana aprovechó para ir a la cocina por el té. De rodillas en el piso, con la cajita negra en la mano, Sofía balbuceó. Alarcón es mi papá.

Continuará!!!

17 de febrero de 2015

Público y Personal - 55

Capítulo anterior

Se quedó sola en su casa cuando Santiago le informó que debía pasar por la Colmena. Había una reunión informativa. Le pareció perfecto. Quería estar sola en compañía de su alma cuando abriera la caja. Olía a viejo. Como huelen las abuelas, pensó. Encontró en su interior una serie de hojas dobladas y amarradas con cintas de diferentes colores. Azul, verde, violeta, rojo, morado, rosado, blanco. Nada de naranja, ni amarillo. Su mamá sabía que detestaba esos colores.

Hizo caso. Agarró la primera nota.

Amada hija. Si estás leyendo esto es porque es inevitable. Y tus tías no lograron mantenerte a raya. Espero de antemano me perdones por cualquier cosa que encuentres aquí y que pueda hacerte daño. Siempre pensé en tu bienestar, en nadie más. Mi amor por ti no tiene igual y quiero que por nada del mundo dudes que es a ti lo que más adoro en este mundo.

Si decides no continuar. Quema el contenido de esta caja y olvida todo lo que has podido construir en tu cabeza. Al final siempre fuimos tú y yo contra el mundo. Y lo logramos.

Con todo el amor del mundo. Antonia, tu mami.

Suspiro.
Lágrimas.

Hubiera preferido tener esta conversación con su mamá, no leerlo de un papel. Dudó por un instante en continuar. Pero ya estando en este punto, dar vuelta atrás sería imperdonable para ella.

Agente Wills.
Sí señor.
Necesitamos que lidere un comando de 20 hombres hacia la plaza central. Necesitamos saber qué se dice, qué está pasando, qué respira la gente apostada ahí.
Sí señor.
Va a haber equipos por toda la ciudad. Necesitamos desactivar las manifestaciones lo antes posible.

No tenía tiempo de avisarle a Sofía. Le envió un mensaje.
Ninguna respuesta.

Tocó el bolsillo interior de su chaqueta. Respiró hondo y tomó el control de su equipo. Revisó la información de inteligencia, impartió órdenes, miró planos. Nada bueno podría salir de esto. Dio gracias al cielo porque Sofía no estaba inmiscuida con los revoltosos. Pensó en Mariana.

Amor. Me toca ir a la Plaza Central. Creo que va a haber problemas. Saca a Mariana de ahí.

Ninguna respuesta.

Resignado, salió a cumplir sus labores. En el fondo, extrañaba estar en terreno. La adrenalina se le subió a la cabeza. Asumió su rol sin ninguna dificultad.

Las visitas en la clínica terminaban a las 5 de la tarde. Le pidió a su jefe de seguridad que lo sacaran sin que nadie lo notara. Boris, me ausento una hora. Que nadie me moleste. Sí, señor.

Si él era el Presidente, debería poder hacer lo que su corazón le dictara.

La segunda carta era la explicación de una fiducia que estaba consignada a su nombre y que ella no sabía que existía. Decía Antonia en la nota que usara ese dinero para lo que ella quisiera. Que era de ella y solo de ella.

El cheque inicial de la fiducia llegó tiempo después de una conversación con la que hoy sería tu abuela materna. Me convenció que lo mejor para todos es que yo desapareciera. Volví a la costa con mis hermanas. Ellas lo entendieron. Yo quería tener el bebé, así fuera sola. Todo el dinero enviado por esa familia, reposa en esa cuenta. No usé un solo peso de eso. Te pertenece. Dispón de él, como mejor te parezca. Es tu derecho.

Los ánimos en la plaza estaban tensionados. No había mayor actividad, pero un halo de nervios se sentía en el ambiente. Algunos aseguraban que en la noche iba a llegar un grupo grande de personas de todo el país. Lo habían llamado ‘la noche de las antorchas’. Pero los motivos o el mensaje a enviar no era muy claro. Santiago vio a Mariana a lo lejos. Al lado de la estatua. Tranquila, hablando con un grupo de personas. Supuso que Sofía no había recibido su mensaje.

La tomó de las manos.

Lo siento, Antonia. No tenía la menor idea hasta hace poco. De haberlo sabido en su momento hubiera tirado todo por la borda y me hubiera quedado contigo.
Lloró por un largo rato.
Sé que no me entiendes nada de lo que estoy diciendo, pero necesitaba venir a pedirte perdón. No puedo seguir viviendo con este dolor que me carcome. Nunca dejé de amarte. Pensé que tú sí lo habías hecho, que me habías olvidado. Hoy comprendo que no. Que todo fue un montaje, un montaje para hacerme el duro, para llegar a donde estoy ahora. Perdón, Perdón. Mil veces perdón.

