21 de enero de 2015

Público y Personal - 51



Alarcón era un convencido de que para tener seguridad, era necesario sacrificar una serie de libertades. Creía firmemente en el empadronamiento, en la perfilación de los ciudadanos, en el control total. Hizo su sueño realidad. Pero se le salió de las manos. Era difícil explicar que una democracia se fundara sobre valores antidemocráticos.

La seguridad había mejorado significativamente desde que se podían prever los crímenes. Desde un asalto menos, hasta una conspiración para tumbar al Gobierno. El tiempo no le alcanzó para lograr establecer los mecanismos expeditos que le permitiera realizar todas las capturas necesarias. “Los delincuentes políticos siempre son paranoicos. Para agarrarlos es necesario un poquito más”.

Boris había alcanzado a extrañar a ese Gabriel. El calculador. El frío. El político. El hombre sensible en el que se había convertido no lo terminaba de convencer. “Debería dejar eso para el retiro. Por ahora lo que requerimos es agallas”, se decía. Boris hubiera querido entender los motivos, pero si bien los conocía a fondo, no podía comprender cómo un hecho como se podía marcar a alguien de esa manera. A veces sentía que su hermana tenía la razón cuando le decía: “hay muchas cosas que tu no entiendes, sencillamente porque no tienes corazón”.

Estimas Tía Margarita y Tía Fabiola

Les escribo este correo con el corazón en la mano. Estoy a punto de salir de viaje por la gira del Ballet. Estoy demasiado feliz por eso, pero hay algo que me atormenta. Es más, que me ha venido perturbando desde hace muchos años. No me pregunten los motivos, pero necesito saber quién es mi padre y por qué mi mami nunca quiso decirme nada. Yo sé que ustedes lo saben todo. Y sé también que les he preguntado reiteradas veces, pero esta vez la petición se asemeja más a un ruego. Ustedes eran inseparables. De verdad, necesito entenderlo todo. ¿Será mucho pedir que me ayuden? Un poco de honestidad no le cae mal a nadie nunca. Además ya no soy una niña.

Las adoro con el Corazón. En 15 días viajo a la costa. Espero poder verlas. Sofi.

Te amo.
Pensé que nunca lo ibas a volver a decir. Menos así de pronto.
A veces es mejor rendirnos a nuestros sentimientos.
Te voy a extrañar.
No son tantos días.
Lo sé. Pero de todas maneras. Apenas recomenzamos.
Tenemos toda una vida por delante.

Mariana estaba ausente. Permanecía encerrada, esperando que en algún momento alguien viniera por ella. No quería comentar nada. Ni siquiera a Sofía. Esculcaba noticias de todos los medios alternativos posibles solo para saber si Martínez había sido el único. Pero no había nada. Pensó que la conspiración era más grande de lo que se había imaginado en un comienzo.

“Permítanme, compatriotas, alterar un poco la agenda del día de hoy, para dar unas reflexiones sobre esta declaración del Presidente Alarcón.

Querido, Estimado Gabriel: la verdad es que a usted se le olvida que esta Gran Nación le ha apoyado irrestrictamente. Le ha soportado todas sus posiciones en los escenarios internacionales.

La verdad, Presidente Alarcón, es que cuando no hay argumentos y se apela a los insultos, como usted lo hace, se afectan no solamente las relaciones internacionales, sino que, en este caso, usted con sus mentiras y su falta de argumentos hiere la dignidad de su propio pueblo, al que usted representa.

La verdad, Presidente Alarcón, es que nosotros no necesitamos una invasión a su territorio para lograr el desarrollo económico. Pero usted, usted sí necesita de este escándalo para tapar el desastre en el que se ha convertido su democracia.

Sus palabras, sus actitudes, dan la impresión de que usted no está interesado en la paz entre las naciones, sino en mantenerse a toda costa en el poder.

La verdad, Presidente Alarcón, es que no se puede incendiar el Continente como usted lo hace, hablando un día contra nosotros, al otro día contra los Estados Pares; maltratando un día al uno o al otro día al otro. No se puede maltratar al Continente, incendiarlo, como usted lo hace, hablando de conspiraciones e invasiones.

La verdad, Presidente Alarcón, es que no se puede amañar la historia, no se puede manchar la memoria de quienes construyeron nuestra patria, para desorientar a los pueblos.

Me preocupa mucho que usted, afanado por controlar el caos interno que lo agobia ahora trate de apelar al viejo truco de estimular el odio contra nosotros y contra mi Gobierno para buscar su favorecimiento de la sociedad.

La verdad es que los antecedentes de mi Gobierno demuestran hemos sido respetuosos de todos los Gobiernos y de todos los países del mundo.


Apelo a la reflexión, a la conciencia de sus gobernados para que no se dejen engañar en este tema”.

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