9 de junio de 2015

Perdidos

A veces él quería escapar. Tomarse un receso de la vida. No pensaba en suicidarse. Eso nunca. Pero si pensaba en apagar un rato. Claro que la amaba. Ese nunca fue el problema. La amó desde la primera vez que la vio sonreír. Es que a el nunca le dijeron que el "hasta que la muerte los separe" era tan literal. Y no es que tuvieran una relación intensa, o que fueran celosos, o que se arrepintiera de tener hijos. Para nada. A veces simplemente se preguntaba: ¿Dónde quedé yo? Ahora soy más que eso. Soy Armando y 3 más. Soy armando y os sueños de sus hijos; soy Armando y las necesidades de Mariana. Soy armando y toda la responsabilidad.

Solo quería escapar.

Creo que le voy a pedir el divorcio. Es algo complicado porque, pues cómo les digo, el problema no es el amor. ¿Si amo a otro? No. Creo que nunca había considerado, si quiera, la posibilidad de que me gustara otro hombre. Es que me aburrí. Todo el día es teteros, pañales, cena, algo de sexo y otro poco de televisión (infantil por supuesto). Siento que me perdí. Ya ni pinto, y bien que me iba. Es que creo que no debí dejar de trabajar nunca. ¿Y si retomo la galería? ¿El divorcio solucionaría algo? Necesito encontrarme. Volver a lo básico, a lo simple.

Solo quería recuperarse.

Entonces decidieron ir a comer solos. Llevaban meses sin hacerlo.

Es que tengo algo que decirte. Yo también.
Me va a pedir el divorcio, pensó ella. Me va a decir que está aburrida, pensó él.

Armando, ¿Qué quieres?, dijo ella en tono agresivo, generado por el miedo.
Dime tu primero.
No, tu, por favor. Lo mío no es tan importante.

No había pensado bien la situación hasta que se puso en los zapatos de Armando. Entonces supo que no quería separarse. Ahora tenía miedo. ¿Y si él quería dejarla?

O no, mentira. Tengo una pregunta que hacerte. Decidió voltear la situación.
Dime.
Es que te noto algo distante los últimos días.

Mierda, sus ganas de escapar se notaban.

¿Tienes a otra?

Era la escena más ridícula. Ella iba por el divorcio y terminó actuando como esposa necesitada.

¿De dónde sacas eso?
No sé. Es solo una idea. ¿Qué te pasa?

Esta es tu oportunidad, Armando.

Creo que algo entre nosotros se rompió. ¿No sientes que ya no somos los mismos?

No era posible que los dos estuvieran en la misma página, y ella no lo hubiera notado.

Creo exactamente lo mismo.

¿Osea que ella estaba aburrida y no lo notó?

Discutieron la situación durante 3 horas. Luego pasaron a temas del hogar, luego a temas de ellos. Recordaron lo mucho que se aman y todos los motivos por qué estaban juntos. Pero no resolvieron el fondo del asunto. Que se habían olvidado de ellos.

Un beso de buenas noches, un tema y un abrazo. Fue lo último que sucedió esa noche.

Domingo y estaban solos en la casa. Se despertó temprano, en puntillas salió del cuarto. En el balcón miró el horizonte. Estaba dividida en dos. La Mariana que quería abrir sus alas y volar, y la que quería quedarse sembrada en la tierra. Nadie le dijo que la adultez le presentaría tantos desafíos. Drama.

Volvió al cuarto y lo vio dormir un rato. Realmente lo amaba.

Se sintió a gusto en la casa cuando reinaba el silencio.

Mamá, ¿cuidarías a los niños por 10 días? No, no pasa nada, tranquila. Solo que creo que necesitamos con Armando despejarnos un poco. Si claro. Te dejo las llaves para que recojas las cosas de los pequeños.

La encontró en la cocina preparando el desayuno.

Madrugaste mucho...
Sí, perdí el sueño.
Huele delicioso.
Hablé con mi mamá. Se va a quedar con los niños unos días. Podemos irnos de viaje.

Le pareció una gran idea. Llamó a su socio, lo dejó encargado de todo y buscó un destino. Decidió que fueran al lugar a donde hicieron su primer viaje de novios, seguro todos esos recuerdos los ayudarán a reencontrarse.

El viaje era simple. Cinco días de playa y sol, descanso de todo. Solo ellos dos.

Y sí. Digamos que fue perfecto. Se volvieron a besar y a acariciar como el primer día. Fueron novios nuevamente. Tomó sentido esas palabras de su abuela cuando le decía: Mary, cuando seas grande, recuerda, sean siempre novios. Esa es la clave para no llegar a aburrirse.

Pero ella seguía rota. Faltaba algo. Pero era demasiado cobarde para enfrentarlo. ¿Era suficiente sentirse segura? O era precisamente eso lo que no la dejaba respirar?

Amado mío:
Seguramente esta carta te llegará de sorpresa. Y seguramente no entenderás nada. Seguramente me odiarás un poco. O quizá, entenderás perfectamente lo que siento.
Te amo profundamente, y ese no es el problema. Pero me está costando mucho ser. Creo que tu sientes lo mismo. Hoy estoy en una encrucijada. Quisiera correr, sin rumbo, hacia el horizonte, a ver si de esa manera me encuentro de nuevo. 
Sé que te estoy pidiendo lo imposible.
Regresé antes a Colombia. A organizar todo. No se si afortunada o desafortunadamente, los niños no me dejan desaparecer. 
Todo es injusto contigo. Lo sé. Pero a veces lo injusto puede ser lo correcto. Y esta vez siento que no estoy equivocada.
¿Cuánto tiempo me voy?
No sé.
¿Regresaré?
No sé.
Luego hablaremos para ver la logística de este asunto.
Te amo, con todo el corazón.

Mary

Respiró aliviado.
No sabía si era correcto sentir tanta felicidad. Era definitivo. Ambos eran unos egoístas. Seguro era mejor así, cada quien por separado.

Salió a caminar por la playa.
En el fondo sabía que más temprano que tarde, ella volvería



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