23 de junio de 2015

Un libro

Cargaba siempre en su mochila ese libro leído una y mil veces. Esperaba algún día sacar el valor civil para hacerlo firmar. Y no era tan difícil. Sabía perfectamente dónde tomaba café los miércoles a las 4:15 de la tarde o donde almorzaba los viernes a las 12:45 del medio día. Es más, muchas veces se sentaba en alguna mesa cercana solo para observar. Logró, incluso, saber que cuando se estresaba o tenía discusiones telefónicas acribillaba su bolígrafo contra la mesa, o que su plato favorito de fin de mes es la pasta primavera (básico).

Sus cómplices: los administradores del café y del restaurante. Siempre le guardaban la mesa, y la animaban para que de una vez por todas 'saliera del closet' y se le presentara a esa persona dueña, si no solo de su admiración, casi de su adoración. Ella se negaba insistentemente.

¿Era rara? Sus conocidos la calificarían así. Porque le tocó vivir en una sociedad donde ser retraído, tímido y con pocos amigos, adicta a los libros y a los festivales de cine callejeros, se convierte en un factor de definición de persona extraña. Pero eso no la perturbaba. Vivía tranquila entre sus textos, en medio de su trabajo como correctora.

Odiaba sus últimos tres libros. A veces pensaba que debió solo escribir el primero, máximo el segundo y retirarse a hacer otras cosas. Y odiaba a sus lectores. Porque seguían comprando todo lo que publicaba. "Es que si hiciera un texto bordado sobre calzones, hasta los comprarían todos", le gritaba constantemente a su editor, quien vivía feliz con los números de las ventas. "Si quieres escribir otras cosas, haz un diario, pero no dejes de hacer lo que nos da de comer", era su contraargumento.

Es que los años no llegan solos, y las crisis de edad son cada vez más comunes. El ser neurótico, entre los artistas es casi que un requisito. Y en eso no había error. Y cada mañana que se despertaba sabía que sus niveles aumentaban, tanto que a veces se preguntaba si era posible morir de neurosis.

Notaba con frecuencia a la misma mujer, leyendo a veces revistas, a veces libros. Algunos interesantes, otros no tanto. La verdad debe ser una extraña de pocos amigos, pensaba. Otras veces la inquietaba, pero siempre estaba pensando en cosas relativamente más importantes, como para no hacer una indagación más a fondo.

Su primera novela, era majestuosa. La hace vibrar cada vez que repasa sus líneas. El resto las leía bajo un eco de la anterior, y aún mantenía esa magia, un poco añeja, de la primera historia.

Alcanzó a ver a lo lejos que estaba leyendo su última novela. ¿Será que le gusta?, se preguntó. Llamó a la mesera y la interrogó sobre la extraña lectora de los viernes. Se limitó a responder "ella viene acá solo para verla a usted". "¿Es una fanática?" "Más que eso, muere de admiración".

Escribió en una hoja arrancada de su cuaderno: A veces me pregunto qué opinan los lectores de mis libros.

Cuando le entregaron el papel doblado en cuatro, no entendía de que se trataba. Al leerlo, comprendió perfectamente de qué se trataba. Su corazón dio un brinco, le sudaron las manos y su cabeza se hizo un ocho. ¿Celeste Watson quería saber su opinión? ¿Y ahora qué le respondo?

Notó que su escritora favorita la miraba insistentemente desde el otro lado del restaurante. Seguro quería, o necesitaba una respuesta.

Se levantó, caminó los pasos necesarios a la velocidad requerida para que no se notaran los nervios. Sacó de su mochila el ejemplar trajinado de la primera novela, las puso una al lado de la otra sobre la mesa y lo primero que atinó a decir fue: "La primera es magnífica, mi favorita sobre todos los libros de todos los tiempos... La  última, es una mierda".

Celeste levantó la mirada y sonrió. "Lo mismo llevo diciéndole a mi editor desde la tercera novela y no me hace caso. ¿Entonces por qué las sigues comprando?"

"Porque estoy esperando a que vuelva a sorprenderme, y eso solo lo puedo hacer leyendo todo lo que escribe."

Entendió en ese momento que era una leyenda. Comprendió con su sonrisa, que a veces lo que uno necesita es la verdad.



1 comentario:

  1. Será que me tocará seguirte todos los días para que me firmes tu libro? O mandandote un jugo de corozo y unas bolas de tamarindo servirán?

    Att: M.G =')

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