Por una esquina de la Plaza comenzaron a ingresar jóvenes, con antorchas en la mano. Gritaban frases de liberación, por los derechos. El tono era agresivo. Santiago dio la orden a sus oficiales de que se dispersaran entre la multitud. Que prestaran atención a los nuevos que habían llegado. Él Se dirigió al centro.

En directo, los noticieros transmitieron la llegada de las antorchas a la Plaza. Previeron disturbios. El Ejército redobló la presencia de uniformados. Esa es la oposición radical, dijo uno de los oficiales a cargo de Santiago. Ellos nos amenazaron, aseguró otro. Por el intercomunicador Santiago dio la orden de que se retiraran sin ser notados.

La tercera carta, la del lazo violeta. Un recuento de su infancia. Era demasiado tierno como su madre atesoró todos sus recuerdos. Era inevitable llorar sin reír al mismo tiempo. Era evidente que su madre la adoraba. Agradeció al cielo por eso. Al final de la historia había sido feliz todos estos años. Se había acostumbrado al hueco en el corazón, pero no había sido determinante para su vida. Se sintió triste por la enfermedad de su mamá. La cuarta carta, una foto de ella muy joven con un chico que le resultaba familiar. Sonreían. Por detrás una nota manuscrita. La única foto que conservo de tu padre.

La observó por largo rato. ¿Quién eres?

Un grito de una mujer ensordeció la Plaza Central. ¡Está Muerto! ¡Está Muerto! Un hombre yacía apuñalado en una de las esquinas. El miedo se apoderó de la multitud. Santiago se regresó, Sofía no le perdonaría el haber dejado a Mariana sola en medio de ese desastre. Se abrió paso entre la multitud. Otro grito. ¡Está muerto! ¡Está Muerto! Confusión.

Uno a uno fueron cayendo los agentes a cargo de Santiago. Nadie alcanzaba a ver entre la multitud a los atacantes.

Todo ocurría demasiado rápido. Los medios comenzaron a hablar de masacre en la Plaza.

Por un instante le pareció que lo reconoció. Cariñosamente le acarició el rostro.

¿Antonia, dónde te has ido? Sonrió. Eso era lo que más le gustaba de ella. Apretó su mano y ella respondió.
¿Gabriel? La abrazó con fuerza. Como si el mundo se acabara en ese preciso instante. Sí, Antonia…
Te amo.
Yo también te amo, preciosa, perdóname.
Yo no tengo nada que perdonarte.

Su mirada se desvaneció en la nada. La había perdido de nuevo.

Quinta carta, lazo rosado. Un recorte de periódico. Gabriel Alarcón, nuevo Presidente. A mano, con lapicero rojo:
Te presento a tu padre, querida Sofía.

Todo cobró sentido. El seguimiento, el interés por su vida. Todo. No lo podía creer. Necesitaba aire. Caminó por la sala de su casa con los ojos llenos de lágrimas. Estaba llena de preguntas, la principal. ¿Él lo supo siempre? ¿Desde cuándo? Y lo peor, es que su madre no podría resolverlas en persona, deseaba que una carta explicara todo. De lo contrario sería él mismo el encargado de hacerlo. Dejó de pensar claramente. Necesitaba más aire.

Había perdido la noción del tiempo. Miró su celular, y estaba sin batería. Lo conectó. No entendía por qué con tantos avances tecnológicos la duración de la batería continuaba siendo un problema, y peor aún, por qué tenía que esperar un rato no tan corto, hasta que el teléfono volviera en sí.

Retomó la lectura. Quedaba una carta.

Sofía: Si ya llegaste hasta aquí, ya debes saber quién es tu padre. Por favor, no lo odies. Gabriel es una víctima de su familia. Nació para ser Presidente, ese era su destino. Él es un buen hombre. No sabe que tú existes. Yo hui. Hui porque no quería arruinarlo. Porque un hijo, tan joven truncaría su carrera. Yo entendía que a veces es necesario hacer sacrificios por un motivo más grande. Espero no haberte hecho mucho daño. No sé si debas buscarlo. Eso solo te lo dirá tu corazón. Como siempre, en el momento preciso sabrás qué hacer.

Señor. Debemos volver.

¿Qué pasó?

Masacre en la Plaza.

Continúa acá!! (ojo ya casi viene el final)